Aunque cuando llegó a Chile, su sueño por lo social, que la había llevado a dedicarse a gestionar créditos de cooperación en Africa, seguía latente, accedió a liderar la puesta en marcha del hotel Hanga Roa en Isla de Pascua. Pero lo que comenzó siendo un proyecto turístico único en el mundo, donde se invitaba a admirar, cuidar y preservar, acabó convertido en uno de los grandes íconos de las demandas rapanuis sobre la restitución de tierras. Terminada esta tarea se convenció de que debía seguir un nuevo camino profesional independiente de la familia de su marido Cristoph Schiess. Así que retomó su verdadera vocación, el emprendimiento social y las políticas públicas, porque según sus palabras lo suyo es “lograr una sociedad más integrada y con menos abusos de poder, en lo público y en lo privado”.

Una de las obsesiones de esta ingeniera comercial es la Ley Unica de Donaciones, “¿cómo va a ser justo que la cultura tenga más beneficios que la pobreza o que el medio ambiente? Hay que facilitar que mucha gente pueda donar, que sea más fácil ayudarnos unos a otros”, afirma. En este desafío está abocada junto a Benito Baranda, Karoline Mayer y Andrés Navarro entre otros. También la transparencia en los partidos políticos y el gasto fiscal son otros de sus temas. Además, ha podido liderar campañas sociales como ‘Un bote para Chile’,  proyecto post tsunami, para ayudar a los pescadores damnificados. O las denominaciones de origen, con las que se han inscrito seis productos en apoyo a las comunidades y la identidad chilena.

—¿Hoy podemos decir que dio vuelta la página definitivamente con el hotel?

—Sí, pero sin olvidar que es parte de mi libro de vida. Fue una experiencia fuerte para mí, pero también me ha hecho pensar y replantearme qué quiero hacer, cómo trabajar desde la sociedad civil, con otros actores, en iniciativas sociales, en la promoción de transparencia y rendición de cuentas.

¿Alguna otra conclusión después de esta experiencia?

—Mira, yo me siento muy interpretada por las palabras de Heráclito cuando decía que el hombre no encuentra límite en su alma; cualquiera que sea la dirección de la marcha, se abre un camino. Me gusta marchar, abrir caminos, y claro, algunos terminan siendo más dolorosos. Creo que ni siquiera te equivocas cuando estás en una crisis porque ésta te lleva a otro camino.

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—¿Cuáles son esos caminos?

—Los que tienden puentes entre el mundo de la pobreza, el sector civil, empresarial y político, en pro del bien común, eso es lo que me interesa. Profundizar el debate sobre los desafíos pendientes en Chile, y tratar de aterrizarlos mejor. Me interesa ser parte de esto.

—¿Cuál era su tarea en Alemania antes de llegar a Chile?

—Partí mi vida laboral en Colonia como Investment Manager para un banco de inversiones del gobierno alemán. Este financiaba bancos regionales en Tanzania y Uganda con créditos de largo plazo, para que ellos a su vez prestaran a empresas locales y fomentaran el trabajo de la mujer en el mundo laboral.

—Una de sus iniciativas en Chile ha sido apoyar la Ley Unica de Donaciones…

—Si, porque hay grandes inequidades en el sistema de las donaciones.

—¿Y la política?

—Me atrae la esfera pública y aportar a la política, desde el sector civil.

—¿Aquí entra su trabajo con Andrés Velasco?

—Sí, estamos partiendo un emprendimiento muy interesante. Estoy apoyando a Andrés con la causa que tenemos en común que es la transparencia. Me gusta trabajar con él porque lo veo pensando a largo plazo y profundizando en el debate político, sin complicarse con tecnicismos que nadie entiende.

—¿Cómo llegaron a encontrarse?

—Partí como consejera de Chile Transparente, el capítulo chileno de Transparency International dos años atrás. Me pareció una institución valiosísima para la sociedad chilena, tanto para prevenir la corrupción como para dificultar los abusos de poder. Hace unos meses finalmente me integré al equipo de Andrés, como directora de Proyectos de un Centro de Ideas y Acción que está por lanzarse, focalizado en prácticas políticas 2.0, transparencia y libertades públicas. Aquí mi tarea principal estará en lograr mayor transparencia en los sectores público, privado y civil.

