Su nombre suena con fuerza entre los presidenciables de la centroderecha. Incluso el propio Sebastián Piñera reconoció en una de sus últimas entrevistas que Felipe Kast estaba en carrera y que era un adversario competitivo. El diputado por Santiago Centro y fundador de Evópoli no le hace el “quite al bulto” y admite estar dispuesto a levantar una candidatura para competir en las primarias de su sector, siempre y cuando su nombre salga electo entre los 21 mil militantes que conforman su movimiento —próximo a convertirse en partido político —, lo que echa por tierra que Evópoli se trataría de una mera plataforma presidencial del ex mandatario.

Pero más que una eventual llegada personal a La Moneda, hoy lo que más le preocupa a Kast es crear una centroderecha moderna, unida, a pesar de sus diferencias; que tenga un proyecto de futuro, no sólo con fines electorales “como ocurrió con la Coalición por el Cambio” —dice—, que, a su juicio, les pasó la cuenta en el 2010 cuando, con Piñera en el poder, no fueron capaces de trabajar el proyecto colectivo.

Esta vez está confiado que con Chile Vamos (conformado por RN, UDI, PRI y Evópoli) la cosa será distinta. “Por primera vez que —desde que volvimos a la democracia— la centroderecha construye una coalición donde la diversidad es un valor y donde hay un trabajo fuerte en materia de ideas que distingue cual es el rol de cada partido que la conforma”, asegura, aun cuando hace unas semanas mostraron en público sus fuertes diferencias en torno a Pablo Longueira. Mientras Kast señalaba que no había que cerrarse a la posibilidad de que el gremialismo congelara la militancia del ex senador –por sus correos con el entonces gerente general de SQM, Patricio Contesse, donde le habría entregado información de la Reforma Tributaria y del Royalty minero—, varios de esa colectividad se le fueron en ‘picada’, partiendo por el diputado Felipe Ward, quien le advirtió “que tenga cuidado con sus declaraciones si quiere que este bloque opositor siga incluyendo a partidos chicos y movimientos en formación”.

—Bastante frágil la unidad de Chile Vamos que a la primera diferencia terminan hasta con “amenazas” públicas.

—Lo de Pablo Longueira es algo menor comparado con los temas de fondo que hemos discutido este año. Existen, por ejemplo, diferencias profundas con el PRI sobre el rol del Estado, y con algunos extremistas del sector en temas valóricos. Aun así, hemos logrado construir una coalición, lo que a la derecha le cuesta bastante, ya que le encanta la cosa homogénea, ordenada, controlada.

—¿Han sido las grandes trabas para modernizar el sector?

—Sí, aún hay mucho mesianismo y soberbia. Hay una tendencia a creerse los mejores, a que ‘yo me las sé todas’, somos los ‘economistas’. Existe también un tema de lenguaje, de empatía con el dolor ajeno, con los problemas sociales; tenemos el problema de creernos el mateo del curso que ningunea al resto. Y lo más fuerte, es la sospecha de la defensa del statu quo y no de los cambios, además de la desconfianza a la diversidad, al que vive distinto.

Por eso, asegura, escuchar en los concejos a Hernán Larraín y Cristián Monckeberg diciendo ‘viva la diversidad’ ha sido muy bueno. “Esa es la centroderecha que yo quiero, entendiendo que lo central de la sociedad es la libertad y respetando que no hay solo una forma de vivirla. Y así como necesitamos una centroderecha moderna, también es fundamental una centroizquierda moderna. Lo más triste es que cuando entras a una sede como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, por ejemplo, tienen a Salvador Allende como ícono”.

—Y tener como socios a una UDI en crisis, ¿aporta a la coalición?

—Al principio nos decían ¿qué hacen ustedes con la UDI?, ¿por qué no se van? Estamos convencidos de que la política no es un juguete. No queremos repetir lo de Marco Enríquez o Andrés Velasco, que construyen proyectos personalistas, no colectivos, sino centrados en ellos. Nuestro sueño no es sólo que a Evópoli le vaya bien, sino que los jóvenes vean en la centroderecha un proyecto atractivo y vuelvan a creer en la política.

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—Difícil tarea cuando ven que el gremialismo lejos de reconocer su nexo con financiamientos irregulares, hace una defensa irrestricta como ocurrió con Jovino Novoa y Longueira.

—Fui muy crítico cuando partió el Caso Penta, y vi que a los pocos días Ernesto Silva pidió perdón y renunció. Dos meses después le pasó lo mismo al presidente de la DC, Jorge Pizarro; a Fulvio Rossi, a Marco, a la Presidenta Bachelet con Giorgio Martelli, y no veo que ninguno renuncie ni pida perdón que era lo básico.

