Surrealista, por decir lo menos, es llamar a Punta Peuco, la custodiada y especial cárcel que, en 1995 recibió al hombre clave de los primero años del régimen militar: Manuel Contreras Sepúlveda. La llamada telefónica es transferida desde una central hasta las dependencias que ocupa el general (r), donde un personaje se refiere a él como “el jefe”, explica que éste se encuentra ocupado con unos abogados. A la hora acordada, y luego de ser atendidos por la misma central, es el propio militar quien sale al teléfono y conversa, sin restricciones, por más de una hora con CARAS.

Siete años va a cumplir el general en retiro y ex director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) detenido en la que llama “mi casa”. Su condena como autor del crimen del ex canciller Orlando Letelier, ocurrido en Washington el 21 de septiembre de 1976, se acaba el 21 de enero del 2001, pero en círculos judiciales no hay claridad de que pueda abandonar el penal, debido a los otros procesos que permanecen abiertos en su contra y que podrían tener novedades no muy auspiciosas para Contreras.
Desde que se conoció el comentado Informe Hinchey, según el cual el ex militar habría sido informante pagado de la CIA, desde 1974 hasta 1977, volaron plumas tanto en Chile como en Estados Unidos.

Contreras, como nunca, ha estado disponible para entregar su versión y ha desmentido categóricamente dichas imputaciones. Siempre, como es su estilo, con documentos y nombres en la mano.
Esta semana, el procesado general lanzaba su libro La Verdad Histórica, el Ejército Guerrillero. Ahí cuenta “todo lo que pasó” en Chile entre 1967 y el 10 de septiembre de 1973. Según él, desde entonces y hasta 1990 se libró en Chile una guerra subversiva que tuvo tres etapas. La primera fue la de la formación del ejército guerrillero, que es la que aborda en esas páginas. La segunda, desde el “Once” hasta 1977, coincide con su período a cargo de la DINA y fue-según él mismo admite- “la más violenta de todas”. Y, la tercera, entre 1980 y 1990, cuando se formó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y “nuevamente se produjieron combates urbanos”.
De justificación del golpe de Estado en el libro de Contreras no hay nada, “porque no me meto en problemas políticos”, aclara. Más bien relata cómo “individuos de 49 países del mundo llegaron del extranjero y se infiltraron Chile”. Individuos que, en su mayor parte-dice Contreras-, “eran indeseables, excepto los cubanos y los soviéticos, porque esos eran de los del ejército; el resto eran guerrilleros echados de otros países”.

Tampoco se encontrará entre las líneas que redactó desde el penal de Punta Peuco ni un dardo contra la CIA, como se había anunciado. Aunque, quizá, la cuenta a la agencia de inteligencia norteamericana este polémico general retirado termine por pasársela en el segundo libro que espera empezar a escribir pronto y que abarcará todo el período en que él dirigió la DINA.

-A raíz de la información que dice que usted fue informante pagado de la CIA, ya han anunciado la posible presentación de querellas en su contra por espionaje y traición a la patria.
-Esos son marxistas que están tratando de levantar polvareda de algo que es un camino pavimentado.

-¿No le dolería el honor militar que lo juzgaran por traición a la patria?
- Me reiría a carcajadas. Yo fui uno de los que liberó a la patria de todos estos marxistas; fui yo el que tuvo que hacer el trabajo sucio para que a continuación viniera la economía que nos tiene hasta este momento arriba entre los países latinoamericanos.

-¿Y qué tan sucio fue ese trabajo que tuvo que hacer usted?
-Nosotros combatimos con esta gente debajo de la mesa. Porque estos individuos usaban la misma táctica que en Vietnam: en el día eran obreros, universitarios, médicos, de cualquier profesión y en la noche eran guerrilleros. Esa gente era la que combatía. Hasta 1990, hay más de 300 enfrentamientos del Ejército con ellos. Es muy fácil atacar de civil, porque así no se dan cuenta los militares. A nosotros nos ordenaron vestir de civiles igual que ellos y entramos a combatir en los bajos mundos.

