Debe ser uno de los analistas de derecha más reconocidos, columnista habitual del portal electrónico Ellibero.cl, panelista de Tele13 radio y consejero político con alta recepción dentro de la centro-derecha. Sin embargo, en el momento crítico de la UDI y que define como “la tormenta perfecta” a él, que milita en el partido desde hace “muuuuchos años” —como prefiere decir—, le resulta difícil imponer distancias emocionales. Por lo mismo, se resiste al diagnóstico decretado por muchos de que hoy la UDI se encuentra en estado terminal.

“Es evidente que a todo el sistema político le ha pasado un tsunami durante el último año. La UDI es parte de este escenario y la ola ha golpeado a sus principales dirigentes vivos, como Jovino Novoa y Pablo Longueira. Por supuesto que ésta es la peor crisis desde el asesinato de Jaime Guzmán, pero el partido no está muerto”, declara este politólogo desde la amplia sala de reuniones de la agencia de comunicaciones Azerta, donde es socio.

Para él, la situación que hoy arrastra a la UDI se relaciona con un cambio de escenario que no fue percibido a tiempo por la elite. “En el proceso de transición el mundo empresarial generó un modo de relación con el sector político que fue transversal. Partió con muy buena intención de recomponer relaciones, dar viabilidad y fortalecer al sistema democrático que se estaba iniciando. Sin embargo, en algún momento la gente dejó de ver como positivo que dirigentes de izquierda y derecha se entendieran de manera fluida con el mundo empresarial y empezaron a observar preocupados que al final del día todos correspondían a una elite que se arreglaba entre ellos”.

—Con la UDI en particular.

—Claro. La UDI tenía una relación incluso más estrecha con el mundo empresarial. Hoy sabemos que así ocurría con todos, pero probablemente por un tema de confianzas personales, de afinidad ideológica, entre otra serie de factores, era la más involucrada.

—Se ha criticado la forma en que el partido ha manejado la crisis, por ejemplo, al no condenar públicamente a Jovino Novoa a pesar de que fue procesado por la Justicia y él mismo reconoció haber cometido un delito.

—Con Jovino de nuevo caemos en un tema que es de retraso del sistema político en ponerse al día con ciertos estándares y patrones que hoy demanda la sociedad chilena. Aquí no hubo enriquecimiento personal y su conducta era equivalente a muchas otras de todo el espectro político que financiaban de manera irregular las campañas. Entonces, ¿por qué tendrían que haber asumido una reacción diferente?

—Aun así, en el caso de Longueira, quien recibió más de 700 millones de parte de SQM en un período fuera de campaña, la actitud tampoco fue muy distinta.

—Hay una diferencia cuando la imputación del Ministerio Público es financiamiento irregular de la política y cuando se trata de enriquecimiento personal, como al menos propone la línea de investigación en el caso de Longueira. En ese sentido, me parece muy bien su decisión de renunciar como una manera de defenderse con más libertad y no llevarle ese problema institucionalmente a la UDI. Actuó de manera correcta y valiente.

—Sin embargo hoy la ciudadanía exige otros estándares. Jaime Bellolio —quien aspira a presidir la UDI— ha exigido reacciones más drásticas, como la expulsión.

—Gramsci decía que las crisis se producen cuando lo que tiene que morir no ha muerto y, lo que tiene que nacer, no ha nacido todavía. Lo que mencionas es absolutamente cierto y lo recoge muy bien Jaime Bellolio. Aquí hay una manera de relacionarse del mundo político con el mundo empresarial y el del dinero que está muriendo y tiene que iniciarse un nuevo punto de equilibrio del sistema social que formalice este vínculo. Y no me cabe duda de que lo que ha dicho Jaime Bellolio es el estándar hacia el que la UDI tiene que avanzar. Aquí la UDI está condenada a poner nuevas reglas de funcionamiento y de transparencia.

—¿Es partidario de jubilar a los coroneles, como propone José Miguel Kast?

—Cuando uno asume que un cierto orden está caduco, que hay que poner nuevas reglas, la única manera es con un cambio de rostros, particularmente un cambio generacional. Y me parece muy bien cuando Bellolio dice que quiere ser presidente de la UDI en el contexto de un hombre un voto; ahí identifico una mejor sintonía con el país de hoy. Es imprescindible que esta generación, que es extraordinariamente talentosa, pase a la primera línea. Ahora ¡eso no significa que los demás se jubilen! No soy partidario de que gente que está plenamente vigente y activa, con experiecia, se vaya para la casa. Me parece una barbaridad.

