“A estas alturas estoy viviendo mi vida como nunca. Jamás pensé que iba a gozar tanto”, asegura Hernán Somerville, el pelo ligeramente sobre los hombros, sin corbata ni calcetines: su nuevo estilo luego de la formalidad que lo caracterizó tras dos décadas como presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (Abif) donde se convirtió en la imagen viva de la banca en Chile, sector que hoy está como nunca en el ojo del huracán tras los casos Caval y Penta y donde él, como un observador acreditado, no se guarda sus opiniones.

Famoso por su frase “mis empresarios aman a Lagos”, fue uno de los principales fans del ex Presidente. Se peleó a muerte con Sebastián Piñera luego de que optara por no partir como su embajador a China. Tras la pública desavenencia decidió dejar la presidencia de la Abif y declaró a los cuatro vientos su admiración por Michelle Bachelet, por quien votó en las elecciones de 2013. Hoy, franco como es su estilo, se reconoce “sorprendido” por el manejo económico del actual gobierno y se muestra inquieto por las repercusiones del Caso Caval en el discurso de igualdad de la actual mandataria. Dedicado a sus negocios personales, así como a los directorios de Enersis y de la Bolsa de Comercio (cuestionada ante el Caso Penta y, especialmente, Cascadas), Somerville se refiere a los escándalos empresariales y políticos que remecen al país, “los que podrían influir en la economía como también sobre la imagen y prestigio internacional de Chile, si es que no se adoptan medidas contundentes”, advierte.

“La ciudadanía espera una respuesta; hemos llegado a un momento fundamental en que la cosa no da para más: estamos frente al desprestigio de la política, de los partidos, de las instituciones y también de los empresarios”, manifiesta en su estilo.

“La información privilegiada siempre ha existido —sostiene Somerville ahora sobre los otros casos que afectan al corazón del mundo empresarial—. Un país pequeño, con una elite donde todos se conocen, donde están social y familiarmente vinculados a través de las iglesias, los colegios y las universidades, donde conviven en los mismos clubes y barrios, es una realidad socio-cultural que el traspaso de información siempre es posible. Y además, si bien la ley sanciona los casos de información privilegiada, nunca ha habido penas ejemplares. Hasta un ex mandatario fue castigado con una resolución bajísima, sólo económica, y después fue electo presidente… Pero ahora el caso de Juan Bilbao (investigado por la Superintendencia de Valores americana por uso malicioso de información) implicará un cambio radical. Más allá de la ley, el efecto disuasivo será brutal”.

—Jorge Errázuriz reconoció en una entrevista ser partidario de que el uso de información privilegiada sea castigado con la máxima pena.

—No tengo ningún problema. Que la ley sancione con cárcel; el uso malicioso de información atenta contra la fe pública en el mercado de capitales, ni hablar del efecto que esto tiene en nuestra imagen internacional, donde el principal activo —la seriedad y la confianza— puede verse afectado. Tenemos que hacernos responsables. 

Y agrega:

—La justicia tiene que operar. Tal como se ha perseguido con fuerza el Caso Penta, se debe actuar de la misma manera con Caval, sobre todo porque se trata de una firma vinculada familiarmente con la Presidenta de la República. Este asunto debe ser despejado; investigar si hubo influencia, uso de información privilegiada entre funcionarios públicos. Esto tiene que ser investigado igual como al  resto de la clase empresarial y política.

—Usted votó por Michelle Bachelet. ¿Le cree cuando dice haberse enterado por la prensa del Caso Caval?

—Conocí a la Presidenta en su anterior gobierno, cuando me tocó coordinar la Feria de Shanghai. Es una persona íntegra, seria y le creo cuando dice que lo supo por los medios  a pesar de que mucha gente piensa que no fue así. Dicho esto, creo que el manejo del gobierno frente a este tema no fue satisfactorio: se actuó tarde y no hubo declaraciones claras. ¿Cómo es posible afirmar que era un asunto “entre privados”? No puede ser algo entre privados si está involucrado el hijo de la Presidenta de la República. 

