Habla con parsimonia y mueve las manos de forma pedagógica. Su castellano es perfecto, aunque el inconfundible acento norteamericano y el asomo de los si-si o no-no tan propios del sur chileno le confieren un tono cálido, cercano. Como expositor de temas ambientales, viene llegando del Teatro del Lago, donde habló de globalización y ecolocalismo, una forma de referirse al camino que debieran tomar las sociedades modernas con economías fundadas en la sustentabilidad y el cuidado de la naturaleza. Se traslada en una pequeña avioneta. Desde el aire observa volcanes y, seguramente, buena parte de las 800 mil hectáreas que ha comprado a lo largo de dos décadas en Chile y Argentina, para convertirlas en reservas protegidas. A sus 68 años es posiblemente el conservacionistas más importante del mundo, título que empezó a ganar en 1991 cuando se deshizo de North Face y Esprit, dos compañías de moda outdoor que había fundado junto a su mujer, la empresaria Kristine McDivitt. La venta de esas dos firmas, que según Forbes eran las más originales y rentables de su época, le reportaron una fortuna que le permitió cumplir sus sueños. Con dos hijas y un fiel equipo que lo acompaña en sus cruzadas ecológicas, decidió dejar atrás su vida de magnate, optando por permanecer en Chile, en el fundo de Reñihué, y moverse por ecosistemas vírgenes. El mal empleo de las energías es su caballo de batalla. “Pan para hoy, puede ser hambre para mañana”, recalca.

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En Punta Arenas la gente reclama porque deben surtir de energía a otras zonas del país. Están seguros que en el futuro será peor.
Ellos protestan porque consideran que les están subiendo el precio del gas, cuando en definitiva ellos lo tienen más cerca. Les parece injusto y ¡tienen razón! En una sociedad equitativa hay que poner atención en quiénes son los que tienen derecho a los recursos. Pero más grave que eso me parece que los magallánicos ahora estén permitiendo un excesivo número de minas de carbón a cielo abierto. Es un tremendo paso atrás porque el carbón es una de las energías más sucias que existe. ¡Volvemos al siglo XIX!

La supuesta equidad entonces estaría siendo doblemente injusta con los magallánicos.
Lo veo de la siguiente forma: ellos quieren importar cosas del norte y, a su vez, no entregar recursos del sur. El gobierno central debe comenzar su arbitraje. Es un conflicto de recursos versus productos terminados. A la gente le envían autos desde Santiago a un precio subvencionado, pero ellos no quieren participar del alza del gas que es a nivel nacional. Francamente, en cuanto a políticas energéticas aquí queda mucho por recorrer. Es una tarea urgente.

El ecologista no para. Aparte del parque Pumalín, operado por la Fundación The Conservation Land Trust con cerca de 300 mil hectáreas declaradas Santuario de la Naturaleza desde 2005, posee un segundo proyecto en la Patagonia argentina y otro al sur de Cochrane —administrado por su mujer—, que en cinco años también será entregado al Estado chileno. “Cada donación tiene cláusulas y protocolos que los respectivos gobiernos deben respetar. Así sucede en todo el mundo. Normalmente en eso no hay problemas. De hecho, acá ocurrió lo mismo en 1977, cuando el italiano Guido Monzino donó 12 mil hectáreas para expandir el Parque Nacional Torres del Paine, y, hace un tiempo, nosotros hicimos de El Corcovado”.

La mañana en Reñihué, después en Cochrane y ahora en sus oficinas en Puerto Varas… ¿Siempre se traslada en avioneta?
Así es. Un monomotor es muy necesario acá.

¿Y el gasto de combustible?
Nuestras avionetas consumen menos que las camionetas que comúnmente circulan por el país. Además, hay que sobrevolar esta zona por la serie de fiordos, hielos y características geográficas. La accesibilidad no es fácil en estos lugares y la avioneta es la única forma de administrar estos parques sin intervenir con caminos.

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Usted asesoró directamente a Sebastián Piñera en la compra del Parque Tantauco hace cinco años. ¿Esa iniciativa partió de él?
Sí, quería hacer algo similar a Pumalín y buscaba dónde. Entonces tuvimos las primeras conversaciones por Tantauco, uno de los parques potenciales que le mostramos. Pero después mi mujer y yo asumimos un proyecto en la Patagonia argentina que nos quitó mucho tiempo y no pudimos continuar apoyándolo. Afortunadamente, él decidió seguir adelante. Para mí es un placer ayudar a cualquier conservacionista y especialmente a alguien como Sebastián, porque demuestra que un chileno también puede tener un parque de libre acceso público a partir de una iniciativa privada. Confío en él.

¿Han seguido en contacto?
Por supuesto. Es más: ahora en marzo tendremos una reunión porque estamos listos para hacer un traspaso al país.

¿Una nueva donación?
Son varios terrenos. Un predio en Tierra del Fuego, otro en Canal Beagle, un tercero en El Corcovado y otro al norte de Punta Arenas que se podrá anexar al Parque Nacional Alacalufes.

En su discurso insiste en que una buena economía se basa en la sustentabilidad. ¿Cómo conseguirlo a partir del consumo individual?
Pienso en la economía como algo que atraviesa todos los dominios… Hay que concentrarse en los impactos que aparecen detrás de cada modelo, desde los flujos de materiales a los desechos.

“Estamos divorciados del origen de las cosas, de su impacto y su historia”. Esa es la pancarta de alerta que levanta Tompkins. “Muchas veces las empresas que hacen un producto no quieren que los consumidores sepan su procedencia. Porque el proceso tiene aspectos no muy agradables, con contaminación o con explotación ilegal de bosques. Las materias primas vienen de lugares donde existe una presión de gobiernos sin responsabilidad ecológica”.

Usted no es de comprar un chaleco cualquiera, imagino.
(Estalla en risas) Cada prenda, cada objeto que llega a nuestra casa la observamos con detención. Nos concentramos en su huella ecológica y en la energía invertida. Sé que a veces resulta muy difícil hacer esa auditoría, pero hay una serie de organismos y certificadoras que miden esa huella —contesta mirando con desconfianza la grabadora made in China.

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Hidroaysén es otro de sus grandes temores. A pesar de que el Tribunal de Defensa de Libre Competencia, TDLC, declaró prescritas las acciones interpuestas por su mujer, Kristine McDivitt, para proteger la cuenca del Río Baker, seguirán adelante. La abogada de la familia, Macarena Soler, junto a las comunidades de la XI Región, adelanta que llegarán “hasta las últimas instancias. No permitiremos que esa cuenca transforme todos sus recursos en electricidad y excluya los usos productivos, agrícolas y ganaderos que tiene hoy”.

¿Existe otra pancarta de protesta?
¡No es posible que sigan sacando toneladas de peces del Golfo de Ancud! O lo que pasa en el centro de Santiago, que está completamente saturado, sobrepoblado. Existe un desorden en la cadena alimenticia por la sobreexplotación del fondo marino en el sur. Por otra parte, está la degradación de los suelos y la tala indiscriminada. Sólo en Chile existe entre un 15 y un 20 por ciento de desaparición del bosque original. Si no abrimos los ojos, definitivamente nos condenaremos a un futuro incierto.