A fines de enero, en una entrevista al diario La Segunda, Eugenio Tironi analizaba la buena racha con que el gobierno terminaba el 2014 —había logrado sacar adelante sus principales reformas y acabado con el Binominal—, y destacaba la sobriedad y liderazgo de Michelle Bachelet en su primer año de mandato. El sociólogo no tenía cómo imaginarse que seis días después estallaría el escándalo ‘Nueragate’ —que involucraba al hijo de la Presidenta Sebastián Dávalos, y a su nuera Natalia Compagnon en un millonario negocio especulativo con posible tráfico de influencias y uso de información confidencial— que desató una crisis política en La Moneda y golpeó fuerte la imagen y credibilidad de la mandataria. Esta caída se reflejó en el último sondeo Adimark, donde alcanzó su peor nivel de aprobación (39 por ciento).

Un cambio de escenario sorpresivo, pero para este experto en consultorías, “nadie está libre de accidentes ni de traiciones, y lo de Caval fue una traición infame. Un episodio imposible de predecir, fuera de cualquier cálculo político y familiar, que ha minado la credibilidad, prestigio y el lugar que ocupa Bachelet en la mente de los chilenos, de quien defiende a los sin privilegio”. Aun así, Tironi cree que en política todo es dinámico y puede revertirse. “En diciembre las encuestas eran fatales, decían que el gobierno estaba por los suelos; en enero, resulta que era exitoso, ¡todos lo aplaudían! Y ahora en marzo de nuevo está en las cuerdas”.

—Pero, esta vez, los motivos de la baja son por un tema bastante más sensible y delicado.

—Claro, porque afecta los ethos, el carisma de Bachelet; sin embargo, no opaca su administración y cómo está manejando el gobierno.

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—¿Por qué la Presidenta no pudo desmarcarse y el caso terminó pegándole tan fuerte?

—Si Michelle Bachelet fuera parte de una cultura donde la codicia es el motor, el dinero es el camino a la santidad, lucrar es el combustible para el progreso y hacer negocios es aprovechar oportunidades e informaciones privilegiadas, no habría sido tan grave. Pero ella simboliza la cultura de centroizquierda que mira la codicia como pecado, que renuncia al lucro, donde el dinero no es símbolo de éxito, sino fruto del trabajo. Entonces Caval es un cataclismo, como Karadima para la Iglesia. Un abuso a la confianza, a la credibilidad, atentó contra los valores que defiende la mandataria; por eso le duele tanto a ella y tiene tan conmovidos a sus adherentes, ya que el odio y la ira vienen principalmente de ellos que se sienten traicionados. La gente está picada, enojada, se siente abusada. Y esa ira se suma a la actitud que solemos adoptar cuando nos enfrentamos al mal, y depositamos en el otro esa dimensión de pecado que todos tenemos como una manera de librarnos y decir: “Yo no soy así”. Una conducta repulsiva; al final todos somos una mezcla de ángel y demonio.

—¿Cuánto ha influido, además, el mal manejo con que la mandataria ha enfrentado el tema? El abogado Jorge Navarrete cree que si ella hubiese actuado rápido, repudiado lo ocurrido, pedido la renuncia a su hijo y revertido el negocio, habría salido fortalecida de esta crisis.

—No podemos exigirle a nadie que haga una línea divisoria entre la lógica de Estado, y su condición de madre y abuela; es imposible. Somos una mezcla de razón y emoción, y casi siempre nos inclinamos por las emociones. Por otra parte, si Bachelet hubiera optado por crucificar a su hijo en la plaza pública poco menos que quitándole el apellido o hubiera condenado a la hoguera a su nuera, ¿me habría dado más confianza ese actuar con parte de su propia sangre o con la madre de sus nietos? En estos casos siempre las salidas son poco nítidas, híbridas, ambiguas…

—Sigue sin un pronunciamiento claro, que sumado a sus silencios y actitud evasiva, sólo ha aumentado la desconfianza y los cuestionamientos.