-¿Y no admite que se pudieron haber equivocado o haber cometido excesos en eso?
-Yo no puedo negar que puede haber habido excesos, pero no los conozco.

TODA SU INFORMACIÓN

-¿En qué minuto supo que se haría cargo de la DINA?
- El 12 de noviembre del año 73′. Era director de la Escuela de Ingenieros, me llamó el presidente- yo había trabajado con él en la Academia de Guerra cuando él era subdirector y yo profesor de inteligencia-. Me dijo que era necesario crear un organismo de inteligencia nacional.

-¿Con qué objetivo?
-Para tener información de lo que sucedía en el campo de acción interno, en el externo; de lo que que pasaba en la parte económica fuera y dentro del país, y también de lo que sucedía en el campo de la Defensa Nacional.

-¿Y las funciones operativas?
- En tiempo de estados de sitio se nos entregaron funciones operativas, porque lo normal era lo otro, para eso se creó la inteligencia nacional.

-¿Y cuál era el límite para esas operaciones?
-El límite era simplemente determinar quiénes eran los extremistas que en ese momento estaban llevando a cabo una guerra subversiva.

-¿Determinar quiénes eran o también aplacarlos?
-Hubo numerosos combates urbanos con ellos y hubo muertos y heridos por los dos lados.

Hubo numerosos combates urbanos con ellos y hubo muertos y heridos por los dos lados

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-Siempre ha circulado la versión, y lo ratificó el general (r) Odlanier Mena, de que antes de dejar la DINA usted embarcó a Europa baúles con la información clasificda de la DINA. ¿Qué dice al respecto?
-No embarqué baúles, embarqué containers con información clasificada (ríe)… Eso es ridículo y absurdo. ¡Qué documentación voy a embarcar y a dónde!

-Pero guardarla en cajas de seguridad de bancos, por ejemplo.
-Pero si no hay ningún banco en Europa que no haya sido revisado por la CIA. ¡Cómo se le ocurre! El que lo diga es un tonto.

-Usted admite que se quemó información, pero algo se debe haber guardado.
-Yo guardé algunos documentos que aparecieron por ahí y otros que me han hecho llegar los oficiales y suboficiales míos.

-¿En esos documentos hay elementos que usted podría usar en contra de alguien o para defenderse de las imputaciones que se le formulan?
-Por supuesto.

-¿Y los va a dar a conocer algún día?
-Algún día.

-¿Cuándo? ¿En algún libro?
-En este primer libro no, pero en el segundo tal vez.

-¿Por qué no me adelanta algo de lo que tiene guardado?
-(ríe) Son muchas cosas las que hay guardadas… Son cosas interesantes que van a salir a su debido tiempo.

-¿Hay ahí material que pudiera servir en la búsqueda de detenidos desaparecidos?
-Sí, por supuesto.

-¿Y dar con el paradero de esas personas?
-En eso estamos trabajando nosotros también… Hay algo divertido, algo que no calza con la realidad; en la Mesa de Diálogo se estableció que las Fuerzas Armadas, como instituciones, buscaran antecedentes. Pero resulta que la DINA estaba por sobre las instituciones armadas, porque dependía del presidente.

-Por lo tanto esa información no podrá ser recabada por las Fuerzas Armadas…
-No, no pueden por la simple y sencilla razón de que aunque fue personal de las Fuerzas Armadas el que intervino en la DINA, no van a ir a contarle la información de la DINA a la gente de las instituciones.

-¿Y de dónde van a ir a recopilar esa información entonces?
-Con mi gente la hemos estado recopilando durante nueve años y estamos viendo lo que va surgiendo.

-¿Usted pretende entregar esa información como un aporte?
-Si logro reunir, claro que la voy a entregar como un aporte. Lo he pedido.

-¿A quién se la va a entregar?
-Voy a verlo.

-¿Al Ejército?
-No sé si al Ejército o a la justicia directamente.

