Cuando a fines de los ’70, Federico Fellini llevó al cine esa delirante película que se conoció como La ciudad de las mujeres, no podía imaginar que tal ficción, al cabo de los años, se haría realidad. Si remotamente lo creyó —quién podría suponer, con certeza, lo que pasaba por la cabeza del director italiano—, parece poco probable que pensara que sería muy cerca de Rimini, la ciudad que lo vio nacer en enero de 1920, donde su obsesión cobraría vida. Y es que en enero de 2007, a medio camino de Rimini y Riccione, nació Playa Rosa, un balneario donde los hombres están prácticamente prohibidos.

Así como en España, específicamente en el País Vasco, hay cofradías a cuyas cocinas únicamente pueden acceder hombres, en algunos lugares de Italia y en otras playas del mundo, parece ser que las  mujeres prefieren aprovechar las bondades del sol y del agua salada lejos de la mirada inquisidora y molesta del sexo opuesto. “No es que estén vetados, lo único es que no son bienvenidos porque las mujeres tienen que tener su propio espacio para hablar de sus cosas”, decía en julio de 2007 Francesco Ravaglia, el administrador de Playa Rosa, al momento de su estreno.
Un letrero, con la impronta de la señalética del tránsito, indica que los hombres tienen restringido el paso. En rigor, el aviso carece de validez legal. El-verano-de-las-mujeres02Sin embargo, el municipio de Riccione determinó establecer un impuesto excesivamente alto para aquellos que quieran aventurarse en la blanca arena de Playa Rosa. A eso sumaron un servicio eminentemente femenino que incluye manicure, peluquería y gimnasio.

No es el único caso en Italia. También sobre el Adriático, en Trieste, está La Lanterna, una playa inaugurada en 1903 y que, desde su estreno, tuvo un muro que separaba el sector destinado a los hombres del que ocupaban las mujeres. El cerco, inicialmente fue de madera y al poco tiempo fue remplazado por uno de cemento que se eleva a tres metros del suelo. Lo levantaron para evitar actos contrarios a la decencia. Y aunque ahora dista mucho de ser necesario, los triestinos, por un asunto de tradición, se niegan a echarlo abajo.
Los espacios sólo para ellas parecen ganar terreno en los últimos años.
En la India, por ejemplo, en el barrio musulmán de Nizamuddin (Nueva Delhi), se habilitó un parque destinado en exclusiva a las mujeres. La mayoría vive recluida dentro de sus casas, porque así está establecido socialmente, pero el parque vino a cambiar la forma de vida de mil 500 familias.
En Tokio, los bares femeninos también comienzan a multiplicarse. Reservado para ellas, el Love Joule se publicita como un lugar donde pueden hablar de todos los temas, sin restricciones ni tabúes. En su primera semana, las animaba a entrar para conversar sobre masturbación.
En el DF mexicano —siguiendo la línea de otras ciudades como El Cairo, Kuala Lumpur o Río de Janeiro—, segmentaron el uso de los vagones del metro. Unos para ellos, otros para ellas. La explicación es cruda: se produce un promedio anual de 650 casos de abuso sexual reportados en el tren subterráneo, casi dos por día.
Está claro que en algunos casos, el uso reservado de espacios no obedece a un asunto de comodidad, sino más bien de supervivencia y protección.

El-verano-de-las-mujeres03UN TRAJE DE BAÑO QUE CUBRa DEL CUELLO A LOS TOBILLOS deben usar las mujeres que van a playas mixtas en países musulmanes. Pero en La Femme, ubicada en el exclusivo complejo del hotel Marina, en El Cairo, ellas pueden liberarse de él y ponerse bikinis. Protegido por un cerco de palmeras, acceden a la playa tras pagar una entrada que bordea los 20 dólares, con lo que también zafan del conservadurismo de una sociedad mayoritariamente religiosa que restringe la exhibición del cuerpo femenino en los espacios públicos, y a la que buena parte de las mujeres suscribe usando pañuelo en la cabeza y ropas de manga larga y cuello alto.
Sin embargo, La Femme no es la primera playa femenina en Egipto. Ya en 2004 había sido inaugurada Yachmak. Al momento de su estreno, el gestor de la idea, Walid Mustafa, señalaba a la prensa: “Pertenecemos a una sociedad conservadora. No podemos olvidar eso”.
Hasta 1979, la isla de Kish era el lugar elegido por el Sha de Persia para traer a sus invitados —reyes y celebridades— a veranear. Tras su derrocamiento, el paisaje humano de esta postal paradisíaca de Irán cambió. Desde entonces, la ley impide que las mujeres se muestren ante los hombres sin tener su cuerpo y cabeza tapados, cosa que se ha radicalizado con los años y que llevó en 2005 a cerrar las playas mixtas que quedaban en Kish.

Hace poco se levantaron dos grandes muros de cemento para “blindar” 200 metros de arena que, visto lo que ocurre en el Irán de hoy, ofrece un espectáculo único: iraníes a pecho descubierto o cubiertas por diminutos bikinis toman el sol y se bañan lejos de las miradas masculinas.
Fellini pudo prever una ficción delirante a fines de los ’70, con mujeres empoderadas y vanguardistas, pero son las mismas que ahora en Italia, Egipto o Irán reclaman espacios de libertad, aunque sea en topless e hilo dental.

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