—¿Por qué le ha costado tanto a la clase política transparentar el tema del financiamiento irregular?

—Lo que cuesta es transparentar hacia atrás, pero por lo menos han aprobado las leyes y en eso les hago un reconocimiento. La Presidenta estuvo bien en nombrar la Comisión Engel, aunque le veo dos pifias a la ley; una, que a los partidos grandes les dejaron todo su patrimonio adentro, que tendrá como resultado una competencia desleal. Y eso lo agravaron dándoles mayor financiamiento público a los con más parlamentarios —como la UDI que recibirá mil millones todos los años y Evópoli 90—, lo que hará cuesta arriba competir.

—¿Se esperaba la “prestada de ropa” de José Miguel Insulza a Longueira?

—Es algo positivo. No tenía ninguna necesidad de poner las manos al fuego por una persona que él encuentra leal, valiosa y le cree. Lo que no comparto de Insulza, es no entender que el estándar de hoy es otro. Al igual que él, le creo a Pablo que no se enriqueció ni hubo lucro personal, pero lo que no dijo, es que esa relación con el empresario —aunque hubiese sido de buena fe—, no corresponde, que tiene que ver con un ciclo político anterior. Les cuesta cambiar el switch, por default piensan que la ciudadanía debe confiar en la política, entonces “no me molesten”; eso es lo que cambió, ya no creen y necesitan transparencia.

—A todo esto, ¿lo de Felipe Ward fue una advertencia o de frentón matonaje?

—No creo que sea matonaje, más bien un error grave que lo deja muy mal parado a él y a su partido.

—¿Se da mucho el matonaje político por parte de los seniors, como acusan Gabriel Boric y Giorgio Jackson?

—Recuerdo que para las parlamentarias del 2013, la UDI no nos abrió cupos para competir en primarias, a diferencia de RN. En esa época había una “parada” de que nosotros somos los grandes. Todavía se dan esas conversaciones de pasillo en muchas partes, ese ninguneo incomprensible que es señal de infantilismo porque es no tomarse en serio el trabajo de otros. Ahora tenemos una relación más horizontal con los partidos y competiremos en todos los espacios: municipales, parlamentarias y presidenciales. No tenemos ansiedades, nuestro proyecto es a 20 años plazo.

—Con las diferencias tan profundas que demuestra su sector, ¿cree que tienen posibilidades de convertirse en una opción real de gobierno?

—Hay muchas posibilidades, porque ya hicimos un gobierno exitoso, aunque no fuimos una coalición política con éxito. Por eso es importante condenar los egos de algunos que creen que la política es un juego personal. En nuestro sector hay mucho caudillo, varios que se dedican a construir su popularidad disparándole al del lado, como Manuel José Ossandón. He sido crítico de su estrategia, nos ha hecho demasiado daño, por eso le va mejor con la izquierda. Nuestra invitación como Evópoli es que desde nuestra identidad propia: socialcristianos, conservadores y liberales, respetando nuestras diferencias, construyamos un programa de gobierno, un sueño país, un relato. Si no lo hacemos juntos, no funcionará. Y si no se valora la diversidad y se vuelve discriminatorio, daremos un paso al costado.

—Pero hasta ahora se han quedado sólo en la declaración de principios, no han ofrecido ese relato.

—Es cierto, en eso estamos al debe, por lo que ahora nos toca hacer una propuesta país. No podemos quedarnos en que lo hicimos bien, en la eficiencia, que nos elijan porque este gobierno es malo, sino porque tenemos el sueño de un país justo, con una determinada reforma política, económica y social. Eso estamos construyendo y marcará la diferencia. La gran propuesta programática se dará el 2017. Apelaremos a la ciudadanía empoderada, con pensamiento crítico, capaz de darse cuenta de que todo lo que le prometió la izquierda eran mentiras, que le metieron el dedo en la boca.

Kast cree que para reencantar una ciudadanía desafectada con la clase política, influirá que personas nuevas, no contaminadas por la opinión pública se sumen a desafíos electorales importantes. “Tener a Luciano Cruz-Coke, a Pancho Irarrázaval (fundador de Un Techo para Chile) ayudará mucho. Son independientes, con vocación social, mirada más constructiva y que quieren cambios. Por eso creo que a Evolución Política le irá muy bien en las próximas municipales; seremos una esperanza, una alternativa de oxígeno y proyección para los de centroderecha desilusionados, que creen en la libertad de verdad y que el motor de la sociedad son los emprendedores y las personas”.

