De impecable camisa blanca, pantalones azules con bastilla, el jefe de la billetera pública aún no se saca la corbata negra. “Voy a llevarla por 60 días para honrar a mi mamá, tal como lo hice con mi papá. Estaba en Madrid cuando murió. Me enteré al aterrizar: abrí el celular y me encontré con la noticia… Fue un golpe durísimo porque uno nunca está preparado para perder a su madre. Pero vivió hasta los 97 años y agradezco a Dios haberla tenido tanto tiempo”. Felipe Larraín Bascuñán se detiene en esta pena personal que seguramente ensombrecerá su balance en estos cuatro años.

Economista, académico, investigador y consultor, el ministro de Hacienda de Sebastián Piñera está por cerrar un período que no le ha dado tregua aunque sí muy buenas cifras. Inauguró su gestión con la tarea de evaluar el impacto del 27-F en la economía, recién a un mes del terremoto, y luego se concentró en financiar la reconstrucción. Hoy culmina su rol en este ministerio clave con el país liderando en la región. En su último informe, la OCDE anunció que será la nación que más crecerá este año, seguido sólo por Israel. Sin embargo, la opción de continuidad al gobierno fue derrotada ampliamente en las urnas, con críticas desde la oposición que, en pleno año electoral, se dejaron caer como bombas. Larraín no teme contestar y defiende su gestión con firmeza. “Uno tiene que hablar con la verdad y no contar cuentos”, advierte.

“Si algo concluí en estos cuatro años es que otra cosa es con guitarra. Fui profesor, asesor de ministros y presidentes fuera de Chile, pero no es lo mismo cuando es uno el que tiene que tomar las decisiones y poner la cara. Mi otra lección (dice en el recuento final) es que los logros económicos no siempre se traducen en votos en proporción a lo logrado. Claramente aquí la suma no siempre da”, concluye.

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El ministro no esconde sus decepciones. Como nunca un gobierno se anotó una serie de cifras azules. Enumera: “Crecimiento económico de 5,5 por ciento durante estos cuatro años cuando muchos dijeron que no lo alcanzaríamos; 860 mil empleos en tres años y medio; alza de salarios de 3 por ciento real; el desempleo más bajo en tres décadas y casi 200 mil cesantes menos. Hemos cumplido con creces, a pesar de lo que dicen algunas pocas opiniones interesadas que, mezquinamente, nos han negado cualquier mérito. Han dicho que es casualidad, que no tiene que ver con nuestro trabajo sino con una conjunción de factores externos… ¡Eso podría durar un año, pero no cuatro! La OCDE, el FMI y las cuatro principales clasificadoras de riesgo han alabado nuestra política económica, especialmente la fiscal. Por supuesto que no es sólo obra de este gobierno; valoramos lo que hizo la Concertación, pero nosotros mejoramos sustancialmente la capacidad de crecimiento y creación de empleo, y le imprimimos a esta economía la posibilidad de retomar el dinamismo perdido por más de diez años. Con el gobierno del Presidente Piñera Chile queda a las puertas del desarrollo. Este es el país que estamos dejando, y esa es la vara para medir al gobierno que venga, más allá de las opiniones y las críticas”.

—¿Cómo explica que las cifras no hayan traído una mejor apreciación en las encuestas?
—Hay muchos elementos, aunque confieso que hubiese esperado mayores niveles de apoyo, ¡sin duda! Pero la política es más compleja…

—¿Lo frustra no haber logrado pasar la posta a un nuevo gobierno de centro-derecha?
—¡Claro que me habría gustado que el próximo presidente fuera de nuestra coalición! Pero la vida continúa. A Michelle Bachelet le tocó entregarle la banda a Sebastián Piñera. Es parte de la democracia. Además, tuvimos una serie de problemas en la nominación de nuestro candidato, donde se sucedieron tres abanderados. Son factores que sin duda influyeron.

—¿Pesó también la imagen de Michelle Bachelet, tan potente sobre la opinión pública?
—Por supuesto. Ella tiene algo muy especial y un arraigo popular con el que no cuenta nadie dentro de su coalición;  ni en la Concertación ni en el PC se acercan a ese nivel de respaldo.

—Por lo mismo, ¿fue una buena estrategia atacar a la candidata y decir que su programa está afectando a la economía?
—Hay que hablar con la verdad y las verdades a veces incomodan. Decir que el Transantiago fue una pésima política pública, que el manejo del 27-F estuvo mal, y que mucha gente se habría salvado si se hubiera dado la alerta oportuna son hechos de la causa. Pero puede que todo eso los chilenos lo hayan olvidado o les pesen más otras cosas.

