Ha sido de los pocos que ha levantado la voz en contra de los privilegios de sus pares parlamentarios, a su juicio, “una casta que sufre de ‘virus de altura’, que se cree superior, se protege —porque hay varios ‘mojados’, asegura— y que está absolutamente desconectada de la realidad”. Por lo mismo, apenas Gabriel Boric (29) asumió como diputado por Magallanes y la Antártica hace dos años, su primer proyecto, junto a Giorgio Jackson, fue rebajar a la mitad el sueldo de los congresistas para instalar el debate sobre el valor del trabajo en Chile, que le valió una ola de críticas internas y que, hasta ahora, tiene casi nulas posibilidades de ver la luz. Igual de feo lo miran cuando acusa al Parlamento de poco democrático y de ser un mero buzón de leyes “precocinadas” y de decisiones que se toman en pasillos con empresarios y en los partidos políticos. Por esto se ha ido convirtiendo más bien en un llanero solitario, que lucha en contra de las malas prácticas de esta elite, sin embargo, no piensa claudicar y sigue con su objetivo de dignificarla desde adentro.

Las condiciones parecen hoy estar jugando a su favor, ya que ante los casos de abusos y de colusiones la gente le está dando su respaldo. En una de las últimas encuestas Cadem alcanzó similares niveles de aprobación y conocimiento que el líder de Revolución Democrática Giorgio Jackson (73 por ciento de buena imagen), movimiento político que en la última Adimark figuró como el mejor evaluado, con 48 por ciento de aprobación. Para Boric, esto es el reflejo del descontento ciudadano con las fuerzas políticas tradicionales y no descarta en un futuro conformar un bloque en conjunto.

De jockey y guayabera negra, mientras come tostadas en un café del Drugstore ubicado cerca del departamento que comparte con su actual pareja Margarita Maira (hija del ex ministro socialista Luis Maira y la escritora Marcela Serrano), el ex presidente de la Fech confiesa que sobre los polémicos ‘préstamos’ del Congreso a los parlamentarios hasta en 28 cuotas, sin intereses ni reajuste, no tenía idea. Sin embargo, cree que es una práctica antigua de los años 90, permanente y sostenida en el tiempo. “No es una excepción y da cuenta una vez más de los privilegios de esta elite y del abismo entre las instituciones que deben ser de representación popular y la gente”.

—El ex contralor Ramiro Mendoza afirmó que estos créditos estarían al filo de la malversación de fondos.
—Si la figura de malversación es utilizar fondos que estaban destinados para otra cosa, evidente que lo hubo. Algunos políticos se defienden con que no ha habido enriquecimiento personal, pero si pides un crédito sin interés ni reajuste, ni siquiera el IPC, ¡claro que lo hay! Lo que me sorprende es la reacción de éstos cuando se evidencian estas situaciones.

—Tienden a defenderse, actúan en bloque.
—Es una casta, se mueven corporativamente. Y hacen una evaluación negativa posterior al hecho, como Jorge Insunza cuando se descubrió que una minera le pagaba mensualmente mientras era presidente de la Comisión de Minería, dijo: “Jamás pensé que podía haber un error”. Hay un divorcio tan profundo con la sociedad, que en efecto no se dan cuenta de que están mal. Como decía la diputada Laura Rodríguez en su libro Virus de altura, hay que estar de cara al pueblo y de espaldas al Parlamento; no puedes marearte y creer que es allí donde suceden las cosas, porque es así como se generan las castas.

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—¿Sus pares lo miran como parte de esa casta o más bien como un extraño?
—Genero en ellos una mezcla de incomprensión e incomodidad. Me miran como diciendo tú también eres parte de nosotros, también estás en la elite. Pertenezco, claro, pero no por eso voy a asumir sus prácticas. Llegué para combatirlas, en eso no me pierdo. No entraré en una defensa corporativa; al Parlamento no hay que defenderlo, ¡hay que sacarle la cresta! Ahora, yo no pretendo aparecer como un alarde de virtud, sin embargo, respaldo la idea de que se puede ser diferente y criticar desde adentro; hay que disputar todos los espacios, y uno de ellos son las cámaras.

