Representan las dos generaciones del Partido Comunista que hoy vive un nuevo auge. Su bancada aumentó a seis diputados y tras ser parte de dos gobiernos en sus 100 años de historia —el de Gabriel González Videla y Salvador Allende—, hace unos días confirmaron que participarán en el de Michelle Bachelet, lo que ya generó reacciones contrarias en algunos DC.

Ambos tienen historias muy distintas. Mientras Guillermo Teillier (70, profesor de castellano) fue jefe militar de su partido y encargado de las relaciones con el FPMR que dependía de esa colectividad —por muchos años debió vivir en la clandestinidad bajo la ‘chapa’ de Sebastián Larraín y en el ’74 fue preso político—, Karol Cariola (26, matrona) ingresó a las Juventudes Comunistas cuando estudiaba en el Liceo Tajamar, y en el 2011, en medio de las protestas estudiantiles, fue elegida secretaria general de las JJ.CC. alcanzando gran popularidad. Junto a Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Gabriel Boric, conforman la camada de líderes estudiantiles que acaban de llegar al Parlamento.

Dos mundos, dos historias y dos maneras de participar en política que tienen como denominador común la pasión y visión de país. “Esta nueva generación —señala Teillier— se plantea distinta a las anteriores; perdió el temor de actuar y de expresarse que generó la dictadura, y recuperó la confianza en sus ideales y en la política. Después del triunfo del NO, hubo un programa tan avanzado como el de Michelle Bachelet, sin embargo no se cumplió y eso desencantó a muchos jóvenes. Los actuales, en cambio, recogen una experiencia, se hacen cargo del proceso histórico del país y de manera renovada y con otro impulso, tomaron nuestras banderas: cambio a la Constitución, al sistema electoral, además de reforma educacional y laboral”.
Karol Cariola optó por el comunismo “por la historia de lucha, convicciones, valentía y consecuencia que como partido hemos vivido estos 102 años, con más de 30 en la clandestinidad. Imagínate la experiencia de aquellos compañeros que vivieron gran parte de esa historia negra del país, en que fueron perseguidos. Para mí el PC representa las ideas históricas que dice Guillermo, a las que agrego el fortalecimiento del sistema de salud para que sea público, de calidad y sin discriminación”, dice la joven que por su personalidad y discurso, ya hay varios que la llaman la nueva Gladys Marín.

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—¿Qué rol juegan los seniors con los jóvenes en el PC? Dicen que usted Guillermo, debió interceder para convencerlos de formar parte del gobierno de Bachelet.
—Karol se adelanta: Es un mito que inventó la prensa. Siempre estuvimos abiertos a la discusión, y como juventud participamos en las tomas de decisión. Hubo matices, pero estoy convencida de que nuestras JJ.CC. están aportando en la construcción de un nuevo gobierno, a partir de la concreción de un programa que permitirá avanzar pasos importantes.
—Guillermo (G): El partido es colectivo, nuestra política la discutimos entre todos, no es que desde arriba les digamos a los jóvenes: “tienen que entrar al gobierno de Michelle Bachelet”. Hubo discusión partidaria y democrática. Yo diría que los mayores eran los más reticentes en apoyar a Bachelet; la juventud tuvo la claridad de ver que en sus planteamientos estaban los objetivos del movimiento social.

—Afirma que la Concertación no cumplió sus promesas, ¿por qué pensar que esta vez sí lo hará?
—G: Esa desconfianza existe, está latente, sin embargo en los últimos 20 años nunca hubo un programa como éste. Los anteriores no se cumplieron porque había otras condiciones, con boinazos y ejercicios de enlace que generaron temor. Después vino la crisis de la Concertación que terminó con un gobierno de derecha, y se dieron cuenta de que no podían seguir igual ni con las mismas ofertas. La novedad fue la Nueva Mayoría y un programa que interpreta al movimiento social.

