Y, en pleno 2012, asesores aseguran que una salida al problema pasa por que se casen. Sí, porque aunque parezca muy progre esta sociedad parece ser bien conservadora…

A cinco meses de las elecciones, uno de cada tres ciudadanos tiene buena opinión de Valérie, mientras un 43 por ciento afirma tener una “bastante mala opinión” y un 24 por ciento una “muy mala opinión”, según el sondeo de Harris Interactive para la revista VSD. Casi en paralelo, la ‘primera dama’, que estuvo bastante desaparecida de los medios, en sólo una semana dio por primera vez una entrevista a Ouest France —uno de los diarios con mayor tiraje— y apareció en el desfile de Yves Saint Laurent durante la Semana de la moda en París.
¿Fue esa su respuesta?
¿En que radica el desamor?

Valérie entró en escena como quien venía a revolucionar el mundo de las mujeres de mandatarios. Se hablaba de ese aire de Lauren Bacall, de su belleza, inteligencia, estilo e independencia. Pero, según Philippe Moreau Chevrolet de MCBG Conseil y cronista de Le Nouvel Observateur y L’Express, desde un comienzo los expertos advirtieron al entorno de François Hollande: el primer problema comunicacional podría ser ella. Argumentaban que sería “impopular porque es una primera dama ilegítima (no están casados) y quiere su autonomía, algo que en este país no ayuda a ser popular. Tenemos una relación muy complicada con el éxito y las elites”, agrega Moreau.
El comienzo de la caída tendría fecha: 12 de junio. Entonces, en medio de las elecciones legislativas, Trierweiler publicó un tweet de apoyo a Olivier Falorni, el disidente socialista que derrotó en la ciudad de La Rochelle a Ségolène Royal, la ex de Hollande y madre de sus cuatro hijos.  Esto desató una polémica político-mediática y las críticas no sólo vinieron de la oposición, sino que el mismísimo Hollande apoyó a Royal. A partir de ese momento, la imagen de Valérie se deterioró notoriamente.

En el diario Le Dauphine, Mariette Sineau, la politóloga y autora de Mujeres y poder bajo la V República, expuso que el desamor tiene una doble razón: “Valérie comenzó muy mal su rol de pareja del presidente con su famoso tweet que fue bastante contraproducente para los dos”. A eso suma que con el desempleo y la crisis, los franceses están agotados y necesitan un chivo expiatorio.
Moreau, en tanto, cree que el tweet fue un verdadero error de comunicación y una gran inmadurez. Sin embargo, no fue sólo responsabilidad de Trierweiler porque Hollande “había dicho que no sería el jefe de la mayoría durante las elecciones y lo primero que hizo fue señalar una cierta cantidad de apoyos públicos, no sólo para Royal, sino que para otras personalidades”.

Pero la otra cosa que compromete a la first girlfriend —como la llamaron los Obama— sería su falta de legitimidad. Moreau sostiene que “para la gente conservadora, que es bastante en Francia, incluso para la izquierda, resulta un problema que no estén casados. Ségolène Royal hace pesar esta ilegitimidad con una disputa sobre quién es la verdadera primera dama”. Mirado así, la ex mujer del mandatario constituye una amenaza, ya que es la madre de los hijos del presidente, lo que le da otro estatus ante la gente que no quiere “una chica linda que viene a destruir una pareja instalada y con niños”. Esta idea se amplificó en el último tiempo, alentada por antiguos artículos escritos por la periodista que han vuelto a salir a la luz y libros como Entre deux feux (Entre dos fuegos), sobre la extraña relación entre los tres personajes.

