La tarde muere en el corazón del barrio Bellas Artes, cuando la gente comienza a agolparse en las afueras de la estación del metro que emerge en la intersección de las calles Mosqueto y Monjitas. En un stand mínimo y bajo la atenta mirada de un notario, algunos voluntarios de Revolución Democrática (RD) reúnen firmas para convertir a la agrupación que tuvo su génesis en el movimiento estudiantil de 2011, en un partido político. El resto de los activistas circula alrededor entregando folletos a los transeúntes. Al centro de la escena, Giorgio Jackson, micrófono en mano, expone un detallado balance de su gestión parlamentaria que despierta el interés de muchos de los que caminan por la zona y se detienen a escucharlo. Esto sin guión. “La primera vez me preparé, pero ahora ya me lanzo”, dirá una hora y media más tarde, después de responder las inquietudes de una improvisada audiencia que exige saber desde su opinión sobre la demanda de participación de la creciente comunidad de inmigrantes hasta la puesta en marcha de la gratuitad. A sus 28 años, da cátedras de empatía al tiempo que repite una y otra vez lo necesario que es aumentar la participación ciudadana. Siempre habla de ‘nosotros’ en directa alusión a su movimiento y en una lucha declarada por despersonalizar una contienda que sabe será dura. “Es más fácil derrotar a una persona que a una idea”, dice parafraseando al ministro de propaganda de Hitler Joseph Goebbels.

Desde que fue incluido en los sondeos de opinión, a mediados del 2015, su ascenso ha sido imparable. En la encuesta CEP, entregada en diciembre del 2015, alcanzó un 44 por ciento de aprobación, varios puntos más que algunos presidenciables como Isabel Allende y los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera. Mientras que en la última medición de Adimark, RD se quedó con el primer lugar entre las agrupaciones políticas con mayor respaldo. Pese a todo, los mismos analistas advierten que en este camino deberá enfrentar dos importantes escollos. Por una parte, la falta de participación ciudadana que va en aumento y por otra, la existencia de un electorado abiertamente conservador que continúa anclado en los tradicionales tres tercios que han definido al poder en Chile desde el siglo XIX.

—¿Te estás preparando para ser Presidente de la República?

—Para nada (y suelta una tímida carcajada). Son palabras que superan con creces la visión de largo plazo que yo pueda tener. Me da un poco de pudor cuando lo dicen porque apenas llevo dos años en esto y mucho por lo que se me valora debieran ser los atributos mínimos para estar en política. Lo que sí es probable que considere es la reelección, pero por un periodo más solamente. Siento que cuando alguien está más tiempo se ‘achancha’ y la gente también lo ve así. De hecho, lo que más me dicen en la calle es que no me malee.

giorgio450-1 —Pero más allá de las mediciones, tú mismo has podido comprobar que esa idea ya está instalada.

—Esto es tan volátil y las expectativas que se generan son desmedidas. Hay quienes me dicen que siga adelante, que hay que sacarlos a todos y yo no tengo ese poder, por eso soy el primero en responder: “eres tú el que tiene esa facultad votando”. Si el día de mañana saliera una encuesta diciendo que la juventud va a votar, inmediatamente se generaría un cambio en la actitud política de todos. No estoy diciendo que tengamos que echarles la culpa a los jóvenes de que las cosas no cambien. Nuestra generación es desconfiada y con razón. El problema es que no estamos siendo conscientes del poder que tenemos y del nivel de arrojo que implica. Hoy parte de la rebeldía es ir a votar. Incluso, votar en blanco, pero ir y participar. No me gusta esta lógica de que sea la antipolítica la que triunfe porque al final implica una renuncia y lo que nosotros queremos es construir algo nuevo.

Obsesionado con transparentar hasta el más mínimo de sus movimientos, este ingeniero civil industrial de la UC es un twittero entusiasta que suma más de 640 mil seguidores. Pero ese no es su único récord. También, tiene 100 por ciento de asistencia al hemiciclo, donde en los últimos 24 meses se convirtió en una piedra en el zapato para las fuerzas políticas tradicionales. Más aún cuando emprendió una verdadera cruzada por rebajar la dieta parlamentaria, entre otros privilegios que a su juicio no hacen más que alejar a los representantes del chileno común y corriente. “Ese fue el primer proyecto que presentamos con Gabriel Boric cuando llegamos al Congreso y al principio se tomó muy mal. Algunos lo vieron como una ofensa o como algo muy ‘reguleque’. No tengo idea por qué. Con el tiempo fue asimilándose por el efecto que tuvo en la ciudadanía, pero nosotros lo dijimos desde la campaña. Es inaceptable que un parlamentario que es un representante popular gane 40 veces el sueldo mínimo que ellos mismos fijan por ley. La idea es sacar el sueldo de los parlamentarios de la Constitución y pasarlo a una ley simple donde nunca puede exceder 20 veces el sueldo mínimo, lo que aún sigue siendo mucho. Al principio sumamos diez firmas, después 30 y este año logramos aprobar un proyecto de acuerdo que si bien no es vinculante, pero es una señal potente. Ahora hay que exigir que esa señal se convierta en ley. Ahí, la Presidenta Bachelet va a tener que tomar una posición”, afirma.

