“Una gran experiencia”. Así evalúa el diputado Guillermo Teillier estos tres años que va a cumplir el PC en la administración de Bachelet, considerando las dudas que tenían de ingresar y que las dos veces que han estado en un gobierno, han terminado mal. Primero fue la denominada Ley Maldita —que declaró la ilegalidad del Partido Comunista— que los dejó fuera del mandato de Gabriel González Videla (1948), y luego el derrocamiento de Salvador Allende en 1973.

Al parecer, la tercera es la vencida; aunque Teillier aclara que con Bachelet también hubo un momento de peligro cuando, tras el primer cambio de gabinete  y la ralentización de la economía, varios anunciaron —incluso dentro de la Nueva Mayoría (NM)— el abandono definitivo de las reformas. “Nosotros estábamos aquí por ellas, no por otra cosa. Sin embargo, la Presidenta mostró voluntad política al anunciar el realismo sin renuncia. Por tanto, seguimos adelante”.

Desde entonces, el apoyo de los comunistas a la mandataria pareciera ser incondicional. Al punto que, mientras varios de sus socios de la NM han criticado la improvisación de las reformas y han intentado desprenderse de la imagen de Bachelet por el bajo apoyo, el timonel PC se declara satisfecho y defiende lo realizado, haciendo oídos sordos a quienes pretenden corretearlos. Descarta el término de la NM y que el PC vaya a emigrar y formar un nuevo pacto. “Estamos contentos de haber hecho tanto en tan poco tiempo. Las reformas eran necesarias y de alguna manera cambiarán el futuro de Chile”. 

—La gente no se ve tan optimista como usted, según muestran las encuestas.

—Hubo una campaña en contra de las reformas y el Ejecutivo tampoco las ha comunicado bien. Aun así, existe la paradoja de que si bien el gobierno y el Parlamento están muy desprestigiados, las reformas tienen un apoyo superior al 40% y otras alcanzan incluso el 60%, por tanto, no es cierto que son las responsables del momento económico y de la desconfianza. Esta última se acrecentó por la relación perversa entre política y negocios que tocó a la Presidenta. Sin embargo, está volviendo la confianza porque aprobamos leyes muy drásticas de transparencia y en la campaña municipal hemos explicado los beneficios. 

Jorge Arrate, ex presidenciable del PC dice que este gobierno fracasó porque no le dio a la ciudadanía la posibilidad de decidir.

—Por primera vez se dan vestigios de participación social como ha ocurrido con la creación de los ministerios de Cultura y de Pueblos Indígenas, con la reforma educacional,  con el cambio a la Constitución… Que Arrate me dé un ejemplo de participación anterior que no sea en el período de Allende. Como ex ministro de Lagos y Frei firmó varias leyes que ahora estamos cambiando. 

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—¿No reconoce errores?

—Dígame cuáles fueron mal hechas.

—La reforma tributaria presentó problemas técnicos y no logró sustentar la educacional que aún sigue truncada.

—Las leyes no son perfectas. Todo el mundo sabe que la reforma a la educación era un proceso de varios años. No hay improvisación en los proyectos, lo que existe es una disparidad enorme de opiniones en una coalición de tantos partidos.

—Tanta conformidad del PC, mientras movimientos de izquierda creen que se frenó  el impulso reformista del gobierno.

—Nosotros ya hicimos ese camino testimonial, de querer los cambios de inmediato y a fondo. Todos tenemos los mismos objetivos, el problema es cómo llegamos ahí. Si el PC no se hubiera incorporado al gobierno, seguiríamos en el testimonio y no habríamos logrado abrir paso a tantas cosas. Hay sectores de izquierda que han perdido la brújula en ese sentido, y no los critico; pasé por ese camino. Si hubiera estado fuera, también habría tratado de que se cumplan los compromisos, pero participando, no centrándome en ser oposición.

—¿Ellos perdieron la brújula o los comunistas se renovaron?

—Comunistas renovados no hay; no hemos cambiado nuestros principios ni objetivos. Seguimos luchando por ellos, pero de acuerdo a las condiciones del país, de la sociedad y de las correlaciones de fuerzas; si no, no se puede avanzar. Como gobierno, aún tenemos la deuda de una educación superior gratuita y de calidad para todos.

—¿De verdad los comunistas están convencidos de financiar a los más ricos?

—Si los más ricos pagan más impuestos, sí. ¿Sabía usted que casi un 80% de la reforma tributaria la paga el 0.1% de los chilenos con más dinero? Eso refleja la desigualdad y lo necesaria de esta reforma… Soy partidario de hacer más adelante una nueva reforma tributaria. En países europeos con políticas sociales sólidas, la carga tributaria es de 40% y no sólo para los más ricos.

—¿Estamos en condiciones de pagar eso?

