Desde que abre la puerta de su casa, Ángel Parra confirma su fama de buen anfitrión. Mientras nos muestra la espaciosa casona que tiene junto a su hija Javiera, los objetos, cuadros y recuerdos que aparecen a su paso evocan la historia del clan más importante de la música popular chilena. Desde el primer cuadro de arpilleras que le dio fama internacional a su madre,Violeta, en el Louvre de París hasta unas pinturas de su mujer, la periodista belga Ruth Valentini. Ameno, divertido y acogedor, prepara café y comenta la actualidad.

Hace unas horas se sorprendió con la muerte del pensador, escritor y diplomático franco alemán Stéphane Hessel, quien inspiró el movimiento de los Indignados en Europa. “Lo conocí porque vivía en mi barrio Montparnasse e incluso hicimos una campaña electoral juntos para uno de los candidatos. Era una persona encantadora, muy frágil pero con una inteligencia superior, muy comprometido con la juventud. Nunca buscó nada más que no fuera ser un profesor, alguien que enseña y remueve consciencias. Esas 20 páginas del libro Los Indignados es un aporte tremendo. Imagínate que un señor prácticamente de 90 años les diga a los jóvenes: ¡Movilícense, despierten esta sociedad que los tiene muertos! Notable”, declara, desde un rincón de la cocina donde se puede observar el jardín, en el que destaca una escultura hecha en madera inspirada en él y su guitarra.

Llegó con el comienzo del verano desde París, donde vive hace 35 años “con la misma mujer”, y tiene pronosticado partir después del recital que ofrecerá el próximo 23 de marzo en el Teatro Nescafé de las Artes. “Estoy preparándome con mucho ahínco porque voy a estar solo la mayor cantidad del tiempo. Será un encuentro íntimo, sólo guitarra y voz. Tengo mucho repertorio, más de setenta discos, imagínate, pero me gusta darle el gusto a la gente que siempre quiere escuchar los clásicos, como Arauco tiene una pena… así que estoy seguro de que será una velada muy emotiva”, adelanta con una mirada vivaz que acompaña con el movimiento continuo de sus manos. Pasa al menos tres meses al año en Santiago, pero en el 2013 ese tiempo podría extenderse mucho más. “Desde septiembre estoy listo para trabajar en la campaña de Michelle Bachelet hasta las elecciones de diciembre”, lanza, sin titubeos.
Parra02—Se rumorea que ya estarían contactando a los artistas que estarán junto a la ex mandataria en la futura campaña presidencial, ¿a usted ya lo contactaron?
Sonríe como un niño que se ve obligado a mantener un secreto y se encoge de hombros.
—Por supuesto que estaremos aquí para apoyarla cuando sea necesario.
—¿QUÉ DIRÍA TU MAMÁ SI VIERA A LA FAMILIA HOY?
—Hubiera querido formar una orquesta, si hay Parra pa’ rato. Las hijas de Angel tocan el piano y el hijo de Javiera, Gael, es un personaje absolutamente asombroso. Tiene apenas seis años y toca la trutruca y el charango. La otra vez le dije ‘qué bueno, usted va a ser cuequero’ y respondió ‘No Tata, yo voy a ser rockero’. Por otro lado, está la Colombina que es muy talentosa. Por eso al ver que el mundo musical Parra asegurado quise escribir.
—Los escritores dicen que uno siempre está escribiendo de sí mismo.
—Claro, de donde más vas a sacar las historias. Yo no tengo formación, no fui al colegio, menos a la universidad pero lo aprendí todo en la casa. He vivido mucho y tengo tantos recuerdos, situaciones difíciles, la cárcel, la detención en el campo de presos políticos de Chacabuco cuando comenzaba la dictadura, el regreso, la violencia, la alegría del primer hijo. Todo eso lo vas armando con pasiones, locura, desencuentros y en eso estoy. Completamente fascinado.
—¿Su sexta novela de qué trata?
—De un retornado que vuelve después de 30 años con todo lo que significa eso. Es sobre ese desarraigo del exilio que no te abandona nunca. El regresar y darte cuenta de que ni siquiera entiendes lo que hablan los jóvenes en la calle.
—¿Comparte ese sentimiento?
—No, desde que volví en 1990, después de estar 18 años prohibido, me dediqué a tocar en todos esos pueblos chicos que prácticamente se caen del mapa, así que estoy muy ligado a esta tierra. Hace poco estuve en Carahue, cerca de Villarrica y sentí que era como estar tocando en familia.
—Hace poco Miguel Bosé dijo que no volvería a dar su apoyo a ningún político a no ser que fuera de una raza nueva. ¿Qué opinión le merecen sus palabras?
—Qué pena que haya hecho esa declaración porque él es todo un símbolo. Entonces si le dice eso a un cabro joven qué ganas le van a quedar de participar en política. Es muy malo que un artista tan popular y querido como él haga ese tipo de comentarios. Naturalmente como dice Nicanor, la libertad es libre ¡Viva el dieciocho! En lo personal estoy profundamente comprometido con la política. Milité en el Partido Comunista toda la vida y mi corazón esta ahí, pero al mismo tiempo soy concertacionista y pienso que en esa diversidad está la riqueza. Hay muchas verdades, no solamente una.
—Desde ese mismo lugar, el año pasado hubo un acto de apoyo a Pinochet que generó un sinfín de contramanifestaciones. ¿No cree que falta más tolerancia para aceptar que hay gente que se pueda manifestar a favor de alquien sea quien sea?

