Ha sido el blanco de críticas por la falta de reacción de la Cancillería ante la política comunicacional de Evo Morales y la reciente decisión del gobierno peruano de crear el distrito La Yarada-Los Palos que incluyó el famoso triángulo terrestre que ambos países consideran parte de su territorio. Desde su sector y de la oposición le exigen al ministro de Relaciones Exteriores Heraldo Muñoz (57, casado con Pamela Quick, una hija), mayor agresividad, más acción y que golpee la mesa. Que respecto al conflicto con Perú, por ejemplo, envíe a las Fuerzas Armadas y a las policías a custodiar el hito 1, mientras que con Bolivia el primer llamado de diversos sectores es a que se renuncie a La Haya y que sea la propia Presidenta quien asuma la vocería de nuestra defensa para contrarrestar la arremetida de Evo que ha hecho pronunciarse sobre su causa nada menos que al Papa, y a los presidentes Angela Merkel y François Hollande. Un tipo de diplomacia confrontacional que el ministro no comparte y que considera “absurda”. “La esencia de la diplomacia es el diálogo y la negociación en el manejo de las relaciones internacionales y entre los Estados soberanos”, dice defendiendo su gestión.

Nada de fácil han sido estos dos años a la cabeza de la Cancillería por la compleja relación con dos de nuestros vecinos, que lo mantienen en permanente estado de alerta y lo obligan a descargar tensiones jugando fútbol todos los domingos con un grupo de amigos. Hincha de Colo Colo, su niñez en la Estación Central —con su padre muerto a los 39 años—, siempre fue de sacrificio, disciplina y estudio. Por tanto, reconoce que este deporte se convirtió en su mayor afición y una vía de distracción hasta hoy, por lo que es normal verlo jugando también con parlamentarios de todos los colores políticos. “En la cancha hay una camaradería que no se encuentra siempre en la política”, dice el ministro que también es amante de la música en todas sus versiones: rock clásico, ópera, ecléctica. Confiesa que uno de los mejores panoramas con su mujer de origen norteamericano —a quien conoció en Nueva York y se casó en 1972— es ir a conciertos y recitales, en especial a los de su hija Paloma que es DJ de música tecno y hoy trabaja en un instituto de Derechos Humanos en N.Y.

A la larga historia de desencuentros de nuestro país con Perú y Bolivia, hoy se suma la decisión de Argentina de no respetar el Tratado de Cuencas Compartidas al anunciar la construcción de un acueducto en el lago Buenos Aires-General Carrera, que pone en entredicho el protocolo sobre recursos hídricos compartidos. Esto pinta para un nuevo dolor de cabeza para el ministro, sin embargo, él intenta bajarle el perfil.

—Existe la sensación de que a Chile sus tres vecinos lo están acorralando, ¿comparte esa visión?

—De ninguna manera. Con Perú tenemos una relación de creciente interdependencia y coincidencia en el marco de la Alianza del Pacífico, preservando de manera clara e indubitable nuestra integridad territorial. Ya sabemos en qué está Bolivia. Y con Argentina pasamos por uno de nuestros mejores períodos de integración e incremento de la conectividad bilateral. Con su canciller hablamos y nos reunimos a menudo. Los intendentes y gobernadores de cada lado se encuentran y concretan acuerdos, y los parlamentarios mantienen un intenso nivel de actividad. Más aún, con Argentina tenemos una fuerza conjunta para operaciones de paz denominada Cruz del Sur. ¿Se tendría una operación semejante con un país que no sea amigo?

—Sin embargo, no estarían respetando el acuerdo de aguas compartidas al anunciar la construcción de un acueducto en el lago Carrera.

—Permítame decirle que no hay ningún acueducto en construcción; lo que hay es un proyecto y un proceso adecuado de consultas entre los dos países mediante un grupo de trabajo. Si esta obra llega a hacerse realidad, será mediante el proceso de información y consulta que está reglamentado y en el cual cautelaremos nuestros intereses.

–La Presidenta aseguró que se envió una nota pidiendo detalles del proyecto, ¿han obtenido respuesta?

—No hay que confundirse, ni crear un clima de alarma. Hubo una consulta dentro de la más absoluta normalidad, al igual que ellos nos han consultado a nosotros por otros asuntos. Los recursos hídricos compartidos están sometidos a un régimen específico, como sucede entre muchos países. La relación entre EE.UU. y Canadá, por ejemplo, es de las mejores del mundo, son muy parecidos, sin embargo, siempre surgen problemas inherentes a la vecindad y a compartir recursos. Y al igual como ocurre con Chile y Argentina, se resuelven por los mecanismos establecidos. Lo que sucede con nuestros tres vecinos no son comparables y me preocupa que se intente ponerlas en la misma categoría.

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—¿Cómo las diferencia usted?

—Con Perú su reciente acto legislativo, que sigue uno previo que se remonta al cambio de la Ley de Tacna en el 2008, es inoponible y no tiene efectos para Chile. En cuanto a Bolivia, estamos en una nueva etapa de defensa, manteniendo el estilo y las características propias de nuestra política exterior.

—Que ha sido criticada por ser muy “diplomática” y poco agresiva, más reaccionaria que de tomar la iniciativa.

—Es absurdo. En política exterior hay que pensar en el día después. Si nos guiamos por impulsos emocionales no defenderemos bien el interés nacional. La cabeza fría y el corazón ardiente es lo que corresponde.

—¿Esa será siempre la fórmula entonces?

