Con invitados como Nicolás Cage, Juliette Binoche, Catherine Deneuve, Matt Damon, Jude Law y la homenajeada Isabella Rosselini, debutó Gloria, la película que representa a Chile en la versión 63 de la Berlinale.

Las huellas de la nieve que se derritió hace pocos días aún se dejan ver en las avenidas de Berlín. Las temperaturas son inusualmente agradables para ser invierno e incluso alumbra el sol en la Oliverplatz del barrio de Charlottenburg, donde vive Sebastián Lelio (38) desde julio del 2012. Esto gracias a la beca Berliner Künstlerprogramm (que también han obtenido Jorge Edwards y Alfredo Jaar entre otros artistas). Por eso, mientras corre de un lado para otro por la Berlinale, prepara su cambio de casa. De hecho, su madre viajó a ayudarlo.

Acaba de regresar de Madrid donde terminó de editar Gloria, la película con la que compite en el 63 festival de cine de Berlín. Sin embargo, no se nota el estrés y me recibe con mucha simpatía, vestido con jeans y jersey de rombos azules. Gracias a la beca pudo terminar la película y comenzar a trabajar en dos guiones para el 2014. Lo respaldan sus filmes anteriores: La sagrada familia (2006) premiada en el festival de San Sebastián, Navidad (2009) que participó en Cannes y El año del tigre (2011) seleccionada en Locarno. En 2012 ya ganó en San Sebastián un premio con Gloria en el festival de cine en construcción.

Al cierre de esta edición Gloria acababa de ser estrenada y aplaudida por decenas de berlineses. En 105 minutos Paulina García, Sergio Hernández, Diego Fontecilla y Fabiola Zamora cuentan la historia de una mujer de 58 años, separada, con hijos. Una trama que ocurre en el Santiago actual. La película se envuelve en situaciones caóticas mostrando las protestas estudiantiles y dando a conocer ciertos aspectos de los conflictos políticos chilenos de los últimos 40 años. “Es una película totalmente santiaguina. Son situaciones que conocemos y otras tantas que nos han contado, entonces de alguna forma las imágenes y paisajes muestran Santiago, a pesar de que hay un episodio importante que ocurre en Viña del Mar, el ADN de la trama es capitalino”, cuenta el director.
—¿Cuál es el trasfondo que da a conocer esta película?
—Hay un cierto descontento social. Si bien la historia de Gloria no tiene directamente que ver con eso, son dos realidades que la trama hace interactuar. Se comunican entre sí o tienen vasos comunicantes todo el tiempo. La presencia de la presión social con la reivindicación del personaje.
—¿Cómo llegaste a este tema?
—Después de terminar El año del tigre, mi tercer largometraje, una película muy dura y triste que tiene que ver con el terremoto, la reconstrucción de hechos reales, filmada en las ruinas. Me pregunté: qué hacer ahora y lo primero que surgió fue el deseo de trabajar una cinta con mucha energía y vitalidad. La segunda pregunta apuntó a la generación de mi mamá. Y la tercera a la fascinación por el mundo de las fiestas de solteros adultos que es algo que en Santiago está muy en boga. Ese es un planeta aparte. Las tres cosas se juntaron sumadas a anécdotas que teníamos de referencia y comenzó a construirse el guión. Esto significa que la inspiración está en muchas partes.
—¿Fue muy difícil encontrar la actriz que reflejara al personaje?
—El cine que he hecho está centrado en los actores y en lo humano. El actor tiene mucha responsabilidad creativa, yo no trabajo con guiones y diálogos escritos, el guión está ahí. Hay misterio sobre cómo van a ocurrir las cosas hasta que filmamos. Y en ese sentido los actores son cruciales. El casting condiciona en un 80 por ciento el éxito o fracaso de la película como producto final. Tuve siempre admiración por Paulina García. Es una actriz reconocida en el teatro, que ha tenido mucha notoriedad en algunas series de televisión, pero que ha hecho poco cine. Siempre interpretó personajes secundarios y pequeños. Yo encontraba que es una actríz gigante y que merecía un protagónico absoluto. Lo cierto es que después que aparece la idea de hacer esta película lo primero que hice fue llamarla y preguntarle si podía escribir la idea a su medida y así fue, esta película está hecha como un guante para Paulina. Ella es un genio y logramos que el filme descanse en sus hombros. Ella como Atlas lo agarró y lo sacó adelante como la protagonista soberbia que es.
—¿Gloria es chilena o puede ser de cualquier lugar del mundo?
—Es curioso porque mi temor era justamente que el personaje fuera demasiado local, que la realidad de Gloria fuese específicamente chilena, porque pertenece a la última generación de mujeres que se criaron en los ’60 y que fueron formadas para el matrimonio, con un paradigma de un mundo que desapareció. Y en el camino ocurrió la vida. Pasaron muchas cosas, se divorciaron, algunas quedaron más solas o el núcleo familiar al que pertenecían se disgregó y todo se fue desintegrando en forma natural, yo pensaba que estas situaciones son más bien de nuestros países latinoamericanos. A pesar de eso Gloria es un personaje muy moderno porque sale a bailar, quiere vivir, es muy frontal, está llena de vida. Pero para mi sorpresa resultó que el mundo está lleno de Glorias y de una u otra manera con sus matices hay algo de esta generación que la cinta logra retratar. Personas de distintas culturas encuentran en el personaje cosas de sí mismas  y de sus conflictos. Así lo he percibido en todos los lugares que la he mostrado.