DETENIDOS DESAPARECIDOS

-¿A usted la pareció bien o mal que el Ejército se sentara en la Mesa de Diálogo?
-No critico que se haya sentado, lo que sí me parece es que debiera haber ido a la Mesa de Diálogo un general en retiro, gente que en realidad participó en esa época, uno de cada rama a nombre de sus respectivas instituciones. Porque los oficiales que se sentaron en la Mesa eran tenientes en la época que se desarrollaron estas acciones. Es lo mismo que jugar un partido de fútbol entre equipos ameteur y uno profesional. La contribución podría haber sido mayor. A los oficiales que estaban ahí les costaba mucho poder resistir los embates del equipo profesional.

-El acuerdo de la Mesa de Diálogo admite que hubo violaciones a los derechos humanos y la mayoría de ellos se atribuyen al período en que usted encabezó la DINA…
-Eso lo dice el Informe Rettig. En la Mesa de Diálogo se trató de imponer ese informe y ahora se quiere confrontar la información que se entregue con el Informe Rettig y decir si vale o no. Eso no es correcto.

-Pero el Informe Rettig admite más de dos mil casos de violaciones a los derechos humanos, entre ellos cerca de mil personas detenidas desaparecidas.
-Esa es la biblia marxista.

-¿No admite que esa información sea real?
-A mí, como DINA, creo que se me asignan 370 casos, y de esos estoy buscando información.

A mí, como DINA, creo que se me asignan 370 casos, y de esos estoy buscando información.

-O sea que admite que hay detenidos desaparecidos en su período?
-¡Esas son falsedades! ¡No hay detenidos desaparecidos! Los extremistas seguían las lecciones de Che Guevara: el que caía en los combates urbanos, era retirado y lo enterraban de forma clandestina sin informarle ni siquiera a la familia, con el objeto de crear un problema posterior diciendo que era un detenido desaparecido. Eso lo obtuvimos nosotros de los interrogatorios a los mismos miristas, comunistas y socialistas que participaron en estas acciones.

-Entonces, sí habría quienes pudieron entregar información sobre el paradero de esas personas?
-Claro, es cuestión de preguntarles a los jerarcas comunistas, miristas y socialistas de la época. A Pascal Allende, por ejemplo.

-Supongo que también hay gente de la DINA que podría entregar esa información.
-La información que está entregando la gente de la DINA es sobre los combates urbanos que tuvimos, pero no de los individuos que ellos mismos enterraron y no sabemos en qué parte.

-¿Su gente está colaborando?
-Yo estoy tratando de conseguir alguna información con mi gente, lo que es bastante difícil porque están muy retraídos para entregarla.

-¿Por qué?
-Por la simple y sencilla razón de que no existe el secreto, se viola todos los días, y si no ahí está el ejemplo de la Cámara de Diputados (se refiere al caso de Correa Bulo).

-Y también al cuaderno secreto del juez Juan Guzmán.
-No creo que le hayan sacado información al cuaderno secreto del juez Juan Guzmán, ése lo guardaba él. La información salió de otro lado. Yo se de dónde, pero no se lo puedo decir.

-¿ De alguien que quiere perjudicar a quién?
-Al Ejército.

-¿Y con qué fin?
-Usted comprende que con esa información han escrito un libro, que leerlo es un asco- La Misión Era Matar-. Un periodista sin escrúpulos escribió eso.

-Se habla de que en la DINA existió un pacto de silencio, ¿qué tan real es aquello?
-No, en la DINA existió mística, y cuando ésta es superior a todo lo que pudiera existir, se mantiene la idea de que todo lo que es secreto debe permanecer en secreto.

“CULPAS” DE TORRES SILVA

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-En CNN usted declaró que el Ejército lo seguía apoyando. ¿Cómo se verifica ese respaldo?
-Bueno, no les puedo decir que griten viva Contreras (ríe). Pero el respaldo es permanente.

-¿En qué se traduce?
- Por ejemplo, en toda la gente que existe alrededor mío, una guardia completa de seguridad.

