Reconocen que son almas gemelas, pero muy distintos. Mientras Guido Girardi (55) siempre fue más formal, no fuma y recién a los 30 tomó su primer trago, su hermana Cristina (54) desde niña fue rebelde, contestataria y hippie, “¡un tiro al aire!”, confiesa riendo. A los 16 se fue a vivir un año a Francia, rebelándose al machismo de su casa, siendo la única mujer entre cuatro hermanos. Regresó a Chile por un par de años, estudió arte y luego partió por cinco a México donde cursó antropología, mientras vendía artesanía en la calle para mantenerse.

“Tuve una adolescencia compleja, necesitaba romper el molde, construir mi espacio… Y después Guido se volvió hippie también”, asegura Cristina. El la mira, ríe y aclara que su educación en la Alianza Francesa en tiempos de dictadura —“que en esos años era contestatario, de izquierda y agnóstico”, aclara—, despertó su lado más político, que desarrolló en plenitud como estudiante de medicina de la Universidad de Chile. Fue presidente del centro de alumnos y formó el primer movimiento ecologista universitario.

La distancia los acercó. Guido viajaba a verla, y cada vez que ella venía a Chile, él la invitaba a sus reuniones y la diputada terminó a cargo del proyecto Casa verde, del ala ecologista del PPD. “Cristina tenía una convicción política que la manifestaba con no estar aquí ni soportar la dictadura. Cuando llegó de México en los ’80, yo pensaba que si no tenía un ancla ni construía raíces, partiría de nuevo”.

Ahí el senador —que entonces era director del Sesma—, le sugirió que se presentara a las primeras elecciones municipales pos dictadura, y lo hiciera por Cerro Navia (ex Quinta Normal), ya que fue donde creció su familia y su abuelo Treviso fue alcalde por el PC. Y aunque ella nunca se imaginó en un cargo de elección popular y se resistía a la vida partidista, terminó 14 años como alcaldesa, saltando el 2010 al Parlamento como diputada PPD por el distrito Cerro Navia, Lo Prado y Quinta Normal; donde su hermano hace una década es senador.

Aunque las críticas y acusaciones de clientelismo suelen acompañarlo a él, fue Cristina la que hace unas semanas protagonizó una polémica con el renunciado al PPD, el diputado Pepe Auth, quien antes de partir acusó a Guido de “socio controlador” del partido. Por esos días la diputada le enrostró una supuesta inconsecuencia por querer permanecer en la bancada PPD a pesar de su retiro. “Cuando uno renuncia, y con la alharaca que lo has hecho, no hay medias tintas, o todo en la cama o todo en el suelo”, fueron sus palabras que encontraron una inmediata respuesta de Auth. El apuntó a su “indiferencia con el partido”, rematando con “si tu hermano no fuera senador en el mismo territorio donde fuiste candidata, seguramente serías diputada, pero no por el PPD”.

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—Es inusual verla en estas polémicas Cristina, ¿salió en defensa de su hermano?

—Cristina: Reaccioné porque es incoherente que Pepe renuncie y se mantenga en la bancada para mantener su cupo en Hacienda, y se lo dije. A los días, él respondió que mis críticas eran la postura de Guido, cuando él sabe que nunca lo he seguido a él ni a nadie del PPD.

—Dijo que era diputada por su hermano.

—Cristina: Afloró su pensamiento, que yo ¡valgo callampa! Pepe fue insolente y chueco, sabe que cuando salí alcaldesa Guido no era diputado.

—No es el primero que lo acusa de clientelismo y de controlar el partido.

—Cristina: Es un problema de poder, el cual no me interesa; jamás pelearía por un cargo. Nunca he sido parte de esa lógica —muy masculina— en que están Guido, Pepe y muchos. Tengo otra forma de ver las cosas, de construir comunidad, y el día que esto no tenga sentido, ¡chao nomás!

—Usted Guido ha justificado el poder por su liderazgo, ¿por qué quienes lo conocen no lo ven así?

—Guido: No creo en el liderazgo conferido por decreto, ni construí mi participación en política desde ser un burócrata del partido como lo hizo Pepe. Vengo del mundo de la sociedad, de la dirigencia estudiantil, del movimiento ecologista; fui siempre independiente y entré tarde a militar. Mi encuentro con la sociedad proviene de mi rol como director del Sesma, en que clausuré grandes empresas contaminantes como Watts o Soprole y apliqué las primeras normas de restricción vehicular en el país. En menos de un año la transformamos en una institución digna de la defensa de los derechos de la gente, sin miedo a los poderosos. Fui dos veces el diputado más votado de Chile antes de ser el presidente del PPD, y es precisamente por ese liderazgo ciudadano que es acumulativo.