—Sin embargo, declaraciones como las de Bellolio y Kast reflejan fuertes tensiones y problemas de unidad interna. ¿Está la UDI en una tormenta perfecta tal como usted lo vaticinó hace un tiempo?

—Bueno, creo que no me equivoqué (sonríe con tristeza). Eso es innegable.

Y arremete:

“Pero de ahí a creer que la UDI está muerta… Creo que en política la muerte es más una metáfora que una realidad”.

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—Algunos creen que después de Penta, Corpesca, SQM, con sus principales líderes vivos involucrados, por lo menos está en la UTI…

—Nadie lo niega, decir lo contrario sería tapar el sol con un dedo. Lo plantearía de otra manera: la UDI es un partido que fue exitoso porque hay un sector de la sociedad chilena que demanda una representación política. Eso fue lo que encarnó tan bien durante un buen tiempo. Esa gente sigue y seguirá existiendo, ese nicho no se va a acabar. Ahora, ¿significa eso que para representar adecuadamente a esa parte de la sociedad chilena (conservador en sus ideas, liberal en lo económico) hay que dar por muerta la marca UDI y generar otra junto con una nueva forma de organización? Creo que es muy pronto para decretarlo.

—A propósito, Hernán Larraín presentó una propuesta para el último consejo de la UDI donde sugería un cambio de imagen.

—Sí, una nueva gráfica que resalta la palabra unión como el nuevo centro gravitacional, sin cambiar la marca. Pero, como dicen los economistas, es un paso necesario pero no suficiente… Los cambios no pueden quedar en eso. En un período electoral debemos hacernos cargo de asuntos más de fondo y yo no sé si habría partido por ahí.

—Sin embargo la nueva coalición de derecha, Chile Vamos, ha llamado a la UDI a tomar decisiones importantes. Da la impresión de que aún dentro de su propio sector está pasando por problemas de convivencia, que la están dejando sola.

—No seamos ingenuos. La política es una actividad muy competitiva donde todos quieren ocupar un espacio y aspiran a que éste crezca, y cuando el más grande está en dificultades los otros ven ahí una oportunidad. Son las reglas del juego. Lily Pérez está tratando de levantar un partido político, el senador Manuel José Ossandón quiere sacar adelante una candidatura presidencial, RN obviamente pretende volver a tener el lugar que ostentó al comienzo de la transición, que era el rol del partido más importante de la centroderecha y que la UDI en el transcurso de una década le quitó. Son las variables que están en juego.

—¿Entonces se está haciendo leña del árbol caído?

—Yo no lo diría así. Hay que tomarse las cosas con un cierto espíritu deportivo. Si vas a jugar rugby no te puedes quejar porque te taclean. Y es obvio que si la UDI pasa por un momento de dificultad los que compiten por ese segmento querrán tomar posiciones. La política es así.

—La elite que desde siempre ha representado la UDI también está debilitada.

—Hoy lo que estamos viendo es el retorno activo de una izquierda de verdad, que plantea una alternativa y una agenda que estaba fuera del ancho de banda en estos últimos 25 años. Eso ha influido en el discurso, en el debate de la sociedad, y se ha convertido en un actor influyente. Y sus representantes tienen un juicio muy crítico sobre la transición, lo cual es razonable. Pero eso es más que en un problema es una oportunidad para la UDI.

—Con la diferencia de que la crisis para la UDI está lejos de terminar: aún queda mucho por conocer de la relación de Longueira con SQM y si estuvieron involucrados otros ministros del gobierno de Piñera.

—Indudablemente la UDI está pasando por dificultades tácticas: tienen un problema serio de coyunturas que afecta a sus dirigentes, de pérdida de credibilidad, entre otros. Pero en un análisis estratégico hay una necesidad de representatividad que va a subsistir, y espero que con liderazgos como el de Jaime Bellolio asumamos esa oportunidad. Así como la gente de izquierda va a necesitar que alguien canalice su visión de la sociedad, los de derecha también lo requerirán.

—En lo personal, ¿cómo le afecta la revelación de los más de 700 millones que Pablo Longueira habría recibido de SQM?

—Cuando se trata de hablar de su situación, no soy un buen analista. Me cuesta opinar, por los afectos, cariño y aprecio personal que tengo por él. Hay ciertas personas con las que se tiene un vínculo de cariño y eso a mí me ubica en un plano distinto. Y no tengo dudas de que Pablo pudo haber cometido errores como todo ser humano, pero no ha incurrido en ningún acto de corrupción. Nunca. Mi aprecio por él va más allá que cualquier resolución institucional. El tendrá siempre mi aprecio y cariño, ya sea condenado o exculpado.