¡¿Qué pretende Evo Morales?! es la pregunta más recurrente entre personeros del gobierno y los propios chilenos tras las últimas provocaciones del presidente boliviano y su gente hacia nuestro país, y que en el último tiempo parecen ir acrecentándose.

En menos de una semana, Carabineros detuvo en el sector de Panavinto (región de Tarapacá) a militares bolivianos controlando vehículos de carga; luego, vino la polémica con el titular de Defensa del país vecino Reymi Ferreira, a quien Cancillería le negó una visa diplomática para visitar a sus compatriotas detenidos, añadiendo éste que Heraldo Muñoz “le vaya a pedir disculpas a su abuela”, para concluir con la denuncia ante la ONU por parte de un grupo de periodistas paceños por la ‘animadversión’ y abusos de Chile en contra de la prensa, por las restricciones que les impusieron cuando intentaron cubrir la detención de los funcionarios bolivianos.

Episodios reiterados que han sido acompañados con una serie de descalificaciones por parte de Morales y Ferreira —que compararon al gobierno de Bachelet con la dictadura de Augusto Pinochet—, que elevaron la tensión entre ambos países y que se suscitaron justo en los días en que Bolivia entregaba a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) la réplica a la contrademanda de Chile sobre su petición de diálogo para discutir un acceso soberano al mar.

El hostigamiento hacia nuestro país ha sido tan evidente que hasta uno de los principales juristas del equipo boliviano e ideólogo de la demanda contra Chile, el abogado español Antonio Remiro Brotons pidió a las autoridades del país vecino bajar el tono y no alimentar un sentimiento de animadversión, cosa que por lo visto Evo Morales no pretende hacer, ya que es más que sabido que el mandatario utiliza los incidentes con Chile para ganar apoyo interno y externo, considerando además que intentará reelegirse en las presidenciales del 2019, ignorando el referendo del año pasado en que los bolivianos rechazaron su re-postulación.

Todo indica entonces que de ser así, tendremos por mucho rato a Evo en pie de guerra contra Chile; una frase esperamos no sea literal.