—¿Desde cuándo la celeridad es una virtud? A lo mejor tuvo que darse un tiempo para repararse, recogerse emocionalmente antes de tomar su condición de jefa de Estado. No estaba en juego la vida de nadie, sino su propio prestigio. O sea, subordinó su prestigio para recomponer —si es que lo ha logrado en parte— los vínculos emocionales con parientes que actuaron más allá de la imprudencia, con traición a sus principios. No me gustaría estar en el pellejo de ese hijo… La Presidenta ya estableció una línea demarcatoria y frontal ante la conducta de Sebastián Dávalos y de su mujer, al decir que atentaba contra los valores y principios que ella profesa. En estos casos que hemos conocido como el de Penta, no había escuchado ni visto a ningún dirigente político o familiar de los involucrados, desmarcarse de esa manera de un hijo. Creo que llegó todo lo lejos posible que una madre puede llegar.

—¿Creyó que se enteró por la prensa?

— ¡Absolutamente! No me imagino a este hijo o a su nuera en el almuerzo del domingo comentándole que se hicieron de $ 3.000 millones por la compra y venta de un sitio, con un crédito conseguido con el vicepresidente de un banco, y a Michelle Bachelet felicitándolos por su ‘astucia’, diciéndole que era lo que esperaba de él. Es común que en otras familias algún miembro comente que encontró la fórmula para evadir impuestos o que contrató a un asesor del gobierno para influir en proyectos, pero no en la suya. 

—Sin embargo, despierta suspicacia que haya nombrado a Wilfredo Valdés como Seremi de Vivienda de O´Higgins, el mismo que en 2003 tasó los terrenos adquiridos por Caval mientras se desempeñaba en el sector privado.

—Si alguien gana esa cantidad de dinero en menos de un año por una simple transacción, existe el derecho de levantar todas las suspicacias del mundo. Soy parte de la cultura de la centroizquierda, me muevo en el mundo de las empresas, y en lo personal, ha sido doloroso ser acusado, estigmatizado como alguien que se dedica al tráfico de influencias, que busca ‘negociados’ o sacar partido de los contactos políticos. Muchos de mi sector creen que eso es el mundo de los negocios: comprar barato y vender caro, aprovechar informaciones, lucrar y manipular con el prestigio ajeno. Y esta famosa operación Caval parece confirmarlo.

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—¿Cuánta responsabilidad tiene también Bachelet al permitir que durante su primer gobierno, su nuera asesorara a empresas asiáticas, en momentos que Dávalos trabajaba en la Unidad Asia de la Direcon de la cancillería?

—No manejo los antecedentes, pero sí me escandalizó leer una entrevista de Natalia Compagnon donde contaba que prestaba asesorías a empresarios chinos. Trabajo haciendo consultorías, y sé que en esto debes tener algo que ofrecer, ya sea experiencia, formación especializada o años de carrera. Y me preguntaba: ¿qué credenciales tiene ella para dichas asesorías? Sospechas de inmediato que lo suyo eran contactos y redes, que —a mi juicio— no tienes derecho a ofrecer. Esto se veía venir; era la crónica de una muerte anunciada.

—¿Y Dávalos reunía los méritos para asumir entonces el rol de negociador en los TLC con Asia, o ahora en La Moneda?

—No sé, es un tema complicado, es cuestión de ver House of cards, tercera temporada… Sebastián Piñera tenía a su hija como jefa de gabinete; el hijo de Ricardo Lagos también trabajaba en la Direcon; jamás hubo objeción. Ponerlo en La Moneda fue una mala decisión. Muchos del gobierno ariscaron la nariz cuando supieron del nombramiento de Dávalos; no sé si alguno le planteó a la Presidenta que no era buena idea. Si lo hicieron y no escuchó, fue un error de ella; y si no lo hicieron para no contradecirla, fue una tremenda equivocación de su equipo, ya que estos no se miden por la lealtad a la persona, sino a los valores que los une.

—¿Estará consciente Sebastián Dávalos del daño que ha producido?

—Entiendo que sí,  lo dijo cuando renunció…

—Sin embargo, dos días después en entrevista con El Mercurio, dijo que no consideraba imprudente su reunión con Andrónico Luksic.

—No conocemos los entretelones de la sociedad Caval. Pero si en el juicio de Penta se habla de desfalco al Fisco, soborno, cohecho; de una sofisticación ingenieril, lo de Caval se ve que está hecho con una rudeza más bien de lumpen. No sabemos qué hay detrás, pero al parecer la falsificación de mails y la extorsión eran una práctica habitual en esa ‘pyme’ o ‘emprendimiento’.

