Ni siquiera los principales líderes mundiales saben a ciencia cierta qué es el Estado Islámico, sus orígenes y sus intenciones. Esa falta de información es la que explica, en buena medida, los errores de Occidente para atacarlo. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha dicho que el Estado Islámico “no es islámico” y, en una prueba de la confusión, en otras ocasiones ha señalado que es una filial de Al Qaeda. Pero lo que está claro, al menos hasta ahora, es que el ISIS controla una superficie mayor a la del Reino Unido y logra que yihadistas de todo el mundo lleguen a sus territorios de Irak y Siria para inscribirse en sus filas. A través de la red han hecho enormes esfuerzos para que su proyecto se conozca: su bandera es el genocidio, forman un grupo religioso con creencias arraigadas, rechazan la paz por principio, su visión religiosa es totalmente incompatible con cierto tipo de cambios y se consideran jugadores fundamentales del inminente fin del mundo. Su líder desde 2010 es Abu Bakr al-Baghdadi, que estuvo preso durante la ocupación norteamericana de Irak. El 5 de julio de 2014 subió al púlpito de la Gran Mezquita de Al Nuri, en Mosul, Irak, y se autoprocWamó jefe supremo de todos los musulmanes.

Fue en 2014 cuando el líder del Isis, Abu Bakr Al-Baghdadi, eligió la ciudad Siria de Raqa como la capital de su reino del terror. Actualmente viven en este lugar cerca de medio millón de personas y, mezclados entre la población, se han instalado los yihadistas, que le han quitado este pedazo de tierra al régimen oficial de Bashar al-Asad, el presidente. Los bombardeos de franceses, norteamericanos, rusos y de la propia Siria, por lo tanto, alcanzan como siempre a inocentes y a culpables. Pero el espanto se vive en Raqa mucho antes de que los atentados del 13-N en París provocaran la represalia. El ISIS controla absolutamente la ciudad y se asegura de que la población cumpla fielmente las leyes del califato, en la vida social y privada. Cerraron las tiendas donde se vendía alcohol y tabaco, estableció el rezo obligatorio y determinó una vestimenta oficial: el velo para las mujeres y la barba para los hombres. La policía islámica —llamada hisbah— se encarga de que los habitantes de Raqa cumplan las normas. Las desobediencias se castigan con decisión en las rotondas: latigazos, decapitaciones, lapidaciones de homosexuales y adúlteras. Hasta esta zona llegan miles de yihadistas extranjeros y, entre los propios sirios que no han logrado escapar, algunos aseguran que se vive mejor en el régimen del ISIS que en las zonas controladas por Bashar al-Asad.

EI450-1

Son yihadistas, como Al Qaeda, pero el Estado Islámico ha eclipsado a la organización de Osama Bin Laden, que tuvo su apogeo entre 1998 y 2003. Aunque los integrantes del ISIS siguen refiriéndose a él como “el jeque Osama”, los combatientes de Abu Bakr al-Baghdadi desprecian a sus líderes actuales y sus prioridades. Tienen bases comunes, pero también diferencias clave: Al Qaeda era flexible, operaba como una red de células autónomas dispersas geográficamente y Bin Laden consideraba su actividad terrorista como el preludio de un califato que no esperaba ver en vida. El Estado Islámico, por el contrario, necesita controlar un territorio para tener legitimidad y una estructura vertical para gobernarlo.

El estado islámico se guía por una corriente del Islam que tiene una particular concepción del camino hacia el día del juicio final y esta creencia condiciona su estrategia. Su naturaleza religiosa medieval, por lo tanto, a estas alturas parece poco creíble, pese a que determinados autores han descrito a los miembros de ISIS como personajes laicos, preocupaciones políticas modernas y apenas un disfraz religioso. Parece un hecho instalado que el Estado Islámico pretende hacer retroceder a la civilización actual al siglo VII y culminar con la llegada del Apocalipsis. Se burlan de la modernidad, insisten en que no pueden apartarse de los preceptos del profeta Mahoma y sus colaboradores, utilizan códigos que resultan anticuados a los no musulmanes, y hacen alusiones a tradiciones y textos del primer Islam. La inmensa mayoría de los musulmanes rechazan el Estado Islámico, como lo han hecho ver públicamente luego de los atentados del 15-N en París. Expertos en el ISIS señalan, sin embargo, que el empeño en establecer que no es un grupo religioso y milenarista ha llevado a Estados Unidos a infravalorarlo y equivocarse reiteradamente en sus estrategias de eliminación.

