Se les vio sentadas en las primeras filas de La Moneda esa mañana del 28 de agosto, cuando la Presidenta Michelle Bachelet firmó el proyecto de Ley de Matrimonio Igualitario. Un día simbólico y esperado por ambas, ya que además de ser otro paso en la lucha de las minorías sexuales, la iniciativa legal contempla la filiación, entendida como el vínculo legal entre padres, madres e hijos a través de la adopción, reproducción asistida y el reconocimiento en Chile a los hijos de parejas del mismo sexo inscritos en el extranjero.

Un tema que las toca de cerca, ya que Emma de Ramón (57) — historiadora, miembro del directorio de la Fundación Iguales y actual directora del Archivo Nacional— y su pareja Gigliola Di Giammarino (45) —cientista política de la Direcon de la Cancillería—, esperan su primer hijo. Un acontecimiento que las tiene ilusionadas como madres primerizas, pero también con temor por la desigualdad de derechos que existe en Chile hacia los hijos de parejas del mismo sexo.

Emma y Gigi se conocieron en 2004, en un matrimonio de dos amigas al que ambas fueron invitadas y donde la jueza Karen Atala —conocida por perder la tuición de sus tres hijas por su condición de lesbiana y demandar al Estado chileno— oficiaba la ceremonia. En ese entonces Emma y Karen eran pareja, y Gigi, por su parte, también tenía una compañera de varios años. La buena onda entre ellas fue inmediata y con el tiempo se hicieron grandes amigas y confidentes.

Mientras Gigi llevaba risas y dispersión a la vida de Emma, ésta última —hija del Premio Nacional de Historia Armando de Ramón— le aportaba dosis de reflexión y mesura. Sin embargo, no fue hasta febrero de 2010 que, ambas solteras, comenzaron a mirarse con otros ojos. Además de la fuerte atracción y de complementarse, compartían una historia parecida: las dos provenían de familias tradicionales, eran únicas hijas entre varios hombres y donde un hermano de cada una había manifestado su homosexualidad, abriéndoles a ellas el camino en su entorno.

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En mayo de 2010 se fueron a vivir juntas al departamento de Emma en Providencia, y si hasta entonces la relación de ésta con su madre era tensa, con la llegada de Gigi mejoró por completo. “A mi mamá le fascinó Gigi y la adoptó de inmediato como nuera, lo mismo mis suegros conmigo. Nuestros hermanos se hicieron amigos. En el fondo, las familias se encontraron y nos acogieron”.

Si bien Gigliola siempre quiso tener un hijo, para Emma jamás fue tema. Sin embargo, fue la propia historiadora quien en 2013 le propuso a su pareja tener un niño juntas. “Nunca tuve la idea de una guagua en el vientre; de vivir esa experiencia, pero amo tanto a Gigi, que su deseo de ser mamá era importante para mí. Y empecé a hacerme la idea de compartir lo que tenemos con alguien y concluí que era bueno intentar tener un hijo. Ella estaba en el límite del reloj biológico y teníamos, además, las condiciones económicas para solventar un tratamiento”, cuenta De Ramón, quien confiesa que si bien en un principio se cuestionó su edad para ser madre, “ver cada vez más hombres mayores que yo casados con mujeres jóvenes y sus guaguas, me convenció. Espero tener una buena salud, llegar bien a los 80 cuando ya sea adolescente”.

Tras una primera inseminación, Gigliola no quedó embarazada y vieron entonces la posibilidad de adoptar. Entre tanto, como activistas, ambas se encontraban de cabeza trabajando en la ley de Acuerdo de Unión Civil (AUC) que estaba por promulgarse, período en el cual la madre de Emma cayó muy enferma. “Nos apuramos en firmar nuestro acuerdo civil en diciembre (2015), para que mi suegra pudiera asistir. Para ella era importante que el Estado reconociera nuestra relación. Fue, lo pasó chancho ¡y se lo bailó todo!”, cuenta Gigi.

Emma recuerda que a partir de entonces su madre entró en franca decadencia, muriendo a los 83 en octubre del año pasado. “Fue una pena inmensa para las dos porque éramos sus grandes compañeras. Tuvimos una relación difícil. Vengo de una familia acomodada; creo que mi mamá esperaba que me casara con algún ingeniero, abogado o médico y le diera muchos nietos; lo que nunca ocurrió. Cuando apareció Gigi, cambió de actitud. Al igual que mi suegra, se abrieron al tema, leyeron, conversaron, escucharon y fueron capaces de cambiar de pensamiento y madurar, al punto que nos acompañaron del brazo a una marcha del orgullo gay. Muchos pensaron, incluso, ¡que eran pareja!”, rememora Emma.

La espera de Attilio

En enero de este año Gigi se sometió a una segunda inseminación y quedó embarazada. Ya cumplió los ocho meses y la llegada de Attilio José —como llamarán a su hijo en honor a sus abuelos— está contemplada para octubre. Están ansiosas, pero también inquietas por esta sociedad que, aunque estiman ha avanzado, sigue discriminando. “Queremos para él una educación laica, abierta, que aprenda de las diferencias. Al final, uno se mueve en entornos y círculos afines y sobre esa base va tomando decisiones como la elección del colegio, que en una primera etapa disminuirá su enfrentamiento con la crítica hacia su estructura familiar, que por supuesto habrá. Hay que ir buscando caminos y también prepararlo para que tolere y entienda a los que opinen distinto”. Aunque la ley se lo impida, Emma anticipa que una vez que nazca el menor intentarán inscribirlo en el registro civil con el apellido de ambas.

