En sus últimas intervenciones públicas, Evelyn Matthei se ha ido con todo en contra del gobierno de Michelle Bachelet, al que califica de “un desastre”. Y no sólo se ha quedado en las “nefastas consecuencias económicas” que —dice—, han generado sus reformas estructurales, asegurando que nuestro país recién podría recuperarse en 15 años. La ex senadora UDI ha ido más allá y se ha centrado en la figura de la Presidenta. Hace poco la acusó de no pagar los impuestos que corresponden legalmente por su casa en Caburgua. Y piensa querellarse en su contra por, supuestamente, encubrir atentados terroristas en La Araucanía, como parte de una campaña que emprendió hace unas semanas para terminar con el terrorismo e impunidad que asegura existe en esa región. “No quiero que Chile deje de ser el país que conocemos a la altura de Concepción; desde ahí para el sur será tierra de nadie. ¡Hay que hacer algo ahora ya!”, advierte.

Para algunos, lo suyo es pura valentía; para otros, una nueva ‘salida de madre’ de la ex ministra de Piñera. Y están quienes creen que la conducta de Matthei responde a cierta odiosidad hacia la mandataria, recibiendo de vuelta todo tipo de descalificaciones y ‘memes’. Lo más reciente en Twitter fue: ‘Un siquiatra para Matthei’. 

“Actuar por odiosidad te hace mal; jamás me he movido así. Que creo que lo está haciendo pésimo, sí, ¡lo está haciendo pésimo! Y lo digo abiertamente”.

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Tras perder las presidenciales el 2013, intentó retirarse de la política y dedicarse a dar clases de matemáticas en un colegio de Pedro Aguirre Cerda, sin embargo, cuenta que la preocupación que le generó la situación actual de Chile —“que está cayéndose a pedazos”, asegura— la hizo volver con todo, al punto que piensa presentarse a alcaldesa por alguna comuna que mantiene en reserva (todo indica que sería Providencia), para mantener un activo protagonismo. Lo más grave a su juicio es la pérdida de confianza en el futuro económico, político y en la capacidad de ponerse de acuerdo. “Se habla mal de los consensos, como si la política de los acuerdos hubiese sido un desastre, cuando es la manera en que se construyen los países. En las naciones nórdicas, por ejemplo, se explicitó la búsqueda de la equidad sobre la base de trabajo, educación de calidad, oportunidades, y no de regalos. Y luego llegaron a un acuerdo de cómo podría lograrse, mirando los cambios que se podían implementar; justo lo que no se está haciendo acá, donde arrasaron con todo a través de políticas mal hechas y mal ejecutadas. En un año y medio Michelle Bachelet ha logrado sembrar la desconfianza en el futuro de Chile. Muchos ya no piensan que podamos ser desarrollados; esa creencia de que éramos un país serio, se derrumbó”.

—¿Cómo podría revertirse ese escenario?

—Las confianzas nunca son irrecuperables, pero tardan mucho… Diez, quince años nos demoraremos en recobrar todo lo que se ha perdido con este gobierno.

—¿Por qué esta vez Bachelet se habría mostrado menos partidaria de los consensos a diferencia de su primer gobierno?

—Está la tesis de que en el primer período los que gobernaron fueron Edmundo Pérez Yoma y Andrés Velasco. Y que ahora es ella la que manda; esta es la verdadera Bachelet que nunca vimos. Puede que haya algo de eso, pero tal como lo he dicho, siento que ella volvió distinta de Naciones Unidas. Lo noté en su cara, en su expresión. Antes era una persona alegre, optimista, que hablaba de diálogo. Hoy transmite amargura, dureza; quedó frustrada, no contenta con su primer mandato, y regresó para tomarse su revancha. Llegó con la idea de gobernar ella.

—¿De ejecutar lo que no pudo?

