Con look renovado, sin anteojos, se diría que más ‘chasconeado’, Felipe Kast no pierde las energías y mucho menos las esperanzas de transformarse en la carta más competitiva de la centroderecha frente a Sebastián Piñera. Aunque su empeño más bien recuerde al de David contra Goliat, considerando que en la última medición Adimark (marzo) el parlamentario de Evópoli marcó 1% de las preferencias versus el 27% de Piñera, incluso por debajo de Manuel José Ossandón que subió del 2 al 4% y a quien él tilda de un estilo más agresivo y confrontacional…

Pero Kast no se amilana, convencido de que puede ser la revelación ante las futuras primarias del sector. Siempre y cuando Chile Vamos convoque de una vez por todas a debates y no siga dilatando su realización —acusa— como una forma de favorecer a Piñera frente a las primarias de mayo.

“Para elegir debemos debatir. Llegó el momento de ponerle fecha. Sin intercambio de ideas las primarias serán de cartón”, añade. Y lo hace convencido de ser el único candidato de su conglomerado en contar con un programa de gobierno y un total de 130 reformas, sumado a un comando y una estructura territorial a lo largo de todo el país, amén de ser el único partido de su sector en reunir las firmas para su inscripción ante el Servicio Electoral, exigidas en la nueva ley de refichaje.

“La propuesta de Piñera huele a desalojo, —dice luego de que el ex presidente fuera proclamado con un acto en la Quinta Normal—. No me sorprendió, al contrario, está muy en línea de lo que esperábamos; ratificó al Sebastián Piñera que conocemos. No hubo muchas sorpresas”.

—Figuras como el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, reaccionaron diciendo que era el candidato de la derecha dura, de los que estuvieron con Pinochet.

—En ese sentido no creo que él tenga muchos flancos: votó que No, cerró el Penal Cordillera. Aunque los partidos que lo apoyan tienen nostalgia de ese pasado… Lo que sí he visto es un discurso, de alguna manera muy parecido al desalojo, lejos de lo que Chile necesita para el ciclo político que está viviendo, mucho más ideológico. Y aquí necesitamos un proyecto distinto, más denso, con más contenido, que se haga cargo del pasado y de los errores que hemos cometido, no solamente el gobierno de Sebastián Piñera, sino que en el período de transición.

Según Felipe Kast la transición ya terminó. “Estamos abriendo un nuevo período político que es bien interesante”, observa.

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—Sin embargo, sectores de izquierda reclaman que la transición estuvo mal hecha y que aún está inconclusa…

—Hay una generación, que es la de Lagos y de Piñera, cuyo objetivo era lograr que funcionaran dos dimensiones: la democrática, que lograron con éxito, y la económica. Todo esto se desarrolló en los gobiernos de la Concertación y culminó con Sebastián Piñera. De hecho, hay una frase célebre de Lagos, cuando le preguntan que qué opina de su gobierno y él dice: “En mi gobierno había que crecer y punto”. Porque, obviamente, el crecimiento económico trajo muchas externalidades políticas. Sin embargo, si bien por eso ahora lo critican figuras como Fernando Atria o algunos de los líderes del Frente Amplio, para mí una de las pocas cosas que funcionaron bien en los últimos 30 años fue precisamente el modelo económico. No así el político…

—¿Ese es para usted el verdadero culpable?

—Exactamente. El Estado fue capturado por las cúpulas políticas como un motín de campaña, como un lugar de cuoteos, y el motor social, que es complementario al económico, se atrofió. Además que a la elite no le interesaba un Estado de calidad, les daba lo mismo que el colegio público o el consultorio fueran malos. Se acostumbraron a la mediocridad. El gran fracaso es que no se hizo justicia, y el niño que nació en La Pintana siguió siendo despreciado por no estudiar en un recinto donde pudiera potenciar todo su talento.

—¿No es eso lo que buscó Michelle Bachelet con la reforma educacional?

—Pero hizo justamente lo contrario; en vez de potenciar los colegios públicos con calidad y focalizarse en los primeros ocho años de vida de los niños, que es donde se genera la desigualdad, partieron con dos errores: terminaron con los colegios emblemáticos, como el Instituto Nacional y financiaron la gratuidad en la educación superior, que es como construir el quinto piso de la casa sin haber hecho el primero. La segregación en Chile no va a cambiar por esta reforma educacional. El gran fracaso de la Nueva Mayoría (NM) está en su relato.

“Mi apuesta va por una transformación en la centro-derecha. Estamos convencidos de que ésta tiene que cambiar. Aspiramos a ser un referente capaz de decir las cosas por su nombre: mirar la dictadura como dictadura; que así como se le exige al Estado que respete la libertad de enseñanza de los padres, también haga lo mismo con la libertad sexual de las personas”.

