La tarde del martes 16 de julio (feriado) Evelyn Matthei (59) sacó a pasear a su perro, jardineó un rato y se sentó en la terraza a leer. Le tomó el gustito estar por un rato abajo de la pelota, y pensó: “Qué vida más grata, es lo que quiero una vez que me vaya del gabinete”. Nunca imaginó que al día siguiente, un llamado de emergencia de  Andrés Chadwick y de Jovino Novoa alertándola sobre la bajada de su presidenciable Pablo Longueira por depresión, cambiaría a tal punto sus planes, que a los cuatro días estaría fuera del Ministerio del Trabajo, proclamada nada menos que por la UDI —donde se sentía bicho raro por su postura liberal— y al mes recorriendo Chile como la candidata única de la Alianza.

Evelyn aceptó la propuesta en el acto, sin consultarlo ni siquiera con su marido, el economista y ex asesor del Banco Central Jorge Desormeaux —que por esos días se encontraba en Nueva York—, ni con ninguno de sus tres hijos. “Tengo sentido de las oportunidades, sé cuándo es el momento. Además, soy hija de militar; siempre dispuestos a dar la vida… Con esa enseñanza no podía negarme cuando me necesitaron”. Eso sí, la tildada “mujer de hierro” rayó de inmediato la cancha a la UDI. “Les dije nada de sacarme del ministerio para dejarme tejiendo en la casa mientras conversan con RN. Si me nominan, ¡partimos galopando con todo!”.

Su padre, el ex comandante en jefe de la Fach Fernando Matthei se mostró de lo más entusiasmado con que su hija llegara a La Moneda —“siempre la imaginé como candidata presidencial”, dijo a El Mercurio—, no así Jorge Desormeaux que ante la sospecha de una posible nominación de su mujer, la llamó desde Estados Unidos para aconsejarle: “Mándelos a todos a la cresta”. “No le resultaba grato ver a su señora de candidata; ‘es trabajo, responsabilidad, además de los ataques que recibirás’, me dijo. La familia empieza a estar bajo focos, y como habrás visto, la mía nunca aparece”.
Pero Evelyn lejos de obedecer a su marido y de mandar a los gremialistas a buena parte, arremetió con todo, al punto que terminó con las intenciones de Andrés Allamand de ser el candidato de consenso de la Alianza, y con éste pidiéndoles a los consejeros de RN que apoyaran la candidatura de Matthei, a pesar de su larga historia de desencuentros, que alcanzó su punto más álgido cuando Evelyn lo vinculó en 1995 como parte del Caso Drogas.

Se ve radiante, nada le despinta la sonrisa. Muchos creen que el nuevo tono de Evelyn más dulce y conciliador obedece a una  estrategia de campaña para “limpiar” un carácter confrontacional que la ha llevado a golpear la mesa para denunciar malas prácticas laborales, enfrentarse con empresarios como Francisco Javier Errázuriz por el tráfico de 55 trabajadores paraguayos o con los diputados Marta Isasi y Osvaldo Andrade, quien la acusó de sacarle la madre en pleno Congreso, mientras se discutía  el estatuto orgánico de mutualidades. Otros apuntan a que la felicidad que le brota por los poros se debe a que sería su revancha luego que el ’92 debió bajar su precandidatura después que explotara el Kiotazo en que estuvo involucrada en un caso de espionaje político. Ni lo uno ni lo otro, asegura ella. “Quizá sea una revancha de la vida, no mía. En esos años quería mucho ser presidenta. Ahora estoy distinta, más madura. He visto las grandezas y las miserias del poder, así que me lo tomo con respeto”.

Wp-Evelyn-193Aunque efectivamente está más moderada —“antes mandaba a todos a la mierda, hoy a la punta del cerro nomás, ¡tengo que ser una dama!”, (dice bromeando)— reconoce que experimentó un cambio. “En mi vida íntima soy alegre, buena para tontear, pero la política chata, el voto interesado —como ocurrió con la Ley del Deporte—, me tenían desanimada. Poco antes de que la UDI me proclamara, mi gran amiga socióloga Ana María Yévenes me escribió un mail diciéndome: ‘Evelyn, la mujer moderna trabaja porque quiere, porque le fascina lo que hace y goza con ello, ¡refléjalo! No sientas ni transmitas que tu nominación es un peso, porque si es así, mejor no lo asumas’”.

