Quería ejemplificar, con razón, que los que se apresuraron en dar explicaciones públicas han terminado más trasquilados que los que se limitaron a guardar silencio y mantenerse en un bajo perfil en este 2015. Como si finalmente, como puede que ocurra, la ciudadanía y hasta la Justicia se convenzan de que las prácticas irregulares para recolectar dinero para las campañas fueron una estrategia transversal, de la que nadie o casi nadie quedó fuera. Que den un paso al frente, dicen, quienes en el Congreso no recibieron aportes fuera de la ley. Serían pocos los que se salvarían.

Todo eso es altamente probable y, los que tengan más suerte, hasta puede que pasen inadvertidos y en las próximas elecciones los votantes ni siquiera recuerden que hubo un 2015 donde todos fueron sospechosos y hasta socialmente culpables. Pero hay quienes, incluso antes del pronunciamiento del Ministerio Público y los Tribunales, pese a que han evitado enfrentar sus problemas ante la ciudadanía, parecen haber sido ya tocados por la desgracia. Nadie muere en política, pero las cartas pidiendo dinero, las contradicciones que van quedando en evidencia y las incoherencias entre lo que predican y lo que practican hacen más compleja la vida eterna. El senador socialista Fulvio Rossi es uno de ellos.

Sus vínculos con el Caso Soquimich lo han hecho esta quincena reunirse con los senadores del PS para dar explicaciones y abordar su situación judicial. El parlamentario por Arica y Tarapacá, que por estos días enfrenta un cáncer a la tiroides, en 2012 realizó gestiones ante el gerente general de la compañía, Patricio Contesse, para una treintena de candidatos en las municipales. “Estimado Patricio: de acuerdo a lo conversado, te envío la lista de candidatos y candidatas. Te reitero mis sinceros agradecimientos”, escribió Rossi, que antes de que se conocieran los emails había cometido el error de negar toda vinculación suya y de su círculo con el financiamiento de campañas de la empresa de Ponce Lerou.

Para un socialista, que milita desde los ’80, el financiamiento irregular de la empresa del ex yerno de Augusto Pinochet resulta especialmente delicado. Ni el silencio, en este caso, parece ser una técnica certera para no resultar dañado.