Ed Sheeran, Katy Perry y Radiohead eran parte del show, sin embargo fue una estrella inesperada quien sacó los más delirantes aplausos en Glastonbury a fines de junio: el líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn. Por primera vez en la historia del festival más grande del Reino Unido, un político se dirigía a los asistentes, que desde el primer día entonaron su nombre al ritmo de una nueva versión de la canción The Seven Nations Army de White Stripes, cuyo estribillo se convirtió en: “Oh Jeremy Corbyn” y fue el verdadero himno del evento.

Una drástica vuelta de tuerca solo un año después de que el propio Corbyn cancelara su aparición en la versión 2016 del mismo festival tras el triunfo del Brexit, que puso seriamente en riesgo su futuro como cabeza del Partido Laborista. Tras la derrota de la opción que favorecía la permanencia del Reino Unido en Europa, y que él apoyaba, el político fue apuntado como culpable de atemorizar a los votantes indecisos con un programa demasiado socialista y de no representar a una mayoría de miembros de su partido con sus proclamas de izquierda, consideradas extremas para un país que hasta ese entonces, y sobre todo en los días que siguieron al referéndum, se percibía con fuertes tendencias conservadoras. Como resultado de estas acusaciones post Brexit, su partido convocó a elecciones internas, y tras una dura campaña, sorpresivamente ganó con una mayoría del 62% sobre su rival Owen Smith. Fue sólo entonces que, tanto los medios como el electorado, comenzaron a tomar en serio a este personaje del que antes de mofaban incluso por su desaliñada vestimenta. Todo servía para desacreditar al parlamentario representante de Islington y que está en la política desde los 25 años.

Sin embargo, el punto más controvertido ha sido su asociación, en los ’80 con los dirigentes del movimiento Sein Fein, la rama política del IRA (Ejercito Republicano Irlandés). Y es que durante sus casi cuatro décadas en la política, Jeremy Corbyn siempre ha respaldado las causas de izquierda, participando activamente en campañas como la renuncia del Reino Unido al uso de armas nucleares o la de volver a nacionalizar los ferrocarriles. Por ejemplo, en el plano internacional fue un firme luchador para la extradición de Augusto Pinochet durante el arresto domiciliario en Londres, causa a la que se sentía cercano además por estar casado entonces con la chilena Claudia Bracchitta, madre de sus tres hijos.

Jeremy-Corbyn-Chatham-House

El voto juvenil

Una serie de trágicos acontecimientos en el país, incluyendo tres ataques terroristas con víctimas fatales y el horroroso incendio de la torre Glenfell en el centro de la capital británica, cambiaron el enfoque de las elecciones poniendo la atención en otros temas que dejaban al descubierto falencias del sistema bajo el régimen conservador, como el recorte en las fuerzas policiales recién introducido por Theresa May o la renovación de viviendas sociales licitadas a privados.

Puntos que Corbyn ya había mencionado en el manifiesto laborista de su campaña como materias a corregir. El líder demostró además durante el periodo preeleccionario una personalidad dinámica y franca que fue atrayendo cada vez a más jóvenes, seducidos por su pasión hacia temas sensibles como la educación superior gratuita, el incremento en los impuestos corporativos y un mayor respaldo al NHS (Servicio Nacional de Salud). A esto se contraponía una cada vez más insegura May que se retractaba de enunciados de su programa apenas demostraban no ser bienvenidos, acciones que los británicos llamaron “las vueltas en U” del gobierno, mientras la acusaban de burlarse del electorado.

El momento decisivo para que Corbyn demostrara un estilo opuesto al de May ocurrió luego del incendio de la Grenfell Tower, cuando se vio al laborista conversando y abrazando a víctimas y familiares mostrando una empatía que no se vio en la mandataria. En este escenario, el resultado de las elecciones tuvo un total e inesperado vuelco dejando a la administración de Theresa May con minoría en el Parlamento que la obligó a aliarse con el irlandés y ultraconservador UDP (Partido de Unión Democrática), para pasar leyes de su interés en la Camara de los Comunes, pero dejando al país en un estado de profundo caos e inestabilidad política.

Ya nadie ve como imposible que Jeremy Corbyn llegue al poder en un futuro. El inicio de las negociaciones con Bruselas respecto a cómo será la salida de Europa ha tornado más remota la posibilidad de una nueva elección nacional este año, sin embargo no son pocos los analistas que predicen nuevos comicios para el 2018. Para entonces, el cuarto de millón de jóvenes que se inscribió para votar después del anuncio de May en abril pasado, estará listo para apoyar a este nuevo ídolo pop en que se ha convertido Corbyn o Jezza, como familiarmente lo llaman sus veinteañeros adherentes.