—¿Le cambió el switch?

—Me hizo un click enorme, me corrió el velo… Ahí pensé que servir a Chile no es un peso, sino una responsabilidad y oportunidad maravillosa; de verdad creo que podemos ganar. Desde ese minuto me cambió la vida, ando con una alegría, gratitud y paz interna que se refleja…

—Hasta su padre dijo que recién ahora vino a descubrir su sonrisa, que le conocía sólo su lado peleador.
—Saqué su carácter. Me cuentan que cuando tenía un año y medio lo eché por primera vez de mi pieza, “fuella”, le grité. Mira, por las buenas puedo caminar hasta Arica, por la mala no me mueven ni un centímetro. Un profesor de piano que me decía ‘levanta el dedo’, y yo no lo hacía, hasta que otro me explicó que si lo subía, la mano quedaba más balanceada y la escala musical sonaba mejor, entendí y ¡listo!… Mi amiga tenía razón, ya estaba bueno de andar con la cara larga por la vida.

—¿Había algo que la amargaba?

—Sí. Cuando a fines del gobierno de Eduardo Frei y a principios del de Ricardo Lagos descubrí que Chile estaba cayendo en la corrupción, me afectó. Lo vi en Empremar, Indap, Mop Gate, EFE, donde muchas de las platas fiscales se gastaron en asuntos  políticos. Era tanta la información de corrupción que me llegaba, que no era capaz de procesarlas. Sentí impotencia, rabia, andaba ¡amarga, amarga!; la corrupción es como la droga, cuando se instala, te liquida el país. Dos años mostré los datos al Senado, a la prensa, ¡y no pasaba nada! Hasta que el ministro Carlos Aránguiz empezó a investigar y estalló lo del Mop Gate, ahí salí del tema y recién mi carácter cambió para mejor.

—Pocos percibieron ese cambio cuando fue ministra.
—A ver. Amargura es una cosa, y carácter es otra. Cuando partíamos con la Dirección del Trabajo a fiscalizar y me encontraba con baños deplorables o con trabajadores ilegales en pésimas condiciones, no lo acepto, me enfurece, ¡indigna! Mírame cómo me afecta (dice colorada)…

“Me hierve la sangre el maltrato, el abuso de poder, la prepotencia. Que alguien tire su 4×4 o trate mal a otro porque tiene menos dinero, colegio, cultura… Reacciono con furia, y es lo que conocen de mí. Como esa vez que la Concertación para lograr no sé qué, echó abajo el presupuesto de la Dirección del Trabajo, ¡era un quique! No iba a permitir que me botaran los recursos que tenía para fiscalizar que se cumplieran con los derechos de los trabajadores, ¡eso no!”.

—¿Qué ha ganado con ese carácter?
—Dormir como guagua, sin remordimientos.

—¿Ha perdido algo?

—No sé, no me imagino distinta. Cuando me involucro, lo tomo con pasión. Si estudio piano ensayo hasta que suene perfecto; si me confecciono un pantalón, hago hasta siete moldes hasta que caiga bien. Y esto de ser fuerte, atreverse, no permitir que te pisoteen debí exacerbarlo, porque como mujer te tratan distinto. Salí con promedio 6.9, entré con uno de los mejores puntajes a comercial en la UC, fui la mejor egresada, pero se demoraron siete años en darse cuenta que sabía economía. Como senadora me invitaban a hablar de aborto, de divorcio hasta que dije ¡no más! Fue entonces que me llamaron a un programa de TV con Carlos Ominami que había sido ministro de Economía. Ahí pensé ¡lo logré! Quería abrir puertas…

—¿Se vio obligada a desarrollar su lado masculino?

—Sí, lo tengo. Soy femenina en lo emotiva, todo me hace llorar, me pongo en el lugar del otro; sin embargo, en la toma de decisiones, soy práctica: veo las alternativas, costos, beneficios, peligros, ¡y me tiro!

—¿Le costó encontrar pololos con ese carácter?