—Sí, pero mucho más ideologizada, o siempre lo fue y no nos dimos cuenta. En eso ha influido mucho Pedro Güell; un hombre siempre detrás de un escritorio haciendo análisis, que nunca ha participado en una elección, ni ha ido a poblaciones, ni se ha sentado a escuchar a la clase media. Y empiezas a ver que los políticos que la acompañan —que tienen que ganarse los votos—, están comenzando a desesperarse y a reaccionar porque ven que este gobierno se está yendo por un camino que va en contra de lo que la gente quiere. Para algunos es ambigüedad, yo desde octubre estoy convencida de que ella o no entiende nada o tiene muy claro hacia dónde quiere llevar el país, sin importarle los costos, llegando al extremo de nombrar a los ministros Burgos y Valdés para después decirles por la prensa que el realismo era sin renuncia y había que seguir en lo mismo. ¿Para qué los llamó entonces?

—Quizás está intentando complacer las dos almas que existen en la Nueva Mayoría.

—Al manejarse con ambigüedad logrará que al final nadie le crea ni le tenga afecto. Aunque pague costos, debe definir un rumbo, aunque de alguna manera ya lo delineó. Hay muchos que quieren creer que por alguna razón nombró a Valdés y Burgos, y no entienden que lo hizo porque era lo que tenía disponible, y los utilizará para seguir con su programa. Bachelet creía que con el cambio de caras iba a calmar a los empresarios y mejorar la economía, y ésta no funciona así. De hecho, las últimas declaraciones de Valdés lo colocan más cerca de Alberto Arenas de lo que muchos quisieran, matando las pocas esperanzas que había. 

—Hay quienes sostienen que Burgos tendría agenda propia para frenar el poder de la mandataria.

—Es obvio que él es lo más distante a lo que era Peñailillo, y él y Bachelet eran lo mismo. Tener agenda paralela significa que Burgos estaría activamente haciendo algo para minar el poder de la Presidenta; no me atrevería a afirmarlo. Al final él no jugará ningún rol. Esta dupla no hará nada, los echarán o los van a by passear.

Según Matthei, con el tiempo terminará imponiéndose el sector más duro de la Nueva Mayoría. “Y como se acercan las elecciones, los candidatos comenzarán a desesperarse y a alejarse de Bachelet, pero exigirán un aumento grande del gasto fiscal más allá del que Valdés esté dispuesto, para ‘salvarse el pellejo’. Entonces vendrá un choque fuerte por las exigencias de los parlamentarios que ya se ven incómodos, porque saben que aunque cambien las políticas, la economía no retomará el próximo año, ni el subsiguiente, por tanto, vendrá el populismo, con gasto irresponsable en bonos y contrataciones, que aumentará la desconfianza en nuestro país. El Congreso no aceptará un aumento pequeño del presupuesto, y ahí el ministro de Hacienda agachará una vez más el moño o renunciará”.

—Vislumbra el peor de los escenarios.

—Podríamos llegar a parecernos a Argentina, Brasil; para allá vamos. Ni Valdés, Burgos, Insulza ni Lagos podrán parar a Bachelet. La veo totalmente obcecada, en una negación absoluta de la realidad, afirmando que la gente la quiere porque se saca selfies con ella. Ya no me compro la explicación de que no se da cuenta de los efectos de sus medidas, solo una persona demasiado incapaz, desconectada o con problemas de salud podría no percatarse.

—También hay responsabilidad de los partidos que la acompañan.

—Veo a una Democracia Cristiana, Partido Radical y miembros de la ex Concertación cada vez más incómodos, sin embargo, tienen muchos puestos de gobierno con sueldos millonarios y no quieren perderlos a pesar del daño, porque son los seremis, intendentes que después los ayudan en las elecciones. Varios de esos partidos más que preocupados del país, son verdaderas agencias de empleos.

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—¿Qué señal mandó Ricardo Lagos asistiendo a La Moneda en ausencia de la Presidenta?

—Le mostró los colmillos a Bachelet. El fue parte de una transición que soñaba con un país desarrollado; siempre habló de la necesidad del inglés, de la tecnología e infraestructura, de un Chile más europeo que parecido a Brasil, Argentina y Venezuela. Hizo ver su preocupación porque el Chile que aspiraba se está yendo a pique. Mostró su impotencia y molestia de que se destruya todo tan rápido.