—SI HAY GENTE QUE ADMIRA A UN DICTADOR ES PROBLEMA DE ELLOS. Creo que no se puede prohibir nada en el mundo democrático. Por qué va a ser para unos y no para otros. El problema es que se generan actos de violencia y yo estoy totalmente en contra de ella. Soy un pacifista de toda la vida, pero lo que sí hay que agregar y es importantísimo: ¡aquí no se ha hecho justicia! Si bien hay militares presos seguimos esperando que traigan al asesino de Víctor Jara y el Ejército no ha colaborado absolutamente en nada.
—Este año se cumplen cuarenta años del Golpe militar, ¿tiene planeado participar en algunas actividades de conmemoración?
—En Europa mi agenda está cargadísima. Me acaba de llegar una invitación para el 11 de septiembre en Berlín hecha por el Partido Socialdemócrata, en París estamos organizando una semana de actividades culturales en torno a la fecha, en Italia también se están planificando eventos. Allá la gente tiene muy buena memoria, parece que mejor que acá.
Aunque ya han pasado más de dos años desde el estreno de Violeta se fue a los cielos, basada en el libro homónimo de Angel, la película sigue presente en su agenda. Continuamente lo invitan a muestras y festivales, a los que él asiste “feliz” siempre que el tiempo se lo permita. “Durante las filmaciones un día se me acerca el niño que me interpreta y me dice: ‘Pucha la vida jodida que tuvo usted’. Ahí recién lo empecé a ver como un actor. En la película hay momentos fuertes, como cuando se cierra la puerta del ascensor y queda la guagüita muerta”, revela, emocionado. Bebe un sorbo de café y fija la mirada en el jardín que se asoma a pocos metros.
Parra03—Tras el éxito de la cinta se habló mucho de lo deteriorada que estaba la relación de Violeta con su entorno más íntimo. ¿Cómo vivió usted sus últimos días?
—La comunicación con mi madre era tan buena que ella debería haberse ido un día lunes a Isla Negra donde estábamos con Marta (Orrego, su primera mujer) para estar el día juntos pero pasó lo que pasó… Hace poco encontré las últimas fotos que nos tomamos juntos. Hay una donde yo aparezco llevándola en una carretilla de esas de construcción y la otra en que ella me mece mientras  estoy en el columpio de los niños. Así era la unión con mi madre, de mucha complicidad. Claro que yo era adulto, padre de familia y ella tenía sus propios proyectos.
—A propósito de la película, reflotó el manto de dudas que rodea la última carta que escribió Violeta, en la que habría  hecho fuertes críticas en contra de familiares, amigos y colegas.
—Mientras no la vea no puedo opinar. Se ha dicho, se comenta que existe pero yo no la he visto nunca. A los grandes personajes habitualmente se le atribuyen cosas misteriosas y milagros. Si tú visitas la tumba de mi madre siempre tiene mensajes del tipo gracias del favor concedido o cosas así. Siempre habrá misterios.

—TAMBIÉN SE HA ESPECULADO SOBRE EL LAZO ENTRE VIOLETA Y SU HERMANO NICANOR.
—Ellos tenían una relación muy hermanable, de mucho respeto y se respaldaban cada uno con lo que hacía. Es gente que viene con un convencimiento desde la niñez de que lo que estaban haciendo era lo que había que hacer y se apoyaban mucho. Mi madre lo dice en muchas ocasiones que ‘sin Nicanor no hay Violeta’ y creo que él ha agregado ‘sin Violeta no hay Nicanor.’
—¿Pudo verlo en este viaje?
—Al tío Tito, como le decíamos cuando chicos. Hay mucha gente que intenta acercarse a él y no quiero ser uno de los que van a acosarlo. Voy a esperar que pasen las vacaciones y esté más tranquilo para ir a verlo con calma. Lo que sí la campaña para el Nobel la lanzo inmediatamente desde aquí. Tiene que ser este año. El está maravillosamente bien, pero el tiempo es cruel y pasa rápido. No hay que dilatarlo más, aunque el año pasado cuando estuve con él subía las escaleras de su casa prácticamente corriendo. Siempre con sus vitaminas C, chocolates, almendras y una botella de tinto. No toma ningún remedio.
Corre un aire otoñal, Angel toma su guitarra y entona un clásico de su cancionero: Reconciliación. El tema suena a blues. “Es la influencia de mi hijo”, advierte. La letra nació hace casi 20 años y resume íntegramente su filosofía: “Perdonar con justicia, olvidar con esmero, construir el futuro hoy día es lo primero”.

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