En un momento de esta historia, Bond, James Bond, entrará en acción. Pero para cuando eso ocurra Andrés Velasco, candidato presidencial, y la periodista —su mujer desde hace casi una década— Consuelo Saavedra, habrán hablado por espacio de dos horas dejando en claro que, para ellos, no es iluso ganar las primarias de junio y luego ir por las presidenciales de noviembre.
A las 3 de la tarde, Consuelo Saavedra abre la puerta de su casa en la calle Marne; un bonito chalet de dos pisos, blanco, con antejardín, patio trasero, columpio y pasto bien cuidado. La Vespa de la entrada es el vehículo en el que se moviliza su marido. A sus 42 años y fuera de su rol de conductora de noticias, Consuelo Saavedra mantiene un aire juvenil que hace inevitable pensar que, de llegar su marido a la presidencia, le dará un aire fresco a la institución de la primera dama. Andrés Velasco baja luego desde el segundo piso, con cara de haber dormido una siesta, cuestión que no le quita elegancia: camisa celeste, pantalón gris, zapato con hebilla.

Los días previos a esta entrevista han sido turbulentos. La última aparición televisiva de la periodista en TVN fue el martes 27 de noviembre, cuando se emitió en Informe especial un reportaje de su autoría. Una semana antes había dejado de ser la conductora del noticiero central.
­—Ha sido una semana agitada. Muchas entrevistas. Pero llevamos poco tiempo para hablar de una rutina de campaña, no más de diez días —dice ella, sentada a la mesa de vidrio en la terraza.
—Yo tengo la inmensa esperanza de que ahora podamos comer antes de las 11 de la noche. Me casé con la Consuelo con un contrato matrimonial implícito: el noticiero terminaba a las 21.50 —interviene Velasco, afable y distendido—. Y sin que nadie me consultara, fui enterándome de que mi contrato nupcial había cambiado. Que el noticiero terminaba a las 22.10, a las 22.30, ¡a las 22.40! Y yo, sentado en esta misma mesa, con el colmillo así de largo, comiéndome el maní, las almendritas, las galletas de agua, esperando a la Consuelo…
­­—No sé cómo va a ser nuestra rutina. Pero lo que nos pone contentos es la posibilidad de hacer cosas de a dos. De hecho, ésta es la primera entrevista que damos juntos en diez años de matrimonio —explica Consuelo.

LA AGENDA HA SIDO INTENSA, SOBRE TODO PARA ELLA. Una noche estaba despidiéndose frente a las cámaras de TVN, con Amaro Gómez-Pablos y Pedro Carcuro, y al otro ya estaba en terreno, haciendo campaña en el mercado de Valparaíso. Luego de eso, el ‘paseo’ por los medios; desde la revista Sábado hasta el Bienvenidos de Canal 13. En todos ellos, la periodista se ha mostrado cercana, coloquial, “despeinada”. Un plus en la candidatura del ex ministro. Guardando las distancias, el efecto Saavedra podría ser algo parecido al de Bruni en la candidatura de Sarkozy, con el alcance de que llevan ya diez años juntos.
Aunque ella no ve costos en este ‘quemar las naves’ por la campaña de su marido, su futuro en el periodismo está en compás de espera. “No sé si quiero volver a leer noticias. No te digo que no, pero no sé… Yo creo que por algo existen los ciclos vitales de siete años. ¡Si hasta Dios descansó al séptimo día! Este era mi octavo año leyendo el noticiario y llega un minuto en que comienzas a mirar cómo te gustaría hacer las cosas después. A mí me ha funcionado con los siete años. Cuando he hecho grandes quiebres ha sido tras ese lapso de tiempo”.
Con todo, tiene un contrato que aún no firma; una suerte de permiso sin goce de sueldo, que suma el tiempo que estará fuera de TVN como extensión del convenio que vencía a fines del próximo año: “En cualquier caso, el contrato con el canal es mucho más flexible, no consigna que deba volver a leer noticias. Ni tampoco el tiempo que debe durar el permiso”.
—Un año de campaña y cuatro en La Moneda… Para qué nos vamos a poner ambiciosos y pensar en la reelección —tercia Velasco.
Sorprenden sus ganas y el convencimiento. No se trata de un exceso de confianza ni de un entusiasmo a la manera de Arturo Frei Bolívar. A lo largo de la entrevista, el candidato Velasco bromeará con la posibilidad de llegar a La Moneda. Bromeará como sólo puede hacerlo alguien que está de verdad convencido de que puede conseguir el sillón presidencial.
—¿De dónde viene tanta convicción? En el entendido de que en las encuestas no corren como favoritos, ni con mucho.
AV: Soy un convencido de que no sólo hay que correr las carreras fáciles, también las difíciles. Vale la pena. En todo caso, a un año de la elección, las encuestas no pueden decir mucho. Esperemos que todos los pingos salgan a correr…
CS: Por mi trabajo, he vivido pendiente de las cifras de audiencia que, en algún modo, son como las encuestas. Y sé que no siempre los programas de calidad son los que tienen mayor rating. Y cuando uno corre una carrera como ésta, eso también debe considerarse.
­—Pero ustedes salen a la cancha como la selección uruguaya en la final del Mundial de Fútbol del ’50, ante Brasil. La fiesta está servida para que otro candidato festeje…
AV: Pero al final ganaron los uruguayos…
—Cierto, pero la pregunta apunta a si se sienten un poco como esos uruguayos, con poca gente que apuesta por su triunfo.
AV: Yo no participé en ningún comando, pero conversé con la gente de la Pepa (Errázuriz) y la Carola Tohá. Y todos les decían lo mismo: si Zalaquett va a arrasar con usted; si el coronel Labbé ya lleva cuatro periodos, es una máquina imposible de derrotar. Hay tanta cuestión en política que se da por hecho hasta que deja de serlo.