—¿Esperan gestos o cargos por parte de Bachelet?
—G: Acordamos que la Presidenta decide. Ella es bastante inteligente, y en las últimas elecciones hemos actuado según la fuerza de cada partido, y eso se puede repetir en el gobierno, salvo que ella vea capacidades individuales.

“Bachelet debiera partir por el proyecto de reforma tributaria, ya que se necesita plata para realizar la de educación. A fin de año, enviar el relacionado con el cambio a la Constitución, y esperamos que en esa fecha haga lo mismo con las reformas laborales”, sostienen. “La Presidenta mencionó estos ejes muy en sintonía con las prioridades de los movimientos sociales, y ahí ponemos nuestra confianza —asegura Karol Cariola—. Fuimos oposición a la Concertación, cometieron graves errores —como la Ley General de Educación (Lege)— por no escuchar ni tener un proyecto que representara a la ciudadanía, y que hizo perder la confianza en la política e instituciones. La gente está escéptica, es el momento propicio de recuperarla con hechos”.

—Y si hay demora en la aplicación del programa, ¿dispuestos a dejar el gobierno?

—G: Estamos por que se cumpla, de lo contrario, sería un fracaso no sólo de los comunistas, sino de la Nueva Mayoría, y crearía una situación compleja. ¿Qué dificultades vemos?, el gobierno de Piñera dejará el país con decrecimiento económico que podría retrasar los planes y que no tengamos los votos suficientes en la Nueva Mayoría.

—Varios DC se han mostrado contrarios a la educación superior gratuita y Asamblea Constituyente.
—G: La educación gratuita universal está planteada para seis años, y nada de “ahí veremos”, eso debe quedar establecido. Hasta ahora hay coincidencia en todos los puntos, excepto la Constitución. Será complejo, pero se enviará un proyecto de ley, y veremos qué pasa.
—K: Hay otros mecanismos. La Presidenta tiene atribuciones para convocar espacios de participación más amplios. El tema de la Constitución no puede pasar sólo por las mayorías parlamentarias; no tenemos los quorums. Si el país pretende avanzar en un proceso de democratización real, no es posible pensar la construcción de una nueva Constitución sin la participación de la gente, independiente del nombre que tenga.

—¿Serán los DC los que pondrán en peligro el programa?
—K: Colocarse en esa situación no contribuye a una mirada futura de país. Espero que actuemos con unidad. No todos los partidos de la Nueva Mayoría son partidarios del programa completo, pero les recuerdo que el compromiso con la ciudadanía fue asumido por todos, no solo por Michelle Bachelet; la responsabilidad del cumplimiento y de recuperar la credibilidad no recae sólo en ella. Si obtuvo un 62 por ciento es porque Chile valoró que nos hayamos puesto de acuerdo para avanzar en beneficio de las grandes mayorías. Si alguien pretende algo distinto, la ciudadanía lo castigará.

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A pesar de la brecha generacional, coinciden en lo valórico. Ambos son partidarios del matrimonio homosexual y despenalización del consumo y autocultivo de la marihuana. Y Teillier va más allá. “Miro con mucho interés lo que ocurre en Uruguay. Será una experiencia valiosa para Latinoamérica. Hay otros países que ya han cambiado las leyes como Portugal, que bajó el consumo en comparación a Estados Unidos que tiene grandes prohibiciones. Incluso varios estadistas y ex presidentes están por despenalizar el uso de todas las drogas. Con la prohibición, los únicos que ganan son los narcotraficantes, como ocurre en México y Centroamérica”.

Mantienen la postura de estar con un pie en el gobierno y otro en los movimientos sociales. “Todos los partidos de la Nueva Mayoría tienen representación en éstos, y no nos negaremos a ello. No sé por qué tienen la mirada fija en nosotros, no veo contradicción”, señala Teillier.