—No, si en lo privado soy un encanto, ¡en serio! Hasta los 17 no me interesaba. Fui de relaciones largas y serias. Mi primer pololo lo conocí en Inglaterra, y debí dejarlo por venirme a Chile a estudiar, cuando decidí que no quería ser profesora de piano. Fue terrible, lo quería; lloré hasta Buenos Aires… Después conocí a Jorge en la universidad; parece que causaba escozor que yo fuera su alumna.

Justo en ese momento, cerca de las 21 horas, entra Jorge Desormeaux. De impecable terno y aspecto algo cansado, saluda a su mujer con un beso en la mejilla. “Estábamos justo hablando de usted. ¿Cómo le fue mi perrito?, siéntese”, le dice Evelyn a su marido. “No, conversen tranquilas”, se excusa él. De oponerse inicialmente a su candidatura, este hombre de aspecto serio y pelo cano tomó las riendas de la campaña y conformó el equipo programático de su mujer. “Jorge siempre ha tenido un rol. Cuando hay temas que nos complican a cada uno, lo consultamos entre nosotros. Sabía que al principio refunfuñaría, pero nunca dudé de su ayuda. Aceptó mi candidatura cuando comenzó a recibir cientos de mails de apoyo, donde me pedían que tomara el desafío, ya que era la única alternativa. Lo conversamos, llegamos a un acuerdo y me dijo: ‘Bueno perrita’”.

—Da la impresión de que no le debe acomodar el papel de príncipe consorte.

—No, Jorge no se meterá ni aparecerá en nada. Nadie tendrá idea sobre nuestra vida familiar, y lo prefiero así. No lo veo acompañándome a diez mil cosas. Como ministra fue conmigo a un evento, y nunca más.

—Como siempre se vio sola, se rumoreó que estaban separados.

—Nunca supe de donde salió el rumor. Somos caseros: salimos a caminar al cerro, en la playa jugamos golf juntos, vemos películas o vamos al cine. A Jorge le cargan las fotos y entrevistas, ni te cuento la cantidad de peticiones que tiene, pero no dará; lo conozco. Yo tampoco lo forzaré ni le diré: ‘Perrito, me tiene que acompañar’. Lo respeto; ya me acostumbré.

Wp-Evelyn-193-2—Parece que él se impone en casa.

—¡No, ninguno se atrevería a mandar al otro! Jorge se ve suavecito, pero tiene un carácter… El primer año de casados fue una pelea constante, de discutir todos los días. Al final, fue bueno. Conoces al otro, ves qué le molesta y aprendes a reaccionar. Ninguno acumuló rabia, resentimiento ni se sintió maltratado. Fue una pelea a cara descubierta que nos ha significado 33 años juntos. Es un tipo notable. En un país donde la mujer sigue al hombre, me ha dado espacio para hacer lo que creo que debo realizar.

—¿Y es cierto lo que contó su papá de que sería su marido el bueno para los garabatos?
—Sí, ¡tal cual! En mi casa jamás se dijo una mala palabra. Jorge se ve caballero, ¡es un caballero!, pero como buen chileno, se manda sus garabatos, y bueno, nos casamos, ¡y a uno se le pega!

(…)

—Ahora que se cumplen 40 años del Golpe Militar y usted en campaña, se le abre un flanco sobre el papel de su padre en el gobierno militar y sobre qué hizo usted por los derechos humanos.
—Cuando era estudiante y mi papá aún era comandante en jefe hablé muy claro: dije que el tema de los DD.HH. era un desastre, fui muy crítica, lo que demuestra que fue siempre mi preocupación. Una vez electa diputada, volví a referirme al asunto, lo que me valió que varios que votaron por mí, casi me escupieran en la calle. En ese tema no tengo complejos…

—Sin embargo votó por el Sí.
—En esos años la Concertación de hoy decía que lo realizado por el gobierno militar en lo económico estaba mal hecho, y yo estaba convencida de que era lo que nos traería crecimiento, empleo, desarrollo y eliminación de la pobreza. El Sí también me generaba distancia, prefería otro candidato como Hernán Cubillos. Frente a la disyuntiva voté a favor, aunque nunca dudé de que ganaría el No. Sin embargo, prefería una diferencia estrecha para que no se sintieran con el poder y arrasaran. Creí que había que jugársela por la estabilidad; temía volver a una economía cerrada, con altos aranceles y desempleo.