—¿Fue una estrategia su visita?

—Sin duda, porque antes hablaron Eduardo Frei e Insulza. Esos tres respaldaron a Burgos, una visión concertacionista, de Aylwin, y no de Nueva Mayoría. Hay una disputa ahí, ahora ¿tendrán el coraje de retirarse del gobierno?, me cuesta creerlo. 

—A pesar de su preocupación por Chile, ¿no hubo deslealtad con la Presidenta?

—Sí, fue una deslealtad de Lagos ir a La Moneda a dar lecciones de cómo no se gobierna, pero es imposible que Bachelet puede pedir lealtad si nombró y cambió su gabinete a espaldas de todos. Cuando tratas con ese desprecio a los partidos de tu coalición, ¿estás en condiciones de exigir fidelidad? Ella no genera lealtades, los que eran sus cercanos ya no están. Nunca me calzó la imagen de esta mujer simpática, carismática, alegre, mamá con esa actitud que ha tenido de dejar a todos botados en el camino y maltratarlos. Tipo más leal que Escalona no había visto, sin embargo, no lo quiere, al punto de que La Moneda intervino en las elecciones internas del PS en favor de Isabel Allende. 

—¿La están dejando sola?

—A medida que su popularidad siga bajando, la dejarán sola. No sé con quién cuenta ella, ni tampoco si está dispuesta a escuchar. Lejos lo mejor sería que ella reaccionara frente a este desafío de expresidentes y ministros, dejara de imponer su voluntad e hiciera un gobierno decente. ¿Es capaz?

—¿Qué cree usted?

—No le veo ningún ánimo de rectificar el camino. La única forma de un cambio de rumbo es que Bachelet se vaya o pierda poder y pase a ser irrelevante dentro de su gobierno. Siempre he pensado que en un momento la van a arrinconar de tal forma, que ella continuará siendo la presidenta, pero otros mandarán, como ocurrió en su primer gobierno. Y la intervención de Lagos, Frei e Insulza podría ser una señal de un posible ‘golpe blanco’, en que el presidente pasa a ser más jefe de estado que jefe de Gobierno; una especie de Reina Isabel. Y ella aunque no esté de acuerdo, tendrá que aceptarlo. Con dos años y medio por delante y parte de su coalición en contra, cualquier persona sensata deberá llegar a acuerdos. Mientras Bachelet siga ejerciendo el poder, las cosas irán de mal en peor.

—¿Justifica la nueva unidad de Derechos Humanos que creó La Moneda para que militares aporten información sobre detenidos desaparecidos?

—Tengo la impresión de que ninguno de los que hoy están en las FF.AA. participaron o eran recién egresados. Entonces si alguien va a buscar datos entre ellos, lo veo difícil.

—¿No cree en pactos de silencio?

—No sé, y si los hay obviamente no están hoy dentro de los uniformados del Ejército y de las otras ramas; son demasiado jóvenes. Sí creo que hoy a cualquier militar o ex militar lo condenan porque alguien dice que cree haberlo visto, en cambio, en los conflictos de La Araucanía, una persona violada y que reconoce a su victimario, ¡no lo condenan!, por falta de evidencias. Por algo ya van siete uniformados suicidados; sienten que la justicia es venganza.

Evelyn tomó como bandera de lucha los conflictos de La Araucanía, y está de cabeza buscando antecedentes para enjuiciar a los responsables de actos violentos y también prepara una querella en contra de la mandataria por encubrir atentados terroristas. “El 2008, como Presidenta, Bachelet recibió información del gobierno colombiano sobre los vínculos entre las Farc y el PC. Siempre he pensado que con el terrorismo, corrupción y drogas no se juega, y es imposible negar que hay fuerzas que usan el terror para crear en el sur zonas de exclusión, en que Chile deja de ser Chile, donde no hay estado de derecho, no entra la policía ni opera la justicia. Cuando salió el tema de los mail que demostraba el vínculo de las Farc con el PC, investigué cómo se financian las organizaciones terroristas; reparé en los actuales asaltos a bancos y camiones de valores y sus vínculos con el FPMR. Estamos en un polvorín, ¡y nadie en Chile se da cuenta!”. 

