En pleno barrio de Palermo, camuflada entre árboles frondosos, se encuentra una de las embajadas más importantes de nuestra Cancillería. A una cuadra de la transitada Avenida del Libertador, su arquitectura setentera alberga las oficinas y la residencia del ex senador Adolfo Zaldívar. Desde su despacho, tiene una privilegiada vista sobre la gigantesca plaza República Oriental del Uruguay, la misma que utiliza para caminar una hora cada día, siempre y cuando sus numerosos viajes lo permitan.

“Esta embajada demanda una parte del tiempo en la capital pero, también, otra muy importante en las provincias y en Chile. Cuando se habla de Argentina existe la tendencia errónea de relacionarla sólo con Buenos Aires. Y existe una nación profunda con una realidad relevante para nosotros”, comenta.

De hecho, viajó a Santiago a fines de abril para organizar la visita que harán al Presidente Piñera este mes, catorce gobernadores trasandinos. ¿El tema? Mayor integración, convenios con gas…

A BUENOS AIRES SE FUE CON SU MUJER, Alicia Larraín, y la hija menor, María Antonia, que estudia Sicología allá, después de la renuncia obligada del primer embajador nombrado por el Presidente Piñera, el RN Miguel Otero, quien dijo a El Clarín que en Chile “la mayor parte no sintió la dictadura”… Diez meses después Zaldívar da a CARAS su primera entrevista como diplomático, buscando centrarse en la palabra que repite casi como mantra: integración. Ese es el objetivo que lo hizo tomar el cargo. “Nunca estuve ligado a la diplomacia, pero acepté porque existe un desafío: profundizar una relación importante. He tratado de hacerlo con la mayor entrega porque no veo a futuro Chile separado de Argentina. Y creo que la nación trasandina tampoco puede sola. Hace 30 años estuvimos al borde de un conflicto armado y ahora ¡miren en el escenario! Se pasó del conflicto al entendimiento”.zaldivar-texto-1

–¿Se imaginó alguna vez en una embajada?
—No, pero tuve siempre mucho que ver con esta nación. Durante 14 años presidí la Comisión Parlamentaria Chileno-Argentina. Además, fui parlamentario por Aisén que tenía un vínculo muy directo… Estoy muy contento. Siento que me realizo en algo que va a ser muy importante para mí como persona. Además, contribuyo a que Chile entre en una relación fundamental para el desarrollo.

—Después de militar tantos años en la DC y ser concertacionista, ¿pensó que formaría parte del gobierno de la “oposición”?
—Tuve una ruptura con la Concertación. El Transantiago era una insensatez… me expulsaron de la Democracia Cristiana por oponerme a políticas públicas como ésa. Me echaron por plantear que debíamos corregir la forma como se estaba aplicando un modelo económico que consideré irracional, donde se destruía a la clase media y no se les daban espacios a los jóvenes. Mis críticas cada vez fueron más duras y no quise ceder cuando vino lo del Transantiago, donde se botaron 4 mil millones de dólares y se aniquiló a 5 mil microempresarios. Eso me violentaba profundamente. No podía hacerme parte. Bueno… me expulsaron. El tiempo me ha dado la razón. Yo no dejé de moverme por los valores que me llevaron a la política. Son otros los que se apartaron. No estoy en la derecha, no he estado, ni voy a estar, pero tampoco en una Concertación por las razones que acabo de dar.

—Después de su nombramiento, ¿lo contactó alguno de sus ex socios políticos?
—Varios me llamaron para felicitarme.

—¿Volvería a la contingencia política?
—De alguna forma lo estoy haciendo… Al trabajar por la integración siento que me anticipo a los tiempos. Por ejemplo, cuando reflexioné el año pasado sobre la globalización en Chile en el siglo XIX, lo hice pensando en abrir los ojos a quienes los tienen cerrados. Así contribuyo a que la política chilena se preocupe de los temas importantes. El día de mañana, partido que no tenga una posición seria respecto de la integración estará desfasado.

—Embajador, me refiero al otro tipo de contingencia. ¿Volvería a eso?
—No. No lo echo de menos tampoco. Fue una época intensa, tensionada… acá ha sido como un remanso. En Chile hay que construir una fuerza política para corregir la forma en que se aplicó un modelo que produjo gran concentración de riqueza. Ahora debe construirse un movimiento que dé posibilidades de progreso a la clase media. ¿Eso me costó la expulsión? Claro. Caí luchando y todavía no se ha escrito la última palabra… ¡No se ha escrito la última palabra! (golpea la mesa). Estoy trabajando para los mismos objetivos, desde planos distintos.