—Según Carlos Peña, la Presidenta tuvo que enfrentarse al dilema de decidir entre sus sentimientos de madre y su obligación como jefa de Estado. Que su debilidad fue optar por lo primero.

—La mujer del César no sólo debe serlo sino parecerlo. Son estándares que deben buscarse, pero estamos hablando de seres humanos, con sus fortalezas, demonios y debilidades. La historia está plagada de estos casos: Churchill también tuvo problemas con sus hijos, ni hablar de Augusto Pinochet… Y Michelle Bachelet actuó como cualquiera en su situación… No sé qué tipo de consejos políticos recibió, pero debe haber sido para ella un golpe brutal.

—¿Cómo juzga la actuación de Andrónico Luksic al recibir personalmente al hijo de Michelle Bachelet y a su nuera?

—Fue imprudente. El mismo lo admitió; pero se dio cuenta y tuvo el coraje de reconocerlo oportunamente. Ahora, un error así cualquiera puede cometerlo…

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—El economista y presidente de IM Trust, Guillermo Tagle, dijo que los altos ejecutivos reciben a diario llamados de amigos, parientes y conocidos solicitando reuniones o ubicar a un familiar en algún puesto. 

—Eso existe en todas partes del mundo, en Inglaterra se llama el Old boys club. Sucede en Rusia, en la China comunista. Se ha practicado desde que el mundo es mundo. Yo, siendo el segundo mejor alumno de la Escuela de Derecho, hablando inglés perfectamente, no fui admitido en el Ministerio de Relaciones Exteriores porque no tenía pitutos; me hicieron el favor de la vida porque habría jubilado hoy día con un millón de pesos…

—¿Pero cuál fue el mayor error de Luksic: haber recibido al hijo de la Presidenta u otorgarle un crédito de seis mil quinientos millones a una empresa que no tenía capital?

—Haberlo recibido, sin duda… En cuanto al préstamo, se trata de un  banco extremadamente serio, manejado profesionalmente, con altos niveles éticos y de estándar. Un banco con un nivel de activos y de provisiones enorme, por lo tanto, el efecto patrimonial para ellos es cero; el costo es reputacional.

—El Banco de Chile es socio del Citi en Estados Unidos, por lo tanto se expone a ser sancionado por los estándares americanos, muy severos.

—Bueno, ese es problema de ellos. Aunque se trata de un asunto muy, muy puntual, y en medio de todo lo que está pasando afuera, es mínimo. 

—¿Y qué implicancias políticas tendrá este caso en el discurso de la Presidenta?

—Una persona cuyo programa fue la desigualdad, no sólo en términos de ingresos y falta de oportunidades, sino también respecto al tratamiento frente a la ley, obviamente hay un daño político. Todas estas situaciones, incluido Penta, tienen un impacto en la opinión pública muy grave. Este país ética e institucionalmente sigue siendo fuerte, pero existe una realidad y frente a ella hay una obligación: hacer justicia como corresponde o se corre el riesgo de que esto se traduzca en una absoluta apatía electoral. No quiero dar nombres, pero ¿cómo es posible que un legislador diga: “no hice nada distinto al resto de los políticos” en circunstancias que ellos son los encargados de aprobar las leyes? Aquí no puede haber hipocresía.

Hay que tomar medidas, partiendo por regular el financiamiento de la política. De lo contrario, puede que en las próximas elecciones —en especial con el voto voluntario— se produzca una abstención brutal. Incluso está el riesgo de que aparezcan outsiders, líderes populistas. Esta crisis debe ser una oportunidad para terminar de una vez por todas con esta situación, en materias de leyes, normativa y en una conciencia pública maciza, con declaraciones concretas de los partidos políticos. Hacen falta gestos.

—¿Los miembros de la UDI involucrados en el Caso Penta debieran renunciar a sus partidos?

—O congelar. Sería un buen gesto que algunas personas dieran un paso al lado, un acto de buena crianza. Se requieren cambios, prohibir los aportes de las empresas, sancionar con la pérdida de escaños, terminar de una vez con el fuero parlamentario. Que los juicios sean rigurosos y se aplique la ley.

—¿Le han parecido suficientes los pronunciamientos de gremios como la Sofofa, la CPC?