—Usted fue el primero en abrir el fuego al decir que el programa de Bachelet estaba desacelerando las inversiones.
—Lo planteé hace seis meses, aunque no aludí a candidatos o nombres sino a propuestas. Le voy a dar el siguiente conjunto de políticas: aumento en la tasa de impuestos de primera categoría en cinco puntos; eliminación del DL600, del FUT y de los principales regímenes de incentivo a la reinversión de las pymes; el fin de la renta presunta y el aumento del impuesto de timbres y estampillas, que es un impuesto al crédito. ¿Alguien puede sostener que eso estimula la inversión? La inversión reacciona según expectativas; es evidente que el programa tiene un efecto aun antes de que se implemente, especialmente si fue la candidata mejor posicionada en las encuestas.

Y agrega:
“Por supuesto que existen otros elementos que también gravitan sobre la inversión, pero el impacto de estas propuestas ha sido significativo, y las cifras lo muestran clarito”.

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—Según Bachelet la economía empezó a desacelerarse mucho antes de que ella pusiera un pie en el aeropuerto.
—El 2012 la inversión creció a 2 dígitos. Y se ha ido desacelerando durante el año; al tercer trimestre creció poco más de 3 por ciento. Todos tienen derecho a tener sus propias opiniones pero no sus propias cifras.

—Desde el entorno de la Presidenta aseguran que se está tratando de desviar la atención sobre el déficit estructural con que entregará las arcas este gobierno.
—Al contrario, recuperamos las finanzas públicas, y no fue nada de fácil. Ellos recibieron un supéravit estructural de 1 punto del producto y entregaron un déficit de 3. Así, deterioraron la posición fiscal en cuatro puntos, cerca de US$ 12.000 millones. Nosotros recibimos -3 y la entregaremos en -1, mejoramos en dos puntos, y eso que debimos hacernos cargo del terremoto. Hemos logrado que el país crezca, implementando además una cantidad de beneficios importantes, como la eliminación del 7 por ciento de la cotización de salud para los pensionados, el ingreso ético familiar, el bono bodas de oro, el posnatal… Y ahora estamos devolviendo una economía creciendo, con una moderada desaceleración. Recuerde que el 2009 hubo recesión. ¡Me habría encantado recibir una economía como la que estamos entregando!

“Me preocupa la Asamblea Constituyente —dice el ministro entrando en el campo político—, que se salten los caminos institucionales. Los que pretenden romper con todo están cometiendo un profundo error. Esto que hemos construido es muy valioso y tiene a Chile a las puertas del desarrollo. Si como producto de estas políticas nos alejamos de este camino, los más perjudicados serán los chilenos más modestos. Eso es lo que me preocupa”.

—¿Cómo se explica entonces que el empresariado apoye a Bachelet? Jorge Awad, presidente de la Abif, se declaró ‘bacheletista’.
—Algunos lo han sido siempre. Hay empresarios en uno y otro lugar.

—La Presidenta electa también logró reunir mayor respaldo económico en su campaña.
—Varios apoyaron a los dos lados.

—Pero no se ven tan inquietos con las reformas anunciadas por Bachelet.
—Una cosa es el discurso público y otra el privado. Muchos empresarios grandes, medianos y pequeños me han expresado una gran preocupación respecto de los cambios que vienen, con este mega-paquete tributario.

—¿Hay más nerviosismo del que parece?
—Por supuesto. Pero pocos lo expresan públicamente.

—También ha habido molestia con Sebastián Piñera. Ellos esperaban un gobierno pro empresarial, pero se encontraron con un marcado sello social.
—Nunca nos planteamos así. No sé qué expectativas podrían tener. Cuando veo empresarios que están en el comercio, la construcción, ¿de dónde creen que vienen esas ventas? ¡Del dinamismo económico, pues! Obviamente que tenemos una agenda pro consumidor y pro trabajadores. Si algunos creyeron que íbamos a hacer todo pensando en un grupo específico, están muy equivocados.

—Usted también ha pasado por momentos duros, como la salida del SII de Julio Pereira, a raíz de un millonario acuerdo alcanzado con Johnson, el mayor de la historia.
—Este no es un jardín de rosas. Aquí se trabaja duro, tocan temas difíciles y por supuesto que ese episodio no fue grato.

—Tampoco fue informado de esta negociación. El Presidente estaba furioso.
—Efectivamente, no fui informado. Pero nunca he tenido dudas de la honestidad de Julio Pereira y de que actuó de buena fe. Ahora hay momentos, otro tipo de circunstancias y él decidió renunciar. Pero eso ya es historia…

—Y mirando lo que viene, ¿cuáles son sus planes para el 2014?
—Lo más probable es que vuelva a la universidad. Me encanta esa libertad, poder pensar sin tantas urgencias. Y si bien reconozco que este mundo en el que he vivido en los últimos cuatro años es muy interesante, nado como pez en el agua en el área académica. Ahí aprendí que cuando uno presenta buenos argumentos gana el debate; pero en el mundo político se puede ganar el argumento y perder el voto. Las lógicas son distintas.

—También vivió la muerte de su madre… ¿ha tenido tiempo de hacer el duelo?
—Aquí no hay tiempo para el duelo. Sólo podré hacerlo cuando termine esta pega…