Cuando llegó a Chicago a cursar su Master of Arts en Economía en 1981, Milton Friedman se había retirado. Pero para Francisco Rosende, ingeniero comercial de la Universidad de Chile, seguía siendo una leyenda. Aun así, cree que “en Chile se ha sobrestimado la influencia de Friedman”, referente intelectual de aquellas generaciones de economistas chilenos neoliberales, artífices de las reformas económicas y sociales durante el régimen de Augusto Pinochet.

A propósito de la película Chicago boys, de Carola Fuentes y Rafael Valdeavellano, ahonda: “Friedman estuvo en Chile un par de días en 1975, pero no más que eso. A partir de ahí se ganó que toda la vida hubieran manifestaciones en sus seminarios. Pero se les olvida decir que a la semana siguiente de estar en Chile se fue a China a darles consejos de cómo reformar las políticas económicas y nunca nadie le dijo nada. Aquí hay un tema de quién vocifera más. Friedman, después de eso, no se involucró en política económica chilena. Obviamente le interesaba lo que estaba pasando, pero era fundamentalmente un técnico”, señala mientras toma una bebida en la cafetería del club Manquehue.

—A Friedman lo catalogan de haber sido un extremista neoliberal, con fe ciega en el mercado. ¿Usted dice que los Chicago no son ideológicos?

—El 84, en la CPC, dirigentes oficialistas hablaban despectivamente de estos jóvenes tecnócratas que querían imponer un modelo de pizarrón. Es divertido que ahora se nos acuse de ideológicos. Si hubiéramos sido ideológicos, no habríamos pagado mucho de los costos que pagamos. En Chile se hicieron las reformas que había que hacer, que eran las mejores para el país, y no se entró en cálculos políticos. Es una crítica extremadamente injusta. ¿Usted cree que Hernán Büchi cuando bajó las pensiones el año 85 hizo un cálculo político?

—Tampoco importaba demasiado la opinión de la gente, era un régimen autoritario.

—Pero resulta que a Hernán Büchi le costó la elección presidencial. Büchi y Sergio de Castro son fundamentalmente técnicos. Este país estaba absolutamente complicado con la deuda externa, de más de un 100 por ciento del producto, y Hernán recortó el gasto fiscal, bajó los aranceles, y el país al año estaba creciendo al siete por ciento. Eran medidas bastante impopulares.

—Chile fue un laboratorio del neoliberalismo mundial.

—Pero, ¿cómo va a ser un laboratorio? Se dicen tantas cosas y ese es un ideologismo. Lo otro que se dice, que lo vi en la película, es que hubo una conspiración, un programa de las ideas. ¿Cuántos programas de las ideas ha habido en América Latina? Ha habido montones.

—Pero el neoliberalismo se implementó acá como en ninguna otra parte del mundo.

—Esto fue un proceso que se dio en el tiempo. Esa es la historia y el resto es eslogan, publicidad. Efectivamente se aplicó más fuerte que en algunas partes, pero también menos que en otras. O sea, en algunos aspectos Margaret Thatcher fue más dura. Claro, Chile antecedió a Thatcher y en ese sentido hay un mérito en esta gente joven y audaz que hizo las cosas. Las reformas chilenas antecedieron también a las de Ronald Reagan.

Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UC desde 1995 hasta 2013, donde hoy se desempeña como docente, sus columnas en El Mercurio generan debate en el mundo empresarial y académico, donde sus críticos lo catalogan de ortodoxo. En una de sus últimas publicaciones, por ejemplo, señaló que las reformas del gobierno de Michelle Bachelet van en el camino de la desigualdad.

—¿No cree que las propuestas del Ejecutivo van en la línea de superar las inequidades?

—A nivel de algunos titulares podemos estar de acuerdo, pero no en el contenido. Hay un problema de desigualdad relevante, soy consciente y estoy de acuerdo que el principal vehículo para resolverlo es la educación. En ese sentido era importante hacer cosas. Pero como han dicho algunos ministros de la Concertación, no es conveniente partir de la base que todo lo que se había hecho era malo. Los resultados que estaba teniendo Chile en educación eran mejores. No tan rápidos, pero mejores.