-Sin embargo, más bien pareciera que su nombre ha sido olvidado por las Fuerzas Armadas.
-A mí eso me da exactamente lo mismo porque estoy en retiro. Mi nombre no tiene por qué estar en alto, los generales en servicio activo son los que deben actuar.

-¿Cómo evalúa el liderazgo del general Ricardo Izurieta?
-A mí me parece que ha sido un excelente comandante en jefe, ha tratado de llevar al Ejército por una senda profesional, lo que ha costado mucho porque, desgraciadamente, le han puesto muchos palitos en el camino.

-¿Quiénes?
-Los políticos, pues.

-Pero también se habla de que hay algunos “nostálgicos” que le ponen palitos en el camino.
-No, son más que nada políticos.

-¿Echa de menos a Fernando Torres Silva en la Auditoría?
- Tal vez para pelear con él.

-¿Por qué peleaba con él?
- Peleábamos bastante porque yo no estaba de acuerdo nunca con sus ideas. El lanzó hacia adelante todos los procesos y no terminó ninguno, eso es lo que está redundando ahora en problemas para toda la gente que está sometida a procesos o que puede serlo.

-El siempre creyó que la amnistía prevalecería.
-Claro que creyó eso, pero resulta que los procesos que a él le tocó llevar dentro de la Auditoría no se amnistiaron todos.

-¿Lo acusa de mal manejo?
-Muy mal manejo.

-¿Y culpable del desfile de militares por los tribunales?
-Culpable sí, y eso lo digo porque por otro lado el señor Torres Silva adoptó una actitud demasiado preponderante durante el gobierno militar, lo que no debió haber hecho. El lo ha negado, pero es verdad que yo lo contraté en la DINA para fiscal, y a los tres meses ya se ma había escapado para el Comité Asesor del presidente.

-¿El era muy cercano a Pinochet?
-Bueno, si a los tres meses ya se fue al comité.

-¿Y fue influyente en Pinochet?
-No, era mayor no más, ahí trabajó calladito hasta que llegó a general.

-Usted siempre ha insistido en que todas sus actuaciones contaban con la aprobación de Pinochet, que usted era su dependiente y  le rendía cuentas…
-Por supuesto, si eso no era novedad. Si usted busca el decreto número 521 del 14 de junio de 1974 (el que creó la DINA) se va a encontrar con que ésta dependía de la Junta y, por ende, del presidente, y cuando terminó la Junta, del presidente de la República.

-¿Por lo tanto, las imputaciones que se le hacen a la DINA son extensivas a Pinochet también?
-Es que no veo qué imputaciones se le formulan a la DINA, fuera de las de los marxistas, que no son reales.

-¿De qué cosas hablaba usted con Pinochet?
-Yo le informaba diariamente de lo que secedía en los cuatro campos de acción que tenía la DINA.

-¿No cree que es complicado para Pinochet, dado el momento judicial por el que atraviesa, reconocer que él sabía todo lo que sucedía con la DINA, incluso los contactos con la CIA, hoy cuestionados?
-Es que no tiene por qué cuestionar cosas que son normales. Hay algo importante: hace un tiempo, la opinión pública, tenía opinión propia, pero con el tiempo desgraciadamente, la opinión de la prensa se ha ido adueñando de la opinión pública, y la prensa ha sido avasallada por la opinión política que prevalece sobre ella. Usted me dice que esto complica a Pinochet, pero si eso lo dicen periodistas de cierto lado, los que son del otro lado no lo dirán nunca. No hay libertad de prensa para que el periodista puede ser independiente como fue en un tiempo.

-¿Pero usted no me va a decir que durante el gobierno militar hubo mucha independendia?
-Le estoy hablando yo de hace un tiempo, no del gobierno.

-Entonces, ¿usted no cree que el reconocimiento suyo de que Pinochet supiera todo lo complique judicialmente?
-Le insisto que no es un reconocimiento mío, es algo que está en una ley.

