Apenas llegamos a su casa, es el propio general Humberto Oviedo (57) quien sale a recibirnos, acompañado de un imponente pastor alemán de nombre Kayser. Saluda afectuoso, mientras advierte que el perro “no hace nada”, dando muestra de su estilo sencillo y cercano; características que —según indican en el entorno militar—, sería el sello que marcaría su gestión en estos dos años y medio que lleva a la cabeza del Ejército.

Un mandato que no ha estado exento de polémicas y dificultades, ya que le explotó en la cara el millonario desfalco (más de 5 mil millones de pesos) de funcionarios militares a la Ley Reservada del Cobre, quienes venían operando entre el año 2008 y el 2014, y que el propio comandante en jefe denunció a la Justicia. Esta situación lo llevó a realizar un sumario, una auditoría externa y tomar medidas en pro de la transparencia que motivó a varios sectores políticos a impulsar la iniciativa de derogar la normativa.

Reconocido como un hombre de carácter, rechaza el cierre de Punta Peuco por considerarlo “un penal como otros” y se opone al retiro de la foto de Manuel Contreras en galerías de la institución. Su argumento es que no deben esconderse los procesos históricos, pidiendo, a la vez, que dejen al Ejército decidir qué es bueno o malo para él. “A un oficial no puede faltarle carácter; y para un comandante, ¡es clave!”, sentencia.

—Dicen que usted tiene de sobra.

—La educación que recibí, las convicciones y el convencimiento de contar con el respaldo del Ejército me permiten poner énfasis en ciertas cosas que estimo correctas, que transmiten además la posición de una institución con historia.
Con 41 años de servicio, primera antigüedad en todos los cursos y varios master, este hijo de militar está casado con Marianne Stegmann y es padre de tres hombres. Aficionado a la vida al aire libre y deportes extremos que comenzó a cultivar durante su niñez en Punta Arenas. Es comando, buzo táctico, paracaidista y experto esquiador.

En su actual período como comandante en jefe, su énfasis ha estado en la cercanía real con su gente y unidades militares, para conocer el verdadero potencial humano y de infraestructura con el que cuentan y así concretar de mejor manera los planes de acción impuestos. También se ha centrado en que se cultive el autoliderazgo —a través del proyecto MILE— y en aprovechar las oportunidades históricas para impulsar un reencuentro entre los chilenos.

Reconoce que su momento más difícil ha sido enfrentar el episodio de desfalco en el cual, según un sumario interno, habrían participado 31 funcionarios de la institución —12 oficiales superiores y jefes, 15 integrantes del cuerpo permanente y cuatro empleados civiles de planta—, quienes enfrentan cargos por faltas de control jerárquico, probidad administrativa y negligencia.

—Diputados de la comisión investigadora dicen que el hilo se cortó por lo más delgado, no figura ningún general.

—El general a cargo de la repartición involucrada (Iván González) fue quien detectó la anomalía administrativa, ordenó el sumario y denunció, por tanto, no podría él culpar a generales que no tienen que ver con esa organización. Ahora, si el ministro Omar Astudillo concluye que tiene responsabilidad o que hay relación con otras áreas, posee la facultad para más peritajes y la autoridad para citar desde el comandante hasta las personas que él indique.

—¿Niega protección a los altos mandos?

—¡Por supuesto! El sumario tiene un ámbito y está acotado por ley, e insisto, no puede investigar más allá, a menos que el ministro diga lo contrario. Por tanto, estamos tranquilos con los resultados.

—¿Con este caso la institución retrocedió en la cercanía ganada con la ciudadanía?

—Sería irresponsable no reconocer que afectó la confianza y credibilidad, pero no la capacidad de cumplir con lo que nos manda la Constitución. Por eso nuestro énfasis en ser denunciantes, transparentes y adoptar medidas inmediatas, tal como se explicitó en el informe de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados. Aun así, la demostración de cariño es permanente. La gente es inteligente, se da cuenta de que los ilícitos los cometieron un grupo de personas y no la institución.

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—¿Por qué el Ejército no fue capaz de detectar tantos años de desfalco?

