Por Soledad Marambio

Reguleque era su sueldo cuando decidió empezar a trabajar. De vuelta de Grecia, se instaló en NY e inició la etapa más privada de su vida. ¿Editaba realmente o era sólo un nombre para atraer grandes escritores? Dos biografías acaban de ser publicadas. CARAS habló con uno de los autores.

Jackie Kennedy Onassis tenía 46 años cuando resolvió entrar al mundo laboral. Viuda de un ex presidente estadounidense y de un magnate griego, la mujer de los enormes anteojos de sol sólo se había desempeñado profesionalmente una vez, cuando terminó la universidad a principios de los ’50 y fue fotógrafa del Washington Times-Herald. Tiempo después se graduó en literatura francesa, pero no tuvo la necesidad de usar esos conocimientos hasta que en 1975 sus amigos Letitia Baldrige y Jimmy Breslin le sugirieron trabajar en alguna editorial. Thomas Guinzburg, otro cercano a su familia, no demoró en darle un cargo en Viking Press por un sueldo de 200 dólares a la semana. Así partió la etapa menos conocida de la diva.

Su incursión en el mundo de las letras duró 19 años, hasta su muerte de linfoma en 1994. Un aspecto de su vida que no había sido abordado en detalle por ninguno de sus biógrafos, lo que vuelve especialmente reveladores dos libros que en estos días se publican en EE.UU.: Reading Jackie, de William Kuhn, y Jackie as editor, de Greg Lawrence.

Ambos autores se odian. Ya se han hecho públicos los epítetos despreciativos que uno y otro se han dicho en privado.
“Su carrera se transformó en el santuario donde podía estar lejos de la prensa y del escrutinio público”, cuenta Greg Lawrence en entrevista exclusiva con CARAS, en NY. Aunque, según relata en su libro, el primer día de trabajo de la flamante editora estuvo lejos de ser quitado de bulla. Cientos de personas se congregaron afuera de las oficinas de Viking Press. Hubo falsos avisos de bombas, un gran despliegue de seguridad y más de un periodista disfrazado de junior para acercarse a Jackie. Con el tiempo, la ansiedad fue bajando, y aunque al principio muchos dijeron que la llegada de la ex primera dama era sólo una maniobra de publicidad de Viking Press, Lawrence asegura que con su bajo perfil y enorme capacidad de trabajo logró hacerse respetar.

JackieO02Mientras armaba su reputación como profesional, la viuda de Kennedy lograba construir una vida personal lejos de miradas intrusas. Cuando comenzó su cargo era el de ‘editora consultante’, pero en poco tiempo empezó a hacerse cargo de libros completos, transformándose en editora tiempo completo. Pero Viking fue sólo el lugar donde partió. La mayor parte de su obra —durante toda su carrera impulsó unos cien libros— fue producida en sus años de trabajo en Doubleday. El cambio a esta segunda editorial, mucho más comercial que la anterior, fue provocado por una novela-thriller-policial que trataba de un complot para asesinar a un presidente estadounidense. El mandatario en cuestión estaba inspirado en Ted Kennedy, cuñado de Jackie. Luego de que Viking comprara y publicara la novela, el crítico del NYT, John Leonard, dijo que el libro era basura y que “cualquier persona relacionada con su publicación debiera avergonzarse”. Pese a que Jackie no estuvo involucrada en el texto, decidió renunciar. Entonces se fue a Doubleday, con un salario mucho mejor que el anterior. De esos días da cuenta Lawrence en su novela:

“Ellos (Jackie y John Loring) solían almorzar sentados en el suelo de la oficina, tomando té helado en vasos de plumavit y comiendo sándwiches del quiosco de la esquina, repollo y ensalada de papas. Un día él la llamó y le preguntó ¿dónde te quieres juntar, en el piso de tu oficina o en el de la mía? Ella respondió: ¿podemos ir a un restorán como la gente normal?”.

El autor de ‘Jackie as editor’ estaba casado con Gelsey Kirkland, una leyenda del ballet mundial. La pareja se había conocido en la puerta de la casa de un vendedor de cocaína. Eso fue una ínfima parte de lo que le contaron a la ex primera dama la primera vez que la vieron. Los tres —Kirkland, Lawrence y Kennedy— más Lisa Drew, otra editora de Doubleday, se juntaron a almorzar en La Petite Ferme, “un pequeño bistró francés que Jackie amaba”, recuerda Lawrence. Mientras comían, Kirkland se lanzó a contar su vida en el mundo del ballet, desde sus comienzos como una niña que iba a la escuela de George Balanchine hasta sus años más duros, incluyendo la adicción a las drogas, anorexia, un tórrido romance con Baryshnikov y la peor cara del exigente mundo del ballet.

“La historia nos tenía a todos al borde de las lágrimas”, dice Lawrence. “Jackie estaba emocionada y encantada con la posibilidad de que Gelsey escribiera sus memorias, sabiendo que estaba destinada a ser controversial. Como nuestra editora (Lawrence fue coautor del libro de su mujer), ella no tenía problemas con el material polémico, aunque tal vez no se imaginó que iba a ser para tanto. El escándalo fue tal que lo convirtió en best seller. El primero de Jackie”.

La ex primera dama editó libros de las naturalezas más diversas. Impulsó la biografía sobre Richard J. Daley —una de las leyendas del Partido Demócrata— que ganó varios premios, y una alabada novela sobre Sally Helmis, esclava y amante de Thomas Jefferson. Eso, además de ‘Moonwalk’, de Michael Jackson, varios coffee-table books, libros para niños y de historia.

JackieO03Esta mujer que amaba la obra de Isak Dinesen —autora de ‘Africa Mía’— y la poesía de C. P. Cavafy, era una editora a la antigua. “Nos hacía comentarios sobre cada uno de los capítulos que le íbamos entregando. Ella sabía muy bien cómo mantener el equilibrio entre las críticas, las alabanzas y el estímulo que necesitábamos para seguir. Después de que terminamos el cuarto capítulo nos escribió una nota diciendo: ‘Lo más importante que tengo que decirles es que su libro es REALMENTE GENIAL. Pronto, el mundo estará de acuerdo”.

Pero también podía ser hiriente, según recuerda Darcey Steinke, una de las personas que Lawrence entrevistó en Jackie as editor. Cuando el manuscrito de su novela Up trough the water llegó a manos de Mrs. O, ella le sugirió una reescritura. Después de entregarle una segunda versión, recibió una nota donde Jackie le decía que había quitado horrorosas cantidades de sustancia a la historia. Aterrada, voló a verla. El diálogo lo recuerda la propia afectada en el libro: “Sabes, Darcey, me recuerdas a esos perritos terrier que se usan en la caza de zorros. ¿Los has visto?”. Sentí que me sonrojaba. “No”, le dije. Nunca había estado en una cacería de zorros. “Son tan nerviosos y siempre están tratando de agradar”.

¿Por qué escribir este libro ahora?, le preguntamos a Greg Lawrence. Según nos cuenta, se encontró casualmente con las cartas que Jackie le envió en esa época, y el hallazgo lo motivó. “Mientras trabajaba apliqué mucho de lo que aprendí con ella. Varias veces tuve la sensación de que miraba por sobre mi hombro lo que yo iba escribiendo. Hasta podía escuchar su voz”.

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