“Tengo en mente lanzar mi candidatura, pero es una decisión que tomaré en el corto plazo”. Fue lo que dijo Jeb Bush (61) a principios de mes en el Consejo de Directores organizado por The Wall Street Journal en Washington DC, al que asisten los empresarios más poderosos del país. Su familia es conocida en todo el mundo. Padre y hermano fueron presidentes de Estados Unidos en diferentes periodos, uno más polémico que el otro. Pero Jeb hace lo suyo. Nació en Texas como el segundo del clan de seis hermanos, tuvo a su mando el Estado de Florida desde 1999 hasta 2007. Hoy es uno de los políticos del GOP —o Partido Republicano— con más proyecciones por su currículum profesional y privado que podría ‘contribuir’ a un triunfo de los conservadores dada la actual situación del país: una polémica reforma migratoria que tiene a Barack Obama pendiendo de un hilo. 

Jeb no es un desconocido. Realizó un grado en estudios latinoamericanos en la Universidad de Texas, y en 1975 comenzó su carrera profesional al ingresar al Texas Commerce Bank. Años más tarde se unió a las filas del Partido Republicano, una tradición de familia. Sin embargo, a fines de los ’80 se convirtió en miembro activo del GOP al participar en la primera y segunda campaña presidencial de su padre.

En 1999 aterrizó con mayor fuerza al ser electo por dos periodos como gobernador de Florida, uno de los estados más emblemáticos del país. Incluso obtuvo aproximadamente un 66 por ciento del voto latino, algo novedoso para un republicano. Según columnistas, su vida íntima y profesional le jugaría a favor frente a inmigrantes ilegales y la comunidad hispana, que históricamente han declarado la ‘guerra’ a conservadores. Además de ser considerado uno de los pocos políticos estadounidenses con amplios conocimientos sobre América Latina y hablar perfecto castellano, está casado con la mexicana Columba Garnica, hija de padres de clase baja a quien conoció en 1971 mientras enseñaba inglés en León, México. Tienen tres hijos: George P., Noelle y John Ellis Jr. Pero, como buena familia con raíces políticas, hay polémica dentro de ella. En 1999 Columba fue detenida en el aeropuerto de Atlanta cuando intentó pasar por la aduana sin declarar más de 19 mil dólares en ropa que había comprado en París. Tras la humillación por ese incidente, los Bush de Florida pasaron por otro trago amargo: Noelle —que entonces tenía 25 años— fue arrestada por tratar de comprar Xanax (Alprozalam) en una farmacia con una receta falsa. Condenada a diez días en un centro de rehabilitación, le encontraron cocaína y crack escondidos en un zapato. Hoy, las dos, llevan una vida lejos de los escándalos. De hecho, la pregunta que muchos se plantean es si Columba —también conocida por su apodo Cenicienta de la Casa Blanca— acompañará a su marido en caso de que decida integrarse a la batalla presidencial de 2016.

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Pero Jeb ya pavimenta su camino. En charlas y entrevistas opina de las políticas y reformas que se promueven desde Washington DC y propone indirectamente ‘soluciones’. Lo más reciente: a principios de diciembre, apoyó un mecanismo que otorgue estatus legal a millones de inmigrantes que viven sin permiso. También criticó a Obama, afirmando: “excedió su autoridad constitucional”, tras eliminar unilateralmente en noviembre la amenaza de deportación a millones de personas. “La decisión del actual Presidente hará más difícil que el Congreso adopte una reforma duradera”.

Desde su bando también se barajan otros nombres, quizás el más fuerte, Mitt Romney, que compitió contra Barack Obama en 2012. Pero él no se ha proclamado sobre el asunto y sólo sería un ‘secreto a voces’. Por los demócratas, Hillary Clinton lidera el listado. De hecho, en la última encuesta realizada por la Universidad de Quinnipiac, en noviembre pasado, la ex Primera Dama obtuvo un 46 por ciento versus un 41 de Bush.

George W. Bush no ha querido mantenerse lejos del tema. El ex mandatario, que luchó contra Al Qaeda, dijo recientemente en una entrevista con CNN que le encantaría que su hermano se postulara en las próximas presidenciales de 2016. En el caso de competir contra Hillary Clinton —con quien ha estrechado lazos durante los últimos años— George W. asegura que Jeb ganaría definitivamente. “El sabe que quiero que postule. Si tengo que insistir lo haré. ¡Jeb, hazlo! Sería un presidente increíble”.

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“Una candidatura de Bush estaría lejos de la ortodoxia del partido, en particular, la inmigración y reforma educativa. Su nominación sería útil para darle un tirón a los republicanos hacia el centro”, escribe la periodista Ruth Marcus en su columna en The Washington Post: ¿Por qué Jeb Bush debe presentarse? Otros sostienen que el segundo de los Bush es una de las mejores cartas que tienen los republicanos para recuperar la Casa Blanca en 2016, pero debe enfrentar las críticas del ala conservadora del partido al estar en desacuerdo con su postura sobre la inmigración y la reforma educativa.

El debate hoy es si el ex gobernador ‘limpiaría’ la imagen de su familia con políticas que tengan sus bases hacia el centro o sólo es un conservador disfrazado de ‘liberal’. Adam C. Smith, columnista de The Tampa Bay Time dice que Jeb “es reflexivo e informado, pero no hay nada liberal acerca de él. Es conservador de nacimiento”.  En su columna Smith también citó al ex presidente de la Cámara de Representantes Will Weatherford, quien sostuvo en una ocasión: “Para nosotros que vivimos en Florida y experimentamos los ocho años de gobernador de Jeb Bush, es casi risible y probablemente ridículo que las personas que viven fuera de Florida afirmen que es moderado”. Habrá que esperar unos meses para ver si tenemos otro Bush en la carrera por la Casa Blanca.