SU RELACIÓN CON PINOCHET

-Cuando Pinochet dijo que no se movía una hoja sin que él lo supiera, ¿también se refería a las actuaciones de la DINA?
-Eso habría que preguntárselo a él.

-¿Ha tenido contacto con Pinochet en el último tiempo?
En el último tiempo no, porque he estado sin moverme de aquí, de mi casa.

-¿Y hace cuánto tiempo que no habla con él?
-Hace tiempo.

-Usted, en lo personal, ¿preferiría que Pinochet se defendiera o más bien que el caso para él terminara lo antes posible?
-Hay dos cosas aquí. Una, que si él se quiere defender está muy bien para que lo declaren inocente de una vez por todas. Porque todo lo que están tratando de asignar son cosas que no tienen razón de ser, es solamente una venganza marxista, y eso con mayúsculas. Y si acaso eso termina más rápido de lo que debería, mejor todavía, para que lo dejen tranquilo, que viva en paz sus últimos años.

-Hay mucha gente que dice que usted ha sido el chivo expiatorio de Pinochet.
-La gente dice.

-¿Usted no lo siente así?
-¿Por qué lo voy a sentir?

-¿Nunca ha sentido que está pagando solo los costos de que se hayan violado los derechos humanos durante el régimen militar?
-Yo nunca he reconocido que se hayan violado los derechos humanos durante el gobierno militar ni menos en mi caso, con mi gente. Nosotros actuamos de acuerdo con las leyes.

-¿Hasta dónde pueden llegar las lealtades en esta materia? Por ejemplo, ¿sería posible que usted estuviera dispuesto a asumir responsabilidades o pasar 7 años más preso?
-Mira, cada uno debe asumir sus propias responsabilidades de acuerdo a lo que uno hizo o no hizo. Yo asumo mis responsabilidades como director de la DINA y le digo a usted: ¡Jamás se ordenó violar los derechos humanos! Nadie me puede decir que lo ordené.

-¿Y hasta dónde puede llegar la responsabilidad de Pinochet si cada uno tiene que responder por la suya aquí?
- Bueno, ese es un asunto que tiene que dilucidarse: hasta dónde él tenía que ordenar las cosas y hasta dónde podía controlarlas, porque el control no es infinito.

-¿Y qué capacidad real de control tenía él?
-El tenía control a través de la misma gente que mandaba: yo en la DINA, un vicecomandante en el Ejército, los comandantes en jefe en la Marina y la Aviación, el director general de Carabineros. Cada uno responde por lo que pase o no pase en su institución y no hay ninguno, porque el honor militar es muy claro, que haya ordenado que se violen los derechos humanos.

“ARELLANO ESTÁ EQUIVOCADO”

-El general (r) Sergio Arellano Stark ha insinuado muchas veces que el caso Caravana de la Muerte fue víctima de una operación suya- de la que posteriormente sería la DINA, ha dicho- para sacarlo del camino.
-El general Arellano está un poco equivocado en las fechas. El fue a cumplir misiones en el mes de octubre de 1973, entonces yo era director de la Escuela de Ingenieros en Tejas Verdes y estaba allá. A mí me ordenaron empezar a organizar la DINA el 12 de noviembre de 1973, cuando ya el general Arellano había vuelto.

-El funda sus insinuaciones en que parte importante de su comitiva después pasó a formar parte de la DINA.
-¿Sabe usted que por la DINA pasaron miles y miles? Eso lo dice Arellano, pero está equivocado en sus apreciaciones. Le insisto, la DINA nació el 12 de noviembre y la gente que llegó a la DINA lo hizo recién en diciembre, entonces, cómo podría yo haberle hecho una mala jugada poniéndole gente dentro de su misión cuando era toda gente que dependía de él. Si Arredondo era su jefe de Estado Mayor dentro de la unidad que él tenía, Moren era el comandante del batallón que el tenía dentro de su unidad, Chiminelli era su ayudante y Fernández Larios venía de la Escuela de Infantería asignado a él.