—¿Cómo evalúa la gestión económica de Bachelet?

—Mala. El gobierno ha impulsado reformas dañinas para la economía y en el diseño y discusión de ellas se ha abandonado lo que fue un referente básico de los últimos 40 años, que es el rigor técnico en el diseño de políticas públicas.

Rosende no es de la primera generación de Chicago —la de Rolf Lüders, Ernesto Fontaine y De Castro—, pero es un investigador prolífico sobre el pensamiento de Friedman y el legado de sus discípulos en Chile. De regreso al país se integró al Departamento de Estudios del Banco Central, donde llegó a ser gerente. En 2014 editó Milton Friedman. La vigencia de sus contribuciones.

—Usted no solo es Chicago, sino que uno de sus principales defensores.

—Siempre digo que no necesitamos defensa, porque los Chicago somos demasiado buenos —dice riendo—. La buena economía se defiende sola con la evidencia de sus resultados.

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—Entre sus amigos de Chicago, ¿qué se comenta de la película?

—Algunos tenían perspectivas tan malas que dicen: “Bueno, no salió algo tan terrible”. Porque hoy día estamos en una ola socialista donde todo lo que parezca aplicar la economía de mercado, creer en la empresa privada, suena terrible. No tiene ninguna lógica y es una vergüenza este discurso flagelante de olvidarse de los buenos resultados que obtuvo la Concertación y de las reformas que impulsaron los Chicago. A mí me parece que es una película incompleta.

—¿Incompleta?

—Adolece de dos omisiones muy relevantes para efectos de contar la historia: los antecedentes y la conclusión. No describe cuál era el estado del país y de la economía cuando se inicia la denominada revolución de los Chicago. Queda la sensación de que vivíamos en el jardín del Edén y de pronto irrumpe este grupo de tecnócratas que impone a la fuerza un montón de ideas estrambóticas. Se omite que estábamos en una crisis económica profunda, con un déficit fiscal del 25% del producto, con una inflación que bordeaba según distintos indicadores entre 500 y 1000 por ciento, con un sistema de precios y productivos destruido. Lo segundo es que si bien es cierto es muy difícil pedirle a una película que haga un balance económico, dado que este filme se enfoca en evaluar una gestión, hubiera sido bastante interesante que contara cuáles fueron los resultados de estas reformas económicas tan profundas.

—¿Le parecen buenos los resultados?

—Si uno mira los datos, es verdaderamente impresionante el progreso que ha tenido Chile en los últimos 40 años. Es cierto que queda mucho por hacer, pero es bastante injusto contar la historia haciendo el paralelo entre las imágenes de edificios modernos y un grupo marginal en una protesta.

—¿Cuál es la historia verdadera?

—Para responderlo, los economistas generalmente nos preguntamos ¿qué pasó con la pobreza? Y gracias al proceso de reformas económicas de los Chicago, la pobreza cayó en Chile, mientras que en países que siguieron modelos alternativos, como Argentina, Venezuela, Brasil, aumentó.

—Pero en 1990 la pobreza estaba en un 40%.

—Ese 40% fue la fotografía tomada con una metodología en particular de un punto en 1989, pero si uno va comparando con el mapa de la extrema pobreza y otros indicadores, la tendencia fue declinando. Y lo interesante es que siguió bajando después, porque la Concertación mantuvo el modelo. Ahora, ¿qué hizo que no declinara tan rápido? Bueno, dos crisis muy grandes. Una fue la del año ’75 y la otra la de ’82. Pero en definitiva fue cayendo. Si uno compara la realidad de Chile del ’73 con la del año ’89, la pobreza era más baja.

—¿Usted dice que la pobreza fue una prioridad para los Chicago?

—Fue una prioridad del grupo Chicago y el modelo ha sido tremendamente efectivo en reducirla. Es cuestión de poner las curvas de Chile y Argentina una frente a la otra, por ejemplo.

—La película sugiere que el golpe de Estado se produjo una vez que el programa económico, “el ladrillo”, estaba listo.

