Muchas cosas deben estar pasando por la cabeza del renunciado ex presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, PPK (79). Entre otras, su defensa judicial ante posibles hechos de corrupción, la orden de arraigo que lo regirá por 18 meses y el trato que le dará el nuevo mandatario Martín Vizcarra, su silencioso vicepresidente hasta hace apenas unas semanas. Pero nada, nada podría desvelarlo más que un nombre propio de origen y fonética japonesa: el apellido Fujimori, ese que ha determinado el curso de la política del país vecino en estos 28 años.

Lo de las últimas semanas en Perú —y la amenaza de lo que está por venir— es lo más parecido a una versión latinoamericana de House of Cards, como lo llamó con toda justicia la periodista Rosa María Palacios, aunque algo menos fina que la serie de Netflix. Lo que en ella son juegos políticos subterráneos, acá son grabaciones de baja calidad, registradas vía smartphone por un parlamentario que inventó sus certificados de estudios y que enfrenta a la prensa detrás de anteojos oscuros. Moisés Mamani se llama el hombre que grabó a Kenji Fujimori y a otros tres parlamentarios cuando le ofrecían favores ante el gobierno a cambio de votar contra la remoción de PPK. Los cuatro —los 3 denunciados y su acusador—, además del exministro de Transportes Bruno Giuffra, son investigados ahora por el fiscal de la nación.

DRAMA SHAKESPERIANO

Pero lo que House of Cards no tiene es una guerra sanguinaria entre dos hermanos: Kenji (38) y Keiko Sofía (42), hijos de Susana Higuchi y Alberto Fujimori (79), el mismo que el año 2000 renunció por fax a la presidencia de Perú —que encabezó con mano de hierro entre 1990 y 2000— acorralado por la corrupción que evidenciaron los ‘vladivideos’. Casi 18 años después, unos videos botaron esta vez al expresidente Kuczynski. Y los protagonistas de la trama no podían ser otros que Kenji y Keiko Sofía, la líder del partido con mayor representación parlamentaria, Fuerza Popular (FP), al que pertenece el congresista acusador de los anteojos oscuros.
“Esto no se trata de una lucha contra la corrupción sino de una lucha por el poder”, admitió el propio Kenji, no sin antes anunciar que declarará como testigo en la causa contra su hermana por supuesto lavado de activos y presuntos aportes ilegales del gigante brasileño de la construcción Odebrecht, el caso Lava Jato. “32 millones de peruanos tenemos que vivir viendo esta lucha entre Caín y Abel, sin que se pueda gobernar el Perú. Tenemos pasmado al Estado observando las disputas de estos dos hermanos, que han terminado con la renuncia de un presidente”, agregó Palacios.

“Nosotros nos hemos distanciado de los delitos y los errores que se cometieron en el gobierno de Alberto Fujimori, y que hoy lamentablemente representa Kenji”, asegura Ursula Letona en conversación con CARAS. Ella es una de los 59 congresistas que dan a FP la mayoría parlamentaria. Eran 69, pero 10 renunciaron al partido en el actual ejercicio, incluido Kenji Fujimori. “Avengers” les dicen a estos 10 honorables que circulan sin rumbo claro, en un Congreso unicameral que aprobó normas para impedir que los desertores formen partido propio e instaló un piso de votos inalcanzable para cualquier grupo que quiera formar un nuevo conglomerado. “Fuerza Popular busca trascender a un apellido”, agrega Letona.

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CAÍN Y ABEL

En el corazón del conflicto familiar está el rol del expresidente Fujimori en la coyuntura y la política peruana. El menor del clan quiere mantener un liderazgo político para conseguir que su padre sea liberado definitivamente; Keiko, en cambio, necesita distanciarse del único árbol que le puede hacer sombra si quiere ser la primera presidenta de Perú: su padre.

“Ella tomó la decisión de no usar su poder en el Congreso y optó por buscar la liberación de su padre a través de la vía judicial”, asegura el congresista de Peruanos Por el Kambio y exministro de Kuczysnki, Pedro Olaechea. “Finalmente —agrega— es Kenji quien lidera los esfuerzos para lograr que indulten a su padre (…). La forma en la que se realiza sugiere un acuerdo entre el presidente y una facción del fujimorismo para evitar el primer intento de vacancia; esto mancha una decisión que de por sí era delicada, lo que se muestra de forma muy clara con la reacción de los legisladores de Fuerza Popular ante el indulto”.