-En una carta a Pinochet, de noviembre de 1974, Arellano reconoció que a raíz de las actuaciones de la DINA ya comenzaba a hablarse de una GESTAPO e insinuó que ésta no actuaba según los márgenes establecidos por el propio gobierno. Era una crítica dirigida a usted.
-Fíjese que esa carta nunca la conocí y con la confianza que teníamos con mi general Pinochet, si hubiese sido cierto que se la mandó, me la habría mostrado. Sólo la conocí después por los medios de comunicación. El general Arellano es un hombre a quien quiero mucho, lo estimo y lo valoro, fue mi profesor en la Academia de Guerra, pero me preocupa que esté diciendo esas cosas, está profundamente equivocado.

-¿Pinochet nunca le hizo ver a usted los reparos que había sobre la forma en que se conducía la DINA?
-No, él era el comandante en jefe y presidente de la República, la DINA dependía direcatamente de él, y si hubiera tenido reparos simplemente me habría dicho hasta luego, que venga otro.

¿SIN SALIDA?

-El 21 de enero usted cumplirá la condena por el caso Letelier, pero el juez Juan Guzmán tendría antecedentes para procesarlo por el caso de Calle Conferencia, por el cual desapareció entre otros, el esposo de Gladys Marín. Además, están el caso Leighton y la Operación Colombo. ¿No le parece poco probable que deje Punta Peuco?
- No sé, pero lo que le puedo decir de Calle Conferencia es que, desgraciadamente, sobre el juez Guzmán está presionando demasiado doña Gladys Marín, porque según el Informe Rettig, el marido de ella habría sido detenido en esa calle. Yo le prensenté a Guzmán documentos que demuestran que el señor Jorge Muñoz y otro señor Zamorano Donoso abandonaron el país el 13 de mayo de 1976 rumbo a Argentina por Pudahuel. Ese es un documento oficial de la Policía Internacional de la época, que fue enviado por un prefecto Leiva Espoz al ministro Servando Jordán, que en ese tiempo llevaba un proceso por desaparecidos. Si el juez Guzmán dice que me va a procesar, yo pregunto en qué quedan los docuementos oficiales de Investigaciones y el proceso del ministro Jordán.

-¿Qué han significado para usted estos 7 años detenido?
-Mire, para mi ha significado que me sienta orgulloso de haber sido el pacificador de Chile y me siento orgulloso de que no haya nadie de mi gente presa, no me importa estar yo.

-¿Cómo hace para combatir la soledad?
-Escribo, leo, veo internet.

-¿Y ha pensado en que quizá le queda mucho tiempo ahí?
-Mire, a mi me resbala todo. No tengo problemas y afronto las cosas. Pero eso sí, las afronto peleando.

-¿Cuánto le preocupa que su nombre ya esté registrado en la historia en rojo?
-Estará en rojo para los marxistas, pero para los que son chilenos de corazón está en azul.

-¿ Ha perdido amigos?
-No, creo que he ganado. Aquí ha llegado gente que yo no conocía.

-¿Y qué pasó, entonces, con su ex abogado Humberto Neumann?
-Bueno, Humberto es dueño de tomar a los clientes que él estime conveniente.

-El admitió que había pagado muchos costos personales por defenderlo a usted.
-Es mi amigo todavía y cuando un amigo patalea, se le dejan pasar las cosas que diga.

-¿El cambio de abogado no será una desventaja frente al cúmulo de causas que se le vienen encima?
-Cuando se tienen documentos para defenderse como los tengo yo, es cuestión de que el abogado los tome y les ponga la parte legal.

>Links de interés:

-Gustavo Leigh, ex integrante de la junta del gobierno: “Pinochet no quería, temía por su vida”.

-Sergio Bitar, ex ministro de minería de Salvador Allende: “No sé cómo fui a entregarme”.

-Luis Corvalán, ex secretario general del PC: “Tuvieron asesoría internacional”.