No ha perdido un ápice de estilo ni de carácter. Hernán Somerville sigue siendo el mismo personaje de voz atronadora y vestir elegante que suena aún más potente cuando opina de manera total y categórica sobre economía, política y el estado del país, tema que hoy le inquieta particularmente. Su voz se oye aún más fuerte cuando se trata del gobierno de Michelle Bachelet, por quien votó en 2005 y en 2013 a pesar de que hoy se encuentra “sumamente arrepentido”. 

“Voté por ella porque pensaba que este país precisaba un cambio, y que ese cambio —la social-democracia— que era lo que yo tenía en mente y que fue el primer gobierno de Bachelet, podía manejar la situación de una manera más efectiva que la derecha. Pero mi decisión fue totalmente contradicha por la realidad…”, dice claramente desilusionado.

Su candidato —era que no— hoy es Ricardo Lagos, a su juicio el único que puede recomponer a Chile “de este desorden” que él cataloga de “surrealista”. “En lo económico, se hizo una pésima reforma tributaria y una reforma laboral, que más que nada es una reforma sindical; para qué decir el tema de la educación, prácticamente se parece al Laberinto de Creta…”. 

Entonces le declara su total y absoluto respaldo a Ricardo Lagos con quien —cuenta— se ven un par de veces al año. “La última vez fue hace cinco meses. Tomamos un café y conversamos. No te voy a decir de qué hablamos. Al único que se lo he comentado es a mi bulldog inglés, pero son animales muy reservados…”, bromea el autor de aquella famosa cuña “mis empresarios aman a Lagos”, pronunciada en una gira en pleno fulgor del gobierno laguista. 

Hoy, de traje impecable en su oficina en el último piso de un edificio en Nueva Costanera —tal como se lo conoció en sus dos décadas como presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Asbif)—, Somerville ha reducido notoriamente su actividad y da pocas entrevistas. Mantiene los  directorios de Enersis (donde hoy es director para América Latina) y la Bolsa de Comercio, al tiempo que desde su empresa se dedica a asesorar a inversionistas, tarea que lo mantiene atento a las condiciones locales e internacionales. Es además un gran conocedor de los mercados asiáticos, como ex miembro ejecutivo de la Apec (designado por Ricardo Lagos) y jefe de la representación chilena en la Expo Shanghai, donde fue nominado por Bachelet en su primer gobierno, lo que le permitió conocer bien a la mandataria.

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“Ahora estoy muy dedicado a viajar, ese ha sido siempre mi hobby; he recorrido más de 160 países y todavía me faltan —dice apuntando hacia un mapamundi plagado de ‘pines’ de todos los colores, uno para cada lugar en el que ha estado—. Ahora vengo llegando de Miami y mi percepción es que afuera nadie entiende lo que está pasando en Chile. Me preguntan “¿qué pasó?, ¿qué les ocurre?”. Veían a un país ordenado, que crecía, donde los problemas sociales se iban arreglando de forma correcta, con más crecimiento, mejor empleo. Y de pronto todo cambió. El rating país sigue siendo sólido porque el nivel de deudas —que está subiendo— sigue siendo manejable. Pero si continuamos por este carril… quién sabe cómo va a terminar este proceso”.

—Usted conoció a Michelle Bachelet. Como jefe de la Expo Shanghai estuvo varias veces con ella y solía alabarla en sus entrevistas por sus cualidades como gobernante. ¿Qué pasó?

—Es que esto es casi surrealismo. Efectivamente, hablé muchas veces con ella. Le pedía una entrevista y me recibía prácticamente el mismo día en La Moneda. Conversábamos del mundo, de la imagen de Chile, los mercados, la parte financiera. En los primeros dos o tres años de ese gobierno, con Andrés Velasco como ministro de Hacienda, el país tenía superávit fiscal. Ahí vino la crisis subprime y cayó brutalmente el consumo privado. Entonces le dije a la Presidenta ‘gaste, gaste’, que es lo que le dijo Velasco. Entonces todo lo que yo escuchaba de ella era sentido común… Y tenía gente de primera en el gobierno. Hoy, en cambio, su gabinete es mediocre.

—¿Incluido Rodrigo Valdés?

—No. Se salvan dos o tres personas, entre ellos él y Máximo Pacheco. Pero en general no hay gente como la que tenía en esa época, más experimentada. ¡Si los años de la Concertación fueron muy buenos para Chile! Eso hoy lo acepta todo el mundo. Sin embargo, ahora veo en la Presidenta una especie de falta de resolución.

