“¿Alguna vez has tocado el cabello de Donald Trump?”, preguntó medio en serio Hillary Clinton a Jimmy Fallon en el late The Tonight Show. Asombrado y sin decir una palabra, el animador quedó mirando a la precandidata demócrata… “Veo que no…”, dijo la ex secretaria de Estado y soltó una carcajada: “¿Quieres tocar el mío?”, insistía entre risas la política en el estudio de la NBC.

Así es la nueva Hillary. Mucho más relajada, una que no teme bromear y que no evita decir lo que piensa. No dudó en dar otra muestra con el monólogo que protagonizó junto a su doble en el último Saturday Night Live: “Me refiero a Trump… ese tipo que mira a todos como perdedores”.

La antipatía de Hillary por el republicano Donald Trump, a quien ha catalogado de “racista” por sus dichos en contra de los inmigrantes, no es novedad hoy en este hoy rebelde ícono de la política estadounidense en su versión reloaded.

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Se dice que la ex primera dama es experta en gobernar a las masas. Y otros apuestan a que este nuevo mix llamado Hillary es quien saborea la ambición de ‘al fin’ llegar al sillón presidencial. Cierto o no, los números la apoyan. Un 61% de los ciudadanos estadounidenses encuestados por GFK la considera una “mujer fuerte”, lidera las encuestas de CNN/ORC con un 47% de las preferencias para ser la candidata de su partido, supera el 45% de la última encuesta de la Universidad de Quinnipiac y cuenta con los aliados demócratas que antes fueron rivales. ¿Casualidad? No pareciera…

Con sólo el anuncio de su campaña por Youtube en abril de este año, se entiende que por estos días Hillary ande con teléfono celular en mano y su cuenta de Twitter ya sume más de 4 millones de seguidores. En su casa en Nueva York o desde cualquier parte del mundo, la ex secretaria de Estado del Presidente Barack Obama espera pacientemente hasta que algo –sea actualidad o la opinión de otros candidato– le haga ruido. Y aunque tenga a estrategas, no se deja llevar sólo por los consejos de sus asesores.

No tuvo reparos en cuestionar al mismo Presidente por su actuación ante los refugiados sirios, a pesar de que hoy sea su mayor aliado. Se fue en picada contra la biotecnología por el aumento en más de 5.500% del precio de un medicamento para curar la malaria. Su twitt, calificado como un “escándalo”, provocó una caída de 4,7% en la bolsa de valores. Tampoco disimuló su ira contra el republicano Ben Carson cuando dijo que no sería buena idea que el Islam llegara a la Casa Blanca. “¿Puede un musulmán ser presidente de Estados Unidos? En una palabra: Sí. Ahora pasemos a otros temas”, escribió irónicamente Clinton en su cuenta en la red social.

La tildan de “polarizadora”. Lo cierto es que sus opiniones no han pasado desapercibidas. Su imagen de mujer política de opinión fuerte ha inspirado personajes como Claire, en House of Cards¿Su lema? “Listos para Hillary 2016”. Porque si es que consigue más votos, hará historia como la primera mujer presidente en la Casa Blanca y llegará donde muchos la vieron mientras su marido gobernaba, pero ahora será ella la que se instale en la Sala Oval.

Reescribir el código fiscal, para específicamente poder pagar más a algunos empleados públicos, ahondar en políticas ambientalistas reduciendo el impacto ambiental de empresas republicanas, subir el sueldo mínimo, y la polémica de agilizar el proceso de ciudadanía para inmigrantes son algunas de sus propuestas. Incluso envió un saludo al pueblo latino en Sábado Gigante y subió al escenario en un concierto de Marc Anthony en Miami la semana pasada.

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Hoy Hillary no es la sombra de nadie. Su versión 2.0 además se caracteriza por una marcada preocupación por su look: hoy su staff incluye a la vestuarista Kristina Schake, responsable de la imagen de Michelle Obama y artífice de esta nueva Hillary que hoy se desordena y se ríe, todo para seducir a los nuevos votantes. Y a Jim Margolis, político de larga trayectoria y consultor en comunicaciones, quien participó de la exitosa campaña de Barack Obama. Precisamente a él se le atribuye la cercanía de Hillary con las nuevas generaciones.

Pero sobre todo hoy la estrategia apunta a humanizar a Hillary en redes sociales. Escribe sobre su hija Chelsea, y a diario el equipo postea viejas fotografías de la ex senadora en sus tiempos en Chicago cuando se caracterizaba por un look más bien nerd, muy enamorada de un hippie Bill Clinton. En la red incluso ha viralizado selfies con celebridades como Kim Kardashian“Me habría encantado que mi madre hubiera podido estar más tiempo entre nosotros y ver la América que vamos a construir juntos”, escribió la candidata en Instagram. Sin hacer uso del apellido que la hizo ser ‘la mujer de’ y que la ha puesto en el ojo público por más de 30 años, hoy la precandidata firma bajo el hashtag #Hillary2016. Ahora la oportunidad de gobernar Estados Unidos está en sus manos.