—De haber sabido que la Concertación mantendría el modelo, ¿habría votado No?

—No me imagino en ese caso. Con la información que tenía actué de esa manera.
Se le ha puesto el cuero duro, las críticas le resbalan. Por eso no se le movió un pelo con la carta anónima que circuló por internet con su “prontuario delictual”, escrita por un supuesto consejero de RN que intentaba boicotear su candidatura aduciendo su participación en el Caso Drogas y Piñeragate. “Dudo que haya sido un consejero; fue alguien con intereses detrás”.

—¿Lo del Kiotazo fue un simple condoro como lo dio a entender en una entrevista?

—No, no. Me sentí súper agredida, reaccioné muy mal y callé por proteger a una persona que no debí, pero no entraré en el tema, no tiene sentido. Después de ese episodio nadie duda de que digo siempre la verdad aunque duela y me perjudique.

—¿Por qué logró recomponer la relación con la Patrulla juvenil, menos con Andrés Allamand?
—Recompuse con todos sin excepción. Con el Presidente Piñera y Alberto Espina se mantienen hasta hoy, pero con Andrés Allamand se volvieron a romper por una discusión puntual por el Transantiago (a fines del gobierno de Bachelet). Sentí que abordábamos de manera distinta los problemas y preferí retirarme.

—¿Se volvieron irremontables sus diferencias?

—Nada lo es, pero requiere de dos voluntades. Yo tengo la disposición…

—Se ve a Allamand aún con algo de rabia, y apuntó en su contra al decir lo poco que avanzó en materia laboral.
—Le faltó información. No tengo rabia con nadie, cada uno deberá hacerse cargo de sus sentimientos. Con algunos tendré más cercanía y amistad, pero puedo trabajar con todos. Si él quiere seguir rabiando, que lo haga solo.

—A diferencia del Kiotazo, nunca ha hecho un mea culpa en el Caso Drogas donde él se vio involucrado.
—No tengo ninguno que hacer. Hubo errores, temas mal tratados. Lo curioso es que encarcelaron meses a un simple cristiano (Francisco Javier Cuadra) por decir que había información de que en el Congreso se consumía droga, sin dar nombres, ¡nada! Algunos sobrerreaccionaron… Aún no entiendo por qué era tan descabellada esa acusación, si el consumo tampoco es delito. La idea era investigar, que finalmente se hizo, y no tirarse como leones a meterlo preso.

—¿No se arrepiente de haberse involucrado en un tema tan oscuro y “prestarle” ropa a Cuadra?
—No. Como te decía, cuando abusan de alguien no lo dejo pasar. Defendí públicamente a Harald Beyer, a René Cortázar cuando mi sector lo quiso acusar constitucionalmente por el Transantiago, siendo que dejó sus asesorías por hacerse cargo de ese desastre. Lo mismo con Gonzalo Rivas (yerno de Ricardo Lagos), a quien apuntaron por el robo de 200 millones de dólares en la Corfo.

Bachelet ya no está disparada, asegura Matthei. “Su vocero Alvaro Elizalde hace rato que no habla de que ganarán en primera vuelta, y José Miguel Insulza ya dijo que será una elección estrecha, y muy competitiva. ¿Por qué crees que ella no me nombra? Está claro que no quiere que nos equiparen, demostrar que somos dos mujeres en carrera. Y está tratando de evitar los debates, por algo optará sólo por Anatel, donde irán los nueve candidatos, y el tiempito para contestar será muy cortito”.

—Ella ya dijo que no temía debatir.

—Bachelet fue presidenta, yo estuve en comisión de Hacienda 21 años, donde pasan temas de minería, trabajo, pesca, previsión social, y en los que me manejo en profundidad; no sé si los otros pueden decir lo mismo. Quiero todos los debates posibles. La gente debe saber qué esperar de cada uno, y éstos sirven para ver qué promesas no se pueden cumplir.