Humillado de manera televisada, Kenji ya comenzó con su plan de vendetta, al denunciar públicamente que en la Comisión de Presupuesto del Parlamento —liderada por Fuerza Popular— se repartían obras públicas entre ellos, por un valor de 5 millones de soles (1.200 millones de pesos) para cada uno. Al cierre de esta edición, preparaba su declaración como testigo en Lava Jato.

“Esta es una situación realmente compleja. Los hermanos Fujimori lograron trabajar sobre las bases de un fujimorismo reducido, tras la caída de su padre, y construir una opción política —añade—. Lo que venga depende de qué determine la Fiscalía con respecto a los hechos que involucran a Kenji; y a Keiko, en lo que respecta a las investigaciones en el Ministerio Público”.

VIZCARRA Y EL REVÉS DE LA TRAMA

Jugadas así las piezas, el futuro del flamante nuevo presidente en la historia peruana, el ingeniero Martín Vizcarra (55), está amarrado entre otras cosas a lo que pase entre los hermanos Fujimori. Para empezar, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) debe pronunciarse este mes sobre el indulto, y todo indica que podría ordenar que quede sin efecto; si eso ocurre y el nuevo presidente acata el fallo, ganará la confianza de Keiko y de un importante sector de la población.

Vizcarra cuenta con más espaldas que su predecesor, y no tiene la fama de tecnócrata de PPK. Su gestión entre 2010 y 2014 como presidente de Moquegua, una región del sur colindante con Tacna, es considerada como muy buena sobre todo en el ámbito educacional, y su paso reciente por la embajada de Canadá lo mantuvo alejado de la contingencia política. Fue aplaudido por casi todos cuando asumió. Ni siquiera sus adversarios políticos han querido tocar el caso del aeropuerto Chinchero, donde tuvo que renegociar un cambio al contrato entre el Estado y privados para la construcción de un nuevo terminal, el que se consideró perjudicial para las arcas fiscales. “Para nosotros, el caso está archivado”, asegura la congresista Leturia. Así, la luna de miel está en su mejor momento.

Vizcarra podría desenredar la relación insoportable que existe entre el Ejecutivo y el Legislativo desde que PPK triunfara contra todo pronóstico en 2016, la que obligó al expresidente a cambiar piezas del gabinete y hasta al gabinete completo más de una vez, ante una ola de peticiones de desafuero y otros mecanismos activados por la mayoría parlamentaria de Keiko.

Hasta ahora, el mandatario se encuentra inmune a varios de los factores que terminaron de sellar la suerte de su antecesor. “Al estallar en Brasil el escándalo de corrupción en Petrobras, recuerda Pedro Olaechea, el Partido de los Trabajadores y varias constructoras, se comienza a descubrir que el esquema de corrupción también había llegado a Perú. Y no solo eso; había involucrado a los últimos cuatro gobiernos. El expresidente Alejandro Toledo se ve alcanzado y con esto se resalta el rol que había tenido Kuczynski en ese gobierno, del que había participado como Premier y como titular de Economía. A este contexto de confrontación se suma el fenómeno natural del Niño Costero, que genera mucha destrucción y deja miles de damnificados. Los peruanos piden resultados y no se logran entregar a tiempo. Esto vuelve aún más tensa la relación entre la oposición y el gobierno”.

Para rematar su desenlace, los errores del exgobernante –incluyendo varias volteretas en sus versiones sobre las transferencias por más de US$ 3 millones de Odebrech a empresas ligadas a él– entregaron en bandeja el cadáver político de PPK a las fauces del sector que lidera Keiko.

Mientras Antauro Humala, el hermano ultranacionalista del expresidente Ollanta, se soba las manos desde la cárcel —“Lava Jato fue providencial… nos pone en el corazón del pueblo”, dijo—, el círculo político se vuelve a cerrar en torno a los Fujimori. Aunque la popularidad de Mrs. K (Keiko) ha bajado notablemente en los últimos meses, lo único que realmente puede detenerla en este momento es el hambre de venganza de su hermano y sus anunciadas revelaciones a los fiscales de Lava Jato. Si eso no ocurre, Keiko Sofía habrá ganado una nueva partida en su camino hacia la presidencia.