—Hago un mea culpa; fui dirigente empresarial muchos años y presidí la CPC: honestamente creo que no hemos sido lo suficientemente enfáticos. Ha faltado ser más duros en las expresiones y no dejar los pronunciamientos a la espera de que falle la justicia.

—No sólo se han echado de menos expresiones sino que también sanciones de parte de los gremios. El directorio de la Bolsa, donde usted participa, no tomó acciones concretas con León Vial por su actuación en el Caso Cascada…

—No pudimos porque teníamos la opinión del comité de buenas prácticas más un par de observaciones legales que nos aseguraban que no se podía aplicar una doble sanción ante el mismo caso. Pero León Vial tuvo la honorabilidad y la caballerosidad de irse.

—¿El renunció o se lo pidieron?

—Que yo sepa no se le pidió. Mire, hay cierta gente a la que no hay que ni solicitárselo; sus abuelas les enseñaron que hay cosas que just don’t do it

—¿Como no participar de un modelo como el Caso Cascada?

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—Bueno, como te digo… (evita referirse al tema) Ahí teníamos opiniones muy claras como Bolsa de Comercio de que no podíamos sancionar dos veces por el mismo tema, eso es clarísimo, tenemos opiniones por escrito de destacados abogados.

Según el ex dirigente, el enrarecimiento del clima político sumado al desprestigio de la clase empresarial, podría tener un impacto en la economía si es que no se toman medidas. “Vea el caso de Brasil: el escándalo de Petrobras que ha paralizado a la Presidenta Rousseff; hay una fuga de capitales brutal. Ahora, Chile comparado con eso, no es nada, aunque de todas formas puede tener un impacto…”.

—¿Como una fuga de capitales?

—Bueno, eso ya se produjo el año pasado a raíz de la reforma tributaria. Por ello, mi recomendación sería que este año se termine con esta avalancha reformista y que aquellas transformaciones que ya están aprobadas se ejecuten con buen criterio, moderación y sentido común.

—¿Qué opinión tiene del trabajo del ministro de Hacienda, Alberto Arenas?

—Siendo partidario de un aumento en la tributación, creo que el proyecto que envió es malo, y la eliminación del FUT un tremendo error. Tampoco ha hecho lo suficiente para mejorar la confianza del sector privado y así aumentar la inversión y reducir el gasto público, que está llegando a niveles de déficit fiscal complejos. Ya hay buenas señales que están saliendo de Europa, Estados Unidos, Japón, Sur Corea y China. Las empresas chilenas no cupríferas están exportando muy bien y por lo tanto hay que aislar a la economía, blindarla de la política y de la fiebre reformista. No compliquen más el clima con malos proyectos. Al final el gobierno va a ser juzgado por sus resultados económicos. A la gente le podrá molestar el Caval, Penta, Cascada… pero al final vota con el bolsillo y será su situación personal, el temor a perder el empleo, lo determinante. 

—Usted votó por Michelle Bachelet, ¿qué le ha parecido su primer año de gobierno?

—Su anterior mandato fue muy bueno; una persona pragmática, con sentido común, que iba a manejar este proceso de cambio mejor que la derecha. Por eso voté por ella. Pero me ha sorprendido… No he visto la misma prolijidad sino un ímpetu por hacer las cosas lo antes posible sin analizar las consecuencias. La calidad de los equipos técnicos tampoco es la misma. No me agrada, por supuesto… Espero que este año ella medite.

—Usted fue el autor de aquella frase “mis empresarios aman a Lagos”, y este último año como nunca él ha sido evocado con nostalgia por el gremio.

—Ocurrió algo divertido: él habló en la última Enade y cerró su discurso con un aplauso rabioso, con la gente de pie y todos los grandes empresarios de Chile instalados en primera fila. ¿Sabes lo que me dijo Lagos después? “Creo que tenías razón: los empresarios me aman”. Personalmente creo que sería una gran cosa que el Presidente Lagos recapacitara y repostulara para un nuevo gobierno. Físicamente está espectacular, es el político más intelectual que he conocido. Sería un privilegio.