“Las libretas del acuerdo civil —al igual que las de matrimonio—, vienen con una serie de hojas para poner el nombre de los hijos. Y por supuesto queremos que el del nuestro aparezca allí y goce de sus derechos al igual que el resto de los niños; porque si algo le pasa a Gigi, queda totalmente desprotegido. Attilio —así como muchos menores—, no tendrá papá, pero sí una familia que lo ama y espera. Sin embargo, no tendrá vínculo legal con la mitad de ella; ni conmigo, ni con mis hermanos y sobrinos. Yo no seré nada de él, ¡cuando soy su co-madre, la otra persona a su cargo! Debo pelear por eso, por exigir su inscripción legal. Estoy segura y esperanzada de que me lo permitirán; que donde dice padre, escribirán Emma de Ramón”.

De no lograr su cometido en el registro civil, seguirán todas las instancias administrativas y legales como recurrir a la Contraloría, poner un recurso de amparo en la Corte de Apelaciones y no descartan llegar hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos; la misma que en 2012 falló en contra del Estado chileno por violación del derecho a la igualdad y la no discriminación en el caso de Karen Atala. Para ambas, dicha sentencia sentó un precedente y mayor apertura que, a su juicio, se reflejó en el reciente e inédito fallo de la Corte Suprema que concedió a un padre homosexual la custodia de sus hijos.

Emma ve en el proyecto de matrimonio igualitario dos aristas. “Una, que Bachelet cumplió su promesa de campaña; la otra, escuchas tantas brutalidades, que Dios, la naturaleza o no sé qué decretó que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, ¡cuando no hay nada más social, político e histórico que el matrimonio! Que algunos candidatos naturalicen esa idea, ¡es humillante! Pienso en esos cabros homosexuales de 15, cómo sentirán escuchar que están excluidos. Yo nunca he podido ser otra cosa que lesbiana, es lo natural para mí; no sé si será genético o algo ocurrió en mi cabeza que terminé amando a personas de mi mismo sexo. ¡¿Por qué eso es malo?!, ¿dónde hay una ley que lo diga?, si además no creo en Dios ni tengo religión”.

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—Algunas de ellas se amparan en la procreación.

—Emma: Con la tecnología de la fertilización eso es una estupidez, se cae ese discurso.

—Gigi: Al final de cuentas el matrimonio es un contrato que regula un montón de cosas y todos los ciudadanos deberíamos optar a los mismos derechos y eso es lo que aterra a muchos, que terminan defendiendo un patrón conservador. Hay quienes tienen un discurso dominante y lo imponen aun cuando las encuestas muestran que el 70 por ciento aprueba el matrimonio igualitario. Por desgracia, gran parte de nuestros legisladores conforman esa elite que ostenta el poder.

—¿Ven difícil entonces que el proyecto prospere en el Congreso?

—Gigi: La utilización electoral en contra será muy fuerte. El otro día José Antonio Kast hablaba con una agresividad brutal en contra de la Presidenta.

—Emma: Lo más complicado serán los temas de filiación y adopción, que es lo que nos importa, más que el matrimonio porque a muchas no les interesa casarse. Lo curioso es que la prensa habla siempre de adopción homoparental y las mujeres no necesitamos adoptar; ¡podemos tener hijos! Nuestro tema, insisto, es que los derechos de los niños no estén sujetos a un contrato matrimonial entre un hombre y una mujer. Lo increíble es que hoy cualquier hombre puede inscribir a un niño y ponerle su apellido; a las parejas infértiles que conciben por tratamientos, nadie les pregunta quién es el padre, sólo por el hecho de estar casados. Eso nos duele por nuestro hijo. “¡¿Quién puede determinar si Chile está preparado o no para el matrimonio igualitario?! ¿Quién tiene ese don de adivinar?”, se pregunta la historiadora.

—Osvaldo Andrade como presidente de la Cámara de Diputados dijo en su momento que no lo estábamos.

—Emma: Ese discurso cartucho me irrita. ¿Por qué habla a nombre de los chilenos?, ¿qué representación tiene? Lo complicado es que el rechazo es transversal, no solo de la derecha. En Alemania, Angela Merkel acaba de aprobar el matrimonio igualitario, y aunque ella no está de acuerdo, dejó que sus parlamentarios votaran en conciencia. No puede ser que el 10% de la población quedemos fuera de la sociedad.

—Gigi: Es peligroso que las autoridades digan ese tipo de cosas, porque validan un discurso de discriminación a partir de sus propios prejuicios. Y hablan que estos temas requieren de un debate nacional, cuando está clara la postura de los actores que participan. Ya sabemos, por ejemplo, que la Iglesia, ¡es la Iglesia!

—¿Pero hoy tiene el peso para influir?

—Emma: No tiene la autoridad moral, pero influye fuerte.

—Gigi: Es cosa de mirar a dónde mandan a los curas más transgresores como el padre Berríos, Aldunate o Costadoat… ¿Y qué han hecho con los pedófilos?; hay un trato desigual. Todavía tiene el poder de interferir, dilatar y trabar. Y la manera de romper estas trabas es con activismo; creando espacios y generando instancias de participación y empoderamiento del discurso.

—Emma: Y con mucha valentía y entereza como la de Gigi para mostrar su guatita; ese es el camino. Y que la gente nos conozca. Nuestros vecinos, por ejemplo, que son personas mayores, están felices porque seremos mamás. Veo a mis tíos hoy de 70, 80 años, la mayoría de derecha, que salen a defender la causa gay, se agarran fuerte con sus amigos por lo mismo y están dichosos esperando la llegada de su sobrino. Con Gigi demostraremos que no pasa nada terrible cuando dos madres crían a un hijo. Attilio será un niño feliz, amado; será lo que él decida ser.