Para hablar de su historia en pareja se rememora el artículo de la revista Gala, en el que Hollande lanzó “Valérie es la mujer de mi vida”, oficializando así la relación y marcando el fin del tiempo con Royal, justo después de que ésta perdiera las elecciones presidenciales (2007).
Ese mismo año, Trierweiler aún escribía sobre política y ahora medios como el diario Midi Libre, han hecho resurgir algunas frases. Entre ellas, ésta: “Ségolène sabe sacar las garras si es necesario. Desconfía de las mujeres que se le acercan y reacciona al mínimo ataque contra su hombre”. Y esta otra: “El primer secretario (del Partido Socialista en la época, Hollande) volvía a casa más de una vez luego de un meeting al otro lado de Francia a las dos de la mañana, para partir de nuevo antes de las siete. Por lo menos, buscaba tener el sentimiento de no abandonar a los cuatro hijos… Su madre se quedó a veces más de diez días sin venir a casa…”.

Estas frases podrían no significar tanto si no fuera porque muchos aseguran que la relación Hollande-Treirweiler habría comenzado en 2005, lo que pone en tela de juicio su objetividad. De hecho, hasta una mujer que está en circunstancias parecidas, criticó la supuesta falta de imparcialidad. Audrey Pulvar, periodista y directora general editorial de Les Inrockuptibles, novia de Arnaud Montebourg, ministro de Recuperación productiva, reconoció a Le Soir: “El tweet fue una torpeza. Podemos tener opinión pero hablamos de Ségolène Royal, la ex de Hollande, es el presidente… No es neutro”.
El doble estatus de Valérie irrita a los franceses. Ella mantiene una oficina en el Palacio del Elíseo —con un gabinete de tres personas— y sigue como periodista para Paris Match. En este país no existe ningún texto que defina el estatuto de primera dama. “Al principio enviaba sus artículos desde el Elíseo”, asegura Moreau.
Esta ambigüedad no molesta sólo a los ciudadanos, sino también a sus colegas, como a Patrice Bertin, cronista de la radio France Info, quien lanzó en la antena que “deontológicamente, no es conveniente que una primera dama disponga de una carta de prensa”. El cree que “haría falta que ella renuncie a todas las fuentes de información que le ofrece su vida privada”.
Otra crítica vino de Audrey Pulvar, quien declaró a Le Soir, que “Valérie quiere a la vez estar en la foto y comentar la foto. Ser primera dama, al lado del mandatario en los viajes y en comidas oficiales pero, al mismo tiempo, comentar la actualidad política como periodista. Quiere ser jueza y parte”.

Sin embargo, esta indeterminación es de responsabilidad compartida con Hollande, porque desde su campaña se presentó como un candidato que rompería con la ‘era Sarkozy’, quien no dudaba en ocupar su vida privada a su favor. Así, la expectativa con François era la de un mandatario estilo escandinavo, donde las parejas de los jefes de Estado tienen una vida aparte.
Hoy, la ciudadanía ve a Valérie como autoritaria y altiva. “Ella pasó a ser alguien peligroso, que se permite hacer cosas a las que no tiene derecho. La gente observa esto como una telenovela: la mujer que toma el poder. Y ya varios medios satíricos y humorísticos han tomado la idea de hombre sumiso-mujer tirana”, agrega Moreau.

Por todas las percepciones negativas, Valérie y el Elíseo están desarrollando una estrategia para instalar una imagen más atractiva. En ese contexto vino primero la entrevista en la que se declaró arrepentida del tweet y reconoce que rechazó un programa de TV que le ofrecieron. Y, como segundo acto, anunció que tendrá un rol en la fundación France Libertés, creada por la ex primera dama, Danielle Mitterrand, a quien tendría como modelo.
Pero es apenas la primera etapa. Porque, según Moreau, “deben solucionar su estatus, para eso Hollande tiene que ayudarla. O se casa con ella, así la protege de Ségolène Royal, y le dice a la opinión publica: ‘hay una sola primera dama, es ella’. O ella vuelva a su trabajo todos los días, no va más al Eliseo, se le retira su equipo y oficina”.

Conforme con el especialista, “la elección de la independencia es más complicada, pero más en línea con lo que nos vendieron durante la campaña. Sería rol de la izquierda de imponer eso por primera vez, de forma inteligente, sería una lástima si no lo hacen”. Para él y para muchos quizás, este camino mostraría a Treirweiler realmente como la mujer independiente que quiere reflejar.

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