—Viene el Golpe Militar en septiembre de 1973 y, en ese momento, lo que se implementa es un conjunto de medidas de urgencia para enfrentar los problemas del desabastecimiento, se devuelven algunas empresas a sus propietarios, pero no hay propiamente un programa económico. En 1974, el aumento del precio del cobre da tiempo para que se haga una discusión de la forma en que se iba a manejar la economía. Había dos almas en tensión. Un grupo de personas que quería mantener la línea de política económica de las últimas décadas en Chile y que era un gobierno fuerte y un Estado muy presente. Y otro que quería aplicar reformas económicas en la línea de lo que se conoce como las políticas de Chicago. Esta discusión se acabó violentamente a mitad de 1975.

—Al caer los términos de intercambio.

—Ese fue el momento en que a Pinochet no le quedó más que optar por el único programa coherente que se le ofrecía, que fue el de los Chicago. Hay una famosa reunión en Cerro Castillo donde él, atribulado —porque era un militar, no entendía de economía—, se encuentra con dos posturas económicas. Unos le dicen A y otros le dicen B. Y finalmente opta por el plan B, el de los Chicago. Si no hubiera existido esa crisis de 1975, a lo mejor no se habría implementado la revolución económica.

—¿No había otra alternativa que implementar el modelo neoliberal?

—En ese minuto Chile no estaba para aspirinas, sino para medicinas muy fuertes.

—Antes de todo eso, en 1973, ¿usted cree que los Chicago no sabían del Golpe de Estado?

—Ellos dicen que no sabían y yo les creo. El programa económico se elaboró para Alessandri’70.

—¿Cuál es el legado de los Chicago?

—Estabilización y reformas, como la apertura de la economía. Chile fue un país cerrado toda la vida y era bien incomprensible. Con el paso del tiempo se comprobó que era bueno, tanto que los gobiernos de la Concertación, siguieron abriendo la economía, en una política muy saludable. Lo segundo fueron las normas de orden y disciplina fiscal, que se han mantenido hasta hoy.

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—¿Y qué hicieron mal?

—Hay gente que ha criticado muy duro la fijación del tipo de cambio de 1979. Creo que si Sergio de Castro y el equipo hubieran sabido que venía una depreciación mundial del dólar, no lo habrían hecho. En el ámbito de la liberalización financiera, con el paso del tiempo, Chile, Estados Unidos, Inglaterra, todos hemos aprendido que hay maneras eficientes de regular los bancos.

—Hay ciudadanos molestos con el modelo.

—Tengo la duda de cuánto pesan esos grupos. Recuerdo que se planteó esta discusión hace unos años y efectivamente la lectura era que la gente estaba molesta con el modelo económico. Y resulta que ganó Piñera en 2010. No soy analista político, pero tengo la percepción, a la luz de mirar las encuestas, que la gente no quiere cambiar el modelo. A los chilenos les ha ido bien: ahora viajan, compran bienes durables, autos…

—Pero el 1% más rico de la población concentra el 33% de los ingresos, según un informe del Banco Mundial. ¿Le parece bien?

—No, no me parece bien, creo que hay que abordarlo. Y la mejor manera es mejorando la calidad de la educación en la base. Hay un Premio Nobel de Chicago que dice que el gran esfuerzo de política social tiene que plantearse con los preescolares. Y si hubo que subir impuestos que sea para eso y no para subsidiar a los que ya entraron a la universidad.

—Desde 2011 da la impresión de que los ciudadanos se han cansado de los abusos.

—Yo suscribo el hecho de que en ámbitos como la educación, como decía antes, había aspectos que mejorar, aunque no en la línea de lo que se está haciendo. Y podría tener la audacia de señalar que incluso se requería más mercado, mayor transparencia, que la gente que entraba a la Universidad del Mar pudiera haber sabido en detalle cuál era el grado que tenían sus profesores, por ejemplo. Eso es más mercado. Pero frente a las tareas pendientes hay dos caminos: decir que fracasó el modelo y que necesitamos más Estado —lo que en todas partes termina haciendo crisis—, o buscamos una solución más inteligente, que ajuste incentivos, que dé subsidios a los más pobres, a los más necesitados. Decir que lo que está privatizado hay que estatizarlo, no creo que sea la respuesta adecuada. Ya tuvimos esa experiencia y fue muy mala.

Más información en: http://economia.uc.cl/profesor/francisco-rosende/