—La política exterior requiere momentos de diálogo y de firmeza; no existe una fórmula predeterminada. Mi experiencia es que hay que estar dispuesto a utilizar todas las herramientas para avanzar en lo que uno defiende. Cuando me correspondió dirigir la investigación del asesinato de la ex primera Ministra Benazir Bhutto en Pakistán, en representación del Secretario General de la ONU, no fue precisamente la diplomacia de la sutileza.

—Según entiendo, ¿podría existir entonces un replanteamiento, un cambio de estrategia?

—Mire, respecto a la demanda boliviana hay objetivamente una nueva etapa. La demanda sobrevivió, pero perdió la esencia del reconocimiento de un supuesto “derecho de acceso soberano” al mar. La obligación de resultado se esfumó. Nuestra estrategia sigue siendo la defensa de la soberanía e integridad territorial de Chile. Pero ahora vamos a entrar de lleno a los aspectos políticos e históricos con el debido soporte comunicacional. En la etapa preliminar procesal este enfoque no correspondía.

—En lo concreto, ¿cuáles serán los pasos del nuevo equipo comunicacional para enfrentar la segunda etapa del juicio en La Haya?

—No vamos a anunciar nuestros pasos. Podrá verlos en acción en los próximos días.

—¿Habrá un papel más activo de Michelle Bachelet como se pide para contrarrestar la arremetida comunicacional de Evo Morales?

—La Presidenta Bachelet tiene la conducción de la política exterior y le puedo asegurar que la ejerce plenamente. Todas las decisiones relevantes las consulto con ella. Ella interviene públicamente cuando es necesario y oportuno. Chile es un país sobrio, maduro y sus presidentes reflejan esas cualidades.

—A diferencia suya, a muchos no les pareció el llamado a diálogo de Angela Merkel y Francoise Hollande en un asunto bilateral.

—Hay dos componentes en esto: el primero es el abuso publicitario de la buena voluntad de dos jefes de Estado. Nosotros no vamos a incurrir en esas prácticas. Los presidentes han dicho lo obvio frente a la presión boliviana de conseguir un endoso a su demanda. Ellos se sintieron probablemente incómodos ante los pedidos bolivianos, respondieron con un llamado equidistante al diálogo bilateral. Segundo, ¿quién se ha negado al diálogo? Chile no es el aludido en este caso. Hemos ofrecido restablecer relaciones diplomáticas de inmediato y sin condiciones. Deduzca usted quién debe ponerse el sayo en el llamado a dialogar.

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Para Heraldo Muñoz no existe tal triángulo terrestre que motivó al presidente peruano Ollanta Humala a promulgar hace unos días la ley que crea el distrito La Yarada-Los Palos en la región de Tacna, y que lo incluye como parte de su territorio. El ministro explica. “Para que haya un triángulo, según recuerdo de mis clases de geometría, se requiere la existencia de tres puntos. Con Perú se han acordado tan sólo dos: el hito 1, punto de inicio de la frontera terrestre, que fue demarcado en 1930 en cumplimiento del Tratado de 1929; y el otro punto, fue convenido como resultado del fallo de la Corte Internacional de Justicia del 27 de enero de 2014, que señaló que el inicio de la frontera marítima es la intersección del paralelo del hito 1 con la línea de más baja marea. Entonces, no hay tal triángulo.

—Más allá de que exista o no, hay una sensación de profunda falta de respeto hacia nosotros. ¿Cómo zanjarán el tema?

—Hemos expresado nuestra posición como corresponde. El acto peruano no tiene efectos para Chile y la situación en la frontera del norte es la misma de antes.

—¿Quiénes son nuestros aliados en América Latina?

—Cada país los tiene según los temas de que se trate. Claro, con algunos hay mayores coincidencias, pero en política exterior se suele decir que no hay aliados permanentes, sólo intereses permanentes. Una visión maniqueísta de las relaciones internacionales, como aliados versus adversarios, ignoraría que con Perú somos socios en la Alianza del Pacífico y en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), por ejemplo. Con Argentina los somos en su reclamo de soberanía sobre las Malvinas y en las operaciones de paz; con Brasil somos aliados históricos en el ámbito multilateral y en la interdependencia económica y cultural; con Paraguay en los corredores bioceánicos y el comercio; con Uruguay y Costa Rica defendemos de común acuerdo la democracia y los derechos humanos; con Colombia somos aliados en el proceso de paz y en la Alianza del Pacífico; con México los somos en la Apec, en el TPP, en el comercio, la inversión y la solidaridad histórica, etc. Cómo dudar que estos países, incluyendo los de Centroamérica y el Caribe, somos amigos históricos y presentes.

—Cuando la Presidenta lo llamó para asumir la cartera, ¿pensó que le tocaría tan complicado?

—Ha habido momentos difíciles, como para cualquier canciller, pero nada dramático. Si le contara lo que les sucede a otros colegas, lo más probable que no tendría de qué quejarme. Me siento apoyado por la Presidenta y por la gente, y eso basta y sobra… Mi mayor aprendizaje ha sido que no existen los fines de semana libres. Como decía un jefe de gabinete de la Casa Blanca: “ah, finalmente es viernes: sólo dos días más de trabajo hasta el lunes”.

—Precisamente por ese apoyo ciudadano y a falta de líderes en la Nueva Mayoría, ya hay quienes lo ven como una carta presidencial.

—No tengo interés ni vocación. Mi único anhelo es responderle al país y a la Presidenta en el cargo que me corresponde desempeñar.