Hacer una biografía crítica, pero no destructiva fue el propósito que llevó a la periodista Laura di Marco a escribir la verdadera historia de Cristina Fernández Wilhelm, a quien considera “la figura política más controvertida, atractiva y polémica que haya surgido en la Argentina en los últimos 50 años, después de Eva Perón”. El punto de partida fue descubrir que la actual Presidenta de Argentina no habría sido reconocida por su padre biológico.  Que su verdadero papá se llamaba Florencio Lattaro, era compañero de oficina de su madre  y que murió en 1972. Que Eduardo Fernández la reconoció sólo cuando se casó con Ofelia Wilhelm. Entonces Cristina ya tenía 5 años. 

Laura di Marco actualmente escribe en La Nación, pero ha trabajado en medios argentinos como Clarín y Noticias. Además, ha escrito varios libros, entre ellos “La Cámpora”, donde investiga sobre el grupo de jóvenes herederos del kirchnerismo, el que se convirtió en bestseller en 2012.  Currículum que le da autoridad para referirse a la reciente muerte del fiscal Alberto Nisman, quien había acusado a la Presidenta de Argentina de participar en un “plan delictivo” para encubrir a  los imputados en caso Amia, la mayoría iraníes.

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—¿Cómo ves que esto afecte la imagen de Cristina? ¿Es creíble?

—Si hay alguien afectado por el “suicidio” de Nisman, ése es el propio gobierno. En la Argentina suelen pasar cosas increíbles
cosas que serían difíciles de tramitar en otros países y a menudo trágicas. Y como tuvimos muchos hechos conmocionantes, siempre existe la memoria del miedo que se activa ante lo horroroso. La muerte de un fiscal que había denunciado a la Presidenta por encubrir el mayor atentado terrorista de la historia argentina y que aparece sin vida el día anterior a su presentación en el Congreso es, casi, un guión cinematográfico. Y abona la idea —bien argentina—  de que en este país cualquier cosa puede pasar y de que ningún poder es confiable. Argentina hoy se siente huérfana y desamparada. Hay un miedo indecible y la sensación de la verdad será difícil de establecer.

—¿Qué impacto puede tener esto en las próximas elecciones para el peronismo y el cristinismo? 

—Si no hay pruebas convincentes que muestren que el “suicidio” del fiscal no fue tal, no es tan seguro que el gobierno se vea gravemente afectado. A Cristina le conviene que haya sido un “suicidio” o un “suicidio inducido” por algún factor de poder que no sea el gobierno. La Presidenta ha oscilado en su imagen pública entre el 20 y el 70 por ciento de imagen positiva: esto significa que se ha caído fuertemente a raíz de sus propios errores, pero también es cierto que luego se ha levantado. Tiene capacidad de asimilar golpes. Es inverosímil —incluso hasta para el periodismo opositor— pensar en que el gobierno mandó a matar al fiscal. Sí es cierto que lo dejó solo y que lo volvió loco con las presiones y que esa soledad pudo haber influido en su final. Otra hipótesis aquí es que al fiscal lo haya “suicidado” el sector de la ex Side que le pasaba información (el enfrentado con Cristina) para perjudicar la imagen de Cristina.

—¿Había pasado algo así antes? 

 —Han pasado muchas cosas extrañas en la Argentina de este estilo. Sin ir más lejos uno de los economistas de La Cámpora, Iván Heyn, apareció muerto (aparentemente a raíz de un juego sexual) sorpresivamente en medio de una interna del Poder Ejecutivo. Se había enfrentado al gobierno y apareció muerto. Durante el mandato de Carlos Menem hubo testigos de causas de corrupción que también se “suicidaron” y en su momento fueron hechos que generaron gran conmoción. Pero luego se olvidaron. Sí es la primera vez que muere un alto miembro del Poder Judicial enfrentado al gobierno. En eso, digamos, que la muerte de Nisman ha innovado.

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—¿Qué efectos puede producir este hecho en la política argentina…? 

—No queda claro todavía. Hay que recalcar, sin embargo, que la sociedad argentina tiene reacciones electorales sólo por la economía. Quiero decir: es la economía el factor decisivo en el voto de la gente y todo lo demás es muy secundario: la corrupción o casos como el de Nisman, de tremendo impacto, solo influyen en la clase media informada. Parece que pasa mucho, pero luego no pasa demasiado. Es muy triste, pero es así.  

—¿El servicio o policía secreta de Cristina podrá llegar a “callar” un fiscal?