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—¿Es usted más competitiva que Longueira frente a Bachelet?
—Es posible que esté llegando a un grupo que para él era más difícil y que son las mujeres…

(…)

—Sin embargo, los temas valóricos están marcando la agenda de los presidenciables. A Orrego y Allamand les habría pasado la cuenta lo conservador que se mostraron.
—Nadie vota por una sola razón, salvo los fanáticos. El tema valórico se viene fuerte, pero la mayoría se hace una visión global del candidato, si éste entiende y es capaz de solucionar sus problemas. Al chileno le complica perder cuatro horas en el Transantiago, esperar un año y medio para una radiografía o juntar la plata para un colegio subvencionado porque el municipal gratuito es pésimo. A la hora de votar, esto pesará mucho más que si habrá o no matrimonio homosexual.

—¿Concuerda con Golborne que Belén —la niña de 11 años embarazada— está preparada para ser madre o debiera abortar?
—Imposible tener una posición. ¿Quién puede decidir?, ¿la niñita?, ¿su mamá que dijo que era consentido?, ¿el papito que la violó?, ¿un médico que no la conoce? En casos de violación hay métodos eficientes como la píldora del día después, pero en tan extremos, ¿quién tiene la última palabra? Este drama jamás debió ocurrir. Muchas veces nos quedamos en la discusión y nos hacemos los lesos con los miles de casos que se repiten a diario. Hay que crear redes de apoyo de Arica a Punta Arenas, darle herramientas a mujeres en los barrios para que sepan cómo tratar y derivar, niños que sepan denunciar.

(…)

—¿Qué reformas haría al sistema para evitar abusos y concentración de poder tan visto en estos días?
—Perdón, concentración que viene de los gobiernos de la Concertación. No supieron aplicar el modelo. Cuando yo estaba en la Superintendencia de AFP, mi jefe Juan Ariztía me dio la misión de crear la mayor cantidad posible de éstas, y lo logramos. En los ’80 había cerca de 14 AFP, y bajo el mandato de ellos vino la concentración. La Concertación no entiende el modelo, no sabe aplicar el modelo de desarrollo, creen que para un poco de eficiencia hay que liquidar la competencia. Hace seis años escribí un libro sobre el lucro en las universidades, ¡si la ley estaba ahí! ¿Acaso no vieron como colegios subvencionados se convirtieron en un negociado? ¿Dónde estuvo el control de la calidad? ¿Por qué permitieron que se abrieran 79 facultades de pedagogía? Y esto ocurrió con los mismos personajes que hoy quieren volver a ser gobierno.

—¿Por dónde pasa la perfección del sistema entonces?

—Nunca se fiscalizó tanto como ahora, y es porque entendemos que una economía social de mercado no funciona sin control. Lo mío irá por la protección y mejorar la calidad de los servicios públicos, considerando que el 90 por ciento utiliza la salud, educación y transporte público. Se necesita una reingeniería total, no me parece que la educación gratuita y salud primaria esté en manos de la municipalidad y dependa de la capacidad del alcalde de turno.
Su objetivo —dice— será emparejar la cancha. “Por eso me indigna la idea de gastar 900 millones de dólares anuales para darle universidad gratuita al 10 por ciento más rico, que fue a los mejores colegios, irá a las mejores universidades, optará por las mejores carreras y ganará más plata. Mientras que para todos los trabajadores se invierten apenas 300 millones de dólares en capacitación, que en los más vulnerables es el único camino para un mejor sueldo.

—¿Le reconoce algo a Bachelet?
—Hizo una reforma previsional, puso énfasis en el desarrollo de salacunas, y cuando vino una crisis fuerte metió plata para que los con menos recursos no sufrieran. Aun así, no hizo un buen gobierno. Hoy tampoco la veo con una posición clara, ha cambiado el discurso en educación, sobre asamblea constituyente… Y la reforma tributaria que propone, sepultará el crecimiento y el empleo. Con la eliminación del FUT le quitarán la mayor fuente de acceso al dinero que tienen las Pymes para seguir funcionando.

—¿Se viene una guerra limpia o sucia?
—La guerra sucia ya empezó, ellos dicen que no la quieren, pero no hay ninguna declaración de Osvaldo Andrade que no apunte a eso. Pero ¿sabes?, me entran por aquí y me salen por allá