“Estoy muy contento, motivado, desafiado, con la adrenalina que significa estar en una campaña presidencial entrando ya a la recta final”, dice Gonzalo Cordero, abogado, militante de la UDI, uno de los analistas políticos de centroderecha más reconocidos y hoy director de comunicaciones de la campaña de Sebastián Piñera. Para ello no sólo dejó los espacios de opinión que ejercía en radio T13 o El Dínamo, se deshizo de su participación en la firma de comunicaciones Azerta, que fundó con Cristina Bitar.

“Hoy la sociedad impone estándares de transparencia y quería evitar cualquier conflicto de interés, así como evitar algún reproche indirecto a la campaña o al Presidente Piñera”, afirma Cordero, quien hoy es visto como probable director de la Secretaría de Comunicaciones o director de políticas públicas de la Presidencia, si es que su candidato sale electo, claro. Estuvo a punto de conseguirlo cuando asesoró a Joaquín Lavín en la presidencial de 1999. En esa oportunidad, el actual alcalde de Las Condes perdió por 30 mil votos frente a Ricardo Lagos.

Hoy, su llegada al comando ha sido vista por algunos como la toma de posesión de la UDI del timón comunicacional de la campaña. “Para nada —niega categórico—. Cuando el presidente me lo propuso, entendí que era un planteamiento personal y así lo resolví. Estoy aquí y estaré mientras conserve la confianza personal y profesional del presidente, de nadie más”. 

“ESTO NO ESTÁ GANADO”

“Un candidato que va ganador es mejor que uno que está perdiendo”, dice en respuesta a las voces que indican que Piñera debería esforzarse más —dada la situación de sus adversarios y del propio gobierno— por ser electo en primera vuelta, y que para ello debiera vencer —acusan— una actitud soberbia y triunfalista, y terminar con frases como que la economía está mejorando porque “se sabe que viene Piñera”.

Cordero lo defiende: “Al presidente se le pueden decir muchas cosas, menos que es soberbio. De hecho, esta discusión de si puede ganar en primera vuelta o no, en el comando nos carga. Es dar por sentado que la gente tiene decidido votar por él, pero cualquier día sufres un traspié y todo lo que habías ganado, se pierde. Dicho en buen chileno, en la puerta del horno se quema el pan. Esta es una pega que se hace día a día y hasta que llegue la elección y se cuente el último voto, esto no está ganado”. 

—De hecho, uno de los temores que suele escucharse en la centroderecha es que en cualquier momento puede surgir otro escándalo que esta vez sí pudiera desbancar a Piñera… ¿A eso se refiere?

—Ya están las candidaturas inscritas. Como dijo Julio César: “la suerte está echada”. Pero confío en que no hay absolutamente nada que pudiera afectarlo; en ese sentido estamos totalmente tranquilos, no hay ningún temor.

—¿Pondría las manos al fuego?

—Así como el diputado Hugo Gutiérrez inventó lo de Exalmar de la nada, sin prejuicio que eso después tuviera un resultado judicial donde no convenció a nadie, mañana él o cualquiera podrían inventar otra cosa… Ahora, que tenga sustento, es otra historia. En ese sentido mi tranquilidad es absoluta.

EL TEMOR OCULTO DE NUESTROS ADVERSARIOS…

Cordero afirma que es el “punto de inflexión” por el que hoy atraviesa el país lo que fundamenta el “momento estelar de Piñera”. “Hay una desilusión respecto de lo que significó el gobierno de la Nueva Mayoría, de las reformas que se prometieron y una implementación que ha llevado a una sensación de estancamiento y de frustración por parte de la clase media. Eso en contraste con el recuerdo muy cercano de un gobierno (el de Piñera) que, con todas sus dificultades, hacía que el país funcionara. El Presidente Piñera encarna muy bien esa capacidad, ese dinamismo para volver a poner el país en marcha, para generar nuevas oportunidades. Y también para que, más allá de lo que significa gobernar y reencausar el país económicamente, contribuir a consolidar una centroderecha más moderna, mejor conectada con el Chile de hoy”.

Reflexiona: “Creo que tras la crítica de nuestros adversarios de que Piñera se ha derechizado, se oculta un temor de que bajo su liderazgo nuestro sector se convierta, efectivamente, en una centroderecha más amplia que conecte mucho mejor con la clase media chilena actual”. Algo que pretenden lograr, como adelanta en esta entrevista, a través de dos ejes programáticos fundamentales: garantizar un “crecimiento con solidaridad”, y una “clase media protegida”. “Esto no es sólo un proyecto de winners. El tema es generar incentivos para la competencia, libertad para la creación de riqueza, pero en un ambiente equitativo, de oportunidades. Eso es algo que viene en nuestro programa presidencial, junto con el apoyo a un sector que se siente muy desvalido en cuanto a sus grandes temores, como la vejez, la salud, la educación”.

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Se trata, explica, de un segmento que no entra en la red social del Estado. “Es imposible que este pueda hacerse cargo de las necesidades al nivel de las personas de clase media. Y, por lo tanto, el país necesita generar riqueza. El mismo ex Presidente Lagos ha dicho que aquí lo más importante para que haya redistribución es el crecimiento, ‘y lo demás es música’. O cuando Osvaldo Rosales, coordinador de la campaña de Alejandro Guillier, dijo que si el país sigue creciendo al 1,5%, en cuatro años será ingobernable. Entonces para nosotros el crecimiento es un eje de campaña fundamental, pero con solidaridad, algo que probablemente la centroderecha nunca ha logrado transmitir bien. Si no hay crecimiento no hay solidaridad posible, nos quedamos en buenas intenciones”.

SITUACIÓN FISCAL COMPLEJA

El ex columnista político habla con entusiasmo, pero advierte con la misma fuerza, sus preocupaciones…: “Tal vez si uno pudiera hacer una diferencia, un contrapunto con lo que fue su primer gobierno, hoy veo al presidente muy preocupado de no generar sobre-expectativas; la sociedad está muy exigente y partimos con una situación fiscal compleja, donde no contaremos con los recursos que hubo en otros tiempos. Este gobierno está dejando compromisos económicos que nos generan un problema de fondo; ha legislado de forma tal que se han comprometido los ingresos futuros a gastos futuros. Esto me parece equivocado, es eludir el principio democrático; porque si el pueblo elige a un presidente es para que administre su período, no para que le dejen amarrados con compromisos fiscales futuros. El gobierno de Bachelet no sólo no ha querido crecer, lo ha evitado. Ha hecho reformas y ha tenido una actitud ante los proyectos de emprendimiento que, lejos de contribuir a la inversión, la ha frenado.

—Sin embargo, se comenta que hay empresarios que han frenado algunos de sus proyectos hasta que el gobierno cambie de signo político…

—No es así. Me dediqué los últimos doce años de mi vida a asesorar intensamente a grandes empresas en el sector privado. Y te puedo decir con absoluta certeza, con total conocimiento de causa, que no hay nadie que deje de invertir un peso si tiene un proyecto bien evaluado. Puede dejar de hacerlo por razones políticas, que es otra cosa; si estoy en un gobierno que no me da certezas en el respeto a las reglas del juego, claro, es perfectamente razonable que dejen de invertir hasta ver que las cosas se hacen de otra manera. Pero de ahí a dejar de ganar plata para causarle un problema, entre comillas, al gobierno actual, lo dudo. Al final es la naturaleza humana la que manda y el capitalismo funciona por esto.