Mujer en tierra de hombres. Avril Danica Haines —abogada, 43 años— irrumpió con fuerza en el mundo político de Estados Unidos. Se convirtió en la tercera  funcionaria más poderosa en el círculo cercano de Obama y nunca antes la CIA había cubierto un cargo tan importante con una mujer. Hija de un millonario de Baltimore y de una destacada científica que luego se convirtió en pintora, su nominación como subdirectora de la Central de Inteligencia no estuvo exenta de cuestionamientos. No sólo por su nula experiencia en este tipo de asuntos, sino porque su historia parece ficción.

Cuando tenía sólo cuatro años, su madre enfermó gravemente y quedó parapléjica. Haines se encargó de ella hasta el día que murió, 12 años después. Abatida por la noticia, abandonó el colegio para irse un año a Japón. Pero no a estudiar. Se matriculó en la escuela de judo más exclusiva de Tokyo y practicó hasta conseguir cinturón café. Una vez de vuelta, trabajó en un taller mecánico reponiendo autos. Nuevamente, rodeada de hombres.

Un año más tarde se lanzó en busca de cumplir uno de sus sueños de vida: comprarse un avión y volarlo hasta Europa. Ingresó a clases de aviación en Nueva Jersey, donde se enamoró de David Davighi, su instructor de vuelo y con quien se casaría un tiempo después. Sus conocimientos en mecánica ayudaron a la pareja a restaurar una avioneta que compraron. Una vez lista, se propusieron cruzar el Atlántico hasta llegar a Inglaterra. Ya en el aire, y con la misión de aterrizar al día siguiente, los motores comenzaron a tener problemas.

Primero se apagó uno, luego el segundo. Planeando por encima del océano, la pareja encontró una pequeña pista de aterrizaje, donde lograron salvar de milagro. Aunque cumplió su deseo, nunca más voló un avión.
Haines, traumada por el episodio, decidió embarcarse en otro proyecto que siempre soñó. Con la plata de la venta de su avioneta, abrió una librería y cafetería en la ciudad de Baltimore. Tenía 24 años y recién egresaba como abogada en la Universidad de Georgetown. Adrian’s book cafe acogía libros de autores emergentes y desconocidos, se preparaban comidas en torno a las nuevas publicaciones, que podían ser también de quienes asistían a las reuniones e incluso se leía a Isabel Allende.

Wp-haines-450Pero en las noches el lugar se transformaba. Haines tomaba la batuta como anfitriona de lo que se conocía como las ‘noches eróticas’, eventos en los que se leían fragmentos de literatura erótica y se hablaba de sexo. La mujer arrancaba las sesiones pidiendo al público que describieran sus gustos y preferencias sexuales. El periódico local Baltimore Sun describió, en 1995, las reuniones de la siguiente manera: “En el húmedo y caluroso segundo piso de Adrian’s book cafe, los desconocidos se abanican y charlan de la inesperada explosión del calor estival. Es una charla que es un subterfugio de lo que realmente tienen en sus mentes. Los que están reunidos aquí —desde la perfecta pareja de Catonsville hasta la libidinosa divorciada— ocultan un pensamiento inflexible: el sexo”.

Las noches se llenaban de lectores a pesar del costo de la entrada. 17 dólares para solteros y 30 para las parejas. Y no todo era leer. Haines animaba a los invitados a escribir y compartir lo que fuera en torno al erotismo. El diario recuerda un testimonio, de una mujer de 53 años. “No me gustan las cosas que duelen, pero lo que sea salvajemente diferente siempre me atrae. Mi segundo marido y yo solíamos ir en su furgoneta. El iba bebiendo cerveza y tirando las latas en la caja, y yo le leía las cartas de una revista pornográfica. Me encantaba”.

Haines, que en principio evitaba el tema para que no se confundiera con noches de pornografía, defendía las sesiones de lectura diciendo que “la erótica se ha vuelto más prevalente en las personas porque están tratando de tener sexo sin sexo. Otros buscan nuevas fantasías para hacer sus relaciones monógamas más satisfactorias. El erotismo ofrece espontaneidad”, declaraba en ese entonces. Si bien reconoció que en un principio no sabía qué tipo de gente llegaría —“pensábamos que podía ser un montón de viejos degenerados”— la respuesta del público fue excelente, a pesar de que sus amigos la molestaban.

Wp-Cia-450“Sólo quieres una orgía masiva en tu tienda”, le decían. Las jornadas empezaban a las 9 de la noche y se prolongaban hasta altas horas de la madrugada.
Una vez que cerró Adrian’s book cafe, la actual número dos de la CIA emprendió una carrera política que impresionó a todos por su humildad y capacidad de liderazgo. Fue asesora jurídica en la Casa Blanca y del Consejo Nacional de Seguridad. De hecho, se dice que ninguna orden se daba sin antes contar con su opinión y punto de vista.

La Central de Inteligencia se abre hacia una nueva época, con una mujer al interior de sus cuarteles, lleno de intrigas, romances y misterio. Sin ir más lejos, David Petraeus, ex director de la CIA, dimitió de su cargo por un episodio erótico: tuvo una relación extramatrimonial dentro de su oficina con su biógrafa, Paula Broadwell. Avril Haines, en tanto, tendrá que limitarse a vivir sus intereses  eróticos a través de las páginas de un libro.