—¿Por qué no le dan mayor relevancia?

—Están todos los fiscales y jueces de la zona amenazados. Con esos niveles de violencia y terrorismo, ¿alguien cree razonable que vivan con sus familias en el mismo lugar de los delincuentes? Y lo que no se supo, es que cuando hace unos meses la Presidenta tenía que ir a Valdivia, la noche anterior violentistas redujeron al personal de la Fach y se tomaron el helicóptero presidencial como una muestra de su fuerza operativa y de sembrar terror. Sin embargo, ella se niega a aplicar la ley antiterrorista. Se ha sembrado un clima de miedo y permitido la impunidad total porque no se han tomado medidas para proteger a fiscales y carabineros. Imagínate que estos últimos repelen ¡con balines de goma!

—¿No fomenta aún más la violencia exigiendo que ocupen armamento de guerra? 

—¿Y qué usan los terroristas? Si alguien pretende conquistar terrenos chilenos para transformarlos en zonas de exclusión con M16, ¿cómo los vas a enfrentar? ¿Ya se les olvidó Ingrid Betancourt secuestrada seis años? ¡¿Eso queremos para Chile?!

—¿Es viable una querella en contra de la Presidenta?

—Por supuesto. El jefe de Estado está a cargo de la seguridad interna y externa. Si ella hubiera aplicado en su momento la Ley de Seguridad Interior del Estado se pudo haber investigado los computadores del PC, interrogado a los que negociaban con las Farc. Esto es igual que el caso de SQM y el SII, si el gobierno no se querella, la fiscalía no puede investigar. Y cuando llegó Sebastián Piñera, ya ninguno de esos computadores existía. Bachelet no hizo nada porque necesitaba el voto de los comunistas, y los sigue necesitando.

—¿Por qué toma esta bandera de lucha?

—¿Y quién más lo va a hacer? Yo feliz no lo haría, pero nómbrame a alguien que quiera.

—¿No hay nadie más en su sector que salga al frente?

—Chile es un país de cobardes; hay poco coraje. Si alguien me dijera: ‘Evelyncita tranquila, yo me hago cargo’, feliz me voy a mi casa, pero nadie de mi lado ni del otro le pone el pecho a las balas. 

—¿No la aburre verse tan expuesta? Hace poco le buscaban un siquiatra por Twitter.

—Los costos existen y son graves, pero cuando ves a soldados que juran dar su vida por Chile si fuese necesario, ¿me voy a fijar en los míos? El Partido Comunista es el que me ataca, es su forma de amedrentar y de actuar, pero estoy dispuesta. Sigo creyendo que entre todos podemos lograr un diálogo para construir el país que queremos y soñamos. Tenemos problemas graves en educación, delincuencia, salud, capacitación, economía, cómo no empezar ahora a conversar, más allá de si el gobierno sea de derecha o Concertación, ese no debiera ser tema.

—¿Entonces da lo mismo de qué lado salga el próximo presidente?

—No, pero al final las diferencias debieran ser de matices y no tan dramáticas como las de este gobierno. Como dijo Ricardo Lagos: “debemos tener una mirada más larga”.

—¿Lanzó él ya su candidatura?

—Sí, más bien tiró un globo sonda para ver si era viable. Ni él ni Piñera pueden lanzarse aún.

—¿Serán los próximos dos candidatos?

—Obviamente son posibles candidatos, pero por ser expresidentes pedirán otras reglas del juego. Ninguno irá a una aventura con pocas probabilidades de éxito. Y en mi sector debemos apoyar al mejor posicionado. Esto no se trata de gustitos personales, que ya hartos costos nos trajeron.