—La venta de los terrenos se cerró cinco días después de estallar el ‘Nueragate’, plazo en que la Presidenta pudo intervenir y revertir el negocio.

—Revertirlo pasaba por Dávalos y Compagnon, no por ella, ¡eso es respetar las instituciones! Ahora, que la nuera no revierta el negocio es un acto de agresión infame hacia su suegra. A la luz de lo que ha pasado, espero que rectifiquen. Lo óptimo es devolver el dinero mal habido; es la única manera que tienen de intentar restablecer su prestigio que está en el suelo, que los inhabilita para hacer más negocios, salvo que se zambullan por completo en el mundo de la mafia… También así podrían aspirar a tener una relación con Michelle Bachelet; la madre y abuela de sus hijos.

Para Eugenio Tironi, la mandataria debe enfocarse en gobernar, cosa que le ayudará a recuperar la credibilidad, aunque —según él— aún le queda capital. “Dirigir el país tiene más sentido que hablar del hijo. Estas cosas pasan; Bill Clinton y Francois Hollande estuvieron más complicados… Hay un gobierno que debe funcionar, y me gustaría que los de La Moneda, partiendo por la Presidenta, se dediquen a eso y se olviden un rato de las redes sociales. Gobernar no es dar explicaciones; sino actuar y tomar decisiones. Se introdujeron nuevos temas en la agenda, como la regulación entre negocios y política, y los esfuerzos estarán orientados a eso, más que a reformar la Constitución”.

Dice que ve en la elite “cierta histeria” por los casos de corrupción del último tiempo. “Sienten que estamos ante el apocalipsis, que las instituciones no funcionan, que hay que refundarlo todo; que con el Caso Dávalos, Bachelet está destruida. ¡Por favor!, lo que hemos visto estos días son prácticas de muy antaño, que se dan a todo nivel, con gente de cuello y corbata, de mameluco, en regiones y en Santiago. Forma parte del mercado, y en una sociedad organizada en torno a éste, tiene vicios; se premia la astucia, las triquiñuelas son aceptadas porque ‘agregan valor’, y se cree que evadiendo impuestos puedes ganar más que produciendo. El problema está en que en las escuelas de administración de cualquier universidad chilena, me imagino que particularmente en la del Desarrollo, ¡esto es lo que se enseña! Y muchos de los que están cayendo fueron profesores, dictaban cátedras, ¡eran gurús! Caval debió actuar bajo esa lógica”.

—¿Y será que por esa misma lógica,  Andrónico Luksic no resultó tan cuestionado por su rol en el Caso Caval?

—En la opinión pública y la prensa, llamó la atención que estuviera involucrado el hijo de la Presidenta. Pero más allá de que Luksic asegure que recibió a Dávalos por deferencia y que respetó los procedimientos internos del banco para otorgar el crédito, es muy difícil sacarse la sospecha de que lo hizo para establecer vínculos con el poder. Todo esto forma parte de ciertos códigos presente en muchas familias chilenas. Lo que no estaba en los códigos, era que una familia de centroizquierda hiciera lo que hizo el matrimonio Compagnon-Dávalos. De los socios de Caval era predecible; al parecer tienen un prontuario en negocios turbios

—A la luz de los hechos, ¿hay más corrupción en Chile?

—No, la diferencia es que hoy lo sabemos y contamos, además, con fiscales que asumen como su tarea investigar, denunciar y llevar a la justicia estos casos. Estamos viendo el gran triunfo de la reforma procesal penal. Como ciudadano me siento más protegido. Y a raíz de lo sucedido, la confianza que antes recaía en la Presidenta, hoy se está trasladando hacia los fiscales y el Ministerio Público. Mira cómo ha sacado la voz el presidente de la Corte Suprema Sergio Muñoz, quien se ha convertido en una figura tutelar, moralizadora.

—¿Confía entonces que se investigará el Caso Caval con la misma rigurosidad de Penta?

—Sí, por el celo de la fiscalía y del Ministerio Público. ¿Quién lo va a impedir?, ¡¿un telefonazo?! No, no, ya ese Chile se acabó. Y si el hijo de la mandataria está involucrado, que sea investigado y se le castigue como a cualquiera. Es la mejor manera de demostrar que nuestras instituciones y la Presidenta nos respetan a todos los chilenos por igual.