GLORIA QUEDÓ ENTRE LAS CINCO PRIMERAS PELÍCULAS ANUNCIADAS para el festival en diciembre. “Sabíamos que teníamos una opción seria, mostramos la película sin terminar y tuvo mucho eco en el festival de cine en construcción. En octubre nos llegó la primera noticia, una carta del director del festival invitándonos. ¡Salté en una pata! Esto significa que la puede ver mucha gente y es lo que uno desea como cineasta. Representantes de muchos países vienen a este festival. Los críticos de todo el mundo que también son muy importantes están aquí”, señala Lelio.
—¿Qué sensación tienes en estos días?
—El cine, a diferencia de las artes performativas, termina cuando se acaba la película. Ya hice mi trabajo, recién la terminé en Madrid hace tres días, la vi, la metí en su cajita y la entregué al festival.
—¿Crees que puede recibir un premio?
—Para mí es un orgullo estar en este festival junto a directores que son parte de la historia del cine. No es una competencia de carreras. Cuando uno está en una instancia tan bonita como ésta hay que disfrutar la participación. Es un reconocimiento.
—¿Cuando comenzaste a filmar pensaste en la competencia?
—Tenía demasiados problemas tratando de que funcionara y filmar con poca plata como es en Chile y tratando de hacer una pieza que tuviera belleza con pocos recursos, que es lo que los cineastas de países tercermundistas tenemos que hacer. Nosotros somos especialistas en convertir el fango en oro o la carencia en virtud.

SEBASTIÁN DECIDIÓ QUEDARSE EN BERLÍN. “Esta ciudad combina muy bien la sensación de que todo es posible con el respeto de los espacios individuales. Hay algo abstracto, casi irreal que resulta muy inspirador, una especie de tranquilidad, libertad en el aire que termina por infectar el trabajo de uno. Es un lugar muy interesante para pensar, aunque de partida es como estar en Júpiter porque no comprendo el idioma y hay mucho silencio. Hay una especie de abstracción extraña que me parece fascinante”, señala Lelio.

Tiene varios proyectos con Chile y piensa dirigir desde Berlín sus futuras películas. Para él es muy importante buscar nuevas alternativas y está abierto a dirigir guiones de otros colegas o realizar trabajos en inglés. Por ahora está concentrándose en aprender alemán.
“Mis primeros trabajos después de la Berlinale son la promoción de Gloria por Europa. La película ya fue comprada en Francia y los Países Bajos. Además, estamos negociando con distribuidores de España, Italia, Alemania, Colombia y México. En Chile la fecha de estreno ya está fijada: el 9 de mayo próximo.