Apenas se supo de la propuesta conocida como “impuestos verdes” comenzó la discusión entre los distintos sectores afectados e interesados y por supuesto, los de espíritu verde. Se trata de una reforma tributaria enviada al Congreso por el Presidente Sebastián Piñera y que incluye normativas que benefician el cuidado del medio ambiente.

Esto a través del pago de un gravamen “orientado a productos que tienen corta vida útil y largo período de degradación, o que definitivamente no se degradan. “En este grupo entran o califican los neumáticos, aceites y lubricantes, baterías, pilas, ampolletas y productos de embalajes de tetra, vidrio, metal, PET y bolsas de plástico”, según explicó la Ministra del Medio Ambiente, María Ignacia Benítez en una columna publicada en La Tercera.

No puedo negar que me gusta que el tema del medio ambiente se ponga en carpeta, especialmente a nivel económico empresarial, pero siendo partidaria más de los estímulos que de los castigos, creo que el impacto sería más grande si en lugar de hacer pagar impuestos –“solamente a la primera venta o importación de estos bienes, y será de cargo del productor o importador, según corresponda”, como dijo la Secretaria de Estado en el mismo diario– sería más eficiente estimular por ejemplo a los distintos sectores; industriales, empresas y población en general, a través de subsidios que favorezcan el uso de energías renovables. Y lo que es mejor, que se difundan.

Porque ¿cuánta gente sabe que el 24 de agosto de 2010 entró en vigencia la Ley 20.365 que subsidia hasta el 100% del costo de los sistemas solares para producir agua caliente sanitaria en viviendas nuevas de hasta 4.500 UF? Es cierto que a ello acceden las constructoras pero está claro que también permite a los usuarios recibir el beneficio al comprar su casa o departamento. O quizá se podría hacer algo para que los edificios y condominios que reciclen por un mínimo de un año reduzcan el valor en el pago de las contribuciones. Lo mismo las industrias, en general que incorporen procesos de reciclado y reutilizado o que incluso vayan más allá de su área específica y puedan hacer compost con su basura orgánica. Un paréntesis: a los que digan que esto produce olor se los desmiento de inmediato, tengo un jardín pequeño y en un rincón hay un lugar para todos esos desechos que vienen de la cocina. Nadie lo nota si todo se cubre con tierra y se respeta los tiempos del proceso.

Volviendo al tema del impuesto es indudable que cuando hay información de los beneficios que trae a nuestros bolsillos el realizar ciertas acciones las hacemos con más agrado. Y por suerte algo de esto recogió el Gobierno, luego de que el tema del impuesto verde se empantanó en el Congreso. Hace pocos días el subsecretario de Hacienda, Julio Dittborn señaló que se presentará una indicación que cree un fondo que entregue subsidios para el reciclaje en las empresas productoras de las ya mencionadas pilas, neumáticos o aceites. También se agregará la creación de créditos tributarios para los que ya reciclan, sin importar a que área pertenecen. Creo que ese es el camino y mejor aún si se amplían los beneficios a los distintos sectores de la sociedad para que se haga partícipe de esta tarea que es devolverle el rostro amable a un planeta al que hemos maltratado y descuidado.

¿Avance o no?

>En Twitter: @ClauContreras2