(…)

NO QUIEREN ENTRAR EN CONFLICTO CON BACHELET. A pesar de que el eslogan de la campaña de Velasco, ‘Voy, aunque vuelva’, despertó la molestia del círculo más cercano a la ex presidenta, él prefiere no aventurar hipótesis. “Hasta donde yo sé, el surgimiento de otros liderazgos fue algo que ella siempre avaló. ¿Cuál es su postura hoy? No quiero especular”. Incluso, sobre la reunión que habría tenido en febrero de este año en Estados Unidos con la ex presidenta, dice sólo dos cosas: “Las conversaciones privadas deben mantenerse en privado. Y las distintas versiones que circulan sobre la misma, son todas erróneas”.
—El futuro de su candidatura varía mucho dependiendo de si ella participa o no en las primarias, ¿cierto?
AV: Nosotros estamos haciendo propuestas independiente de lo que hagan otros. La gente va a elegir. Es una buena práctica. Chile está cansado de la política de la táctica, del gesto, de la señal. Ni hablar de la política del combo y la patada. Es sano que haya competencia.
—¿Por qué alguien que votó por Bachelet hoy debería cambiar su voto?
CS: Para responder eso, la ex presidenta debiera hacer explícita su participación y luego poner arriba de la mesa qué tipo de gobierno quiere hacer y sus propuestas. Eso aún no lo conocemos.

(…)

—¿Cuáles son sus costumbres, cómo vive?
CS: Creo que somos, porque pertenezco a ese grupo, personas poco ideológicas, que creemos en la libertad para poder llevar la vida que queremos tener, pero que dependemos también de que el Estado genere ciertas condiciones para hacer esa vida. No se trata de dejarlo entrar en el dormitorio, pero sí  que pueda proveerte una mejor educación para tus hijos, para que puedas surgir, para una mejor vida en libertad y en comunidad.
—Pero, ¿el centro-liberal-progresista es clase media?, ¿hay más en La Dehesa que en La Legua?
AV: Está en todas partes. Este es un país que se ha hecho más liberal en todas las capas. Quizá las altas son las que más han resistido ese cambio.
“Hablo de que hay más parejas que conviven antes del matrimonio, hay una mayor tolerancia a ciertas prácticas que hace veinte años eran tabú. Además, existe un rechazo fuerte a los prejuicios y a la intolerancia. La gente no quiere más discriminación, sino más dignidad. Y ese es un fenómeno que no sólo corresponde al C2. El paradigma es que Chile necesita seguir cambiando, pero ese cambio no se puede hacer ni con los políticos ni con el sistema político que tenemos. Si aplicamos recetas de hace diez o veinte años nos va a ir mal. Mira lo que pasa con la Ley de pesca. Cómo se entiende que haya una mayoría de senadores de la República, y un número importante de senadores de la oposición, que esté dispuesto. a votar un régimen de licencia semipermanente que le va a regalar el 85 por ciento de los peces de Chile a un puñado de personas. ¡Eso

Lea la entrevista completa en la edición del viernes 7 de diciembre.