Hernán Somerville ya no usa corbata. “Hoy ando excepcionalmente así porque tuve un directorio de Enersis (explica sobre su look, que incluye suspensores, pañuelo y el consabido nudo al cuello, elegantísimo), pero normalmente trabajo con pantalones de corduroy en invierno y delgados en verano.

Mi vida es muy distinta… Di un giro importante. Es como si de andar en un Astor Martin a 180 km en la carretera, de pronto pasas a un Mercedes, pero a 90 km… Es difícil, pero lo he logrado, aunque a veces el cuerpo me exige más adrenalina”, asegura este abogado, quien viene llegando de seis semanas por Europa y que en septiembre partirá en tren por la Ruta de la Seda.

Sólo recurre a su colección de corbatas para asuntos formales, o para los directorios de Enersis y la Bolsa de Comercio, los únicos que tiene desde que dejó la presidencia de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF) hace dos años. También se convirtió en un conocedor de los mercados asiáticos: fue miembro ejecutivo de la Apec (designado por Ricardo Lagos) y jefe de la representación chilena en la Expo Shanghai nominado por Michelle Bachelet, a quien hoy le declara su total admiración.

Wp-Somerv-193Cuando Piñera le ofreció la Embajada en China, Somerville renunció a la ABIF (y a varios de sus directorios) y se preparó para la que sería su nueva etapa. Sin embargo, como asegura por primera vez, nada fue como esperaba…
“Estaba muy honrado. Imagínese, yo conocía muy bien el país; lo único que dejé claro es que no quería un cargo sino un proyecto: hacer de nuestra embajada la más importante de Chile, porque ése es nuestro mayor socio comercial. Fue lo mismo que le dije a Bachelet cuando me ofreció lo de Shanghai: yo trabajo gratis, pero usted me da los fondos suficientes porque vamos a ganar. Me entregó 30 millones de dólares de los cuales yo gasté 22 y fuimos elegidos como el mejor pabellón. Ministro, ¿me invitan a eso, no es cierto? Me dijeron que sí pero no se cumplió. Pregunté si mi renuncia producía algún daño y, como la respuesta fue negativa, hablé con el Presidente. Se enfureció. Mostró una total incomprensión. Me trató con brutal rudeza, algo que no acepto de nadie; no lo hice cuando era pobre y joven, menos siendo viejo y rico…”.

Porque Somerville, más allá de lo que se piensa, no nació en cuna de oro. Su familia quebró cuando él tenía 10 años; al poco tiempo su padre murió y fue su mamá quien debió hacerse cargo. “Era dueña de una paquetería en Providencia, pero no tenía capital de trabajo; fui testigo de cómo la humillaban los proveedores, la vi llorar porque le negaban los créditos. Eso me impactó. Por eso nunca he humillado ni insultado a nadie. No lo tolero, ni siquiera de un jefe de Estado”.

—Para el gobierno fue un bochorno… Quedó la sensación de que usted sólo se interesaba por grandes presupuestos.
—Mucha gente dice que me achapliné, que renuncié por los gastos de representación, ¡perdón! (se indigna), pero estaba dispuesto a usar todo mi sueldo y hasta poner más plata porque entendía que para hacer una buena gestión se necesitan recursos. La gente que me ha criticado jamás le ha dedicado siquiera una hora al servicio público. Este país tiene virtudes pero también grandes defectos: es chaquetero y envidioso, la maladie nacional.

Se rompió para siempre la relación. Piñera lo sacó de la Apec (“claro, estaba dentro de sus facultades”) y él por cuenta propia renunció a la Fundación del Pacífico y al consejo Empresarial Chileno Peruano (“obvio, los peruanos también podían resentir tener un presidente que no era bien recibido en el gobierno. Un caballero debe tener sensibilidad”). Y aunque después le pidieron volver a la ABIF, lo rechazó: “Ya no era la persona adecuada. ¿Cómo iba a ir a una reunión con el jefe de Estado después de lo que pasó? Además que este jefe de Estado no es Michelle Bachelet…”, dice sin el más leve asomo de ironía, sin disimular tampoco su admiración por la ex mandataria.

De hecho, después de inmortalizar en su momento aquella frase de que “los empresarios aman a Lagos”, hoy Somerville no ahorra alabanzas para la carta por la Nueva Mayoría, convencido de que es la más adecuada para manejar al país frente a un escenario económico adverso. “China se ha desacelerado y el precio de nuestros commodities no va a estar en los mismos niveles; en la Bolsa se aprecia un retiro de liquidez hacia EE.UU. Sin embargo, las expectativas son muy distintas. La gente ya no pide más educación, ahora exige calidad; ya no sólo quieren hospitales sino que sean buenos. El problema es cómo se compatibiliza frente a lo que se aproxima. Y de los actuales candidatos la persona que más garantías me da es Michelle Bachelet”.

—¿Cómo evalúa también a Evelyn Matthei? Ella es economista…
—Y una mujer preparada.

Wp-somer-193-4—¿La conoce?
—En los 20 años que estuve en la ABIF iba mucho al Congreso. Pero mis encuentros con ella no fueron positivos; nunca aceptó mis argumentos. Ya parece un cliché decir que tiene un carácter fuerte; a veces nuestras discusiones eran… (se frena) aunque siempre hubo respeto. Pero es una persona capacitada, profesional, con vasta experiencia en el Congreso y no me cabe duda de que tiene muy buenos asesores. El problema, más que buenos consejeros, es cómo se manejan las presiones políticas y, por cierto, las expectativas. En ese sentido, el manejo económico que hizo la Presidenta Bachelet fue espectacular; en la primera parte de su gobierno ahorró y este país llegó a tener reservas nunca vistas. Cuando trabajé con ella iba a palacio con frecuencia; hablábamos mucho y percibía un sentido práctico sensacional. Así que con ella no tengo ni una preocupación.

