Pablo Longueira atravesará el océano Atlántico navegando en un velero durante casi un mes. Se convertirá en un tripulante más en el viaje que junto a cinco amigos, replicará la ruta de Cristóbal Colón. Zarparán el 23 de noviembre desde las Islas Canarias, para llegar alrededor del 21 de diciembre a la isla Santa Lucía, en el Caribe. La invitación se la hizo su amigo el empresario Guillermo Ruiz Pérez y, según dice el ex candidato presidencial de la UDI, le costó bastante decir que sí por los riesgos que implica la travesía, pero finalmente su “espíritu aventurero” prevaleció. Antes de aceptar, le preguntó al médico que trató su depresión si había algún riesgo con el viaje, y la respuesta fue “no”. Longueira está seguro de que esta “desconexión total” –no tendrá internet ni teléfono– con la vida diaria lo hará relajarse, lo que le vendrá muy bien a este momento de su vida. Hoy, a sus 56 años y alejado de la política, está dedicado a asesorar empresas y participando en emprendimientos de amigos. “Espero encauzar mi espíritu empresarial-ingenieril que reprimí durante tanto tiempo”, dice.

Con capacidad para seis tripulantes, el velero tiene tres camarotes, una cocinilla, un sistema desalinizador de agua, un refrigerador y equipamiento GPS que indicará en una página web la ubicación de la embarcación, para que las familias puedan estar al tanto del itinerario. Como navegarán las 24 horas del día, con un sistema de turnos siempre habrá al menos tres despiertos, cuenta Longueira, quien explica que la preparación para el viaje implicó cursos médicos y saber superar emergencias como un incendio o la caída de un compañero al mar. Los seis aprendieron a inyectar y aplicar suero endovenoso, además del uso de todos los elementos de botiquín sofisticado, diseñado para enfrentar accidentes y el tratamiento de enfermedades, como la peritonitis. “Tuvimos que aprender qué tipo de antibiótico inyectar para que la persona pueda llegar en tres semanas a puerto”, dice.

Sentado en el escritorio de madera en una oficina en Providencia, con un espejo de casi 2 metros de ancho a sus espaldas, Pablo Longueira dice que uno de sus mayores temores cuando piensa en el viaje es enfrentar un “hombre al agua”. Una situación así implicaría malas condiciones del mar, y la obligación de actuar de manera inmediata y estratégica por parte de toda la tripulación. Cuenta que lo único que le ha pedido al capitán es que lleguen vivos para poder contar la aventura.

—Cristóbal Colón descubrió América con el viaje, ¿qué espera descubrir usted?

—Yo creo que voy a redescubrir esa pasión que siempre he sentido por la aventura, por las cosas diferentes, por la adrenalina que necesito en este tipo de experiencia. Además, poder destinarle mucho más tiempo a esas cosas gratas personales y familiares que postergué por mucho tiempo. La política tiene un horario muy malo, y yo que soy intenso, le dediqué con mucha pasión los 35 años y creo que he descubierto en todo este tiempo muchos amigos que dejé de ver y que nos alejamos, por la intensidad y la forma en que vivimos lo público. Creo que este viaje me va a permitir eso: volver a descubrir esos tiempos, esas oportunidades de compartir con personas distintas a las de la política.

—Después de que Laurence Golborne abandonara la carrera presidencial, usted levantó una campaña en 60 días con la que ganó las primarias ¿Cree hoy que ese período de trabajo intenso gatilló su depresión?

—Mirando hacia atrás, no tengo ninguna duda de que el desafío de tomar unas primarias en 60 días de la forma que las tuve que tomar, influyó en lo que viví. No me sorprende para nada, porque además siempre intuí que era algo que no quería hacer, que no tenía la ambición para enfrentar un desafío presidencial y mucho menos no planificado. Fue exigirle a mi cuerpo algo que lo violentó, y una de las formas de manifestarse es lo que me ocurrió. Estas se llaman depresiones “post meta”, que de alguna forma, una vez que alcanzaste el objetivo, como me ocurrió a mí con el triunfo de las primarias un día domingo, al otro viernes no pude levantarme. Mirado hoy día no me sorprende, porque tu cuerpo por una parte u otra, va a cobrarte la cuenta.

