It’s Britney, bitch! No son pocos los que quisieran que Hillary Clinton (67) pusiera su nombre en esta línea de la famosa canción de Spears y la convirtiera en himno de su campaña presidencial. 

Más allá de la provocación, con esas palabras la ‘princesa del pop’ marcó su retorno a la industria musical en medio de una fase de escándalos. Y los tabloides no son ajenos a esta demócrata, que en estos días se pone a merced de ellos y el resto de los focos mediáticos en el inicio de su carrera a la Casa Blanca. Otro capítulo excitante en la vida de esta mujer, cuya vida se sigue en todas las coordenadas del planeta con más fidelidad que varias producciones hollywoodenses.

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Y no es exageración. Desde que llegó a Washington con Bill Clinton en 1993 mostró que no iba a ser una primera dama tradicional, y que su impacto iba a trascender a sus períodos como anfitriona de la residencia en el 1600 de la Avenida Pennsylvania. No por su dulce carisma, sino por todo lo contrario. De adorno, nada. Con la política inserta hasta en la médula, tenía su agenda (programa de salud nuevo) y oficina cercana a su marido. De inmediato se habló que, mientras el ex mandatario seducía a las masas, su mujer era el cerebro silencioso en el salón oval. 

Y en los ’90 ese papel no causó simpatía. Su personalidad, look y protagonismo eran criticados de manera constante. Ni siquiera cuando en 1998 fue expuesta la aventura del Presidente con Monica Lewinsky causó solidaridad. Todo lo contrario, fue recriminada por ‘perdonarlo’ y seguir con él. Pero las generaciones de este siglo en su país la ven con otros ojos.

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Y la cultura pop, a su modo, la alzó con etiqueta de heroína. Desde el área ficción no es secreto que películas y series la tengan como modelo para su protagonista. Las estrellas de The Good Wife, House of Cards, Madam Secretary, Political Animals y State of Affairs, entre las más recientes, han tenido que responder sobre la ex Secretaria de Estado como modelo de sus personajes. Hasta la comedia Parks and Recreation le rendía homenaje con destacadas fotografías en la oficina de Leslie Knope (Amy Poehler).

Pero el límite en este juego lo sintió la cadena NBC, que detuvo la producción sobre la vida de Hillary con Diane Lane (Infidelidad) en el protagónico. La señal CNN también abortó el año pasado el plan de generar su propio retrato.

Aunque la tentación de retomar la marcha a esos proyectos con el anuncio de su candidatura es mayor. Y el público lo agradecería, independientemente si es un votante norteamericano. La audiencia que sigue los pasos de la mujer de Bill Clinton traspasa fronteras.

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Obvio. Llegó como ‘patito feo’ a la Casa Blanca y terminó en la portada de Vogue y de mejor amiga de Oscar de la Renta. Fue humillada por su marido —hoy sombra de ese playboy noventero y con bypass al corazón—, pero luego se levantó como senadora y Secretaria de Estado de Barack Obama. Apuntada por los conservadores como una “lesbiana encubierta”, nunca recogió el guante y es abuela orgullosa y favorita de la comunidad gay de Estados Unidos. Etiquetada de ambiciosa en el pasado, sus fans la describen como una ‘pionera’. Partió con el patrimonio acotado de cualquier profesional clase media y hoy es autora de dos biografías superventas.

Con esa historia, su disputa por el sillón presidencial es casi una película de suspenso de la que no se puede filtrar el final.

 ¿Está sola en este sueño? Para nada. Su panorama es mucho mejor que cuando compitió en su partido contra Obama en 2008. Y sus asesores aman trabajar con esta imagen de heroína moderna. De mano derecha tiene nada menos que a John Podesta, quien lideró la campaña de su marido, consejero del actual mandatario y considerado un “genio” en el campo de las estrategias. También está en su equipo la ex Google Stephanie Hannon a cargo de las plataformas digitales. La pelea por los votos es responsabilidad de otro nombre ganador en estas carreras, Joel Benenson. Y como voz cercana tiene a su confidente Huma Abedin. Un grupo multicultural que representa la diversidad que ella quiere promocionar. 

Eso en el lado luminoso de esta candidatura. Porque los analistas y rivales ya destacan sus puntos más débiles frente al electorado. Antes que oficializara sus aspiraciones para 2016, ya recibía los primeros misiles por usar su cuenta Gmail para temas de Estado.

Los comediantes ya partieron con rutinas en que la imitan y tocan la relación con su marido. Mientras que los republicanos no demoraron con la arremetida de desprestigios: el canal FoxNews habló de los malos tratos que describió un ex agente de seguridad de la demócrata, apuntando que aquello se extendía a todo el personal bajo sus órdenes. En mayo se lanza el libro Clinton Cash: The Untold Story of How and Why Foreign Governments and Businesses Helped Make Bill and Hillary Rich, a cargo del conservador Peter Schweizer. El autor afirma que dinero donado a la Fundación Clinton supuestamente terminó en arcas personales, además de que las fuentes de esos recursos eran gobiernos y firmas extranjeras que buscaban favores en Estados Unidos.

La ex Secretaria de Estado ya ha probado que tiene armadura para los ataques. Pero nunca se sabe. Cada reporte será panorama ideal para quienes extrañan House of Cards. En directo, la realidad peleará por superar a la ficción en temas de intrigas. 

A su favor está que en la búsqueda de poder, como mujer ya no tiene que pedir perdón ni disfrazar su intención de desear el puesto más importante del planeta. Es su momento para hacer historia más allá de la ficción del cine y TV. Una gran mayoría de su ‘público’ en el mundo quiere verla en 2016 ‘reventando el rating’ y, si se puede, celebrando con una polera que diga It’s Hillary, bitch!