—¿Niega que su hermano tenga actitudes de “padrino” como se le acusa, Cristina?

—Cristina: Para serte franca, nunca he participado en la dinámica interna del partido ni me ha interesado algún cargo. Cuando fui alcaldesa, sólo me importaban los problemas de Cerro Navia. He sido muy crítica con el PPD y con los gobiernos de la Concertación, porque los veía desconectados de la realidad, apoltronados en la lógica de la administración y de no cambiar nada. Recién la Nueva Mayoría vuelve a replantear los temas que dejó de lado por años, por eso me mantuve en la colectividad…, aunque ahora más que avanzar, siento que hemos retrocedido en los cambios. Por eso he vuelto a tener conflictos con La Moneda y el PPD, aunque no me complica vivir en la marginalidad.

—Militantes del PPD aseguran que la crisis del partido pasa por la izquierdización y no renovación de ideas.

—Guido: Fuimos los primeros en hablar de matrimonio homosexual, divorcio, aborto… ¿Sabes qué pasa?, estamos viviendo un problema global y local, y muchos por no entender los cambios que están ocurriendo, se quedan en las pequeñas discusiones, como estas descalificaciones por el poder que puedo tener, que más que una realidad, obedece a la incapacidad de plantear sus propias alternativas. No suelo recorrer el partido por reuniones políticas, sino para formar gente en materia ambiental, haciendo congresos del futuro, llevando científicos, dialogando sobre el agua, poniendo contenido. Hay crisis en las instituciones tradicionales, autoritarias y jerarquizadas, porque la sociedad que se viene es colaborativa, de integración y de redes, que no acepta las estructuras verticales. En ese sentido, la educación está obsoleta, hay que dejar de formar a los niños de manera vertical e incentivarles la curiosidad.

—Cristina: Es la gran discusión, y no tiene que ver con un tema de izquierdización, sino de mantener o no el modelo económico. Me sorprende que en este país, los tres derechos fundamentales, educación, salud y pensiones —que debe cautelar el Estado— sean los negocios más lucrativos.

—Guido, ¿por qué entonces la crítica se ha centrado en usted? Hasta Ricardo Lagos recogió el guante y llamó a terminar con el clientelismo.

—Guido: No sé por qué lo recoge… Hay una caricatura porque he tocado muchos intereses; recuerda la querella en mi contra de 15 ejecutivos de las AFP por decir que eran ladrones de cuello y corbata; terminé con el cheque en garantía, he votado en contra de los proyectos que me parecen negativos para el país. Con otros, instalamos una agenda de transformación, realizando congresos del futuro, con parlamentarios, rectores, premios nacionales de ciencia y Nóbeles, con la idea de democratizar el conocimiento. El oro del futuro es la ciencia y los datos. Esta es la discusión de hoy y no la pelea chica, con la cual me he puesto autista.

—De hecho, hace rato que no se le ve tan protagonista como antes.

—Guido: No me interesa meterme en la micro política. Estas rencillas solo enmascaran los temas fundamentales. Estamos enfrentados a una velocidad de cambios nunca antes vista. Estamos en la era del crispr cas 9 (tecnología que permite cambiar los genes), de la reprogramación celular, de la inteligencia artificial con emociones o de la big data en cuanto a cómo están usándose los datos que son el oro del futuro. Entonces la pregunta es cómo se gobierna con instituciones obsoletas y pensamientos lineales mientras los cambios ocurren a una velocidad fuera del alcance de éstas. “Las luchas de poder impiden conectarte y nunca te dejarán ver cómo cambia la sociedad ni cuáles son las necesidades reales”, señala la diputada sobre por qué el gobierno no se plantea estos temas. Su hermano agrega: “Y porque las elites viven en una frecuencia desacoplada con la frecuencia en que está la sociedad, entonces no la conocen. Por eso mi obsesión es democratizar el futuro, conocer a esa nueva sociedad. Por eso invitamos a científicos como Yuval Harari, Michael Sanel, Zygmunt Bauman, para ver el contexto en que se está desenvolviendo nuestra vida en el corto plazo, porque lo que está pasando en la ciencia, es lo que viene. En este contexto, la política debe trascender a la izquierda y derecha, despojarse de sus prejuicios para centrarse en cómo se gobernará. ¿Aceptaremos, por ejemplo, que existan máquinas más inteligentes que nosotros? Interviene ella: —Si, pero las preocupaciones de la política no sólo deben ser el futuro, también qué tipo de sociedad queremos, porque hasta ahora hemos reproducido todos los mecanismos para perpetuar el mismo sistema centrado en el consumo, individualismo y competitividad.

