Desde los balcones de la casa central de la Pontificia Universidad Católica, un grupo de mujeres piropea a Diego Vela Grau (25). En un rincón, Noam Titelman, el presidente saliente de la Feuc, se ríe. Diego se sienta cerca de una pileta y pone cara de “pongámonos serios”. Pintoso, moreno, de ojos verdes, algunos calculan que puede llegar a ser la versión masculina de Camila Vallejo. Por facha e ideas no se queda el nuevo mandamás de la Federación de Estudiantes de la UC, que apenas elegido no dudó en apoyar a los estudiantes de la Universidad del Mar y enviarle un aviso al ministro de Educación por el escándalo en la Comisión Nacional de Acreditación: “Beyer no puede lavarse las manos diciendo que no tiene facultades”.
Ingeniero comercial, está terminando un magister en Economía, vive en Santiago Centro, anda en bicicleta y no pololea, aunque en la Feuc aseguran que le “van a llover las interesadas”.
Hoy Diego —el menor de nueve hermanos— vive el éxito de su elección y da sus primeros pasos al frente del colectivo estudiantil, pero no ha tenido una vida fácil. Las trágicas muertes de su hermana Catalina y su cuñado Sebastián Correa en el accidente del Casa 212 en Juan Fernández, además del suicidio en 1991 de su hermano Patricio en California (él inició las denuncias por abuso sexual contra el sacerdote Cristián Precht), le han forjado una personalidad a prueba de balas. Hace siete años vive solo, mientras sus padres se radicaron en Valparaíso para instalar una heladería.

Firme en sus convicciones —trabajó erradicando campamentos en Un Techo para Chile—, se declara no católico, pero igual se da el tiempo de ir de vez en cuando a misa. “Estudié en el Sagrados Corazones de Manquehue y continuamente leo al padre Esteban Gumucio, al Padre Hurtado… Son mi canal espiritual”.
—Antes de ganar la elección, planteaste que “la real catolicidad sabe reconocer que un ateo también puede tener principios cristianos”. ¿Fue una opinión con fines electorales o lo piensas?
—Es una convicción. Pienso que lo católico no tiene que ser comprendido sólo en algo confesional porque se juega en lo más fundamental, que es Cristo. Soy muy seguidor de él. Su mensaje se centra en el amor, en la solidaridad y en la justicia. En comprender que la paz social viene de la justicia social.
—¿Por qué y cuándo dejaste de ser católico?
—Es un proceso de diez años de discernimiento que todavía no termino. Hablé con muchos curas, leí, me cuestioné y decidí no confirmarme. Hay cosas de la Iglesia actual que no me gustan, como el machismo, la jerarquía vertical, el tratamiento a los homosexuales… Me parece fundamental que la persona se pueda desarrollar en igualdad de condiciones y comprendo el celibato como una opción que hace alguien en libertad, pero un homosexual no decide serlo. Entonces pedirles celibato, no tiene sentido. Sí me interesa la visión de la Iglesia comunitaria. Por ejemplo Mariano Puga. He sido muy cercano a él, me inspira, lo he ido a ver a Chiloé. Mostró el mensaje de Cristo defendiendo los derechos humanos mientras acá se estaba matando. Pudo haber tenido poder, pero optó por los pobres. Allí hay una comprensión de una Iglesia humana. Otra figura notable es Clotario Blest, que supo unir a los trabajadores y concientizar sobre reivindicar la dignidad del trabajo, prácticas de las que a veces nos alejamos en esta universidad porque nos sentimos ‘seres aparte’, como ‘iluminados’.
—Pareciera que los egresados de esta universidad intentan marcar una diferencia.
—Si poh. Eso pasa por mallas enfocadas al sector privado más que público y, también, por la composición socioeconómica de los alumnos. En Economía, el 92 por ciento proviene de colegios privados y a ratos eso se traduce en una comprensión vertical de la sociedad… por eso ahora tenemos ramos más aplicados a la realidad del país. Siento que este rector (Ignacio Sánchez) busca avanzar en esa línea…
—¿Qué te parecen las sanciones y sumarios a los estudiantes de la universidad por la funa a Jaime Guzmán? Entiendo que son de las más duras en su historia reciente.
—Ha habido más sumarios, con otras personas y hemos criticado el proceso. Creemos que la universidad es de todos y debemos velar porque los procesos sean imparciales, no arbitrarios. En este caso, el juez, que es el secretario general, fue parte de los que pusieron la denuncia. Los sumariados no pudieron acceder a las pruebas en su contra, la universidad dispuso de una defensoría, pero a mitad del sumario… todo eso no representa un debido proceso y las sanciones no corresponden a un juicio bien llevado.