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—Al contrario de usted, Camilo Escalona cree que el regreso de los viejos políticos terminará con la desconfianza y desafección.

—Es no entender lo que está pasando en Chile. Pensar que es una crisis transitoria es un error; hace rato cambiaron las expectativas de los chilenos hacia quienes quieren sean sus representantes. Por eso bajó la aprobación de manera transversal. Se tiende a pensar que esta desafección es por el financiamiento de las campañas; a mi juicio, tiene que ver más con las promesas incumplidas. La gente ya se cansó de que le vendan humo, que le prometan cosas que no ocurrirán. Y el programa de la Nueva Mayoría es eso, no cuadra. Hoy tenemos el déficit y deuda fiscal más alta desde hace muchos años. La promesa de gratuidad la hicieron sin calcular, y las otras reformas golpearon fuerte la economía. La NM jugó al adolescente, y ese infantilismo sí le da la razón a Escalona, en cuanto a que esa coalición murió en su credibilidad, por tanto, lo que tiene hoy la izquierda para ofrecer es a Ricardo Lagos. Es lo creíble, lo que ya conocen. Como la promesa de la Nueva Mayoría fue una mentira, su último recurso para recuperar la credibilidad rápido es él.

—Lo mismo le puede pasar a ustedes con Sebastián Piñera.

—Sí, de alguna manera representan lo mismo. Por eso debemos tratar que eso sea el “desde” y no agotarse en él, que nuestra propuesta esté por sobre eso. Por tanto, es muy importante cuidar a Sebastián Piñera, es un activo del sector. Con su gobierno construimos el primer piso de la casa, ahora el desafío es mostrar el segundo piso. En su mandato, cometimos el pecado de mucha eficiencia y poca política, en el sentido más profundo y positivo de la palabra, en cuanto a decir “estoy aquí por este sueño”. El relato se centró en lo técnico que funciona para momentos de crisis como hoy, pero no para un proyecto de 20 años. Los chilenos no pretenden que cambies el país de la noche a la mañana, pero si quiere conocer tus sensibilidades, hacia dónde vas, qué es lo que te duele. Y una de las reformas que deberíamos plantear en la próxima presidencial es una transformación a las ciudades, porque la desigualdad más fuerte que existe aquí, está en los barrios.

Otra prioridad para el ex ministro de Planificación será devolverle el Estado a los ciudadanos. “Mi gran diferencia con la izquierda, con Alberto Mayol, con Boric y con el relato histórico de Salvador Allende que dicen que fracasó el modelo económico, es que yo digo que lo que fracasó fue la mediocridad del Estado. Hoy, éste tiene cuatro veces más recursos que en los ’90 gracias al modelo, sin embargo, ha sido incapaz de entregar salud y educación de calidad. Toda la parte de la equidad de nuestro modelo de desarrollo, que dependía del músculo de la eficiencia estatal, no funcionó. A la gente con recursos eso no le importa ni le afecta, y los políticos lo han llenado de operadores, en lugar de incentivar la meritocracia, transformándolo en un botín de campaña. El paro ilegal del SII es el reflejo de un Estado capturado. El desafío para nosotros será, entonces, volver a creer en este organismo —muchas veces ninguneado y menospreciado— para devolvérselo a los chilenos”.

—Dicen que las municipales son la radiografía de las presidenciales, ¿cómo cree que les irá?

—Muy bien, nuestro sector está pidiendo a gritos un recambio. Y la apuesta de haber formado un partido político en todo Chile, nos da la posibilidad con Evópoli de dar una sorpresa importante. Nuestro gran enemigo será el independiente que se queda en su casa, que es menos aplicado que el militante duro de extrema derecha.

—¿Y en las presidenciales no cerrarán filas con Sebastián Pîñera?

—Evópoli tendrá su candidato propio y su nombre lo decidirá el partido. Yo estoy dispuesto, como espero lo estén todos los militantes. Es sano, porque las primarias presidenciales es un tremendo espacio para mostrar ideas.

—Si Piñera resuelve ser candidato, ¿deberá antes aclarar el tema de las boletas que involucran a sus empresas con SQM?

—Es un principio que se aplica para todos. El ha dado algunas declaraciones… Más allá que a veces las medidas cautelares que se han tomado en algunos casos no son iguales en otros, me pone contento que la Fiscalía y la Justicia estén funcionando. Cada cosa a su tiempo, pero claramente todos los que están involucrados desde Pablo Longueira hasta Piñera deben responder y aclarar.