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—Con las elites mirando para otro lado, ¿qué tan solo se siente en su pelea, Guido?

—Guido: Al principio lo encontraban sospechoso, pero éstos son procesos. Cuando empecé en la lucha ambiental en el 78 estaba más solo aún; hoy por lo menos estoy acompañado por el mundo científico. En su momento logramos sacar la institucionalidad ambiental y ahora la Presidenta —producto de la presión— planteó la necesidad de un ministerio de ciencias. Chile debe tener un foco, un proyecto país, ordenar la educación desde el jardín infantil hasta la superior. Estamos en una reforma educacional, ¿para qué?, ¿qué técnicos tenemos que formar?, ¿en función de qué deben educarse los profesionales? Estas preguntas, que no se han planteado, son anteriores a la gratuidad.

—Cristina: La gratuidad no tiene ningún sentido si no sabes lo que vas a hacer; ponerla en el centro de la discusión es una trampa porque enmascara la discusión de fondo y no cuál es el objetivo que se busca. Si se subsidia la demanda y no la oferta —como ocurre ahora—, replicas el sistema actual y las mismas elites.

—¿No es rol de ustedes como parlamentarios plantearlo?

—Guido: ¡Por supuesto que se lo dijimos a la ministra! Estoy convencido de que cada territorio ecológico del país debe definir su vocación de uso y no las regiones administrativas. El desierto de Atacama, por ejemplo, debiera juntar el mundo que habita allí —universidades, intelectuales, comunidades indígenas, empresarios— y acordar cómo quieren insertarse en el siglo XXI. Esto es proyecto país que permite definir qué ciencias, institucionalidad, recursos, técnicos y profesionales se necesitan. Cómo es posible que tengamos diez doctores en sismología, ¡siendo el país más sísmico del planeta! En política esta conversación no se está dando, tampoco el tema de calidad.

—¿Por qué entonces votaron a favor de la Reforma Educacional?

—Guido: Porque, a pesar de todo, es un avance. Hay que poner el foco, fortalecer las universidades estatales primero y luego las públicas, y las privadas no debieran recibir financiamiento del Estado, con inserción de los estudiantes más pobres a las universidades de calidad.

—Cristina: En Educación Pública yo voté en contra de todo lo que era el mecanismo de subvención como financiamiento porque es precisamente el que perpetúa el sistema, quedando muchos temas fuera de discusión como, por ejemplo, una educación estandarizada que les exige a los niños determinada actitud porque hay Simce, terminando la mayoría de ellos medicados.

—¿Por qué una vez más no se hizo una reforma profunda y se llegó a lo menos malo?

—Guido: No hay agua en la piscina ni correlación de fuerzas. La derecha quiere reproducir un sistema de mercado de educación.

—Cristina: No solo la derecha…

—Guido: Hay parte de la Nueva Mayoría que también le interesa mantenerlo. Es difícil salir de la lógica del mercado cuando lo que produce felicidad hoy son las cosas… La Nueva Mayoría aún es una tarea incumplida. No ha logrado reconstruir una alianza, un diálogo con el mundo social. Si quiere proyectarse, debe entender que nunca más puede dejarlo afuera de las conversaciones.

—¿Satisfechos con la gestión de Michelle Bachelet?

—Guido: Hay pocos gobiernos que en tan poco tiempo hayan abrazado tantas reformas como ella. Y aunque cada una de ellas era una bala de plata, una posibilidad maravillosa para haber hecho un proceso democrático participativo, terapéutico, de abajo hacia arriba, algunos cometieron el error de transformarlas en reformas burocráticas, con discusiones a puertas cerradas en el Congreso, sin participación ciudadana. Esto hizo que la gente no solo se sintiera excluida, sino que cayó en la sospecha.

—¿Le interesa ser presidente, Guido?

—Guido: No, como dice Cristina, soy autista. Me mueven las pasiones, como los congresos del futuro, la lucha por los derechos. El PPD tiene cartas: Carolina Tohá, Ricardo Lagos Weber

—¿Y Lagos padre?

—Guido: Algunos que lo rodean —que son una mala compañía— lo quieren como restaurador del pasado de la vieja Concertación, del conservadurismo y la disciplina; sin tener prejuicios con él, no estoy en ese proyecto. Si, en cambio, quiere desafiar el futuro, colaborar a construir este proyecto país, poner el foco en el siglo XXI, entendiendo que la sociedad analógica, vertical, anacrónica y centralista del siglo XX se extinguió y entrar de lleno a lo que viene, con sus incertidumbres e incertezas, me parecería interesante. Eso sí estaré primero con las ideas, con los proyectos y después con las personas.