—Sería raro ver a Karol o Camila Vallejo como diputadas marchando en contra de Bachelet.
—G: Espérese, yo anduve en las marchas con los profesores, los trabajadores…

—Pero ustedes no eran gobierno.
—G: Y si lo soy, ¿cuál es el problema? Muchos diputados durante el mandato de la Concertación nos acompañaron a las manifestaciones y no pasó nada.
—K: Más allá de que provengamos del movimiento social, no nos podemos arrogar su representación, ya que son muchos, y con distintas demandas. Existe una falsa contradicción entre lo social y político, porque en Chile las instituciones parecieran estar en el olimpo, con un sistema presidencialista que aleja a la gente, como ocurrió con Sebastián Piñera que no sólo reprimió las manifestaciones, sino que les cerró las puertas. Los movimientos deben opinar de las leyes que se están determinando.

—¿Cuál es el límite?, ¿hasta dónde se puede gobernar con ellos?
—G: El que dirige es el gobierno, pero insisto, debe haber diálogo mientras se tramita una ley. Ese es el marco de la participación, y se puede hacer.

—Tendrán claro que a la primera, le pasarán la cuenta al PC, por formar parte de un gobierno que sienten no cumple.
—K: Esperamos que los movimientos tengan la suficiente inteligencia para entender dónde están las posiciones a favor de las demandas, y dónde las contrarias. Recordemos que la derecha, por lo menos la UDI, sigue sobrerrepresentada en el Congreso, y pondrán trabas a ciertos proyectos; ellos serán sus enemigos, no los que están en el poder.
—G: Entramos al gobierno corriendo todos los riesgos, pero creo en la madurez de los movimientos sociales. En la CUT, por ejemplo, el 50 por ciento de los empleados gana menos de 250 mil pesos; si se logra la reforma laboral, se contará con el respaldo de los trabajadores. Por otro lado, si la educación es gratis para el 70 por ciento de los estudiantes en los primeros cuatro años, ¿cuántos hogares se alivian? También se iniciará un camino para cambiar el sistema de AFP, y eso bajará la presión. Michelle Bachelet en su período entregó una pensión solidaria que muchos agradecen, y si este gobierno perdió las elecciones, fue porque dejó de dar muchos de los subsidios…

—¿A cuáles se refiere?
—El bono por hijo que antes era universal y ahora depende de la ficha de protección social, que basta que se tenga un hijo en la universidad para que tengas menos derechos. A los que reciben pensión solidaria, les quitaron la cuota mortuoria, ¡imagínese! Esa sensibilidad tendrá el gobierno de Bachelet, porque recordemos que los movimientos sociales no son sólo los estudiantes ni trabajadores, están las organizaciones poblacionales, los sin casa, los adultos mayores, los clubes deportivos, que también traen muchísimas expectativas y buscan un trato más igualitario y calidad de vida.
—K: Y otra cosa, la movilización no pasa solo por salir a marchar, sino por dar la discusión, generar propuestas, fortalecer a los sindicatos, a las juntas de vecinos, a los comités de allegados, a los centros de estudiantes. Y le harán bien al gobierno porque empujarán y fortalecerán las demandas y el programa, considerando que hay fuerzas conservadoras que no quieren que los avances se materialicen. Insisto, el peligro no está en estos grupos, sino en la derecha.

—Antes de arribar a La Moneda empezaron sus diferencias públicas con la DC, ¿qué queda para cuando lleguen al poder?
—G: Hay diferencias, como también las tenemos con el PPD, los socialistas, pero hemos aprendido a convivir con ellas; esa es la gracia.

—La DC básicamente pide que aclaren su posición frente a los DD.HH. y a Cuba.
—G: ¿Por qué tenemos que hacer declaraciones con respecto a otros países?

—Para una mejor convivencia con sus socios, ¿no es motivo suficiente?
—G: No defendemos que en Cuba se pudiesen violar los derechos humanos. Los países abren sus puertas para que se determine si cometen atropellos de algún tipo, y no veo que Cuba haya sido condenada.
—K: De hecho, en el alto comisionado de DD.HH. de las Naciones Unidas hay un informe sobre la situación en Cuba y hasta ahora no existe ningún dato que refleje algún tipo de violación a las personas. Por lo demás, Gutenberg Martínez no es la Democracia Cristiana, y los representantes de la DC han sido muy claros en su relación con el PC. Ignacio Walker dijo hace unos días que a pesar de las diferencias, trabajaremos en conjunto. Aquí lo importante es que cada vez que el PC y la DC se ponen de acuerdo, los principales beneficiados son las grandes mayorías del país. Lo hicimos para impulsar la renacionalización del cobre en Chile, para respaldar a Salvador Allende como presidente electo, y ahora lo haremos por una necesidad mucho mayor que nuestras diferencias particulares.