—Los servicios de inteligencia en la Argentina nunca se han democratizado. Se han vuelto un organismo autónomo. Y luego del memorando de entendimiento con Irán, el sector liderado por Antonio Stiusso, el espía que conducía en los hechos la Secretaría de Inteligencia, quedó enfrentado con el Poder Ejecutivo. Ese sector le pasaba información a Nisman. Pero Stiusso fue desplazado por Cristina en un movimiento muy audaz (este espía tiene información de todos los gobiernos democráticos y una gran filmoteca que, dicen, es su seguro de vida) y la muerte de Nisman —tal vez—  podría ser un pase de facturas por el descabezamiento de la ex Side. ¿Si llegan a tanto? Están acostumbrados a jugar fuerte. Y se volvieron un Estado dentro del Estado.

—Cuáles son los riesgos de tratar con el terrorismo internacional… ¿Cristina está hipotecando la seguridad y tranquilidad de Argentina?

—Cristina suele no medir las consecuencias de sus acciones y éste podría ser el caso. Pactar con Irán por la provisión de petróleo cuando se trata del máximo sospechoso de haber cometido el mayor atentado terrorista de la historia argentina fue ciertamente una jugada imprevisible, audaz y de consecuencias inciertas.   

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—En su cuenta de Facebook Cristina Fernández  dice ‘En el caso del ¿suicidio? (lo cuestiona) del fiscal… hay estupor e interrogantes …’ Y en Twitter dice que está  convencida de que no fue un suicidio… ¿Esto es “show” o reflejo de su particular personalidad?

—Es el reflejo de su personalidad desconectada de la realidad y autorreferencial. Paranoica (su carta teje una teoría del complot en la que involucra a un grupo mediático, como Clarín). Cristina habla como si fuera una ciudadana indignada cuando su fuerza política dirige los destinos de la Argentina desde hace más de una década. Es, digamos, un fiel reflejo de sí misma.

Tras un exhaustivo trabajo de investigación, en su libro Di Marco reconstruye la vida de la señora K desde su modesta infancia en el pueblo de Tolosa hasta su llegada a La Plata, donde logra que su madre la matricule en un colegio privado, que según relata su novio de la infancia refleja esa “necesidad que siempre tenía de aparentar y de pertenecer a otra clase social”. 

Fernández era medio dueño de un microbús y con los años se convirtió en empresario del ramo.

Esa historia está contada con detalles en el libro. Lo mismo que su simbiótica alianza con Néstor Kirchner para llegar a convertirse en los dueños de la Casa Rosada y lo que ha sido su vida en el poder tras la muerte de su marido.  La autora indaga también en la relación que ella tiene con el dinero y el vínculo que ha construido con el Papa Francisco, quien pasó de ser “un enemigo ideológico a transformarse en uno de sus principales sostenes espirituales y políticos”.

—De acuerdo con lo que cuentas, Cristina Kirchner ha reescrito la historia de su vida, se ha construido su propio relato. Entonces la pregunta que surge es ¿quién es realmente Cristina?

—Cristina muestra un personaje que es exactamente lo contrario a lo que ella es. Esa figura de mujer avasallante, autónoma, que dice “Yo soy la Presidenta y a mí nadie me va a torcer el brazo”, incluso cuando estaba Nestor Kichner vivo, no es ella. El libro te va mostrando con hechos, con datos de las sesenta entrevistas realizadas a quienes la conocieron en distintos momentos de su vida que Cristina es una mujer muy dependiente emocionalmente, influenciable e insegura y que, según mi mirada, eso está originado por su orfandad inicial…

—¿Cuánto la marcó esa orfandad a una edad tan temprana?

—La marcó mucho el que su padre biológico no la reconociera. Incluso suponiendo que Eduardo Fernández, quien le dio su apellido y se casó con su madre hubiese sido su padre biológico, igual no estuvo presente durante los cinco primeros años de su vida que son muy importantes para una hija. Su novio de adolescencia, que era uno de los pocos que entraba en su casa, recuerda que siempre se llevaron mal. Se veía el desamor pues era notoria la diferencia que había entre la hija a quien él reconoció y la otra que era la suya.  La propia Cristina se lo dice a Sandra Russo (una de sus biógrafas oficiales) “Mi papá tenía una relación muy diferente conmigo que la que tenía con mi hermana Giselle”.  También hay que mencionar la vergüenza que implicaba en los años 50 ser hija de madre soltera (Cristina nació en 1953). Por eso, mi hipótesis es que Néstor no fue solo un marido, sino un padre que la cobijó. Es raro que ella se enamorara de alguien como Néstor. Una chica tan mona, se casa y se va a Río Gallegos, que incluso hoy es como el fin del mundo. Imagínate lo que era hace 40 años. Hay que tener agallas para radicarse en esa zona austral e irse con Kirchner que no era precisamente un adonis.

