Si algo dejaron claro las primarias fue que a Michelle Bachelet no le entran balas. Qué mejor evidencia el que en Dichato —zona emblemática del terremoto de 2010— consiguiera un 82 por ciento y en Iloca un 96 por ciento de aprobación.

Ni siquiera sus anuncios de subir la carga tributaria de las empresas a un 25 por ciento —ni la eliminación del FUT— le hizo mella. A pesar de todo, para ganar en noviembre hace falta más. Porque de cara a la presidencial, el puzzle cambió y ahora tanto ella como el ganador de la derecha, Pablo Longueira, saben que para ampliar su base de apoyo necesariamente deberán evitar los extremos, moverse con cautela y así conquistar mayor electorado de centro.
Nada fácil ni para ella ni para él.

Tras las primarias, a Bachelet se le agregaron dos nuevos aliados: el Partido Radical Socialdemócrata y la Democracia Cristiana. Ellos, más el PPD, PS, IC, MAS, PCCH, forman un grupo disímil que, a pesar de sus grandes diferencias, está obligado a lograr acuerdos.

“Michelle Bachelet tendrá que ver cómo integra a los nuevos aliados”

“Michelle Bachelet tendrá que ver cómo integra a los nuevos aliados”, advierte diputado Pepe Auth. Y, por otra parte, no constituye misterio que ambos partidos también necesitan la fuerza del bacheletismo de cara a las parlamentarias; de hecho, ya muchos se habrían tomado la foto y tendrían sus afiches listos para hacer campaña. “El gran tema para Michelle será cómo incluir los planteamientos de ambos sectores, cada uno con posiciones opuestas”, anticipa el diputado.

Ejemplos saltan a la vista: en el matrimonio igualitario, José Antonio Gómez (PR) se mostró siempre a favor mientras que en cada discurso Claudio Orrego (DC) dijo que el matrimonio es entre un hombre y una mujer.
Otro punto que los separa es el cambio constitucional: mientras el representante radical avala la demanda estudiantil y una Asamblea Constituyente, en la DC la sola mención causa urticaria.

“Michelle ya reina en paralelo con Piñera”

Más allá de las obvias diferencias, Bachelet se ha encargado de dar señales, como recibir primero a Claudio Orrego esa tarde de la victoria, consciente de que aliándose a la DC podrá demostrar mayor cercanía con el mundo moderado. Y, por supuesto, contar con su máquina territorial para estos cinco meses de ardua campaña. Sin embargo, la primaria puso en evidencia a una DC debilitada, ni la sombra de lo que fue, luego de que Claudio Orrego obtuviera, a ojo de muchos, un impensado tercer lugar. El cientista político Jorge Navarrete —encargado del equipo de comunicaciones del comando— reconoce que tal vez el discurso de Orrego no llegó a un grupo importante de personas.

“Pero también el partido debe hacer una autocrítica respecto a cuál fue su capacidad para movilizar adherentes. Compararlo con la UDI me da envidia… y no sana. Incluso en regiones representativas de la DC los resultados anduvieron bajo lo esperado, existió poco apoyo territorial. Hubo polémicas internas que fueron socavando la candidatura de Claudio. Espero que en las parlamentarias puedan corregir lo que, a mi juicio, fue una mezcla de falta de convicción, fatiga prematura y deslealdad”.

“Pero también el partido debe hacer una autocrítica respecto a cuál fue su capacidad para movilizar adherentes. Compararlo con la UDI me da envidia… y no sana…

Navarrete está molesto con el rol del partido en esta pasada. Para Cristóbal Bellolio, analista de la UAI —una de las caras visibles de Red Liberal y simpatizante de Andrés Velasco—, la votación de la Nueva Mayoría —que triplicó la de la Alianza y donde Bachelet sola obtuvo más votos que Allamand y Longueira sumados—, permite anticipar que la presidencial está prácticamente definida.

“Tendría que pasar algo muy extraño para que eso cambiara, tomando en cuenta que la popularidad de Bachelet ha demostrado ser incombustible. Tiene la preciosa habilidad de separar su figura de los vicios manifiestos de su entorno político. Su fortaleza electoral es una oportunidad y un riesgo. Una oportunidad porque puede apostar a un programa de cambios sustantivos sin necesidad de grandes concesiones. La amenaza de Jaime Quintana resuena hoy más fuerte: después de los resultados de la primaria, la DC tiene escaso margen para influir. Pero también resulta un riesgo administrar tamaño fenómeno: cada promesa de campaña tiene cara de proyecto de ley y eso configura un escenario de gobierno anticipado. Michelle ya reina en paralelo a Sebastián Piñera. Las expectativas suben mucho y luego el costalazo es más doloroso cuando éstas se frustran, como suele ocurrir cuando se gobierna”, sostiene.