—¿No le asusta que siendo alemana la perciban como opinante de más?

—Es que parto de la base de que puedo equivocarme, y lo veo como una ventaja. Es una mirada independiente, con afán de lograr un país más amable, más social, donde nos preocupemos más el uno del otro. Los inmigrantes hacemos que la sociedad sea más diversa y esto es un alivio porque te quita la presión de tener que ser igual que el resto. Hay que fomentar el entusiasmo por ser distinto. Que cada uno se atreva a ser como es y no como los otros quieren que seas.

—¿Está enseñando lo mismo a sus hijos?

—Sí, porque quisiera que sepan que el mundo no es uno, sino que es plural. A la sociedad chilena le falta diversidad. Que vean que hay diferentes religiones y espiritualidades. Que otros pueden tener tanta razón como tú, y que respetando las opiniones, hay que encontrar la fórmula de convivir. Cada uno debe promover una actitud solidaria, ser un aporte a la sociedad o a la comunidad.

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—¿Y qué debe pasar en Chile para que se pueda tener una sociedad así?

—Encuentro fascinante vivir aquí, porque es un país chico en el que pasan muchas cosas y muy cerca. Pero las instituciones necesitan renovarse junto a la sociedad porque se han quedado atrás. También falta que los ciudadanos se pregunten no solamente por sus derechos, sino también por sus responsabilidades.

—¿Y le parece razonable que el lucro esté en cuestionamiento?

—Creo que es dar una muy mala señal al país estar dudando de lo bueno que es el lucro, porque es sospechar de las ganancias del emprendimiento o del empresariado. Lucrar no es nada malo, abusar sí. Eliminemos los abusos, sancionemos mejor, pero no quitemos lo que es la médula del emprendimiento. La gente se olvida de lo difícil que es lucrar y emprender, lo complicado que es que una idea se convierta en un proyecto que dé utilidades.

—¿Habla de parte de los empresarios?

—Lo hago desde la sociedad civil. Trato de ser una voz que despolarice el debate. Es tan malo hablar contra el lucro como no promover la solidaridad, o callar la desigualdad y la segregación que tenemos en Chile. Yo creo que mi valor es tener una visión independiente porque entiendo ambos mundos.

—¿Y cuál es su pronóstico?

–Que hay una desigualdad en Chile difícil de sanar. Es un problema de origen porque tanto la elite política como la económica y la intelectual pocas veces usan los sistemas funcionales del país. Es decir, los que hacen política o los que influyen no se atienden en la salud pública, no inscriben a sus hijos en una escuela municipal, ni usan el transporte público. Como la elite nunca se ha sentido excluida de derechos básicos, las soluciones difícilmente van a ser suficientemente buenas, porque el sentido de urgencia es muy distinto.

—¿Y cómo lo solucionamos?

—Pienso que el Estado es el último responsable de la calidad de las políticas públicas, y de que exista un marco regulatorio que asegure la igualdad de oportunidades. Para mí, la primera pregunta será: ¿cómo rinde cuentas el Estado que trabaja con fondos que se llaman públicos porque son de todos los chilenos? Hoy, en términos reales, no existe una rendición de cuentas efectiva de la gestión pública.

—¿Y la reforma tributaria?

—Comparto que el sistema del FUT está anticuado. Pero la solución propuesta me parece peligrosa y preocupante para la inversión y el emprendimiento. Independiente de esto, también me pregunto si gastar más dinero es progreso. A la reforma tributaria le faltará legitimidad si no agrega mayor rendición de cuentas. 

—¿Qué propone entonces?

—Procurar que los recursos públicos se gasten para el bien común y la igualdad de oportunidades. Tal vez el aumento de impuestos esté justificado, pero tiene que estar asociado a una rendición de cuentas. Estas, y el gasto público deberían tener un formato más entendible y objetivo, para que pueda usarse más.

—¿Y cómo ve el arranque de este gobierno?

—Sin ser política, ni sentirme en la derecha ni la izquierda, pero sí defendiendo ideas para lograr soluciones concretas, lo que me gusta de este gobierno son los valores que transmite a la sociedad. El Estado debe traspasar valores cívicos que son los cimientos de cualquier democracia. Le corresponde no sólo asegurar lo justo, sino también promover lo bueno, considerando el pluralismo como base. Y a la Presidenta, la veo comprometida con esto.