—Revisando los procedimientos uno concluye que no eran los adecuados en materia tecnológica, y no se tomaron las medidas porque los procesos funcionaban. Cuando hay una concomitancia y colusión de personas tras un delito, lo hacen de manera solapada, vulnerando los sistemas. Nuestro mea culpa es que debimos haber profundizado las investigaciones del personal con cargos más delicados como lo hicimos ahora. Para no generar dudas, nos sometimos de manera inédita a una auditoría externa que revisó los proyectos y adquisiciones de la Ley del Cobre, que nos permitirá mirarnos hacia adentro y dar un paso más en materia de transparencia y probidad.

—¿Qué le pasó a Chile? ¿De repente nos pusimos corruptos o siempre lo fuimos?

—Son procesos de las sociedades, y hoy existe mayor acceso y manejo de la información; el problema es cuando se hace mal uso de ésta. Lo importante es que ciertas prácticas que antes eran costumbre, hoy no son aceptadas. Soy optimista, en Chile somos muy auflagelantes. En temas de probidad y corrupción, existen aquí políticas muy fuertes para reconocerlas y tomar medidas que rectifiquen, tal como lo hizo el Ejército.

—¿Defiende el secretismo de la Ley Reservada del Cobre?

—No me corresponde evaluar las leyes. Solo he dicho y reitero que, independiente de la medida de financiamiento que se tome, no se pueden vulnerar las capacidades militares que Chile ha construido para la defensa del país, que además tiene instrumentos para enfrentar emergencias, catástrofes y ayudar a la comunidad.

—¿No estima que cumplió su ciclo?

—Ha sido el sistema de financiamiento que Chile se ha dado por un tiempo importante. Y si hemos tenido 100 años de paz, el país debe estar tranquilo que se ha ocupado un buen sistema y empleado los recursos en forma adecuada, logrando un estándar de disuasión creíble que ha servido; la gente vive tranquila. Ahora viene la decisión de las autoridades hasta dónde se está dispuesto a invertir en esa seguridad para que siga siendo creíble. Nosotros podemos cooperar con información técnica, que no es solo un inventario, sino de mantener una capacidad. En eso hay que invertir.

—Se dice que existe molestia en el mundo militar porque se utilice el milicogate para el cambio de ley.

—Muchos han reparado en eso y dado mensajes de prudencia para no caer en el error de que una situación coyuntural vulnere la discusión de fondo. Autoridades han dicho que este tema requiere tranquilidad, una conversación más profunda, con lo que coincido. Hay que tener la mesura y ver cada cosa en su contexto; analizar lo que detectamos y denunciamos y descubrir qué relación tiene eso con el financiamiento. Ahí está la responsabilidad de los políticos y de quienes hacen las leyes para que se haga como corresponde.

—¿Coincide con varios de sus pares que sienten un aprovechamiento de la coyuntura para atacar al Ejército?

—Hay personas que sin contar con la profundidad de una información, vulneran al Ejército. Hace unos días un medio digital relacionó con mala intención la venta de unas propiedades que hizo la fundación de las señoras del Ejército con Cema Chile y con la situación que atraviesa la señora Anita María Pinochet (casada con el general en retiro Juan Miguel Fuente-Alba, investigado por el abultado origen de su patrimonio), como si ella se hubiera enriquecido con esto, ¡cuando no tiene nada que ver!… Siento que a veces al Ejército se le castiga mucho. Por tratarse de una institución fundamental e insustituible, es importante cuidarlo y entender que pertenece a todos los chilenos, sin colores políticos. Si se llegaran a vulnerar y erosionar sus bases profundas, puede afectar su impronta vocacional y su cohesión. Para un país como el nuestro, es fundamental contar con instituciones cohesionadas, disciplinadas y eficientes.

—Hay un cuestionamiento a las pensiones de las FF.AA. a propósito del jubilazo de Gendarmería. ¿Abierto a la discusión?

—Es importante distinguir las particularidades de las profesiones. Las Fuerzas Armadas tienen dedicación única y exclusiva, sin empleabilidad fuera de lo militar, por tanto el compromiso es absoluto, con disponibilidad, movilidad e involucramiento familiar en un 100%. Además, no es que los sueldos de los militares sean malos, pero comparado a lo que ganan los empleados públicos, muchas veces son más bajos, que se compensan al final con la pensión, en una vida laboral sin lagunas. Y le recuerdo que fueron los legisladores quienes las definieron, no nosotros; lo mismo hicieron con las personas que tienen hoy sus fondos en las AFP. Me parecería una mirada mezquina pensar en cómo perjudicar las pensiones de los militares.