—No, aún somos subdesarrollados. Hay que hacer antes cambios más profundos. Están los que creen que todo depende de los privados para que la economía mejore, mientras otros pensamos que además el Estado debe dar facilidades para que la actividad privada se desarrolle con una mirada de país distinta, donde no sólo vengan a invertir, para luego llevarse las materias primas y grandes utilidades. Chile necesita reconvertir y diversificar su economía con nuevas tecnologías y sistemas de servicios. En los países desarrollados, el Estado coloca, por ejemplo, el 40% de infraestructura que permite mayor inversión extranjera (porque se abaratan los costos), más producción local —por tanto, aumento del empleo— y establecer reglas claras que aseguren una retribución al país; ¡no puede ser que nos quedemos sin nada!

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“Somos la piedra de tope”, asegura Guillermo Teillier en respuesta a Jorge Burgos y a varios otros DC que acusan una fuerte influencia comunista en La Moneda, la cual —según ellos— no le haría bien a la NM ni al país. “Decían que estaríamos en la calle, que seríamos los díscolos… Hemos demostrado ser muy responsables, aunque en su momento votamos en contra del salario mínimo propuesto por el gobierno. Y ahora nos vemos en serios aprietos de apoyar o no el reajuste al sector público, por lo que ¡se nos acusa de todo! Pero resulta que no hacen el mismo escándalo cuando senadores oficialistas se opusieron a la elección de gobernadores, metiéndose al bolsillo los acuerdos”.

—Por otro lado, sectores de izquierda los llaman traidores por alinearse con el poder.

—No nos hemos retirado del campo social. Algunos dicen que perdimos en influencia, pero no. Es cierto que no hemos dirigido la Confech en los últimos años, pero no porque bajamos en las votaciones, sino porque otros se asociaron para evitarlo.

—Pero perdieron la CUT

—Hubo una elección anómala en que dejaron fuera una cantidad de federaciones y sindicatos nuestros con los que ganábamos.

—¿Se sienten el chivo expiatorio?

—Pero si en este país se hizo un golpe de Estado, ¡y culparon a los comunistas! Gabriel González Videla también culpó al PC para reprimir a los trabajadores del carbón y aplastar la movilización social. Y se sigue hasta ahora con esa impronta.

—¿Con qué intención cree usted?

—No sé cuál habrá sido, por ejemplo, la intencionalidad de Burgos, pero el nuevo ministro de Interior tiene otro discurso sobre el PC. El, al tener esa visión de que a  nadie se le puede censurar, ha ganado terreno. Mario Fernández se ha dedicado a gobernar; fue lo que le faltó a Burgos quien se puso en una posición muy ideológica.

—Hay quienes creen que tanto Burgos como Ricardo Lagos exageran una crisis para establecer una agenda conservadora.

—Solo le digo que cuando Lagos señaló que no sabía si este gobierno llegaba a término, le salí al paso y varió su discurso. El cuestiona esta administración para levantarse como presidenciable. Sabrá que si se pone del lado de las reformas, este proceso debe continuar como Nueva Mayoría, para consolidar lo que se ha hecho.

—¿Pretende ponerle fin, entonces?

—No quiero poner intenciones a ningún candidato. Como partido decidimos no participar en la cuestión presidencial hasta después de la municipal. Esta nos dirá cómo viene la mano.

—¿De ese balance dependerá la continuidad de ustedes en la coalición?

—No, ésta debe seguir, llámese como se llame. 

—¿Con o sin la DC?

—La gran mayoría está por seguir, aunque dicen que un sector de la DC estaría por saltarse las primarias para avanzar a la segunda vuelta. Si llegan a esa instancia con alguien de derecha, la NM nos veríamos obligados a apoyarlos; ahora, si quedan en competencia frente a un candidato nuestro, ellos asumen que la derecha los respaldaría para cerrarnos el paso a nosotros. Esa sería la táctica, pero no la creo.

—El Frente Amplio de Izquierda los invitó a un nuevo pacto, ¿es opción?

—No le cerramos las puertas, pero como le decía, ya pasamos por ese camino. Estuvimos muchos años, pero nuestras propuestas no fructificaban…  Quizás ahora, con el nuevo sistema electoral y la promesa de cambio constitucional puedan gestar algo más, aunque aún  falta consolidar el proceso de reformas y a ellos no los he visto claros en eso. Demuestran solo disconformidad contra el gobierno. En muchas cosas estaremos de acuerdo, pero eso no implica hacer pactos. 

—Debe ser difícil mirar para el lado cuando se está en el poder.

—No estamos por cuotas de poder, sino por las transformaciones. Lo que viene es consolidar las reformas, aun cuando quedaron cosas por hacer, como el proyecto de regionalización, cambio a la Constitución, implementar la nueva ley de Educación Pública y modificar el sistema previsional y de salud.  Es hora de pensar en una nueva estrategia de desarrollo; una mirada distinta  y que no veo en ningún presidenciable.

—¿Usted está disponible?

—Tendría que responder lo mismo que Daniel Jadue: si el partido me lo pide, no me podría negar. Sin embargo, la prioridad será el que nos dé garantía de un programa, de desarrollo, que consolide las reformas y responda a nuestras peticiones.