—¿Pero qué podría hacer si ha reconocido que al Congreso llegan las leyes precocinadas, donde es imposible actuar?
—La esperanza no está en el Congreso tal como está constituido; hay que transformar su carácter social. Este no representa a la sociedad chilena, sino la burocracia de los partidos y a una elite santiaguina, machista y millonaria. Tiene que reorganizarse el poder popular para recomponer el tejido social destruido en la dictadura y que deliberadamente lo han mantenido así. Son procesos que requieren tiempo y se dan a través de luchas sociales concretas, como la estudiantil o las que están dando los sectores de clase media-baja por el derecho a la vivienda, que deben tener una expresión política y no quedarse sólo en las reivindicaciones. A la elite gobernante —compuesta además por empresarios—, no les conviene que las cosas cambien, por eso la defensa del estatus quo que sólo reacciona a los excesos del modelo. La Presidenta condenó la colusión y exigió mayor regulación, yo no estoy por perfeccionar el modelo que en Chile es de retail y de extracción, sino transformarlo en uno con mayor actividad empresarial del Estado.

—¿Qué otros privilegios profundos separa a los congresistas del ciudadano común?

—Los sueldos son desproporcionados, los viajes, las vacaciones en período laboral, los dobles viáticos, el estatus de sentirse por sobre la ley. Tiene que ver más con una actitud existencial; hay muchos diputados y senadores que se creen dioses y sin motivos, porque las discusiones en el Parlamento son mediocres. Estamos en uno de los peores momentos de la calidad de la discusión política, por el cortoplacismo, egocentrismo, de carreras personales donde cada quien busca su propio negocio, desde Rossi, Rincón hasta Orpis.

—¿Y con baja calidad intelectual para sueldos tan altos?

—Claro, pero uno no puede sujetar eso al sueldo o asociarlo al desempeño, porque, por ejemplo, hay parlamentarios que tienen 100 por ciento de asistencia y nunca han levantado el dedo, desde Enrique van Rysselberghe hasta el hijo de Joaquín Lavín; ¡jamás los he escuchado hablar! Están ahí por la burocracia de los partidos, endogamias familiares, pero no aportan al debate. El Parlamento está muy clientelizado, ya sea por las empresas que compran políticos y por el mismo parlamentario que muchas veces asume un rol de caridad con el ciudadano, cuando su papel es solucionar a través del Congreso las dificultades reales pero con política social y visión de largo plazo, no con canasta familiar; eso podría ser cohecho.

Para Boric los abusos que van más allá del Parlamento son factibles de terminarse mientras más indignada esté la gente. “Ya sienten que se los están cag… en los pollos, farmacias, en el cemento, papel higiénico; tengo entendido que hasta el Colegio de Oftalmólogos controla los egresados de su especialidad en las universidades. Esto solo va a cambiar con más organización ciudadana, porque no es en el Parlamento donde se generan los cambios; éste debe materializar las transformaciones que van sucediendo en la sociedad que hasta ahora está suscrita al consumo como única relación humana posible”.

—La gente también está molesta con la Justicia por el tratamientos desigual de los casos Penta, SQM y con el SII que recién se querella contra Natalia Compagnon.
—Sospecho que están presionados por el gobierno y por ciertos congresistas que pretenden evitar se destape la olla. Que no exista una querella contra Fulvio Rossi que ofreció explícitamente boletas a SQM, es inexplicable. ¿Dónde está Ponce Lerou, por ejemplo? El SII y la fiscalía deben tener el mismo criterio para los casos con indicios de corrupción. Los parlamentarios se defienden y protegen porque si cae Rossi, arrastrará a muchos ‘mojados’. Deben haber varios transpirando frío…

—¿Usted cree?
—Basta ver la reacción de la UDI con Novoa, como todos hacían lo mismo, no merece reproche. Lo mismo hizo el PS con Rossi bajo el discurso de que la ciudadanía tiene que juzgar, por tanto, puede ser candidato y ya se proclamó, ¡inaceptable!

—A usted también lo asociaron con un caso tipo Caval por la venta de unos terrenos en Magallanes que su padre habría vendido al Estado posterior al cambio de uso de suelo. Rossi lo sacó hace poco en Twitter.
—Me acusaron de incidir para que el Serviu le comprara un terreno a mi padre insinuando de que él conocía el cambio de uso de suelo para venderlo caro, además de que había apitutado a mi hermano y a otra persona en el directorio del metro. Una abogada (Paola González) puso una querella claramente dirigida a mí en Magallanes y está bien, no me victimizo. Yo mismo puse los antecedentes sobre la mesa para que la ciudadanía se haga un juicio, ya que ese terreno mi papá lo compró antes de que yo naciera y el cambio de uso de suelo ocurrió cuando iba en el colegio, para una compra que solicitó el mismo Serviu. A diferencia de Rossi, yo no guardo silencio porque no tengo nada que esconder.

