Las últimas dos semanas han sido de descalificaciones mutuas presentando casos de corrupción o simplemente llevando a la polarización de posiciones para encantar a un porcentaje de los indecisos. Las encuestas otorgan una ventaja para Keiko Fujimori, la cual debería expresarse en las urnas, manteniendo Kuczynski una probabilidad baja de remontar.

Sin embargo, el escenario político y estratégico de Perú es un tanto más complejo que conocer quién será el próximo presidente(a) de Perú. Al efecto, el primer dato a tener en consideración es el hecho de que Keiko ya tiene asegurado una mayoría en el Congreso unicameral peruano, con aproximadamente un 60% de los escaños. Ello significa que si gana las elecciones Keiko es posible sostener que la gobernabilidad democrática y relación entre Ejecutivo y Legislativo será más estable, posibilitando dar un cumplimiento más eficiente a su programa de Gobierno y con ello afianzar una posición de poder que le permita asentar una capacidad de negociación con la elite financiera y empresarial anti Fujimori, para quienes la elección de Keiko significa ingresar a un espacio de cierta incertidumbre respecto a las reformas institucionales, nuevas regulaciones y mayor transparencia ofertadas en su propuesta programática. A ello habría que sumar la desconfianza de un sector empresarial y financiero en Keiko por la dependencia que pueda tener con su padre que se encuentra detenido cumpliendo sentencia. Tampoco se puede soslayar las acusaciones que se encuentra en proceso de investigación sobre corrupción y fraude que afectan a algunos congresistas y miembros de su equipo y sobre los cuales se han tejido una serie de historias, ninguna de ellas comprobadas hasta ahora.

En el caso de Kuczynski, su programa es un detallado documento de 280 páginas que va desde los objetivos hasta las acciones a realizar. Una verdadera hoja de ruta y de planificación estratégica cuya expresión tecnocrática salta a la vista. Si ganara la segunda vuelta, su mayor problema sería sortear un Congreso dominado por Keiko y donde las posibilidades de acercamiento y conciliación serán bastante menores en virtud de la virulencia de los ataques personales y políticos de estas dos últimas semanas. Con ello, un triunfo de Kuczynski abre un escenario de conflictividad institucional y de una menor gobernabilidad para Perú.

Dadas las características de la segunda vuelta, el foco esta en los candidatos. Sin embargo, no todos se han percatado de la importancia de la votación obtenida por Veronika Mendoza quien ha logrado aglutinar luego de varios años a los grupos y movimientos de izquierda, logrando un tercer lugar en las votaciones y una mayor representación en el Congreso. Esta rearticulación de la izquierda en Perú constituye una alerta respecto a las reales posibilidades de alcanzar la presidencia en cinco años más. Bajo la fórmula de “Frente Amplio” (expresión presente en toda América Latina en este año) se aglutinan una diversidad de movimientos y grupos cuya convergencia es la llegada al poder para plantear los cambios que se desean llevar a cabo. Al efecto, la oferta programática del Frente Amplio se sustenta en cinco reformas fundamentales: la reforma política, la reforma de la seguridad ciudadana, la reforma de los sistemas de control, fiscalización y justicia, la plurinacionalidad, y la descentralización participativa. Todo ello en una perspectiva progresista.

Relaciones con Chile

Independiente de quien gane, las relaciones con Chile se mantendrán en terminso cordiales, con alta racionalidad y respecto al derecho internacional. Con Kuczynski serán más frías y focalizadas solo en lo que interesa a Perú, mientras que con Keiko tendrán un tono más político y fraterno pero sin dejar de lado los intereses peruanos. Perú desea ser parte de la OCDE antes del 2021, tener proyección Antártica importante, fortalecer su espacio marítimo y cuidar su soberanía. Bajo estos parámetros la relación con Chile se transforma en una relación de dos Estados con objetivos estratégicos y que son vecinos, pero nada más que eso.

El horizonte a 20 años de Perú lo coloca como una potencia mediana dentro de América Latina y con relevancia en lo geoeconómico y geoestratégico. Ello impone la necesidad de observar el proceso peruano con un criterio de mayor amplitud y proyección. En lo inmediato Perú no tendrá problemas ni grandes dificultades. Es en el mediano plazo donde las variables de estabilidad y consolidación empiezan a verse riesgosas y con grados de incertidumbre en virtud del escenario que rodea esta segunda vuelta.

La mayor probabilidad de triunfo la tiene Keiko. Pero ello es solo un dato más de que Perú seguirá empujando su estrategia. Los factores asociados a las reformas estructurales que deberá implementar y el surgimiento de nuevas fuerzas y movimientos definen el escenario de mediano plazo de Perú.