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—Eso es interesante porque Cristina como que hace un switch después de que sus “amigos” de clase alta de La Plata la humillan. 

—Es que, en definitiva, su historia se trata del encuentro de dos humillados. A cualquiera puede pasarle algo así, pero el tema es la forma como te paras en la vida después. Si usas ese resentimiento para dividir más, como lo utiliza el kirchnerismo a nivel político o si lo usas para ayudar a los demás…

En su época de La Plata ella trató de integrarse al grupo de los jóvenes de familias de clase alta de esa zona, pero la marginaron.  Yo entrevisté mucho a ese entorno…  y todavía hoy existe una suerte de rechazo hacia ella porque la ven como una resentida de su clase.  Tal vez por eso, a ella no la guía el amor por los pobres, sino el odio a los ricos.

Y Kirchner también era un humillado. En el libro de Luis Majul, “El dueño”,  habla un profesor del colegio y recuerda que como era bizco y seseaba, debía soportar las burlas de sus compañeros. Era un looser, como diríamos hoy, que se va a La Plata y se engancha a la chica linda del pueblo. Ellos encajan como dos piezas de un reloj suizo en un encuentro que después va a transformar la Argentina o la va a marcar de un modo muy importante.

—Volviendo al tema del padre, afirmas que ninguno de los dos la quiso y que eso debe haber sido muy marcador.

—Efectivamente. Pero tampoco la querían en su entorno. Yo creo que el único que la quería era Néstor, porque el que la conoce, no la quiere. Ella no conserva ningún lazo, no tiene amigas, no se vincula con la gente del pasado. Cristina sólo construye algún vínculo con gente que está a su servicio, pero no los mantiene. Por ejemplo, yo entrevisté a su depiladora personal que la atendió por 10 años en Río Gallegos. Sabes que ni siquiera la saludó en un acto al que asistía. En general, lo que hace es que sigue para adelante, corta, primero con La Plata, después con Santa Cruz, y su entorno es cada vez más pequeño. Hoy, muchas noches come sola con su guardaespaldas.

—En tu libro destruyes algunos de los mitos que la pareja Kirchner se inventó, por ejemplo, su lucha por los derechos humanos en tiempos de la dictadura militar.

—Efectivamente ellos cuentan la historia de que estuvieron presos. Pero no fueron perseguidos políticos. Hay todo un edificio de mentiras que dice algo de lo que nosotros, como argentinos somos. Al igual que ella,  hemos construido un relato con muchos mitos sobre cómo nos gustaría que las cosas fuesen. Hablamos de la grandeza de este país, pero la realidad es que Argentina hoy no existe en el mundo…. Por eso tenemos este tipo de presidentes.

—¿Cómo la cambió a ella la viudez?

—Diría que de una manera positiva y de una manera negativa.  Positiva para ella tal vez, porque se reconectó más con su esencia. Ella era una mujer más de izquierda en los 70. Incluso cuenta que en el 73 ella no vota a Perón, vota al Frente de Izquierda. Sin Néstor, se radicalizó.  Ahí viene la expropiación de Repsol, La Cámpora, la idea de desperonizar el gobierno. Pero por otro lado Néstor era un freno. Y es ahí donde ella comienza a dilapidar todo su capital político y se empieza a mandar errores groseros. 

—Y sin Nestor, ¿cómo ejerce el poder?

—Ella es extremadamente desconfiada. No tiene un equipo. Peor que eso, pues ella misma declara “yo no confío en nadie, sólo confío en mis hijos”.  Qué gracia le causa escuchar eso a un tipo como Zanini o De Vido (ambos ministros), gente que ha estado a su lado toda la vida. Pero bueno, ella gobierna de un modo muy personal, cada vez con menos interlocutores, no hace reuniones de gabinete y por eso comete los errores que comete y las desconexiones con la realidad que se manda. 

—¿Cuánto del fenómeno del kirchnerismo es ella y cuánto fue Néstor K? ¿Qué le aportó? 