—Aunque la propia Bachelet reconoció que hoy Chile es difícil de gobernar. Hay una fuerte presión social.
—Y hay temas pendientes, como el energético… HidroAysén tiene que resolverse, no puede ser que durante dos años —y contrario a la normativa— no exista un pronunciamiento, el que sea. ¿Qué quieren?, ¿tener la energía más cara de Sudamérica? En este momento muchas empresas chilenas se están trasladando a Perú porque allá el costo es más bajo. Y en este mundo en que los márgenes se estrechan… Fíjese lo cara que está la mano de obra, pero la productividad no es alta… Todo eso va contra el margen.

—Hoy muchos creen que Bachelet sigue siendo la misma, pero no su entorno: ahora está con el PC; y la DC se ve disminuida, sin poder imponer su agenda.
—Perdóneme, el liderazgo, la adhesión personal que ella tiene está sobre los partidos. Nadie podría haber logrado la votación que obtuvo en la primaria. El poder que tiene para definir el programa es tremendo.

—Matthei dice que Bachelet es ganable. Y en la Alianza aseguran tener una mayor capacidad para generar empleo y crecimiento, como lo demostró Piñera…
—(Se molesta) Esos son ciclos económicos, los que han existido desde José y el faraón, desde las vacas flacas y las vacas gordas.

Este gobierno heredó un período de alza. Sin embargo, a pesar de la bonanza, no logró un superávit estructural.

Este gobierno heredó un período de alza. Sin embargo, a pesar de la bonanza, no logró un superávit estructural. En mi opinión debieron ser más estrictos.

—¿Tirón de orejas para Felipe Larraín?
—Sólo digo que podría haber hecho un esfuerzo adicional. Este es un gobierno de derecha que puso más énfasis en lo redistributivo que en una agenda procrecimiento. Si usted habla con los círculos empresariales —y por supuesto que esto lo dicen sólo en privado— preguntan qué pasó con la reforma laboral, con el mercado de capitales, en materia energética, minería… Vea cómo se están parando los proyectos mineros. Piñera tuvo que responder a las expectativas sociales, pero uno habría esperado otra cosa, sobre todo porque fueron muy críticos con la Concertación precisamente porque no implementaban políticas de crecimiento.

Wp-Somer-193-5—También hay una nueva realidad: la gente está cansada de los abusos con las isapres, las AFP, los bancos…
—¡Toda la razón! En la ABIF realizamos un esfuerzo notable de autorregulación, quizá pude hacerlo con más fuerza, hago mi reconocimiento, pero trabajé muy fuerte en reducir comisiones y tasas de interés. Claramente existe abuso y creo que también es urgente pasar la ley de lobby. No entiendo cómo todavía no se aprueba .
“La gente ya está harta de los abusos; yo también me quejo todos los días… Tengo un pasaje y quiero cambiarlo de un día a otro pagando en business y me cobran 300 dólares. Mi hija quiso hacerse una operación estética y los de la isapre consideraron que era una cuestión cosmética… Ahora las mías son ‘subquejas’ en comparación con otros problemas”.

—¿Existe conciencia entre los empresarios de que se les pasó la mano?
—Una brutal conciencia. Imposible no verlo. Los empresarios trabajan en una economía muy competitiva, que afectan sus negocios y rentabilidades, un tema para ellos muy sensible. Aunque también tienen claro que debe hablarse con la comunidad, abordar el tema ambiental; ya no es sólo hacer la suma.

—Según el ministro Mañalich, las isapres reajustaron el costo por el Auge hasta diez veces lo proyectado porque prevén que las reglas van a cambiar sea cual sea el próximo gobierno.
—¿Por qué no lo hizo él, entonces? ¿Por qué esperar un nuevo gobierno? Hay que mandar los proyectos aunque sean rechazados, así genera el debate. Habría esperado que un gobierno de derecha enfrentara temas estructurales con más fuerza, independiente de los costos políticos o de imagen. Por último, por táctica política. Y las empresas debieran autorregularse, eso es preferible a que te regulen con una mala ley.

—Sin embargo, da la impresión de que el sector bancario se resiste a los cambios. Jorge Awad, su sucesor, dijo que se “había abusado de la palabra abuso”…
—No me voy a referir a mi sucesor. No lo he visto desde que salí.

—La tasa máxima convencional sigue sobre el 50 por ciento.
—No me quiero sacar los tiros, pero no sé nada de la ABIF. De hecho está dos pisos abajo de mi oficina, pero no he entrado nunca desde que me fui.

—¿Cómo, o sea que están aquí mismo?
—¡Si este edificio lo hice yo con mis socios! Yo quería sacar a la Asociación del Centro; el lugar en el que estábamos era muy incómodo. Busqué en el sector y no encontré nada. Ahí José Said me dijo: yo sé que estás haciendo un edificio, ¿por qué no nos vendes?…; le contesté que cómo, que no podía, que era el presidente de la Asociación. Finalmente me ofreció verlo directo con mi socio, lo que acepté sólo si lo aprobaba el directorio. Y le vendí cuatro pisos.

—¿No se ha topado con Jorge Awad ni siquiera en el ascensor?
—No, nunca. Con mis nuevos tiempos llego muy tarde (ríe)… Y siempre bajo por la escalera…