“HAY CIERTOS SECTORES DE LA UC MUY CONSERVADORES que se sienten dueños de la verdad. Nosotros queremos avanzar en democratizar, salir de la confianza a ciegas para pasar a una lúcida, que reconozca los puntos de consenso y las diferencias”, agrega.
—¿Cómo viste las elecciones? El gremialismo, que ha sido históricamente el líder de la Feuc, ahora se dispersó…
—Ellos siguen siendo un movimiento, lo que ha cambiado son las prioridades de los alumnos… Hay que preguntarle al gremialismo en qué han fallado, en la UDI no deben estar muy contentos.
—¿Qué opinas de la discusión sobre el lucro y la educación pública en un año electoral?
—No hay que dar un cheque en blanco ni hacerles la pega a los políticos. En 2013 se abre una oportunidad para que transformen en reformas lo que la ciudadanía pide hace años. Este gobierno no comprende que fue electo para representar a la ciudadanía… Lo que les pasa a los 18 mil estudiantes de la Universidad del Mar no es un caso excepcional, es la punta del iceberg. El papel puede aguantar mucho y nosotros hace tiempo perdimos la ingenuidad. ¡Esto no es una fotografía que se puede retocar con más becas! Lo que tiene que cambiar es el cómo se están construyendo las oportunidades y eso implica transformaciones estructurales: fortalecer la educación pública, poner fin al lucro, al financiamiento compartido, que segrega, que excluye por tu capacidad de pago, democratizar las universidades…
—¿Cómo aplicas esos conceptos con tu formación de ingeniero comercial UC?
—El asunto es cómo uno comprende la economía; yo la veo como una herramienta para entender la causalidad y los efectos de ciertas medidas. Una herramienta, no una verdad.
—¿2013 será un año lleno de marchas?
—Es legítimo marchar, se trata de una expresión ciudadana. El desafío está en transformar esa energía en reformas. Estamos entrampados en los candados que se pusieron en dictadura. El binominal le da poder de veto a una minoría que generalmente ha sido la UDI y que no permite hacer transformaciones sustanciales.
Diego se enciende, se retuerce… Su discurso está en las antípodas de aquellos que pregonan que a los jóvenes no les interesa la política. “Somos una generación con mucha libertad, sin miedo a decir lo que pasa. Tenemos un poder de transformación y cada vez son más los que se sienten parte de esto. Tenemos que pasar de esta indignación a una acción política que transforme las estructuras que están generando injusticia”, dice.
—¿Qué te parece que ex dirigentes estudiantiles como Camila Vallejo o Camilo Ballesteros tomen opciones parlamentarias?
—Como NAU (Nueva Accion Universitaria) lo hemos vivido muy de cerca acá. Giorgo Jackson, Nicolás Valenzuela y Miguel Crispi crearon Revolución Democrática y creo que ha sido positivo. Otros han entrado a partidos tradicionales para iniciar los procesos de cambio. Lo de Camila y Camilo está bien, pero hay que ser cuidadoso de no instrumentalizar el movimiento.
—¿Hasta qué punto entienden que los cambios no se lograrán de un día para otro?
—Somos el segundo país en el mundo con mayor segregación en educación según el índice de PISA… Eso es resultado de años de avanzar en un sistema que habla de desarrollo, pero no de oportunidades, justicia, equidad. Eso no se cambia en un año, pero podemos luchar.
—La desigualdad va a ser uno de los ejes de la campaña presidencial.
—Pero no puede ser un fetiche instrumentalizable políticamente. Eso de que el “chorreo” nos iba a terminar beneficiando a todos, hace años que el mundo comprendió que no era real.
—¿Qué rescatas y qué no perdonas del gobierno de Piñera? El, igual que tú, es ingeniero comercial de la Católica.
—Yo creo que la universidad ha aportado mucho al desarrollo del país, pero también ha hecho mucho daño…
—¿A qué te refieres?
—Jaime Guzmán hizo harto daño al país, con su Constitución. Ahora en la clase política hay muchos egresados que están amarrados a mantener situaciones de privilegio. Claro que otros han cambiado sus espacios, partiendo por el Padre Hurtado y su obra sindical.
—¿Y Piñera?
—Lo felicito por sacar a la banca del tema educacional, pero no se le perdona su intransigencia. No asumir su rol de representar y comprender que el país está planteando una transformación hacia el otro…

DOS AÑOS ERRADICANDO CAMPAMENTOS JUNTO A POBLADORES de Lampa, Colina, Tiltil y Curacaví, a los 21 años, revolucionaron la visión de Diego, que creció en Las Condes, estudió en colegio privado e integraba el selecto grupo de alumnos de ingeniería comercial de la cato. “Eso me cambió el chip. Vivir en campamentos es no tener alcantarillado, agua potable… ¡En una carretera o encerrado en tu casa leyendo los diarios, obviamente se pierde el nivel de urgencia de todo! ¡Hay que partir por algo! ¡Ojalá todos los políticos tengan a sus hijos en la educación pública!”.
—¿Tu familia te acompaña en este camino? Catalina, muerta en Juan Fernández y otros de tus hermanos han tenido inclinación por lo social.
—Lo que me hace estar aquí es que ellos siempre me han dado su apoyo incondicional. Nunca me aislaron de lo que pasaba en Chile… Mis papás y hermanos comprendimos que encerrarse en una burbuja, aunque puede ser muy cómodo y lógico para algunos, finalmente limita tu felicidad, el amor, el poder desarrollarte de manera plena. Cuando la gente se despide y te dice “cuídate” me parece una palabra vacía. ¡La vida es para arriesgarla!
—-¿Y qué dices tú cuando te despides?
—¡Chao! ¡Nos vemos!…