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—Tuvieron hace poco una feroz pelea por Twitter, ¿por qué terminó disculpándose?
—No le pedí disculpas. Estábamos en una discusión, y como creo que Rossi fue comprado por los empresarios, en particular por SQM, en una entrevista dije que hay muchos parlamentarios dedicados al clientelismo y lo puse a él como ejemplo con su casa de acogida financiada por las mineras. Y si bien tengo la intuición, reconocí que no puedo hacer una denuncia si no tengo los antecedentes.

—¿Cree que el 74 por ciento de rechazo a la Presidenta en la última Adimark es en contra de su gestión o de la clase política?
—Es un rechazo general más que a la figura de Bachelet. Y encuesta tras encuesta se consolida la distancia entre las instituciones y sus representados. Y el gobierno se equivoca con su objetivo de subir en estas mediciones porque eso se da producto de una buena gestión, de defender ideas, de no ser errático en las reformas. Y han caído en un encuestismo desquiciado.

—Sin embargo, en los últimos estudios usted y Giorgio Jackson incluido su movimiento Revolución Democrática tienen altas cifras de aprobación, ¿qué posibilidad hay de converger en un bloque alternativo?
—Con Giorgio militamos en movimientos distintos, sin embargo, creo que sería una irresponsabilidad no trabajar juntos. En el Congreso somos socios. Espero que con Revolución Democrática y muchas otras organizaciones podamos formar políticas de alianza en función de una transformación estructural del modelo chileno. Como Izquierda Autónoma estamos discutiendo si vamos a las municipales, lo que sí está claro es que no haremos ninguna alianza con la Nueva Mayoría.

—¿Queda algo de la bancada estudiantil?
—¡No existe!, nunca existió ni hubo pretensión de eso. Estamos en organizaciones diferentes; Camila (Vallejo) y Karol (Cariola) son parte de un conglomerado que no me hace sentido, que no lo hace bien y que ellas defienden.

—Pensaba que la política podía legitimarse con la reforma educacional, ¿perdió la esperanza?

—No, pero ha habido serios retrocesos a esa posibilidad, sobre todo en carrera docente, donde se terminó empujando una reforma en contra de los principales sujetos que eran los profesores.

—Ellos exigían no ser evaluados.
—Fue lo que se instaló mediáticamente, para dejar la idea de que son mediocres. Bienvenida la evaluación, pero esta no puede ser estandarizada ni el sueldo depender de ésta. La medición debiera ser para mejorar, no para castigar. La idea de la zanahoria o el garrote es la clásica lógica de competencia que se instala en la Educación. El gobierno perdió una tremenda oportunidad de tener a los profesores como aliados y pensar en conjunto qué enseñanza queremos. Hoy en esta materia, en vez de tratar de embutir contenidos y conocimientos, hay que desarrollar capacidades, sino, seguiremos formando mano de obra barata para el consumo. Ese es el resultado final y lo conveniente para los que tienen más lucas. Por eso urge un cambio profundo en el currículum.

—En ese contexto, ¿justifica que la prioridad del gobierno haya sido la gratuidad?

—Es central en un diseño integral, donde la educación debiera ser concebida como un derecho social universal. Sin embargo, la discusión se ha llevado tan mal y centrado en lo económico que permite cuestionamientos. Tanta improvisación es porque la Nueva Mayoría se articuló en función de Bachelet sin una discusión de fondo de lo que se quería ni con un proyecto común, que se reflejó cuando ella dijo que sus hijas no debieran estudiar gratis, dando cuenta de que no estaba consciente de la discusión que se estaba dando en Chile. Cuando el liderazgo, ese manto de beata de la Presidenta, cae no hay nadie que ordene la coalición, no llegan a acuerdo, se buscan empates y se termina con cuestiones mal diseñadas como ha ocurrido con todas las reformas. La política está muy electoralizada, solo importa ganar elecciones sin saber para qué. Eso me frustra y provoca una impotencia tremenda, ¡pero se puede cambiar!