EI450-2

Ciudadanos de toda Europa comenzaron a acudir a Siria para combatir bajo las órdenes del Estado Islámico, mientras Occidente se pregunta: ¿cómo es posible? Los genocidas ejecutan lo que les piden sin hacerse preguntas y, como conocen Europa y a la vez Oriente Próximo, tienen un entendimiento excepcional de lo que les aterroriza a sus víctimas. Pero ISIS también controla a las futuras generaciones de Irak y Siria. En Tabqa, a 55 kilómetros de Raqa, ISIS ha fundado el primer campamento de entrenamiento yihadista para niños de 10 años. De acuerdo al Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, 1.100 menores de 16 años han sido reclutados. Para la población pobre, la mayoría, es difícil sacar a sus niños de este círculo que termina en operaciones suicidas. En promedio, el Estado Islámico paga entre 235 y 328 euros por hijo mensualmente, lo que les permite alimentar al resto de la familia.

Aunque representa una amenaza global, el autoproclamado califato cuenta con mayores apoyos de los imaginados: algunos actores lo consideran un instrumento de utilidad que conviene preservar. De otra forma no se explica que, en los últimos años, las principales potencias internacionales no hayan sido capaces de derrotar a una organización que apenas cuenta con 50 mil efectivos. De partida, el propio presidente de Siria, Bashar al-Asad, considera a ISIS como un enemigo útil que le permitía presentarse como un mal menor frente a la comunidad internacional. El gobierno iraquí también ha cumplido un papel importante en el nacimiento y expansión del ISIS: parte de la castigada comunidad suní se unió a sus filas tratando de recuperar el poder perdido luego de la intervención norteamericana y el sectarismo del ex primer ministro Nuri Al Maliki. En tercer lugar se encuentran las petromonarquías del golfo Pérsico, como Irán y Arabia Saudí, que con el objetivo de debilitar a las autoridades de Bagdad y Damasco han financiado a muchos grupos yihadistas. Otro de los países con algún grado de responsabilidad es Turquía, que permitió que sus fronteras se convirtieran en un coladero por el que se infiltraron miles de yihadistas a territorio sirio. El último de los grandes cómplices, a juicio de los expertos, es Estados Unidos. La invasión a Irak no sólo destruyó al régimen, sino que desarmó el Estado y, justamente en ese terreno baldío, nació el ISIS.

EI450-3

Los líderes globales buscan formar una coalición contra el Estado Islámico, el enemigo yihadista común. El presidente de Francia, François Hollande, ha buscado apoyo para su causa de destruir el ISIS. Hasta ahora, sin embargo, los grandes del mundo no han logrado ponerse de acuerdo. Las diferencias quedaron reflejadas en la cumbre del G-20 en Antalya, Turquía, cuando a mediados de noviembre la aviación turca derribó un caza ruso sobre la frontera siria. Fue una señal mundial de que Occidente y la OTAN no están dispuestos a actuar junto a Rusia, cuya escalada de tensión respecto a Turquía no ha cesado de crecer. Uno de los principales problemas para la creación de una coalición amplia radica en la permanencia del presidente sirio, Bashar al-Asad. Mientras Estados Unidos no lo acepta como líder y está por un cambio del régimen en Damasco, Rusia insiste en que el régimen se mantenga. Los norteamericanos están al frente desde 2014 de una coalición de 65 países que bombardean al ISIS en el norte de Siria y en Irak, sin mayores resultados. Los rusos, mientras tanto, han lanzado incansables incursiones diarias de su aviación en los últimos tres meses, aunque su objetivo central no ha sido el Estado Islámico. Finalmente, se trata de un choque de fuerzas, como en los tiempos de la Guerra Fría.