Domingo 1 de mayo de 2011, 23:30 horas en Washington D. C. y el Presidente Barack Obama anunciaba oficialmente la muerte de Osama Bin Laden. Luego de un operativo militar de comandos estadounidenses, el hombre por el cual se ofrecía una recompensa de 50 mil millones de dólares tras el atentado en 2001 a las Torres Gemelas, caía en las afueras de Abbottabad, en Pakistán. Como se esperaba, el deceso del líder de Al Qaeda trajo un estado de transición que redujo momentáneamente la fuerza de la organización terrorista. Pero no por mucho tiempo. Han pasado más de cinco años y el naciente poderío del Estado Islámico lo ha relegado a un segundo plano, condición que los extremistas no están dispuestos a tolerar, por lo que la aparición del hijo favorito del ex cabecilla enciende las alarmas sobre posibles nuevos ataques.  

Su nombre es Hamza Bin Laden, tiene 25 años y hace algunos días Al Qaeda publicó en sus redes una grabación en donde presentan al joven como miembro del grupo islamista. Si bien anteriormente ya había sido avistado, recién ahora se confirma su participación oficial en el terrorismo. Sus primeras luces fueron en 2001 cuando sólo tenía 10 años y fue captado en un video caminando junto a los restos del fuselaje de un helicóptero estadounidense. En los años posteriores, publicó una serie de poemas en los que alababa el actuar de los militantes de su organización, motivando a apresurar la destrucción de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Dinamarca.

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Desde ese momento, el joven no ha parado de manifestarse en internet publicando mensajes de amenaza. Hace poco, volvió a protagonizar un discurso en el que jura venganza de Estados Unidos por el asesinato de su padre. “Seguiremos golpeando y apuntando contra ustedes en su país y en el extranjero en respuesta a la opresión contra el pueblo de Palestina, Afganistán, Siria, Irak, Yemen, Somalia y el resto de las tierras musulmanas que no sobrevivieron a su opresión”, reclama en un mensaje de audio de 21 minutos titulado “Todos somos Osama”. Con estas palabras, el primogénito se transforma en el nuevo rostro que aporta aires frescos al grupo extremista y que pone en alerta a las organizaciones internacionales.

Es joven, carismático y con una herencia yihadista que trae desde la cuna. “Al Qaeda está desesperado por una nueva imagen, sobre todo dado el auge del ISIS en los últimos años y Hamza Bin Laden tiene todas las credenciales para convertirse en su nuevo líder”, explicó para la BBC Charles Lister, miembro del Middle East Institute. Es que, pese a las similitudes entre ambos bandos, existe una rivalidad que los enfrenta desde hace años, llevándolos incluso a declararse guerra santa en algunas zonas. Si bien ambas son organizaciones radicales y terroristas que buscan reivindicar los orígenes del Islam, volviendo a las prácticas de Mahoma a través de la violencia, las diferencias son principalmente tácticas, de estrategia y liderazgo.

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En un inicio, el Estado Islámico pertenecía a Al Qaeda, funcionando como la embajada de la organización en Irak. Sin embargo, en 2013 esta franquicia se expandió a Siria y cambió su nombre a Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS). Como era de esperar, el actual líder de Al Qaeda, Aymán al Zawahirí, rechazó la unión y rompió las relaciones con el recién fundado conjunto, luego de comprobar que no seguían su doctrina al pie de la letra. Desde allí, la batalla ha sido palpable y las distinciones cada vez más notorias. El primer abismo son los orígenes. Esto, ya que los miembros de Al Qaeda provienen de clases medias altas y presumen de destacados estudios universitarios. Los líderes del EI, en cambio, abanderan procedencias más humildes, con prontuarios criminales y carecen de una educación formal. 

Del mismo modo, Al Qaeda considera que es importante informar e ilustrar a los musulmanes antes de implantar el Califato. El Estado Islámico, por su parte, proclamó dicho estado en cuanto obtuvo territorio propio y, por lo mismo, suele enfrentarse con gobiernos vecinos para ampliar sus dominios. En cuanto a la brutalidad de ambos organismos, el Estado Islámico utiliza técnicas de tortura que su homólogo, irónicamente, rechaza, como quemar personas vivas, crucificar y esclavizar. Tanto así, que los recientes atentados del ISIS en Francia y el resto de Europa, han puesto a este último en una posición de notoriedad que deja al bando de Bin Laden relegado a un segundo plano. Por esto, el grupo islamista ha decidido reinventarse y la llegada del joven Bin Laden es la clave para ello. Como él mismo explicó en una carta escrita a su padre: “He sido forjado en acero y estoy listo para comenzar un viaje hacia la victoria o el martirio”.