—¿Cómo recuerda esa etapa?
—Hasta me emociono…

zaldivar-texto-2—¿Por qué?
—Porque me demandó mucho. Fue fuerte. Me pude haber quedado callado, era presidente de la DC pero, para mí fue más importante servir a los valores que me llevaron a la política. Si eso iba a tener un costo, bueno… Muchos me siguieron.

—¿Se arrepiente de algo?
—No, hice lo que debía, sabiendo que caería por eso. Nos obstaculizaron, nos golpearon, pero no nos detuvieron.

—¿Dice eso por la fundación del Partido Regionalista Independiente, PRI? ¿Sigue ligado a él?
—Fui fundador, soy miembro. Sin embargo, no estoy en la conducción, ni participando de las decisiones. Lo he dejado en manos de gente que está en Chile. Mi sentimiento y mi afecto siguen ahí. En el plano diplomático no me mezclo en políticas contingentes.

—¿El Presidente Piñera lo llamó personalmente para ofrecerle la embajada?
—Hubo varias conversaciones. No sólo por este cargo. Al comienzo no estuve dispuesto, pero después ocurrió algo que precipitó todo (la renuncia de Otero) y sentí que no me podía restar a un llamado del mandatario.

—¿Cómo es su relación, hablan seguido?
—Un embajador no tiene por qué estar hablando con el Presidente de la República a diario. He tenido una relación muy fluida con el canciller Alfredo Moreno. Al él le planteé la visión que tenía sobre cómo encarar una embajada tan compleja.

—¿Creía que la Casa Rosada posibilitaría la extradición de Sergio Galvarino Apablaza, inculpado en el crimen de Jaime Guzmán?
—Es una decisión del gobierno argentino. No la comparto, pero la han tomado dentro de la institucionalidad.

—¿Comparte la tesis oficial en el sentido que fue una decisión técnica, no política?
—De acuerdo con nuestras instituciones, el asunto se radica en el Poder Judicial. Argentina tiene un sistema distinto y no me corresponde calificarlo. Nos habría gustado una decisión diferente por los hechos y por la relación misma. Pero en la Casa Rosada primaron otros antecedentes.

—¿Ningunearon al gobierno chileno al negarle la posibilidad de juzgar a Apablaza?
—Acá la institución del gobierno que decide no está hecha para regular las relaciones con nuestro país. Nos habría gustado una que se hubiese enmarcado absolutamente en el derecho.

—¿La Moneda se dio por vencida o esperará otro escenario político en Argentina para contraatacar? Este año hay presidenciales.
—No nos corresponde cuestionar esta situación. Lo que ha hecho Chile es regular sus relaciones con Argentina conforme al más irrestricto respeto a la institucionalidad de ambos países.

—Entonces, ¿tema cerrado?
—El gobierno de Piñera ha requerido la revisión por parte de las autoridades trasandinas que tendrán que pronunciarse. No he recibido instrucciones de nada distinto.

—¿Y en qué pie quedaron las relaciones tras ese episodio?
—Entender que el único motivo de relación radica en el estado del Caso Apablaza es no apreciar el inmenso vínculo… Entre tanto, han seguido los encuentros de integración. Antes los jefes de Estado se reunían por conflictos limítrofes. Ahora no. Y no sólo se juntan los presidentes, también los ministros. Y los 14 gobernadores de provincias argentinas viajan para tratar precisamente temas asuntos de integración. Los gobiernos concertacionistas hicieron un gran trabajo; el mérito del actual mandato es profundizar.

—¿Cómo es su relación con la Presidenta Cristina Fernández?
—Tengo muy buen trato con todas las autoridades políticas y un gran respeto por la señora Presidenta. Sentí mucho la pérdida de Néstor Kirchner porque también estuvimos cinculados desde que era gobernador de Santa Cruz.

—¿Va a la reelección Cristina?
—Soy embajador nomás, ni analista político, ni militante de ninguna de las tendencias que existen acá. Estamos ante un proceso muy interesante; debo ser un buen observador.

—Como buen observador, ¿le parece que Cristina irá a la reelección?
—Sin lugar a dudas es una gran personalidad política en Argentina.

—¿Alguna chance para la oposición?
—Si opinara dejaría de ser embajador.

—¿Por qué Obama pasó por alto a Argentina en su visita a Sudamérica?
—No puedo interpretar las razones que tuvo. No me corresponde.

—La última pregunta… El anterior embajador tuvo que renunciar tras una entrevista, ¿está seguro que quiere que salga publicada ésta?
(Risas).

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