—¿Aburridos del permanente emplazamiento que se les hace sobre su postura frente a los Derechos Humanos?

—G: Es un personero que lo hace por una cosa mediática, no sé si viene de la DC o será que la derecha quiere separarla del Partido Comunista, como lo intentaron antes. Además, ¿qué repercusión tendría en la política nacional lo que pensemos sobre Cuba?, ¡ninguna! Los únicos afectados hemos sido nosotros, ya que uno de los motivos para el Golpe fue decir que había una guerrilla de 15 mil cubanos en Chile, y la dieron en contra nuestra porque admirábamos a Fidel Castro, que era un marxista, comunista, y pensábamos igual que él. Nos condenaron de antemano, y ahora utilizan la misma arma de Pinochet, con el fin de dividir.
—K: El arma del terror…
—G: Nosotros también podríamos decir muchas cosas de la DC, algunas incluso más pesaditas, pero no es algo que nos mueva hoy. Lo importante es que estemos juntos con otras fuerzas políticas para cumplir con el programa de Michelle Bachelet, que va en beneficio del país. Entonces ponerse a pensar en estos temas…

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—Los Derechos Humanos no son un tema menor, hay gente que espera que sean tan críticos con Cuba como lo fueron con el gobierno militar.
—G: No, perdóneme, Cuba y la dictadura en Chile no tiene ninguna comparación.

—¿No hay dictadura en Cuba?

—G: Pero, ¡¿qué importa?! Es una pregunta fuera de contexto y sin mucho sentido. Porque si usted me dijera que en Cuba hay detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, sin juicio, pero fíjese que no tienen grupos móviles en las calles, no hay represión…

—La gente no puede expresarse libre en contra del gobierno, ni salir fuera del país. Tampoco existe libertad de prensa.
—K: Y las Damas de Blanco que marchan todos los domingos, y no tienen represión. Tuve la oportunidad de reunirme con miles de estudiantes de distintas universidades que expresaban posiciones críticas al gobierno, y no pasa nada. Hay muchos mitos al respecto.
—G: Hay ciertas restricciones a las personas, no violaciones a los derechos humanos, y la razón es el bloqueo de 50 años de Estados Unidos. La isla tuvo la valentía de liberarse y derrotar la invasión norteamericana, que trajo como consecuencia que no los dejaran arribar. Pero quién no apoyó la revolución cubana, quién no admiró al Che Guevara. Ahora hay una apertura, está cambiando su economía, y la gente puede salir sin restricciones.
—K: Más allá de la visión que podamos tener de Cuba, lo importante es lo que como Partido Comunista queremos para Chile. Y destacamos el socialismo que construyó Salvador Allende, donde optamos por dar la lucha y generar cambios por la vía de las urnas. El PC chileno es distinto a otros comunismos de América Latina y el mundo, y no por eso tenemos que dar explicaciones o ser cuestionados por los procesos de otros países, sólo respondemos por nuestras acciones y políticas en Chile. Y nadie podría negar que aquí hemos trabajado para que los derechos humanos se cumplan y respeten, y en caso de violación, se condenen.

—¿Tienen algún referente afuera?
—G: Ninguno. Lo que construimos con Salvador Allende, ése era nuestro referente. El no pretendía parecerse a Cuba ni a la Unión Soviética. Quería construir un socialismo chileno, con un camino distinto, que causó tanta admiración, que llevó a que EE.UU. diera el Golpe en Chile. No querían que ese ejemplo proliferara en el mundo.