La seducción Velasco

No es todo. Existe otro factor: el rol que adquirió la ex mano derecha de Bachelet en Hacienda, Andrés Velasco, quien después de las primarias pasó directamente a morderle los talones. Todos apuntaban a que el economista no era mucho más que una sombra que se disiparía post 30 de junio. Que no tenía máquina partidista ni despliegue territorial. Mucho menos, carisma. Y sorprendió. Le arrebató votos a la derecha que, sin Velasco, probablemente hubiese votado por Andrés Allamand. Los analistas dicen ahora que la gente se sintió atraída por sus ideas y no por otros factores. Ideas que emergen de un hombre que es liberal en lo económico y en lo valórico, con fama de serio. “Ese sería el perfil del nuevo centro, uno más conectado con el mundo de hoy, no tan anclado a los convencionalismos. Por eso obtuvo una alta votación en Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea”, observa Auth.

Bellolio cree que el sorpresivo segundo lugar de Velasco acarrea una gran responsabilidad. “Hizo campaña apelando a un mundo liberal de centro que se encuentra huérfano, políticamente hablando. Los casi 278 mil votos de Velasco lo perfilan como el indicado para aglutinar a esa tribu en un futuro partido o movimiento que aspire a competir por el poder político. En la batalla por el centro de la que tanto se habló, se impuso el proyecto de Velasco. Y entre todos los factores que sumaron, figura el generacional: ¿o no es sintomático haber relegado al tercer y cuarto lugar a la DC y al radicalismo, partidos más atractivos y relevantes para nuestros padres y nuestros abuelos?

No es todo. Existe otro factor: el rol que adquirió la ex mano derecha de Bachelet en Hacienda, Andrés Velasco, quien después de las primarias pasó directamente a morderle los talones.

Lo cierto es que Andrés Velasco tiene por misión capitalizar y potenciar su perfil. Muchos no pasaron por alto que la noche en que fue a felicitar a Bachelet tras las primarias, comprometió su voto pero dejó en libertad de acción a sus electores. Para Juan José Santa Cruz, generalísimo de la campaña del ex ministro, todavía no hay nada definido. Aunque declara: “La gente está hastiada de las dirigencias y las malas prácticas, hay decepción con el sistema. Andrés llegó para quedarse, el resto lo vamos a analizar con calma, cada cosa a su tiempo”.

A la conquista de 10 millones de votos

Sin duda es el centro el santo grial que los competidores deben tocar para ganar. Frente a esta teoría, el cientista político de la UDP Alfredo Joignant habla de “varios centros” que se han vuelto excéntricos y, sobre todo, concéntricos. “Uno puede apreciar un centro liberal progresista con una avanzada agenda cultural y valórica que ha sido capturado por Velasco y que dificulto se vaya a la derecha de Longueira (a lo sumo se agrega al nulo o al blanco, o a la abstención); un centro católico social (PDC), y por la derecha, un centro social con electores que se supone se mueven por ‘cosas’ que no son políticas, y que probablemente rechazan la política establecida (a eso apela Longueira). ¿Existen realmente estos centros y, de verdad, hay muchos electores que se mueven única o principalmente por materias que se adscriben a estos centros? Creo que sí, pero es difícil cuantificarlos”.

Luis Larraín, de Libertad y Desarrollo, ve a Longueira como un político pragmático, que ha mostrado capacidad de adaptación. Falta ver hasta qué punto se apartará de las posturas ultraconservadoras. Para Larraín, la imagen de Joaquín Lavín junto a la vocera Cecilia Pérez y Luciano Cruz-Coke, y el propio discurso de Longueira sobre “que una cosa son las convicciones personales y otra lo que el Estado debe hacer e imponer a los individuos”, constituye una clara señal de disposición de apertura. Sin embargo, el presidente de la UDI Patricio Melero enfatiza que Longueira en los llamados “temas valóricos” no transará.

> Revisa el video de la franja electoral de Michelle Bachelet

> Revisa el video de la franja electoral de Pablo Longueira

Lee este reportaje completo en la edición del 5 de julio.