—Para él, ella fue una inyección enorme de autoestima. Es decir, te levantaste la mina linda de La Plata. Fue una gran inspiración para él porque la admiraba mucho. Una mina que puede hablar en público, una mina hermosa, aunque ahora está deteriorada, y su ascenso al poder son una ofrenda para ella,  hasta que le ofrece la Presidencia. Más allá de que él tuviera otras mujeres y ella tuviera otros affaires. Eso no alteraba su relación. Hablé bastante con Miriam Quiroga que fue la última amante de Néstor y ella me contaba que Néstor la iba a ver llorando porque se había peleado con Cristina…  Era un tipo que jamás la iba a dejar.

—Si,  pero con su muerte la dejó sola y ha tenido que hacer frente a las acusaciones de corrupción del kirchnerismo. ¿Qué responsabilidad tiene ella en esos negocios turbios?

—Ella avaló todo, es cómplice, pero no fue el cerebro. No es que los dos armaron ese esquema de mezclar política y negocios. Ella lo hereda y disfruta de eso… pero de hecho, había muchas cosas de las que se enteró después sobre cómo el marido había armado el tinglado. Sin embargo, lo llamativo de todo esto es que ella no cree que deba dar explicaciones a un sector de la sociedad que no la vota. Es la Presidenta del sector Cristinista, no de todos los argentinos. Por eso no explica nada. 

—El matrimonio Kirchner tuvo una pésima relación con el arzobispo de Buenos Aires, pero ahora ella parece más cercana. ¿Cómo es hoy su relación con el Papa Francisco?

—Efectivamente ella se ha acercado mucho al Papa. No creo que sea puro cálculo político. No sé si vos la viste, una de las últimas veces en que lo fue a ver, era como una nena frente a su padre. Le mostraba sus dibujos, las cosas que le había llevado.

En esta relación hay dos etapas. En la primera, todo lo que ella pensaba del Papa era letra de Néstor Kirchner, quien detestaba a Bergoglio. Tras la muerte de Néstor, ella descubre a otro Bergoglio. Había un sector en el kirchnerismo que era pro Bergoglio y a ése pertenecía Eduardo Valdés, que ahora es el embajador en el Vaticano, quien le hace ver la otra cara del Papa. ‘Mira le dice,  es un Papa peronista, un Papa que te va a apoyar’. Creo que también de algún modo el Papa representa un padre. ¡Mira el padre que se eligió.!  En todo caso, pienso que el Papa Francisco le tiene un afecto sincero. El les ha dicho a los que la rodean que la cuiden, el gesto que le hizo a Cristina al no recibir a Sergio Massa, que es su archienemigo al interior del partido es revelador. La Iglesia se maneja mucho con gestos… Pero a ella la recibió muchas veces e incluso le ofreció bautizar a su nieto pero Máximo no quiso porque sigue siendo fiel a su papá. 

—Acabamos de ver que ella canceló su viaje al Vaticano por un problema en el tobillo. Ella ha tenido una serie de problemas de salud. ¿Cómo está realmente?

—Ella tiene una salud frágil. Tú me preguntabas qué le pasó en la viudez. Diría que el cuerpo le estalló. Un punto de inflexión fue esta operación que tuvo al cerebro, el hematoma subdural. Después tuvo irritación en el colon… Es una mujer joven, pero no hizo el duelo y eso le cobró la cuenta. De algún modo tienes que parar cuando te suceden cosas como esa, pero su vida es el poder. Ella, al parecer tiene una versión más suave de la bipolaridad que padecen su madre y su hermana, porque si no, no podría gobernar.  Sin embargo, tiene esta cosa de los estallidos de rabia, que según los siquiatras, es también una forma de manía. 

—¿Como ves el panorama político para ella pues el 2015 tienen elecciones? ¿Quién es su delfín? ¿Su hijo Máximo?

—En realidad, no tiene delfín. Máximo no tiene cintura política, es muy torpe y ni siquiera participó en política en su centro de estudiantes.

¡Su futuro es un enigma! Va a depender de como ella negocie. Massa está decreciendo. Creo que Scioli va a ser el próximo presidente, apoyado por el kirchnerismo. Si pueden arreglar con el FMI y sanear la economía, si todo no estalla por los aires,  ella puede llegar a tener alguna influencia. Creo que va a dedicarse a armar su propia fuerza y yo no la subestimaría. Pese a todo, tiene un 25 por ciento de respaldo. Son una minoría intensa e importante. Yo no me animo a decir que se viene el fin de ciclo del kirchnerismo.