Habla de forma pausada, pero segura. Pese a su juventud, no transmite pasión sino la tranquilidad de quien sabe lo que hace y el sitio exacto a donde quiere llegar en su gestión de cuatro años que comenzará el 10 de diciembre. María Eugenia Vidal, o simplemente Mariu, como la llaman sus seguidores y cercanos, el pasado 25 de octubre fue electa gobernadora de la provincia de Buenos Aires, la más grande y compleja del país. Con el 36.9 por ciento de la votación, finalizó de golpe con 28 años de hegemonía peronista: venció al jefe de gabinete de Cristina K, Aníbal Fernández, que alcanzó un 34.8 de los votos en medio de acusaciones de tener vínculos con el narcotráfico. ¿La estrategia de esta politóloga de 42 años para llegar a la cima del poder? Ella misma lo ha explicado con una máxima: “Siempre he creído más en la transpiración que en la inspiración”.

Nacida en 1973 en la ciudad de Buenos Aires —un distrito separado de la provincia que liderará—, Vidal creció en Flores, el mismo barrio de clase media donde vivió el Papa Francisco. Su primer cargo lo ocupó en 2003, cuando con sólo 30 años se transformó en concejala de la capital.

Es una máquina de hacer campaña, su resultado en las recientes elecciones ha sido catalogado como una revelación y la propia Mariu, como la gran nueva figura de la política argentina. Reemplazará al actual gobernador Daniel Scioli, el candidato oficialista a la Casa Rosada, en una zona que concentra el 40 por ciento del electorado nacional. Por eso resulta tan clave el papel que jugará esta semanas con miras al balotaje del 22 de noviembre. Militante del PRO de Mauricio Macri, el favorito según las encuestas para ganar las presidenciales en la segunda vuelta, Vidal ha sido su aprendiz y parte de su equipo durante más de diez años. Por esa razón se ha volcado a trabajar por el triunfo de su líder y, de esa forma, formar una dupla potente. “La provincia no sale adelante sin un gobierno nacional que saque adelante la Argentina y Argentina no sale adelante sin la provincia”, ha dicho la futura gobernadora.

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No usa o no necesita usar demasiado maquillaje y cultiva un estilo más bien sobrio. No le basta más que un jeans y unos tacones para verse esbelta porque altura y facha no le faltan. Aunque, como en muchos casos, no siempre fue así. En 2008, cuando Macri la nombró ministra de Desarrollo Social del gobierno porteño, que él lideraba, tenía 35 años y mostraba un aspecto totalmente distinto. En ese entonces, cuando asumió su primer cargo ejecutivo, tenía muchos kilos más que ahora, aunque parecía no importarle. En los últimos meses, sin embargo, ajustó el tono de su pelo para que el rostro se le viera menos duro, dejó de usar chasquilla y, según la prensa argentina, se sometió a algún tratamiento para alisar la piel de su cara. La web del canal de noticias TN hizo una comparación de sus fotografías y tituló: “La campaña le sienta bien”. Al revisar imágenes del pasado, Mariu no parece Mariu.

Egresada de la Universidad Católica Argentina (UCA), Vidal es casada y tiene tres hijos. Su marido es Ramiro Tagliaferro, un dirigente del PRO más bien desconocido que en las últimas elecciones fue elegido intendente de Morón, un municipio de la periferia donde la pareja tiene su residencia.

El hecho de que ambos llegaran de golpe a la política de primera línea ha sido un blanco de ataque para el kirchnerismo. La presidenta Cristina Fernández, en su primera intervención pública después del sorpresivo resultado de la primera vuelta, dedicó algunas de sus ironías a los Tagliaferro-Vidal. “Quiero felicitar a María Eugenia Vidal como gobernadora de la provincia de Buenos Aires y también a su esposo, que salió intendente de Morón. Tal vez no será muy conocido, porque parece que los únicos que tenemos parientes somos los peronistas”, dijo la mandataria, con su habitual estilo. “Me acuerdo que Alicia (Kirchner) aparecía como la cuñada de la Presidenta pese a que fue funcionaria pública muchísimos años antes de que yo fuera siquiera funcionaria, o mi hijo no aparecía como Máximo Kirchner sino como hijo de la presidenta. Bueno, parece ser que hay esposos también”.

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El matrimonio se mantuvo inmune a las críticas y, mientras Mariu concedía sus primeras entrevistas políticas a los grandes medios, su marido daba otras con contenido más humano. Pocas horas después de las elecciones, Tagliaferro llegó de invitado al programa La mesa está lista de El trece TV, donde hicieron un contacto en vivo con la futura gobernadora. Fue entonces cuando ella reveló los sobrenombres que utilizaban mutuamente en la intimidad: “A él le digo gordo o cosi, de cosita. Y él me dice cosi, de cosita”. ¿Cómo le va a decir gordo si es un palo?, preguntó uno de los conductores. Y Vidal respondió: “Es de amor, es de amor, es de cosa cariñosa, no es de gordo. Aparte ha sido así flaco toda la vida”. Cuando ella cortó la llamada —es hora de terminar la conversación, dijo entre risas y algo incómoda— su marido confesó que incluso en su celular tiene el número de Mariu con el nombre de Cosita. Y que, cada vez que suena y él no está, la gente de su equipo duda en contestar o no porque no saben quién diablos es Cosita.

A diferencia de la mayoría de su partido, Vidal apoyó en 2010 la ley de matrimonio gay. En cambio, se ha manifestado en contra de la despenalización del aborto. Como líder de un distrito que combina ricas extensiones agrícolas, ciudades importantes como La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca y una periferia en la que se concentran 10 millones de personas entre grandes barriadas pobres, otras de clase media y urbanizaciones de familias pudientes, tendrá una labor compleja por delante. Con su imagen angelical que en Argentina recuerda a una estampa religiosa ha puesto coto, sin embargo, a la principal amenaza: las altas expectativas. “Siempre dije que un voto no es un cheque en blanco, sino una enorme responsabilidad por la que rindes cuentas todos los días. Pero también estoy muy tranquila por lo que les transmití en la campaña a los vecinos de la provincia. Muchas veces les dije que en cuatro años no se va a poder cambiar todo lo que se deterioró en 25. Mi expectativa es que cuando mi período termine ellos digan: ‘estamos mejor’. Aquí no hay receta mágica”.

Esa es Mariu, de formas pausadas pero seguras, que debe probar su fuerza para ayudar a Macri en su camino a la Casa Rosada.

Twitter: @mariuvidal