Molesto, agrega:

—No soy sicólogo ni siquiatra, menos hablo con la Presidenta últimamente… A lo mejor está realizando lo que siempre quiso hacer. ¿Pero en qué se ha traducido?, en que partió con un 60%, 70% de popularidad y va en un 15%, que es demoledor. Yo, por ejemplo, estoy brutalmente molesto con mi decisión de haber votado por ella. Arrepentido. ¿Cómo no voy a estarlo si voté sobre supuestos? Yo asumía que esto iba a ser una continuación de la Concertación con, obviamente, un mayor avance; además de que en ese momento, estábamos con el cobre todavía alto, el país podía financiar los cambios. Nunca tuve problemas con la reforma tributaria, pero la que hicieron es un mamarracho.

—Queda casi un año y medio de gobierno. ¿Cuál debería ser el cambio de rumbo?

—Bueno, aquí hay mucha gente que me dice: “oiga, por suerte queda re-poco”… No sé qué va a pasar. Algunos insisten en un cambio de gabinete. Lógico, hay varios ministros que debieran salir. Sin embargo, para mí lo más importante es un cambio de actitud, de mensaje.

—Lo cierto es que ante este escenario la carrera presidencial se desató y ya hay dos candidatos en el ruedo: Lagos
y Piñera.

—Y yo voy a votar por Lagos, claramente.

—Era de esperar considerando que usted es el autor de la frase “mis empresarios aman a Lagos”. 

—Yo no dije eso. Dije que eran los empresarios que estaban conmigo, sudamericanos, en esa gira… En fin, da lo mismo.

—Ya quedó para la historia.  

—Además, créeme que los empresarios a Lagos le tienen tremendo respeto y afecto. Ojalá vaya de candidato porque miran con gran nostalgia su gobierno. Mi feeling es que va a haber un porcentaje muy alto de ellos, no digo la mayoría, que preferirá apoyarlo. Probablemente porque piensan, como yo, que la socialdemocracia maneja bien a Chile. 

—¿Es acaso un nostálgico de la vieja Concertación?

—Es que la Concertación es la socialdemocracia para mi gusto. Una ideología que va por más igualdad, más libertad. No sólo económica, sino cultural: el matrimonio gay, del cual soy partidario, la píldora, el aborto, etc. Pero con un sentido de gradualismo, con reformas bien hechas. Por eso, pasada esta elección presidencial, mi compromiso estará con Ciudadanos, el movimiento de Andrés Velasco, que me interpreta 100%, aunque por razones obvias él ya no sea una alternativa presidencial.

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—¿Qué opinión tiene de la opción de Piñera? 

—No sé, yo personalmente no voto por él.

—Según las encuestas, si las elecciones fueran hoy, él sería presidente…

—No sé… Si ha habido un cambio ideológico tan profundo en Chile, ¿por qué tendría que ganar?

—Usted tuvo un encontrón con él cuando era presidente y le ofreció ser embajador en China. Usted aceptó pero luego cambió de opinión. 

—Más que un encontrón, renuncié por razones muy justificadas. Luego tuve una reunión con él en la cual fue francamente insolente conmigo y no lo acepté. No toleré humillaciones cuando era pobre y joven, menos lo iba a hacer ahora que estoy viejo y rico. Y he tenido la suerte de que nunca he pedido nada en término de puestos; todo lo que he tenido me lo han ofrecido. Así que yo por él no voto. Lagos es mi candidato y si no va, voy a votar en blanco nomás.

—Tanto Lagos como Piñera dieron entrevistas donde reconocieron que continuarán con las reformas impulsadas por Bachelet.

—Es imposible echar para atrás, ambos lo dicen implícitamente. Sin embargo, todo estuvo muy mal hecho y hay que llegar a un acuerdo nacional para que se hagan bien.

—¿Reformularlas, a eso se refiere?

—Es absolutamente necesario llegar a nuevos consensos, revisar las reformas. En eso están de acuerdo los dos ex mandatarios; un consenso para mejorar las reformas. Con esto el país va a pegar un tremendo salto. Aquí tenemos que hacer una nueva transición, y para eso confío en una socialdemocracia, en manos de Lagos. 

—Perdón, pero ¿qué quiere decir con transición?

—Que más allá de esta situación —de absoluta desconfianza pública en la política y con una economía mediocre— buscar una salida razonable. Pasar de este desorden, a un ordenamiento conducido por personas de prestigio, como Lagos.  Aunque hay que reconocer que para él va a ser difícil si sale presidente porque el izquierdismo y la retroexcavadora van a estar muy fuerte. Qué decir para Piñera, más difícil aún.

—Aunque apareció por los palos Alejandro Guillier, y con una fuerza inesperada… 

—Guillier me entrevistó varias veces, es un gran periodista, extremadamente riguroso, pero para estos desafíos del país lo que necesitamos es un piloto experimentado y ahí uno no se va con cualquiera.