—Sin embargo, usted es contrario al aborto…

—Por supuesto.

—El aborto también es una forma de libertad para la mujer de decidir si quiere o no quiere ser madre, independiente de cuáles sean las causales.

—Discrepo. Porque si yo estoy convencido, como lo estoy, de que ahí está en juego la vida de otro ser humano, chocan dos libertades: la del hijo que está en el vientre, y la de la madre. Me duele en el alma tener que obligar a una mujer a vulnerar su libertad, pero hay que proteger la vida de esa otra persona.

—Usted también es partidario del matrimonio igualitario con adopción.

—Tan simple y básico como que cada uno tiene el derecho de escoger la forma en que quiera vivir su vida. Y la centro-derecha no puede sólo tolerar la diversidad, sino que valorarla como un triunfo de sus ideas. De hecho, no hay régimen más opresor de los homosexuales que el comunista, como me tocó vivir en Cuba (Kast estudió economía marxista y sociología en la Universidad de La Habana, donde conoció a su mujer) donde se creía que era el Estado el lugar donde se moldeaba al ciudadano. Esa es la lógica de la izquierda más dura. Los liberales, en cambio, creemos que la sociedad se perfecciona desde las personas hacia arriba, siempre y cuando no le hagan daño a un tercero, como ocurre con el aborto, de ahí la salvedad.

Con todas estas ideas y propuestas, Felipe Kast alberga un temor: “Mi gran miedo es que Piñera gane en función de una protesta en contra de la NM, más que por las ideas que tenga para ofrecerle al país. Los que destapan champañas y piensan que el objetivo de la centro-derecha debe ser volver a La Moneda, se equivocan; si lo hacen sin un proyecto contundente, cultural, un sueño de país, su gobierno no será más que otro paréntesis”.

De ahí que según este candidato los debates de Chile Vamos sean cruciales de cara a las primarias de mayo próximo. “Y me duele en el alma; de hecho defendí a la coalición en momentos en que Ossandón decía que estaban todos coludidos con Piñera para no ir a primarias. Ahora me doy cuenta de que tal vez él tenía un punto… Parece que hay algunos que no quieren una sana competencia”.

—De hecho fue el propio Piñera quien dijo en dos entrevistas publicadas tras su proclamación que las primarias eran algo irrelevante, que lo que de verdad importaba era la primera vuelta…

—Me parece una falta de respeto. Habla de una soberbia que no corresponde, un ninguneo al debate de ideas que le hace mucho daño a nuestro sector. Está bueno de personalismos; necesitamos ideas, un proyecto político. Piñera se equivocó.

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—En una de esas entrevistas tampoco quiso explicar por qué recurrió a la utilización de ‘empresas zombies’ para reducir la carga tributaria de sus empresas.

—Ese es un estilo de hacer negocios típico de la transición, donde pareciera que el motor económico generaba condiciones para maximizar las utilidades siempre y cuando se tratara de algo legal. Por eso digo que ojalá anuncie dentro de los próximos días una muralla china entre sus negocios y la política. No sólo por él sino por el sector. De lo contrario, podemos transformar esta primaria y hasta las elecciones en una lucha en el barro en vez de un lugar para construir un proyecto político. Y yo quiero que lleguemos a La Moneda no por descarte porque la Nueva Mayoría lo hizo mal. ¡Me opongo a que nos convirtamos en el mal menor!

—¿Esa es su pelea, lo que explica su batalla de David contra Goliat frente a Piñera?

—Sí, y la gente empatiza con nosotros porque sienten que estamos construyendo algo donde estamos dispuestos a perder, a arriesgar, y donde las razones que nos motivan a competir son mucho más profundas que, simplemente, la ambición de poder. Eso es lo que moviliza, y ¿sabes qué? creo que podamos dar una sorpresa. Obviamente en recursos financieros no vamos a hacer una campaña que pueda competir con la de Piñera, pero en el plano de las ideas y, eventualmente, en los votos, le ganamos. Perfectamente.

Añade:

—Se ha dado un fenómeno que a algunos no les gusta pero que a mí sí, y que es el voto voluntario; eso explica por qué ganó Sharp cuando todas las encuestas lo daban tercero o por qué mis amigos de la Nueva Mayoría me mandaban encuestas de Santiago Centro donde Carolina Tohá le ganaba por diez puntos a Felipe Alessandri, cuando hoy todo indica que sus votantes se quedaron en su casa. Las encuestas ahora son incapaces de predecir quién va a ir a votar porque ir a las urnas requiere de un compromiso muy grande; hay que apasionarse por un proyecto político. Y nosotros estamos convencidos de que somos capaces de convocar a muchas más personas que Piñera. Esa es la piedra en nuestra honda.