No tenía ni las piernas largas de Taylor Swift ni diseñadores de alta costura detrás de ella para que promocionaran sus colecciones. Pero décadas antes de que la espigada cantante de Shake it Off naciera, Dolly Parton (69) ya había establecido la ruta de cualquier jovencita que aspirara a estrella country: salir del colegio e instalarse a Nashville a escribir canciones. 

En esos días sólo tenía un peinado rubio de ‘tres pisos’ de escarmenado para dar altura a su menuda y curvilínea figura —todavía no eran los días de ese busto XXXL que la lanzaron como símbolo sexy a fines de los ’70—, pero en pocos años la etiqueta de estrella más allá de las fronteras norteamericanas.

Legal y naturalmente rubia, la cantautora de sonrisa fácil nunca tuvo un pelo de tonta. Además de su talento excepcional con la guitarra (Jolene y I Will Always Love You salieron de su cuaderno de música), supo convertirse en una marca que consagró con un santuario que lleva su nombre: el parque de diversiones Dollywood en Tennessee. El recinto de fantasía cumple este mes sus 30 años y nos da la excusa ideal para celebrar a esta mujer única.

Pese a esa imagen plástica y burbujeante de gringa cristiana, Parton siempre tuvo una visión de avanzada. En la película Cómo eliminar a su jefe —junto a Jane Fonda y Lily Tomlin— tocaba con ácido humor los abusos que las trabajadoras debían soportar en las oficinas.

Referente del mundo vaquero, siempre defendió a la comunidad gay (que la idolatra). Casada por casi medio siglo con Carl Thomas Dean (72), nunca dio excusas por no querer hijos. Posó sin desnudarse para Playboy y también fue de las primeras artistas en confesar cirugías plásticas. En paralelo, mantiene por años una fundación que promueve la lectura en los niños.

Así llegaron una larga lista de admiradoras. Se declaran fans desde su ahijada Miley Cyrus a las cantantes Melissa Etheridge, Alison Krauss, Shania Twain, Norah Jones y Sinéad O’Connor, que grabaron un disco con temas de la rubia.

Ese nivel de leyenda. Por eso  —aunque a la primera oveja clonada la bautizaron con su nombre por tener origen en una glándula mamaria—, Dolly Parton es infinitamente más que un par de pechugas. Las mismas que ella adora: “Pagué millones de dólares por ellas, ¡así que espero que también se vean como millones de dólares!”.