—Hace tiempo que buscaba un alejamiento de la vida pública y se especulaba que al terminar su período como ministro de Economía lo haría de manera definitiva. ¿Asumió la carrera presidencial cuando ya no quería dedicarse más a la política?

—Dado que muchas veces había señalado mi intención de alejarme de la política y nunca lograba que se tomara en serio mi postura, sentimientos y decisión, escribí una carta a la directiva de la UDI. Les dije que terminado mi período senatorial no iría a la reelección como senador y tampoco iba a tomar el desafío presidencial, como mucha gente del partido lo quería. Después fui nombrado ministro de Economía, por lo tanto, luego de terminar mi período de ministro iba a alejarme de la política. Si no hubiera ocurrido lo de Laurence Golborne, yo no habría sido nunca candidato y me hubiera retirado. Aunque me convertí de alguna forma en un líder sin buscarlo, quería alejarme de la política porque yo mucho más que ser un político, soy un servidor público. También hay otra cosa muy importante desde el punto de vista personal. Fui una persona que tuvo un liderazgo muy marcado y si uno no sabe retirarse tampoco abre espacio a las nuevas generaciones. Soy fruto de una generación que ya sirvió al país. 

—En ese mismo sentido, ¿qué aspectos de la política no le gustan y lo llevaron a querer dejarla?

—Me cuesta mucho decirlos porque no quiero sumarme a desprestigiar la política, porque encuentro que es muy noble dedicarse a ella y ojalá los mejores de cada sector abracen al servicio público. Eso le hace bien al país. Por lo tanto, voy a darte una opinión personal. Yo derivé a la política por una coyuntura histórica. Conocí a Jaime Guzmán, me convocó a formar un partido de derecha comprometido con el mundo de la pobreza que fue un desafío que me cautivó y llenó de alguna forma mi vocación social más que política. Pero me chocan muchas cosas. Yo soy ingeniero, a mí me gusta construir, no tengo capacidad de estar destruyendo. Si alguien propone una buena idea y no es de mi sector, la apruebo, la apoyo, no tengo esa mirada de negar todo por ser un adversario. Me gustan los consensos, los acuerdos, creo que así progresan los países. La política es mucha trinchera, tiene muchas cosas de puro blablá, poco contenido y no soporto la demagogia ni el populismo.

El ex candidato por la UDI dice que le encantaría ser presidente de Chile, pero sabe que debería hacer ciertas cosas que “no están en su personalidad”. El se presentaría como un candidato atípico y libre, dice, sin programa de gobierno para no engañar a nadie. Longueira cuenta que muchas veces en su campaña la gente se acercó para preguntarle ‘¿qué me promete usted?’,  y él les respondía ‘nada, le ofrezco trabajar’.

Por lo mismo, piensa que no sería un buen candidato:

—Creo que en Chile hay un espacio muy grande para la demagogia, para el populismo que son lo que han causado mucho daño en la distancia que tiene la ciudadanía de los políticos, porque se ha prometido, se ha engañado, la gente está cansada de eso. Si yo fuera presidente invitaría a mucha gente que no es de mi sector a gobernar conmigo. No tengo ningún problema en trabajar con personas que piensan distinto a mí en ciertas cosas, pero que compartimos la construcción de un Chile más justo. Me gustan los gobiernos de carácter nacional. Y por eso que ahora cada vez que me piden que ayude, asesore o mi opinión, lo hago feliz. Lo hago desde una perspectiva completamente distinta a la de estar en la batalla del día a día, como lo es la política partidista, que es muy desgastadora.

Pablo Longueira dice que su alejamiento de la política es definitivo, pero que tampoco puede asegurar que es para siempre. “No está dentro de mis horizontes, no quiero volver a servir en la forma en que lo hice”.