“Intensas”, así califica Giorgio Jackson (31) las últimas semanas en la flamante —y numerosa— bancada del Frente Amplio. Si bien valora la mayor representatividad de la nueva Cámara Baja, dice que la transición no ha sido fácil.

“Antes éramos tres diputados y ya nos conocíamos las mañas; ahora somos 20 y hay que organizar esa diversidad. Hay muchas y muchos (legisladores) sin experiencia política, algunos con mucha ansiedad, lo que es bien natural, pero mentalmente ha sido cansador adaptarse. Se ha producido una dinámica un poco agotadora que vamos a tener que aprender a administrar en esta bancada tan diversa y de tanto carácter”, cuenta con un poco de resignación.

En lo particular destaca el aporte de Pamela Jiles, quien en el pasado tuvo fuertes críticas a su estilo de liderazgo. “Antes de las elecciones nunca tuvimos la oportunidad de conversar para comprender su humor e irreverencia. Claro que había un poco de distancia, pero después de conocernos uno logra ajustar esos prejuicios. Pamela es una persona muy aguda en el pensamiento crítico e hila muy fino en los detalles. Sabe provocar, en el buen sentido de la palabra, y a mí me gusta que me hagan dudar. Podemos estar o no de acuerdo, pero el ejercicio de cuestionar me parece súper sano”, dice el diputado por el distrito 10 (Santiago, La Granja, Macul, Ñuñoa, Providencia y San Joaquín).

Lo que sí preocupa a Jackson es “la humildad táctica” que ha caracterizado la instalación del nuevo gobierno. “Creo que intentarán más bien administrativa que legislativamente modificar las reformas que en materia educacional se hicieron en el periodo anterior, sin que con eso se despierte un movimiento estudiantil como el de la primera administración Piñera. Por cómo el ministro de Educación ha actuado en las comisiones que ha visitado en el Congreso, creo que no busca hacerse de conflictos”.

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—Al respecto, el presidente del Partido Socialista, Alvaro Elizalde, acusó a La Moneda de estar planeando una “retroexcavadora silenciosa”…

—El gobierno ha sido pillo para ocultar lo que realmente quiere hacer. Pero qué nos sorprendemos, la derecha sabe instalar una idea y repetirla hasta el cansancio. Durante el mandato de Bachelet lo hicieron señalando que las reformas eran improvisadas e ideologizadas y hoy repiten lo mismo para justificar los cambios que están impulsando. Pero nosotros estamos preparados para hacer las preguntas incómodas y hacer nuestro trabajo que es legislar.

—¿Ve un cambio entre el Piñera candidato y el presidente?

—En su campaña Piñera polarizó al país porque le era funcional a su estrategia. El es un tipo pragmático, los principios y valores políticos no trazan su trayectoria para nada. El se mueve en función de lo que necesitan o exigen los distintos actores del mercado derechista. Según los tiempos, se pone más conservador o más moderado. No hay que olvidar que usó los mismos elementos que Trump para ganar las elecciones, la misma campaña del terror.
Cuesta creerle a Giorgio Jackson cuando se acomoda en uno de los sillones de su departamento —en el sexto piso de un edificio en Recoleta, que es una verdadera joya del art déco— y habla de un futuro alejado de la política.

El líder del movimiento estudiantil del 2011 lo dice con convicción, pero basta con revisar cómo su figura se posicionó en los últimos años en las encuestas, para dudar. El ingeniero civil industrial de la UC es uno de los parlamentarios mejor evaluados por la opinión pública y su nombre aparece como una potencial carta presidencial de la centroizquierda, algo que no le quita el sueño, afirma. “Después de estos cuatro años quiero que tengamos un gobierno frenteamplista y aportar en él de la forma que sea. Si eso no ocurre, me gustaría tomar distancia de la política durante un tiempo. No me voy a repostular por otro periodo y no me alcanza la edad para ser senador ni otra cosa. Quiero dedicarme a leer, escribir, estudiar y conocer”, dice el líder de Revolución Democrática, mientras bebe un sorbo de agua y juega con su barba.

—¿Sería un retiro momentáneo o definitivo?

—No tengo idea. Ponte en mi lugar, salí de la universidad, trabajé y asumí un desafío por ocho años en el Parlamento, donde la exposición pública ha sido máxima. Pregúntale a qué persona de mi edad le hubiera gustado estar en un lugar fijo por tanto tiempo y con tanta presión. A Gabriel (Boric), Camila (Vallejo), Karol (Cariola) y a mí nos miran con una lupa todos los días. Si nos sacamos un moco sale en la prensa, y aunque no me quejo, es algo de lo que yo quiero tomar algún nivel de distancia. Además, hay mucha gente que se está preparando para tomar la posta y ser buenos dirigentes políticos. En esa distancia, quiero reflexionar. Nos hace falta pensar más allá del calor de la contingencia, analizar las cosas con mayor profundidad y leer.

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—¿Le pasó la cuenta tanta exposición?

—Yo sigo haciendo mi vida, pero es difícil encontrar espacios para la intimidad en un cine o un parque y no estar con la idea constante de que cualquiera de tus actos puede ser usado en tu contra o sacado fuera de contexto.
Aunque dice que la experiencia política lo tiene “curtido”, reconoce que el momento más duro que le ha tocado vivir como dirigente político fue el que lo enfrentó —el año pasado— con otra figura importante del Frente Amplio, Alberto Mayol, por un cupo parlamentario. Tras la polémica que incluyó audios filtrados a la prensa, acusaciones cruzadas de nepotismo y boicot, muchos auguraron que la imagen de Jackson se vería afectada, lo que repercutiría en su resultado electoral. Pero sacó la primera mayoría y hasta pudo arrastrar a dos de sus compañeros de lista.

“El episodio con Alberto me dejó muy mal internamente porque sentí que se hacían juicios errados de lo que yo podía, decir, hacer y actuar… RD, el FA y yo como individuo estamos viviendo un proceso de aprendizaje y hay que sacar muchas enseñanzas de ese episodio”, dice, mientras la luz del atardecer se cuela por uno de los ventanales desde donde se obtiene una panorámica privilegiada del sector.