Esta temporada, el Festival internacional de teatro Santiago a mil viene más circense que nunca. Dos compañías que han recorrido el mundo y ganado decenas de premios, serán las protagonistas: la francesa Transe express con sus obras Mobile homme y Lluvia de violines, y el Conjunto folclórico de Sichuan, con un espectáculo de títeres gigantes chinos, que se pasearán entre la multitud como uno más de los espectadores.

Con casi treinta años, los franceses de Transe express tienen más de veinte obras en el cuerpo, todas con acrobacia, música tocada por sus propios actores y concebidas especialmente para espacios públicos.

La principal característica de su teatro callejero es que ocurre a 40 metros del suelo, con músicos y trapecistas que se cuelgan de poderosos arneses para que nadie se pierda de lo que llaman el art cèleste (arte celestial).

Todo empezó en 1984, cuando la bailarina Brigitte Burdin y el escultor Gilles Rhode se unieron para fusionar sus pasiones: danza y música. Pero no quisieron ser una compañía de teatro más. Su idea era acaparar plazas, calles y mezclarse con los transeúntes para hacerlos vivir una experiencia distinta, incorporándolos a sus obras. De esta forma, comenzaron a recorrer diferentes ciudades francesas.

Sus apariciones provocaban tanta efervescencia que los actores apenas podían moverse entre la gente que se agolpaba para tener alguna vista del espectáculo. “Por eso, Rhode puso en práctica sus dotes escultóricas y diseñó una estructura estable, que permitiría a los artistas estar suspendidos en el aire, colgados del brazo telescópico de una grúa horquilla —como las que vemos en las construcciones de los grandes edificios— y tocar instrumentos, bailar, hacer piruetas e interactuar con el público desde el aire, conformando un móvil gigante”, explica Cècile Morel, encargada de comunicaciones de Transe express.

Cuando la compañía comenzó a realizar este tipo de actos, tuvo un impulso atómico, aumentando explosivamente sus recorridos por el mundo. Justamente dos de estos shows aéreos son los que mostrarán en nuestro país. Uno de ellos es Mobile Homme —que abrirá el festival el 3 de enero—, creado por la dupla Burdin-Rhode en 1990.

Teatro-a-mil02LA OBRA PARTE CON UN DESFILE DE ARLEQUINES que aparece entre la gente tocando sus tambores. Durante media hora, los artistas se mezclan entre la multitud. Recorren el espacio asustando a quienes pretenden no haber notado su presencia. Bromean con niños y adultos, se montan en fuentes, esculturas y escaleras, al ritmo de sus tambores. Al final de la línea de arlequines marcha el Pignouf, una especie de bufón que no sigue las reglas de la batucada y coquetea con el público, improvisando instrumentos con lo que encuentra en la calle. De pronto, el móvil gigante se despliega sobre las cabezas y rápidamente los actores y músicos se suben a sus pequeñas plataformas colgantes, asegurando los cinturones que los mantendrán firmes en las alturas. También el Pignouf se pone su arnés y se revela ante el público: bajo la apariencia de payaso callejero se esconde una linda trapecista que deslumbra con acrobacias desde lo más alto del móvil.

Durante 15 minutos, la estructura capaz de levantar hasta mil kilos se mece sobre la gente, iluminada por un juego de luces y aprovechando el entorno urbano para lograr que todos escuchen la música, sin ayuda de parlantes o efectos auditivos.
El otro espectáculo que traen los franceses es Lâcher de Violons (Lluvia de violines) de 1999, también creado por los fundadores de la compañía.

“El número es una emoción vertical”, señala el director Gilles Rhode.

La obra, pensada especialmente para ser interpretada durante la noche, comienza con el eco de los tambores retumbando en todos los rincones. “La percusión da paso a una melodía barroca de violines y mientras la gente busca el origen de los instrumentos, emerge un cuarteto de cuerdas suspendido por un móvil gigante y alumbrado con potentes focos. Una cantante lírica, un ballet y varios trapecistas aparecen en escena a 30 metros del suelo”, agrega Rhode.

Al compás de la música, bailarines y trapecistas hacen lo suyo, desafiando la gravedad con peligrosas maniobras. El espectáculo dura una hora y termina tal como empezó: las luces bajan y la música de violines se transforma en una batucada que se pierde en la ciudad.

Los franceses, que vienen por segunda vez a Latinoamérica, se presentarán en diferentes espacios públicos de la capital y en regiones.

Teatro-a-mil03MARIONETAS HUMANAS A ESCALA NATURAL es lo que tiene preparado China para enero. Poniendo en escena una técnica centenaria y llena de misterio. Los muñecos son capaces de realizar complicados bailes con cintas de seda o paraguas, además de tocar instrumentos y hasta fumar frente al público. Son tan reales que suelen confundir a los espectadores.

La historia del espectáculo se remonta a 300 años atrás, en medio de la migración de Huang a la provincia de Sichuan en China y bajo el imperio de la dinastía Qing. Entonces, diversos artistas trajeron la novedad de los títeres gigantes, técnica que se transformó en una de las tradiciones culturales más arraigadas en el pueblo chino.

En Chile, cada uno de los diez artistas manejará tres marionetas, poniendo a prueba toda su destreza porque tendrán que mover por 30 minutos muñecos de hasta 20 kilos. ¿Cómo lo hacen? “Es un secreto que se guarda entre cuatro paredes y sólo se transmite de padres a hijos. Este número está integrado por la quinta generación de artistas y requiere que ejerciten y ensayen durante años para lograr que las marionetas se muevan en forma natural, como lo hacen los humanos”, señala Li Fahai, subdirector de la compañía.

“Los muñecos son sujetados por tensores que se unen a una correa de control, la que va amarrada como arnés al pecho y a la que llaman ‘tira de vida’”, señala Yao Yongbin, encargado del ministerio de cultura chino para América y Oceanía.

Dentro del secreto está también la técnica de fabricación de las marionetas. No comentan los materiales ni cómo las diseñan. “Sólo podemos contar que están construidas para ser separadas en cinco partes diferentes para poder transportarlas de una presentación a otra”, dice Li Fahai.

El espectáculo mostrará trajes tradicionales chinos, elaborados a mano por el equipo de vestuario y otros a pedido, pero diseñados por ellos mismos. Cada uno cuesta entre mil y mil 500 dólares (unos 700 mil pesos).

La música, basada en piezas tradicionales, también es exclusiva para cada obra.

Para montar la presentación, la compañía requiere una logística mayor. Transportan desde China cada uno de los elementos que necesitan y sólo piden a los organizadores que tengan un lugar para guardar las marionetas en forma segura y al que tiene acceso sólo el personal autorizado. Ellos son los únicos dedicados a este arte en la actualidad.

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