—Se cuestiona que puedan jubilarse a partir de los 20 años de servicio.

—Alargar o no la carrera está en estudio. No nos cerramos a optimizar las acciones para mantener más tiempo a nuestra gente, que implica eso sí un costo económico no menor.

Ser reconocido por la ciudadanía sin miradas de desconfianza son los objetivos que la institución se planteó conseguir al 2026. Y están trabajando en eso, con acciones como Septiembre amigo, por ejemplo, que mediante actividades y operativos en ayuda a la comunidad, buscan la reconciliación y el reencuentro entre los chilenos. Pretenden para el próximo año celebrar en grande los 200 años de la Batalla de Chacabuco y de la Escuela Militar; y el 2018, el bicentenario del Abrazo de Maipú. “Haremos una gran marcha desde distintos puntos del país hacia la comuna, para agradecer la gesta de la independencia y proyectarla a futuro… El mensaje es creer que como chilenos, tenemos capacidad para ser mejores”.

—¿Estamos cerca de una reconciliación?

—Los esfuerzos son constantes y el Ejército ha hecho todo para buscar esos momentos. Para el Día del Reservista, por ejemplo, hicimos un reconocimiento al intendente de Valparaíso Gabriel Aldoney, que con gusto aceptó. En un punto de prensa, él recordó sus años en el servicio militar; también que había sido exiliado y que tenía familiares detenidos desaparecidos. Sin embargo, sintió que nuestro gesto era verdadero. Valoro su actitud y disposición, en eso debemos estar los chilenos. Para ello, tenemos que ser capaces de escuchar, de juntarnos con los que sienten más dolor, conocernos y que ellos también entiendan nuestro rol.

—La diputada Karol Cariola dijo que el Ejército no puede pedir reconciliación mientras no reconozca los pactos de silencio; acusación que avala la ex ministra de Defensa Vivianne Blanlot.

—Todas las solicitudes de información que llegan, se trabajan y responden, porque como organismo del Estado, no podemos negarnos a un requerimiento de la Justicia. Es tan así, que en el 2014, el ex presidente de la Corte Suprema Sergio Muñoz, explicitó en un acta sus agradecimientos por contestar el 100% de lo solicitado por los ministros instructores de causas de derechos humanos. Es un trabajo arduo, han pasado más de 40 años y hay información que no está, y no es que estemos mintiendo.

—Lo más seguro es que militares en retiro tengan información.

—Es diferente con las personas en retiro o con quienes están en una causa judicial, que dentro de las condiciones de su defensa puedan hablar o no. Eso ya escapa de nuestras atribuciones.

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—La defensa de Juan Emilio Cheyre acusa persecución por su detención. ¿Se persigue al Ejército?

—Me limito a decir que cuando se nos pide, cumplimos con investigar y entregar el máximo de antecedentes; no puedo calificar de persecución, no corresponde en un estado de derecho. Si los ministros hacen instrucciones es porque consideran que existen antecedentes que ameritan investigar.

—El propio general Cheyre dijo a CARAS que muchos militares procesados por DD.HH. son víctimas de falsas denuncias.

—Eso deberá acreditarlo. No dudo que hará los esfuerzos por demostrarlo. Confiamos que quienes están procesados, cuenten con las instancias para defenderse bien, y la presunción de inocencia debe ser el hilo conductor. Como institución estamos preocupados de entregar información, y también de quienes en esa época tenían grado de soldados conscriptos, cabo o subtenientes, y que hoy —después de 40 años— estén sometidos a procesos, considerando que su responsabilidad en la cadena de mando era muy subordinada.

—¿Debió el ex comandante haber pedido garantías de protección a su gente a cambio de su histórico “nunca más”?

—Fue una decisión del Ejército por su comandante, quien habrá tomado esa determinación con la información que contaba; gesto que hoy está archivado como un hecho histórico.

—Está a un año y medio de entregar el mando, ¿qué viene después del retiro?

—No me he puesto en ese escenario…

—Piense, ¿qué le gustaría?

—Tener tiempo para hacer mucha vida al aire libre… Y pensar en hacer otra cosa, como don Vicente Bianchi que a su 96 tiene un nuevo proyecto. Me entusiasma el tema de la educación. Me imagino ayudando a personas rezagadas y con potencial a generar su propio emprendimiento. Aunque cueste, lo importante es tener claro que cuando se termina la carrera militar no se acaba la vida.