—Hace algunas semanas, el ministro Eyzaguirre aseguró que la clase política había entendido que era indispensable un cambio de actitud para restaurar las confianzas perdidas. ¿Has sido testigo de ese cambio en Valparaíso? —Honestamente, no creo que exista una consciencia real. Eso implica un arrepentimiento y actuar de una manera distinta. Lo que hay es conocimiento del daño que se les ha hecho a las instituciones, pero lo que veo es una actitud del tipo: cómo nos salvamos o qué cuento vamos a armar para cambiar la percepción de la ciudadanía. Como si de alguna manera el marketing tuviera el poder de cambiar la situación en la que estamos. Más allá de un mea culpa, es indispensable transparentar cómo las campañas han influido en la manera de hacer política, de qué forma los parlamentarios salieron electos prometiendo a sus electores exactamente lo opuesto a lo que pactaron con sus financistas.

A su juicio, el escándalo suscitado a raíz de la publicación de los mails entre el entonces senador UDI Pablo Longueira y el ex gerente general de SQM Patricio Contesse, que terminaron siendo parte de la polémica Ley de royalty, también tiene un lado positivo. “Con esto se rompe una verdadera falacia que se instaló durante mucho tiempo y que sostenía que la derecha en el poder no era corrupta porque ellos ya tenían la plata. No así los dirigentes de izquierda que supuestamente eran más permeables por la falta de recursos. Falso. ¿De qué estamos hablando si hasta el propio Sebastián Piñera usó información privilegiada de Lan para hacer sus negocios. La habilidad del ex mandatario de la Alianza para escabullirse y no explicar las irregularidades que ocurrieron en su administración es tan impresionante como el tratamiento que le dan algunos medios de comunicación. Es demasiado poco verosímil la tesis de que él nunca supo nada y los chilenos no son tontos”, arremete. giorgio450-2 —¿Esto abre un escenario en el que es posible revisar todas aquellas leyes sobre las cuales existe un manto de duda con respecto a sus orígenes y beneficiarios?

—Obvio, partiendo por la Ley de pesca. Ya está archidemostrado que existió una influencia ilegal por parte de las empresas involucradas para obtener ganancias o privilegios. Lo mismo con la Ley del royalty, donde uno de sus artículos fue redactado por una minera y que además incidió fuertemente en los ingresos del fisco. No podemos dejar que esto pase colado. Son normativas que deben ser revisadas y si es necesario derogarlas y ajustarlas a lo que democráticamente se decida.

—En el tema del financiamiento, la mayoría coincide en que el problema moral es mayor en la izquierda que en la derecha. ¿Cómo ves la figura de Marco Enríquez Ominami?

—Si ya es súper escandaloso el hecho de que te financien ilegalmente porque implica tratar de obtener ventaja sobre el resto, lo peor de MEO es haber solicitado recursos indirectamente a quien mandó a matar a su padre. Eso sí que es grave y en ese sentido creo que él ha fallado en dar una explicación a todos quienes consideramos que el PRO es una propuesta interesante. Eso nos quita motivación para establecer algún eventual vínculo. Hay dudas difíciles de superar. Es muy raro que no se hayan dado las explicaciones el día uno, si a mí me hubiera pasado eso y tengo la certeza de que no estoy involucrado, yo voy y pongo todos los antecedentes sobre la mesa de manera pública.

—Eres uno de los pocos congresales que ha levantado la voz para oponerse al acuerdo Trans Pacific Partnership, más conocido como TPP, ¿por qué crees peligroso lo que está en este convenio?

—Lo que está en juego aquí es cómo cedemos soberanía frente a algunos aspectos que debieran depender de nuestra voluntad y no de intereses foráneos, principalmente de Estados Unidos. Es un acuerdo que beneficia a las corporaciones sobre todo a las que trabajan en el área de la propiedad intelectual, pero perjudica a las personas de todos los países, también a los estadounidenses. Desde mi punto de vista aumenta la desigualdad y establece una falsa libertad. No hay ningún estudio serio de la Dirección Económica de la Cancillería que diga por qué a Chile le conviene. Es una batalla difícil, pero no imposible. Así que por supuesto que la vamos a dar. Más información en: www.giorgiojackson.cl